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Rescatando a mí misma

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 08/10/2016 09:53:03


Autor Patricia Marques Barros - [email protected]

Traducción de Teresa
[email protected]

No me da vergüenza compartir que estoy a tratamiento en una Clínica – Día, por depresión. Serios problemas familiares… Al comienzo yo me resistía al tratamiento. ¿En qué una Clínica – Día podría ayudarme? Eso era lo que yo pensaba. Pero cierto día convine con una de las psicólogas que haría un dibujo para un dossier de divulgación de un grupo de discusión sobre salud mental. Más tarde, canté un poco con una de las compañeras y bailé, retocé, durante la musicoterapia. Yo estaba rescatando a la Patricia niña, adolescente. Aún estoy tratando de rescatar a mí misma, escribiendo.

De pequeña, yo era una “figura”. Cierta vez yo estaba en mi cuarto, miré alrededor y dije: “¡Todo esto es ilusión!” En otra ocasión dije a mi tía que yo era de otro planeta y que un disco volador vendría a buscarme. Mi tía se quedó patidifusa.

Cuando tenía ocho años me puse triste al escuchar una conversación entre adultos sobre los daños al medio ambiente. Al poco tiempo asistí a una película sobre la vida de Beethoven y decidí componer una pieza musical. Canté bastante durante el baño, para Fátima, la chica que me cuidaba. Pero después no quedó más que este poema:

“Me encuentro con la naturaleza
Canto al son del canto de los pajaritos,
juego alrededor de los cerezos…
Nada podría quitarme de los campos,
¡pues yo soy una pionera!”

No es más que un versito de pie quebrado, a fin de cuentas yo sólo tenía ocho años. (Risas). Un año más tarde tuve mi primera crisis creativa. Le dije a mi madre: “¡He perdido la inspiración!” La sensación que yo tenía era que la inspiración era algo divino y me había abandonado.

Me gustaba cantar, danzar, dibujar, jugar a los teatros… A veces jugaba a las novelas, inventaba una historia basada en canciones de aquella época de la Joven Guarda. A menudo me pedían que cantase. Yo era vanidosa. Las profesoras probablemente consideraban que yo era expresiva, desinhibida, y por eso me invitaron para participar en una pieza teatral o para ser la “coreógrafa” en una presentación de danza en el colegio. Con la adolescencia me volví tímida, probablemente porque empecé a tener noción del ridículo.

Cuando era pequeña le gusté a algunos niños. ¡Creo que yo tenía “brillo”! Me acordé de la niña con dos o tres años de edad, que tenía una sonrisa que podría iluminar un aposento o una casa entera. También recordé que fui una linda niña cuando tenía siete u ocho años de edad: ojos verdes, piel y cabellos sanos, perfectos, nariz y orejas pequeños, delicados, dientes que brillaban como perlas… Yo tenía los dientes grandes y separados como Mónica, pero no dejaba de ser una niña guapa. (Risas). Cierta vez me miré al espejo, vi aquella niña guapa, pero pensé que no tenía derecho a considerarme bonita, pues era más pequeña que los otros niños. (Soy portadora del Síndrome de Turner y por ello soy bajita y no puedo tener hijos. No tengo ningún otro problema de salud aparte de la osteoporosis, consecuencia del déficit hormonal). ¡Qué tontería! Pero sólo después de muchos años y de mucho esfuerzo he logrado tener una autoestima mejor.

Entonces, no todo eran flores… Cuando tenía dos o tres años me sentía aburrida, angustiada, me preocupaba por el futuro… Sí, yo tengo recuerdos de aquella época, lo cual no es muy frecuente. ¿Parece locura que una criatura tan pequeña se preocupase por el futuro? Pero yo me preocupaba…

Tuve problemas en el preescolar. Como yo era de menor tamaño que los otros niños, me pusieron en la clase de los pequeños. Mis padres entonces decidieron cambiarme de escuela. Yo era algo hiperactiva y no quería pararme en hacer bien las tareas escolares, las garrapateaba y me iba a jugar. Entonces una profesora le dijo a mi madre que yo tenía problemas motores. Me hicieron un electroencefalograma y el resultado fue normal. Una vez más, cambié de escuela. En la nueva, tuve clases de apoyo y me parece que realmente yo necesitaba cierta atención individual. Pasé a tener un rendimiento escolar dentro de la media.

Durante la adolescencia pasé un período de grave depresión y empecé con las terapias. Fueron varios los terapeutas… Como he dicho antes, tardé muchos años en lograr tener una autoestima mejor.

Sé que necesito acoger a la Patricia niña y a la Patricia adolescente, con su luz y su oscuridad. La niña y la joven que fui un día tienen mucho que ofrecerme. Y la Patricia adulta tiene la capacidad de curar heridas, de ofrecer amor a sí misma, de cuidarse y traer luz a la oscuridad.

Recomiendo el libro “La Revolución Interior”, de Gloria Steinen. Es el mejor libro sobre autoestima que he leído. En ese libro hay un capítulo muy interesante sobre “parábolas de retorno”. Son historias que pueden servir como inspiración, pero está claro que cada cual tiene que vivir su propia historia.


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