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Psicoterapia Reencarnacionista en 10 lecciones - Parte 6: Las armadillas


Traducido por Teresa - teresa_0001@hotmail.com

En una consulta, después de que el paciente entiende que no es lo que piensa ser, una 'persona' y sí un ser (Espíritu) en una "cáscara" temporal, pasajera, el psicoterapeuta debe conversar con él sobre el por qué de la reencarnación. Debe recordarle que ha venido para aquí desde un otro plano dimensional, a manifestarse en un cuerpo físico, en una 'persona' temporal, durante algún tiempo y que, un día, se marchará, subirá nuevamente. Esto es básico; en una consulta de Psicoterapia Reencarnacionista, debemos conversar sobre la reencarnación para que podamos entender en qué consisten las armadillas de la vida terrena y ayudar a nuestros pacientes a evitarlas y, si han caído ya en ellas, a que puedan salir, liberarse.

Muchos pacientes refieren que su infancia fue muy dura, que han pasado por dificultades, bien de orden afectivo, bien de orden financiero, problemas con uno de los padres, o con ambos, o con otras personas. Muchos permanecen con esos traumas durante el resto de su encarnación, influenciando gravemente su comportamiento. La mayoría de los que padecen enfermedades crónicas como asma, reumatismo, problemas cardíacos, digestivos, renales, etc., crean esas enfermedades en sí porque sufren a causa de aquellas cuestiones de la infancia y encontramos en ellos, por detrás de los síntomas físicos, cuestiones emocionales como amargura, resentimiento, miedos, ira, tristeza e inseguridad.

Los enfermos consideran que estas cuestiones emocionales, que generaron sus enfermedades físicas, tienen su origen en el inicio de esta actual trayectoria terrena. No obstante, si estos sentimientos y tendencias son intensos, ya han nacido con ellos y han sido aflorados, no generados en la infancia por aquellas situaciones "injustas". Sabemos que la amargura, la ira, el miedo, la inseguridad, etc. son los factores causales más frecuentes de las enfermedades crónicas, ¿cómo resolver esto, entonces? Aquí entra la Psicoterapia Reencarnacionista para ayudar en el esclarecimiento del paciente acerca de sus cuestiones kármicas y reencarnatorias.

El psicoterapeuta reencarnacionista debe recordar a su paciente que su padre y su madre son también Espíritus y, más que probablemente se vienen encontrando en estas estancias terrenas, y que ellos también están aquí intentando eliminar sus imperfecciones, intentando purificarse. Debemos hablar sobre los rótulos temporales e ilusorios de la encarnación, pues se hace preciso entender que nadie es padre, madre, hijo, hermano, marido, esposa, etc., tan sólo lo creen así sus Personalidades terrenas. El por qué de haber nacido en aquella familia, en aquel ambiente, hijo de aquel padre, de aquella madre, estar pasando por tal o cual situación, etc.
El colocar las cuestiones aparentemente injustas o desagradables como cuestiones potencialmente positivas y no negativas, es decir, experiencias que proporcionan oportunidades necesarias para nuestra evolución, propicia que el paciente, en vez de sentirse víctima, pase a entender que esos reencuentros, esos conflictos, son, en realidad, pruebas necesarias e indispensables, y que si es capaz de vencerlas estará cumpliendo su Misión.

¿En qué consisten las armadillas? Si fuésemos capaces de imaginar todo lo que sucede en nuestras vidas desde la fecundación hasta el día del desencarne, ahí están las armadillas. Alguien puede exclamar: "¡Pero entonces, es todo!", y lo es, realmente. ¿Cómo es el todo? Nuestro nombre, nuestros denominados padres, hermanos, parientes, ambiente familiar, las escuelas, las programaciones de la "tele", canciones, revistas, periódicos, la moda, los ídolos, los políticos, la política, las religiones, las filosofías, el éxito, el fracaso, los amores, desamores, la vida personal, la vida social, la vida profesional, los amigos, colegas, competidores, los superiores, los subordinados, los deportes, los fines de semana, las vacaciones, etc., etc.
Podrían rellenarse hojas y hojas con los aspectos de esas armadillas, ya que se trata de absolutamente todo lo que concierne a la vida terrena. El mejor nombre para esa Gran Armadilla es encarnación. Todo forma parte de las pruebas, lo aparentemente positivo y lo aparentemente negativo.
¿Cómo vivir la vida sin fracasar? Entendiendo lo relativo que es todo lo de por aquí y permitiendo que la que es nuestra única parte real y absoluta, nuestra Esencia, asuma el mando. ¿Cómo ser derrotado? Viviendo como si todo fuese real, incorporar los rótulos y los patrones y creer que se es la Personalidad Inferior, desconociendo la Esencia, o relegándola a recuerdos ocasionales.

Como hemos visto anteriormente, las armadillas no son negativas en sí, puesto que son necesarias para probarnos. Lo que hemos aprendido y puesto como proyecto en el Plano Astral, antes de reencarnarnos, hemos venido aquí a llevarlo a la práctica. Los problemas no son las armadillas y sí el hecho de meternos en ellas considerando que son cosas reales, cuando no son más que aspectos pasajeros terrenos, verdades ilusorias. Ya que si no somos lo que pensamos ser y apenas 'estamos', en realidad nada es lo que parece. Y en ese caso ¿dónde está la verdad? Se encuentra oculta, es invisible, está en toda nuestra trayectoria de reencarnaciones pasadas y en nuestro futuro, después del desencarne, en las "vidas" siguientes.

A continuación enumeramos algunas de las maneras más frecuentes de caer en las armadillas:
Considerarnos mejores que los demás, más listos, más capaces, más guapos, mejores en los deportes, etc. Considerarnos peores que los demás, menos listos, menos capaces, menos guapos, peores en los deportes, etc.

Aumentar nuestra tristeza congénita, amargura, resentimiento, sensación de inferioridad, de impotencia, de carencia, nostalgia, pesimismo, etc. Aumentar nuestra antigua ira, odio, envidia, celos, orgullo, vanidad, arrogancia, prepotencia, autoritarismo, crítica, costumbre de juzgar, etc.

Dedicar la vida a obtener dinero, bienes materiales, confort a cualquier precio, trabajar en cualquier cosa que nos lo pueda proporcionar, anhelar la llegada del fin de semana para no hacer nada más que lo que nos proporciona placer, anhelar las vacaciones para no hacer nada más que lo que nos proporciona placer, no hacer en la vida nada más que lo que nos proporciona placer, esperar la jubilación únicamente para no hacer nada más que lo que nos proporciona placer. Dedicar la vida, sepultando sueños y proyectos personales, al cuidado de los hijos, de la casa y del marido, y después quejarse y arrepentirse de ello.

Pasar las noches mirando las novelas y películas de la televisión. Reservar una gran parte de la vida para admirar a jóvenes deportistas, frecuentando los estadios, gritando, peleando, insultando al árbitro, escuchando diariamente los programas de radio especializados, mirando sin parar los partidos en la televisión, considerando todo eso realmente importante, creyendo que uno es un triunfador si gana su equipo, que es un vencedor si vence su país.

Hacer un gran dispendio de esfuerzos para adquirir la ropa de moda, los zapatos, las gafas, los adornos, los aparatos, todas las cosas superfluas posibles e imaginables que demuestren que se es una persona moderna y actualizada. Procurar cambiar siempre de coche, de preferencia por uno importado, símbolo de status. Reunirse a continuación para jugar a las cartas, damas, ajedrez, a los bolos, al billar, frecuentar bingos, casinos, hipódromos, etc.

Pasar los fines de semana en Punta del Este o Cancún o en algún otro paraíso del "dolce far niente". Trabajar en cualquier empleo o actividad que le posibilite adquirir tales cosas sin atender a si es válido lo que se está haciendo, si es o no de utilidad para la gente, si es honesto o no lo es tanto. No leer, no estudiar, no acudir a palestras, no hacer cursos, no frecuentar locales de elevado nivel de conciencia, no procurar adquirir conocimientos que eleven su potencial moral y ético, no practicar relajamiento o meditación, no interiorizarse. Huir de sí mismo, conectándose demasiado con lo externo.

Somos seres evolucionando en este planeta y esto implica la necesidad de pasar por situaciones aquí vigentes que nos alcanzarán provocándonos conflictos. La finalidad de todo ello es hacer salir a la superficie lo que tenemos que curar en nosotros, aquello que todavía conservamos de imperfecto. Así, hemos bajado desde el Plano Astral de la Tierra para encontrarnos en esas situaciones, que consideramos malas, injustas y crueles porque hacen aflorar en nosotros lo que tenemos de desagradable. Por ejemplo, alguien que necesita curar una antigua tendencia a amargarse, a sentirse abandonado y rechazado, necesitará pasar por situaciones que le hagan enfrentarse a eso, para que salga a flote esa tendencia. En un primer momento, se sentirá amargado, abandonado y rechazado, porque esto es lo que ha venido "dentro" de él para ser curado y si continua toda su vida con estos sentimientos negativos, con esa tendencia, pasará por más y más situaciones semejantes y de nada servirá el sufrimiento subsiguiente, puesto que lo que debe ser curado y no lo está siendo, será a continuación confrontado con situaciones semejantes (gatillos). Si viniese a desencarnar con esa tendencia, volverá a encarnar para pasar por situaciones idénticas, en su contenido emocional, para intentarlo nuevamente. Por consiguiente, en este ejemplo, una infancia extremamente traumática, con un padre o una madre ausente, hicieron emerger tales síntomas, si se mira a través del enfoque terreno, ilusorio y patógeno, fue una situación injusta y cruel, que ha "generado" la amargura y el sentimiento de rechazo. Sin embargo, viéndolo desde la óptica reencarnacionista, nada ha sido injusto y cruel, y sí experiencias necesarias, elaboradas en el propio tejido del destino de aquella Alma, y que visan hacer aflorar lo que vino para ser curado. Quien ha venido a curar el orgullo tendrá que pasar por situaciones que hagan aflorar el orgullo; quien ha venido a curar un dolor moral, tendrá que pasar por situaciones que lo hagan aflorar; quien viene a curar la ira, tendrá que pasar por situaciones que hagan aflorar la ira; y así sucesivamente.

Mientras aún está lejano el tiempo en que todas las personas ejercerán trabajos gratificantes y edificantes, que visen la propia evolución y la de la humanidad, es de fundamental importancia que los psicoterapeutas y las terapias presten atención a esas cuestiones que hemos colocado aquí. A quienes no saben qué es lo que están haciendo aquí, a los que no consideran importante vivir, a los que se dejan atrapar en sentimientos negativos, en pensamientos auto-destructivos, a los que buscan huída en las drogas, socialmente aceptadas o no, a los que viven por vivir, a los que se atan a lo fútil y a lo superficial y a todos aquellos que no saben de qué estamos hablando aquí, el psicoterapeuta reencarnacionista les debe explicar que sí existe un objetivo en vivir, que sí es importante el que estemos aquí, que la vida terrena es como una carrera de obstáculos y que tiene fundamental importancia para las Esencias que sus Personalidades terrenas salgan vencedoras en esta prueba. Es preciso que sepan que esos obstáculos desaparecerán en cuanto sean vencidos, puesto que ya no serán necesarios y que no son negativos en sí, mas tan sólo experiencias que posibilitan la victoria.

La vida terrena es como una escuela y cada día es día de clase, y no debemos hacer novillos ni frecuentarlas sin prestar atención, mirando al techo o a los lados. Hemos de sentarnos en las primeras filas, poner atención a lo que nos enseñan los maestros y estudiar bastante en casa. Los mejores profesores son los amigos más evolucionados, encarnados o desencarnados, así como nuestro propio Maestro Interior. Dependiendo de las lecciones que aprendamos en esa escuela y de los progresos que hagamos, la estancia habrá o no valido la pena. En realidad, siempre es provechoso para la Esencia el haber encarnado, aunque la persona no haya cumplido su misión, no haya correspondido a la confianza que la Esencia depositaba en ella. Aún de los errores se aprende bastante e incluso, muchas veces, por medio de los errores y equivocaciones es como aprendemos más. Como se suele decir, el dolor enseña a gemir...

Muchos hijos, bienintencionados, recomiendan a sus padres cuyo cuerpo físico ya está viejo, que aprovechen el tiempo que les resta para viajar, conocer lugares, divertirse, etc. Entiendo la buena intención, pero yo no les daría el mismo consejo. Sugiero que viajen para fuera, mas también para dentro de sí mismos, a fin de conocerse mejor y que busquen entender, aprender, de la mejor manera posible, las lecciones que esta encarnación les ha presentado y les sigue presentando, traten de aprovechar sus últimos años antes de subir para corregir sus errores, sus engaños, curar su tristeza, sus amarguras, sus frustraciones, a fin de que vayan curando desde ahora sus cuerpos emocional y mental, sin dejar esa tarea para después. La gran angustia de la vejez es la de la Esencia al ver que se le agota el tiempo de la encarnación, cuando constata el fracaso y el poco aprovechamiento real de las lecciones. La Personalidad terrena siempre considera que su tiempo ha pasado, que ya es demasiado tarde, que tiene ya 60 ó 70 u 80 años, pero la Esencia siempre ve, debido a su visión superior que abarca más, que aún es tiempo, que siempre es buena hora para los grandes cambios, para los grandes "insights", para la interiorización cara al camino verdadero. Todo es una continuación, hemos venido de la última encarnación y vamos hacia la próxima, siendo así no existe tiempo, sino oportunidades. Los viejecitos, que procuren viajar hacia su interior, cara a su Esencia, ¡ella se lo agradecerá! Que no se pierdan en la ilusión de la edad de su cuerpo físico, puesto que éste es desechable. Los adultos, que ya han llegado a la mitad del camino... ¿van con buen rumbo? ¿A dónde va a dar esa carretera? Y los adolescentes... ¡cuidado! Las armadillas vienen disfrazadas de modismo, de libertad...



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clubestum Mauro Kwitko é médico auto-licenciado do Conselho de Medicina para poder dedicar-se livremente ao seu trabalho como psicoterapeuta reencarnacionista. Em 1996, começou a elaborar e divulgar a Psicoterapia Reencarnacionista. É fundador e presidente da ABPR. Ministra Cursos de Formação em Psicoterapia Reencarnacionista e Regressão Terapêutica há muitos anos, tendo formado centenas de psicoterapeutas reencarnacionistas.


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