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Querer ¿es de veras poder?


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

- Las personas más persistentes acaban yendo más lejos que aquellas que ahora quieren una cosa, ahora quieren otra. Pero no basta tener un proyecto en nuestra mente para que éste se concretice.

La afirmación “querer es poder” presupone la concepción de que la voluntad de nuestra razón es soberana. Ella admite que basta que nuestra mente construya un proyecto y pase a perseguir esa meta para que todo el resto del organismo la siga. Así, podría ser que las personas no alcanzasen un determinado resultado, no porque el desear no sea suficiente, sino porque el desear suyo quizás no sea lo bastante fuerte. No desprecio, bajo ninguna hipótesis, la eficiencia de la razón y la importancia de desear mucho una cosa o una situación para que se tenga más posibilidad de llegar allá. No desprecio tampoco los llamados poderes paranormales de la mente, de tal forma que es posible que el “desearlo mucho” abra puertas para que un determinado evento suceda.

Sin embargo, me parece fundamental que hagamos algunas reservas respecto de este asunto. La primera de ellas es que no se deben incluir en el “querer” cosas o actitudes que dependan de la voluntad de otras personas. Por ejemplo, puedo desear mucho ganar al bingo el domingo en el club. Es posible incluso que la fuerza de mi razón aumente mis posibilidades de que esto ocurra. Pero no me parece que se pueda anhelar que una determinada chica – o chico – pase a interesarse por nosotros. Tengo todo el derecho de intentar aproximarme de las personas que despiertan en mí la admiración y el interés. Pero tengo el deber de respetarlas, de modo que no me resta más alternativa que alejarme cuando no encuentro reacciones favorables a mi aproximación. Cuando se trata de los derechos de otras personas, querer no es poder. No puedo decir: “Todo lo que quiero lo consigo” cuando este “todo” es un ser humano.

En realidad, las personas siempre tienen el cuidado de querer cosas hasta cierto punto posibles.
Caso contrario sería obvio que querer no es poder. ¡Querer tener un helicóptero está lejos de adquirirlo! Ahora bien, las cosas materiales – y otras conquistas que no sean las de seres humanos – nos llegan más fácilmente cuando lo deseamos con fervor y persistencia. O sea, las personas más determinadas y que menos cambian de opinión, acaban yendo más lejos que aquellas que ahora quieren una cosa, ahora quieren otra. Esta última actitud, que es la más común, acaba por provocar una dispersión de energía psíquica, de forma que es bastante menos probable que se alcancen resultados muy positivos. Es lo que se quiere transmitir cuando se habla de la mula que estaba indecisa ante dos montones de heno. No sabiendo cuál de los dos comer, ¡acabó muriéndose de hambre!

La salvedad más importante que yo quería hacer es la de que no son raras las situaciones en las cuales se anhela un determinado resultado, pero no se tienen condiciones emocionales para sostenerlo. Yo puedo desear ser promovido rápidamente a la dirección de la empresa en que trabajo. Pero es preciso ver si tengo competencia emocional para cargar con este grado de responsabilidad y de obligaciones. Es preciso ver si yo puedo asumir el cargo que tanto anhelo. Si no estoy preparado para él, eso podrá pesarme tanto que no será raro, por ejemplo, que mi salud se vea arruinada. El individuo que está en una posición que “quiere” pero no “puede”, sufre insomnio, dolores de estómago, dolores de cabeza fortísimos, palpitaciones cardíacas, falta de aire y, en situaciones extremas, podrá incluso llegar a tener un infarto de miocardio o un derrame. Estar maduro para asumir una determinada función significa tener la competencia técnica necesaria, y además ser psicológicamente apto para las responsabilidades y tensiones propias de aquel cargo.

Existe la posibilidad, por tanto, de que uno desee mucho una cosa o situación y aún no pueda tenerla o estar en ella. En esos casos, querer definitivamente no es poder. Será necesario un gran trabajo interior para que se procese el desarrollo íntimo que creará las condiciones para el ejercicio de aquello que se quiere.
La situación más importante en que esto suele ocurrir es en el amor. Muchas personas encuentran una pareja con la cual se identifican muy intensamente. En esos casos, se desarrolla un encantamiento amoroso de fuerte intensidad, cosa que es del enorme agrado de la razón. Las personas así, enamoradas, anhelan permanecer todo el tiempo con el otro. Pero empiezan a tener varias reacciones emocionales que denuncian que todavía no son competentes para la realización de su deseo amoroso. Empiezan a tener mucho miedo de que cualquier cosa mala pueda suceder. Pasan a sentir celos desproporcionados a los riesgos. Empiezan a buscarle tres pies al gato, o sea, pretextos menores para justificar la falta de coraje para permanecer juntas. Pierden el sueño y el apetito, se ponen muy nerviosas, no piensan en otra cosa, quedan completamente obcecadas por la cuestión y no consiguen decidirse por cosa alguna.
Esos datos indican que todavía no están emocionalmente preparadas para una relación amorosa de gran intensidad. Tendrán que ir más despacio y acostumbrarse poco a poco a la nueva situación, de modo que un día estén en condiciones de “poder” proceder conforme a su “querer”.


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Flávio Gikovate é um eterno amigo e colaborador do STUM.
Foi médico psicoterapeuta, pioneiro da terapia sexual no Brasil.
Conheça o Instituto de Psicoterapia de São Paulo.
Faleceu em 13 de outubro de 2016, aos 73 anos em SP.
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