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Ser feliz es una permanente actualización


Traducción de Teresa - [email protected]

¡Amigas y amigos queridos!
Sí, somos uno, somos todos parte de un todo que nos congrega, abraza, impulsa hacia delante y hacia lo alto. Nuestra naturaleza y origen divino hacen que la estructura de personalidad, la base sobre la cual nuestra vida está manifestada, experimentada en el bien y en el mal, sea la misma para todos, en la vibración del Amor Incondicional. La existencia, que es luz y belleza, nos presenta infinitas situaciones de aprendizaje, de crecimiento, de bienaventuranza, de realización... todo conspira para ello, es nuestro designio –tarde o temprano–, llegar a la destinación final de nuestro viaje aquí en la Tierra, trasponiendo con éxito la intensa jornada que se inició en un acto de amor de nuestros padres.
Las varias fases, las etapas obligatorias, se suceden con el transcurso del tiempo; estudiamos, aprendemos a relacionarnos, a convivir en el medio, caminamos o corremos... hacemos pausas a veces, para reflexión, reemprendemos la marcha y consideramos que hemos vencido el desafío principal: evolucionar como ser humano comprometido y consciente.
No obstante, incluso con tanto pensamiento positivo, actitudes correctas y amorosas, búsqueda permanente de desarrollo, hemos de recordar que en nuestro ser existe aún algo traicionero al acecho: nuestra sombra.

Destructivo y nocivo.
Es ilusión pensar que nuestra parte irracional, oculta en nuestra psiquis, desaparezca como por encanto, en un pase de magia, solamente porque consideramos que ya somos dueños de nuestra vida, de nuestro destino, que hemos al fin pasado a otro nivel. Ella está ahí dentro, hibernando, aguardando que situaciones de conflicto, frustraciones y culpas despierten el ser aún primitivo que habita en nosotros.
Para que esta fuerza detone nuestra calma, nuestra armonía, puede bastar una maniobra que nos cierre en el tráfico, una tardanza en recibir un trabajo, una avería en el proveedor de banda ancha, un ‘no’ cuando esperábamos un ‘sí’... o es suficiente recordar los desmanes, la corrupción y la injusticia de quienes supuestamente nos gobiernan... en suma, hay una enorme cantidad de factores externos sobre los cuales, aparentemente, no tenemos control.

Cuando este ser primitivo se hace presente, al despertar bruscamente su furia, el resultado será siempre nefasto y, aunque nada realmente grave haya sucedido, afectaremos profundamente a nosotros mismos y a quien nos acompaña. Rompemos, como si fuese la caída de un rayo, una atmósfera de armonía para dar lugar a un silencio total, cargado luego de arrepentimiento. El estrago está hecho, algo impalpable se ha roto en torno a nosotros, y no siempre será posible reparar lo que se rompió.

Creo, no obstante, que también estas explosiones, raras y pasajeras, al revelar rasgos reales que aún nos pertenecen, sirvan, en realidad, para que al confrontarlos, podamos librarnos de ellos, modificando más y más nuestro modo de ser y de vivir. Desgraciadamente, cada vez que evitamos un contacto más profundo, honrado, desviándonos de reconocer esta parte oscura, nos alejamos del centro, de la vida verdadera y feliz, en la cual sabemos que no existen el miedo, la soledad, la desgracia... Hay una máxima y en este momento tiene sentido, que dice ser mejor tener un esqueleto (nuestra parte oscura) sentado en la sala de estar que bien escondido dentro de un armario en el sótano...

Sí, es preciso hacer, fuertes por tantas experiencias del pasado, por tantas otras situaciones y percepciones, una conexión clara con lo irracional, esta parcela oculta y peligrosa que tenemos y que casi todos los habitantes del planeta, conscientemente o no, en mayor o menor grado, comparten: un conflicto doloroso que viene desde los primordios y que de pronto hace emerger un deseo irracional de devastar, de descargar nuestra rabia, que ha de ser comprendido en su extensión y enfrentado definitivamente.
En el momento en que ya no necesitemos negar este aspecto maléfico, podremos lidiar de verdad con sus serias implicaciones y complicaciones.

Afortunadamente, a medida que avanzamos rumbo a la Luz, estos episodios se vuelven bastante menos frecuentes, puesto que muchos aspectos esclarecedores de nuestra estructura mental y emocional ya han sido incorporados, principalmente el auto-conocimiento, que se convierte en una presencia constante y libertadora, recordándonos el enorme poder de nuestros pensamientos, apreciaciones, deseos y actitudes, procediendo e interactuando en este mundo de energía. Es preciso que incorporemos de forma total el autocontrol, desactivando por completo esta bomba de relojería que nos acompaña por donde vayamos.

¿Cómo superar definitivamente estas limitaciones?
En primer lugar es preciso que dejemos de justificar nuestro comportamiento explosivo por las limitaciones o actitudes, reales o imaginarias, de los demás, negando nuestros propios fallos. Esta es la clave para desactivar la destructividad, sin negarla u ocultarla. En el momento en que asumimos la responsabilidad de nuestro sufrimiento, mirando nuestras propias distorsiones y tendencias contraproducentes, nos liberamos de la culpa, no importa cuán equivocados estén los otros.
Seremos afectados por la actitud hostil de los demás únicamente si ignoramos nuestra propia negatividad, y de la misma forma los demás serán afectados por nuestra sombra solamente si niegan la suya.
Reconocer, arrojar luz sobre nuestro ser irracional, sin convertirnos en él, nos libera para siempre.

Tener la percepción de la Unidad, de que el otro es una parte nuestra y viceversa, nos permite avanzar suavemente en cualquier situación. Aprender a relevar, a perdonar y pedir perdón cada vez que sea necesario, es terapéutico y resuelve el impasse.
Emplear la herramienta adecuada es crucial para el buen desenlace de la operación.
Quienes suelen leer los especiales saben a que me refiero: el Ho’oponopono, que puede ser empleado con eficacia en infinito número de situaciones, y debe ser recordado siempre, en aquel segundo de reflexión antes de asentir, de ceder al impulso de nuestra parte irracional.

Cuando nos cruzamos con alguien y sentimos repulsa o aversión: ¡Ho’oponopono!
Una persona nos perturba de alguna forma, invadiendo nuestro espacio: ¡Ho’oponopono!
Un político corrupto nos produce asco y rebelión: Ho’oponopono en él.
Sí, todos son un espejo de nuestra Alma.
El Ho’oponopono es extremadamente sencillo de emplear, ya sabes:
Lo siento mucho, te amo, muchas gracias.

Somos Todos uno solo. ¡Yo soy el otro Tú!

(¡Gracias, muchas gracias, mis Guías, Lidiane, Teresa y Sandra!)


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Sergio Scabia é co-fundador do Site Somos Todos UM
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