¿Qué significa la reforma interior?
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 14/06/2011 14:43:47
Traducción de Teresa - [email protected]
Apreciado lector, ¿sabes de manera clara, tienes conciencia de qué reforma necesitas hacer en tu interior? O sea, ¿cuáles son las malas costumbres e imperfecciones que traes de otras encarnaciones?
Si no lo sabes, ciertamente los llevarás para la próxima encarnación, retrasando tu evolución espiritual (esto explica por qué la evolución del ser humano es lenta).
Por eso, la reforma interior es la finalidad mayor de una encarnación, pero pocas personas tienen suficiente conciencia de esto implicándose efectivamente en ese cambio, en ese trabajo interior de auto-conocimiento.
Reencarnamos para comprender y procurar mejorar nuestras tendencias e inclinaciones negativas, es decir, nuestro modo inadecuado de pensar, sentir y reaccionar frente a los acontecimientos de la vida. Siendo así, ¿cómo sueles reaccionar tú frente a los acontecimientos de la vida?
¿Te sientes fácilmente ofendido? ¿Eres persona rencorosa, que jamás olvida lo que le han hecho? ¿Eres vengativo? ¿Eres persona explosiva, agresiva, de mecha corta, procedes por impulso y después te arrepientes y te entran remordimientos? ¿Eres autoritario, te desagrada ser contrariado o contestado? ¿Sueles sentirte inferior ante otras personas? ¿Eres inseguro, te infravaloras, te sientes incapaz? ¿Eres posesivo, celoso, controlador? ¿Eres vanidoso, siempre estás preocupado por lo que van a pensar de ti?
Entonces la reforma interior es tomar conciencia y eliminar, o siquiera atenuar lo que emerge de negativo dentro de nosotros frente a los acontecimientos de la vida.
Hace mucho tiempo yo era consultor del SEBRAE, impartía conferencias y cursos de entrenamiento en relaciones interpersonales en las empresas. Al final de los cursos pedía a los participantes que evaluasen (sin identificarse) sus expectativas – si se habían cumplido o no – en relación al contenido programático, carga horaria, calidad del curso, etc., y sobre quien lo había impartido. Las evaluaciones eran siempre muy buenas, hasta que un día uno de los participantes – de un total de 50 – evaluó de forma muy negativa el curso y mi actuación, diciendo que se había sentido muy frustrado y bastante decepcionado, y que salía con una imagen muy negativa respecto de mí y del curso. Al leer la evaluación surgieron en mí, de forma intensa, sentimientos de rechazo, incapacidad, desvalorización, enojo, decepción, etc.
Tras reflexionar sobre esos sentimientos que emergieron de dentro de mí, me he fijado – para asombro mío – en cuán vanidoso yo era (hasta entonces no tenía conciencia de eso), cuán perfeccionista, qué mal me parecía una opinión no favorable, y qué exigente era conmigo mismo, pues no tuve en cuenta para nada las otras 49 evaluaciones positivas.
La verdad es que aquella evaluación “negativa” fue un gatillo que desencadenó mis imperfecciones, los rasgos de mi personalidad que ciertamente traigo de otras encarnaciones. También me di cuenta al recordar otros acontecimientos de mi vida en que reaccioné de forma similar a como lo hice ante la evaluación de aquel participante del curso.
Freud, el padre del psicoanálisis, definió neurosis como “compulsión a la repetición”, es decir, el médico vienés afirmaba que el neurótico repite siempre los mismos patrones patológicos de pensamientos, sentimientos y actitudes, cuyo origen son experiencias traumáticas vividas en la infancia. Pero como Freud no tenía en cuenta la tesis de la reencarnación, es decir, lidiaba solamente con la vida presente, creía que la neurosis era fruto de las experiencias traumáticas de la infancia.
Con todo, la gran mayoría de mis pacientes, cuando pasan por la TRE, a través de la regresión de memoria, o cuando sus mentores espirituales les revelan la causa de sus problemas (fobias, depresión, síndrome del pánico, celos enfermizos, compulsión alimentaria, etc.) se dan cuenta de que el origen de sus comportamientos neuróticos adviene de experiencias traumáticas no de esta vida, sino de sus vidas pasadas. En esta terapia toman conciencia de que traen malas costumbres y rasgos de personalidad negativos de otras encarnaciones, de que reaccionan de forma similar frente a los acontecimientos que les desagradan y se ponen tristes, resentidos, irritados, agresivos, sintiéndose rechazados, desvalorizados, tal como se sentían en sus vidas pretéritas.
Por tanto, reforma interior es observar cómo solemos reaccionar frente a los acontecimientos de la vida y procurar mejorarnos eliminando o siquiera minimizando nuestras actitudes negativas. Esto es evolución espiritual y en esto consiste la verdadera cura del ser humano.
Caso Clínico:
¿Por qué a pesar de mi competencia no progreso profesionalmente?
Hombre de 35 años, divorciado.
El paciente acudió a mi consultorio tratando de comprender por qué no ascendía, no era promocionado, no progresaba en su carrera profesional. Divorciado, también deseaba comprender por qué en sus relaciones afectivas las mujeres se desinteresaban de él y acababan alejándose, rompiendo la relación. Y en el trabajo se sentía perseguido e incomprendido por los compañeros y la directiva. Así, cultivaba con frecuencia sentimientos de rechazo, auto-piedad, inferioridad, victimismo y persecución, pues le parecía que “todo el mundo” quería perjudicarlo. Por último deseaba saber también por qué no concluía lo que comenzaba y por qué tenía tanto miedo, verdadera fobia a la altura.
Después de dos sesiones de regresión, en la 3ª y última sesión, tras pasar por el portón (en esta terapia siempre me sirvo como recurso técnico de un portón, es decir, un portal, que separa el pasado del presente, el mundo espiritual del mundo físico) me relató: “Veo un abismo… Es un lugar muy oscuro (el paciente estaba describiendo el plano espiritual inferior, las tinieblas). (Pausa).
Estoy buscando a alguien… Creo que es una mujer, pero no la veo (también es frecuente en esta terapia que los pacientes traigan algo de forma intuitiva, o sea, como una impresión, una sensación, y no necesariamente de forma visual)”.
- Vamos a hacer juntos la oración del perdón, emanando – a través de las manos – la luz dorada de Cristo hacia esa mujer, ese ser espiritual – pido al paciente. (Pausa).
“Ella se fue a la luz… Vestía ropas negras (los habitantes de las tinieblas llevan ropas, mantos, túnicas negras, a diferencia de los seres de la luz, cuyas ropas normalmente son blancas) y cuando hemos emanado la luz dorada esa mujer lloraba mucho… Yo la abracé, después ella se marchó, se fue a una luz mayor (el paciente habla emocionado). (Pausa).
Alguien me felicita… Dice que es mi mentor espiritual”. (Pausa).
- Pregúntale si tiene algo más que decirte – pido al paciente.
“Me ruega que tenga paciencia… repite varias veces esa palabra”.- Pregunta a tu mentor espiritual por qué las mujeres acaban desinteresándose y alejándose de ti – pido al paciente.
“Aclara que viene de mi desamor, de la falta de amor propio, y que es preciso que crea más en mí, que me valore más”. (Pausa).
- Pregúntale por qué, pese a tu competencia, no te ascienden, no progresas en lo profesional y en lo financiero.
“Dice que primero es preciso que aprenda a valorar más a las personas, después la parte material, pues no he venido en esta encarnación con el objetivo de conquistar posiciones.
La verdad es que he venido con el propósito de ayudar a los demás, lo cual no hice en las vidas pasadas. Dice también que en la existencia pasada yo era una persona muy rica, poderosa y, por tanto, las experiencias de tener posesiones, poder, ya las tuve en el pasado. Pero ahora ha llegado el momento de desarrollar otra cosa”.
- ¿Qué cosa? – pregunto al paciente.
“La humildad, contesta. Como hoy no tengo poder ni bienes materiales, solo me restó desarrollar mi capacidad, la competencia profesional. Él dice que en la vida pasada, a pesar de haber tenido poder, status, dinero, albergaba sentimientos de inferioridad, y que esas adquisiciones externas únicamente enmascararon, disimularon ese sentimiento.
En la vida actual aún traigo ese sentimiento, pero como no tengo esas adquisiciones externas, he procurado desarrollar la competencia profesional y trabajar esa inferioridad. Mi mentor espiritual vuelve a afirmar que hoy he venido para ayudar a las personas, y que esa ayuda no es únicamente en lo material, sino además por medio de gestos y palabras. Dice que mi sentimiento de inferioridad disminuirá ofreciendo amor a las personas y creyendo más en mí.
Además dice que no termino lo que empiezo porque todavía me preocupo únicamente por la parte material. Por eso es preciso que dé más cariño, más atención a quienes están junto a mí. Pide que recuerde siempre que soy un ser de luz y que esto va a alumbrar mi camino, igual a como hice al comienzo de esta sesión, cuando ayudé a aquella mujer que perjudiqué en el pasado a ir para la luz, enviándole la luz dorada de Cristo. Me pide que confíe siempre en esa luz que llevo dentro de mí.
Explica que aquella mujer, a decir verdad, aceptó en el astral venir como hija mía, pero yo la rechacé cuando llevé a mi ex esposa a que le hiciesen un aborto en una clínica médica. Con eso he contraído dos deudas kármicas: una ya la saldé al ayudarla a ir para la luz; la segunda deuda es aceptarla esta vez, en caso de que vuelva otra vez como hija mía. (Pausa).
Pregunto a mi mentor espiritual ¿qué tengo que hacer para ser feliz en esta vida?
Él me contesta: - Ayuda a los demás con palabras y gestos, tendiendo la mano como has hecho ahora con tu hija abortada, sacándola de las tinieblas.
Cuando alguien te haga daño con palabras, no hagas tú lo mismo. El silencio es el mismo gesto de tender la mano y sacar a las personas de las tinieblas”. (Pausa).
Pregunto al mentor espiritual ¿por qué tengo tanto miedo, fobia a la altura?
Dice: - Un día estuviste en lo alto, en el bien, pero acabaste por caer en el mal, en las tinieblas. Hoy temes que te ocurra eso nuevamente. Tú ya habías trabajado para la luz, estuviste al servicio del bien, pero has caído, has pasado a trabajar para el mal, para las tinieblas. Por eso en la vida actual tienes miedo a que las tinieblas te arrastren nuevamente hacia el mal. (Pausa).
Le pregunto ¿cómo puedo superar ese miedo?
Él solo me pide que mire hacia arriba y vea que lo alto es más profundo que estar abajo”.
- Pregunta cuál es el nombre de tu mentor espiritual – pido al paciente.
“Fray Agustín es su nombre”.
- Y ¿quién fue Fray Agustín? – pregunto nuevamente al paciente.
“Dice que es un espíritu de luz que acogió a todos aquellos que se arrepintieron del mal que hicieron un día, y que soy uno más de su rebaño.”








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