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Rutina y monotonía en el matrimonio y en la relación


por Ramy Arany - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Llamamos matrimonio a la relación entre dos personas que han decidido, elegido, jurado, propuesto amarse para siempre, vivir juntos para siempre, ser fieles el uno al otro para siempre, felices el uno con el otro para siempre; constituir un hogar juntos; una familia juntos; en fin, “todo” juntos y para siempre.

Pasado un tiempo, observamos que esta propuesta inicial cargada de ideales, de certidumbres y de sueños pierde las raíces que la habían originado y el matrimonio y la relación entre los compañeros se transforman en “fuentes de problemas”, muchas veces solamente solucionados por la separación.
Pienso que la relación entre dos personas que han elegido “el vivir juntas para siempre” necesita ser “construida” en el día-a-día del matrimonio.

Así, es posible planificar: la compra de una casa; la decoración de esta casa; la fiesta de la boda; el viaje de luna de miel; los hijos, etc., pero no es posible planificar exactamente la relación en el día-a-día, pues éste depende de innumerables entrecruzamientos que se producen en la vida cotidiana y que acaban por interferir benéfica o negativamente en la relación, en el matrimonio.

En el matrimonio, cada uno tiene su modo de ser, un modo de proceder, de sentir, tiene una individualidad, una manera de comunicarse con las situaciones de la vida. Por más que se amen, el uno no es igual al otro, no piensan exactamente igual, no sienten exactamente de la misma forma, etc. No obstante, es necesario que tengan algo en común que los una de forma más verdadera, como por ejemplo: los valores esenciales, los objetivos de vida, la visión de vida, entre otros. Sin esto, la relación queda muy perjudicada, pues pasadas las primeras euforias, que son las novedades de la relación, enseguida aparecen las dificultades, las desilusiones, las famosas frases: “antes tú no eras así, has ocultado muy bien lo que realmente eres, me has engañado perfectamente…” entre otras.

Para que la relación no acabe de esta forma, es necesaria la observación más profunda de la comunicación en el día-a-día, y saber construir la propia relación que debe ser una constante evolución, pues la construcción aporta verdaderamente el ir más allá de los sueños y de los deseos, o sea, esta “relación ideal” pasa a ser un foco concreto de trabajo donde ambos son responsables por su existencia y por su progreso. Así, en la conciencia de que la relación se construye en el día-a-día, la rutina pasa a ser comprendida de modo diferente, de modo que cumple la misión de ser aliada de la relación y no la gran villana, o sea, la culpable, pues sentarse y conversar para construir la armonía del matrimonio se convierte en la verdadera rutina que hay que sostener. Todos los días son necesarias las actividades normales de lo cotidiano para el sostenimiento de la existencia, siendo así ¿por qué el conversar no puede convertirse en una de esas actividades?

Es una tendencia de lo femenino la búsqueda del alineamiento de la relación cuando algo no va bien, pues normalmente son “ellas” quienes los llaman a “ellos” para conversar y arreglar la relación. Sin embargo, me parece que cuando la pareja es consciente de que la relación debe ser construida, que la rutina no existe, pues en cada día podemos hacer las cosas corrientes de nuestras vidas con una nueva visión, y, que, lo que buscamos en nuestro matrimonio ha de ser conversado, comprendido, colocado como un foco de trabajo y buscar siempre el punto en común de la relación, todo entonces pasa a ser posible de alcanzar en el paso a paso de la construcción.

Otro punto muy importante es la creencia de que la relación tiene que ser igual para siempre. Si antes era óptima, maravillosa, plena, donde todo era perfecto, tiene que ser siempre así. A veces lo contrario también sucede: antes era mala, superficial, insegura y por eso tampoco va a cambiar, será siempre así. En la naturaleza, nada es igual para siempre, pues todo está en continua transformación. Pienso que nosotros también somos así, al igual que todo lo que envuelve nuestra vida, nuestra existencia. De esta forma, un matrimonio no es igual para siempre, el amor no es igual para siempre, la relación no es igual para siempre; pero hemos de saber acompañar las modificaciones y aceptarlas para no vivir de sueños o de ilusiones, que nos sujetan al pasado de nuestra existencia impidiéndonos vivir el presente donde todo está sucediendo.

La amistad entre la pareja también es una gran base de sustentación, pues el amor entre dos personas puede nacer en un primer momento de un sentimiento más físico de atracción, por ejemplo; pero sin la amistad verdadera que aporta la complicidad, no hay relación que perdure y que acompañe los cambios normales y naturales de la relación. Es preciso desbaratar la creencia de que una pareja que se ama no son “amigos”; que la amistad es una “cosa” y el amor entre pareja es “otra cosa”.

Por la experiencia de mi trabajo como terapeuta, constato que las relaciones más armónicas, más duraderas, más plenas, más resistentes ante las dificultades y las más antiguas son los aquellas en las que existe amistad entre la pareja.

No creo en rutina mala ni en monotonía, pues según la naturaleza, todo siempre está en movimiento continuo y el día se completa con la noche que se completa con el día que se completa con la noche y, así, continuamente impulsando nuestra existencia. Siendo así, es preciso desarmar la creencia de que la rutina conduce a la monotonía y que ambas son las destructoras de las relaciones entre parejas que se aman.

Algunos consejos:
1- Al notar dificultades con el compañero busca conversar sobre tu observación.
2- Al observar dificultades contigo mismo busca conversar sobre ellas con el compañero.
3- Construye tu relación paso a paso sin buscar efectivamente el “resultado”.
4- El amor no es igual para siempre, pues todo sufre continua transformación.
5- Aprende a evolucionar con los cambios, pues éstos pueden ser muy positivos, principalmente cuando somos flexibles y los acompañamos.
6- Construye el camino de la armonía de la relación en vez de buscar la perfección.


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