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¿Sabes tú quién además era tu madre?



Autora Nathalie Favaron
mapadaalma@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

¿Quién es esa mujer bajo el papel de madre?
Mucho se dice sobre la bondad, la belleza y las cualidades, sin embargo pocos reconocen su humanidad y sus carencias.
Quizá tú aún no seas madre, ¡pero estoy segura de que naciste de una!
Todos fuimos engendrados en el vientre materno.
Fuimos nutridos, envueltos en una capa protectora de líquidos y membranas, crecimos en aquel lugar sagrado y en poco tiempo fuimos invitados a habitar un mundo desconocido.

Algunos fueron amamantados, acunados, y crecieron junto a una familia.
Otros, desde el comienzo de su andadura, ya se enfrentaron a diferentes retos.
Pese a ello, también han sobrevivido y se han convertido en adultos, como yo.
¡Sí, por difícil que haya sido tu tierna infancia, has sobrevivido! ¡Creciste y estás vivo, viva, leyendo este texto aquí conmigo!
Muchos aún arrastran dolores, quejas y tristezas sobre cómo les gustaría haber sido cuidados, mimados y animados.
En situaciones todavía más delicadas, algunos fueron abandonados, física o emocionalmente por sus madres.
Observa que no quiero en este texto juzgar o condenar ninguna vivencia, por difícil que haya sido.
Pero sí deseo resaltar que podemos elegir una nueva versión para nuestra historia.

Pasamos años repitiéndonos a nosotros mismos los dramas y traumas que hemos sufrido, a menudo justo al lado de nuestras queridas madres. Muchos sufren hasta hoy en relaciones pobladas de altercados y críticas.
Y de corazón abierto y compasivo yo digo: ¡la relación con la madre es con mucho la más compleja de nuestra vida!!!
Pese a todo, si pudiésemos, por algunos instantes, vestir su ropa, calzar sus zapatos y entrar en su piel, quizá un nuevo sentir tomase el espacio en nuestro corazón.

¿Habrá ella tenido miedo al descubrirse embarazada? ¿Estaba casada, soltera, insegura, aterrorizada? ¿Cómo era su relación con el padre del bebé que crecía dentro de su cuerpo? ¿Cuántos años tenía ella cuando eso sucedió? ¿Recibió apoyo de sus padres o familiares? ¿Quién además era tu madre cuando quedó embarazada de ti?
Esos cuestionamientos aún valen para los tiempos actuales, con la añadidura de crisis de identidad por elegir la maternidad al mismo tiempo que la carrera profesional.

Están también aquellas que, por cuestiones religiosas se ven rodeadas de niños recién nacidos, cada año uno; los pañales y biberones multiplicándose por todas partes y sin tener opción a elegir una carrera que atienda a su llamada interior.
Y hasta hoy, pasmaos, no existe ningún curso, formación, graduación, máster, que nos enseñe cómo ser MADRE.
Aprendemos por narices.
Por error y acierto. Corrigiendo, experimentando, arriesgando a perder el amor de aquel ser que se originó dentro de nuestras entrañas.
Viviendo la más pura aventura como ser humano, siendo al mismo tiempo exigida e idealizada como aquella que todo lo sabe; que todo lo cura.
Lloramos de miedo, ira, dolor por nuestros hijos y, principalmente por nuestros propios errores.
Si abrazamos demasiado a nuestras criaturas, las estamos mimando, si las dejamos aprender con la vida, las estamos abandonando a su propia suerte.
Si trabajamos fuera, dejamos a terceros el criarlos, a la escuela o a los más diferentes ayudantes.
Si nos quedamos en casa cuidando exclusivamente de la prole, nos falta alimento para el alma y los sueños se quedan en el cajón, aguardando tiempos más propicios.

Ello por no mencionar las jornadas dobles y triples a que aún se enfrenta la mujer hasta los días actuales.
¡Todo esto para, al final, dejar marcharse el objeto central de toda esa epopeya, pues criamos a nuestros hijos para el mundo!
¿Serás capaz de percibir todas las facetas e implicaciones intrínsecas a la maternidad?
¿Es posible tener una perspectiva diferente sobre su complejidad y la miríada de emociones y sentimientos que invaden el alma, provocando un aluvión de conductas incongruentes relativas a la naturaleza humana?
Hombre o mujer, ¿serás capaz de tener una mirada de compasión y gratitud hacia esa persona, al menos un día al año?
¿Estás dispuesta(o) solamente por un instante, estando tu madre a tu lado o lejos, en esta dimensión o en otra, a mirarla con los ojos de tu corazón directamente al fondo de sus ojos, y decir sólo una palabra: ¡Gracias!
Tan sólo esto: ¡Gracias Madre! ¡Muchas Gracias!

Este es el primer paso y quizá el más difícil de todos, pues duele en la carne, en las entrañas que hemos compartido con ella.
Abrimos mano de querer más o algo diferente. De juzgar y condenar.
Tan sólo la aceptamos como ella es.
Humana, lo mismo que tú.
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