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¿Será el Mal algo necesario?


por Maria Cristina Tanajura

Traducción de Teresa - [email protected]

En realidad ¿qué puede ser el mal? Pregunta eterna, duda de todos nosotros, pues él está siempre manifestándose de una forma o de otra en nuestras vidas.
Ciertamente jamás tendré la respuesta para esta cuestión, sólo mi visión de ella. El Bien nos creó, somos partículas de Él que es la propia Vida y está en todo y en todos.
Maravilloso sería el mundo, con sólo la bondad manifestada.

Ocurre que la ausencia del Bien también existe y hemos convenido en llamarla el mal. Cuando más nos alejamos de todos los valores éticos y morales tan bien ejemplificados por Maestros como Jesús, sintonizamos una franja vibratoria baja y densa, con bastante menos luminosidad y sembramos sufrimiento y dolor. A ese ambiente emocional y espiritual triste y pesado denominamos mal.
Cuanto más crecemos espiritualmente, menos ondas negativas emitimos, menos sintonizamos y manifestamos el mal en el planeta.

El mal acaba siendo un instrumento de punición del propio mal. Mientras exista entre nosotros un único hermano que aún esté desajustado, alejado del Bien, el mal estará presente como verdugo y profesor, corrigiendo y exigiendo, creando dolor y sufrimiento.
No sería necesaria la existencia del mal si todos ya hubiésemos crecido lo suficiente para crear un mundo feliz para nosotros y para los demás.
¿Durante cuánto tiempo aún tendremos que convivir con el mal? No sé cómo contestar a esa pregunta.

Vivimos en un planeta-escuela, donde la dualidad ha estado siempre presente. Por aquí el mal ciertamente se manifiesta, y en estos tiempos apocalípticos mucho más que en otros ya vividos por nosotros mismos.

El mal crea sufrimiento y éste enseña, sin duda. Dicen los Maestros que podríamos aprender por el Amor. Pero desgraciadamente, casi siempre es mediante equivocaciones y errores como nos transformamos, pues el dolor nos impele a un cambio de rumbo y de forma de caminar.

Espero que la Nueva Era, tan anunciada desde hace más de 2.000 años, vaya llegando y nos traiga más Luz, Amor y, por consiguiente, que seamos capaces de manifestar cada día menos mal.

Toda la transformación planetaria comienza, ciertamente, en cada uno de nosotros. Los cambios son difíciles, ya lo sabemos. Costumbres milenarias ocultas en nuestro inconsciente se presentan de vez en cuando, como partes mal resueltas de nosotros mismos. El “Orad y Vigilad” aconsejado por Jesús, ha de ser vivido a todo instante, y el perdón ante nuestras dificultades y las de los demás también, o no tendremos la fuerza necesaria para una vez más levantarnos y retomar nuestra andadura.

Mientras uno sólo entre nosotros aún esté viviendo el error, el mal estará al acecho. Pero es importante señalar que el mal está siempre al servicio del Bien. El Orden Divino jamás puede romperse, incluso cuando nos parece que el caos se está instalando. Son limpiezas planetarias que se producen de tiempos en tiempos y vienen marcadas por tumulto, confusión y sufrimiento. Pero pasan, cuando ya no son necesarias. ¡Tal como la tempestad, que barre la atmósfera con tronadas aterradoras, pero que cuando se van dejan el aire más leve y el Sol más brillante!

Frente al mal, no tengamos miedo – aunque sea una energía contraria a la del Amor. Pero sí seamos prudentes, para poder de alguna forma preservarnos de él.
Recordando siempre que la manera más eficiente de combatir la fuerza del mal es vivir en el Bien. Mantener los pensamientos constructivos, alejando aquellos que sólo nos deprimen. Procurando neutralizar el miedo y reavivar la esperanza, recordando todo el Amor que nos rodea, las cosas bellas que tenemos en torno y que las más de las veces no notamos siquiera…

El Bien habrá de vencer, siempre. ¿Cuándo? Esto sucede a todo instante y quizá ni siquiera sea notado, pues el mal hace mucho ruido y siempre se presenta orgullosamente de manera bombástica y aterradora.

El Bien nos creó y está a nuestro lado, en nosotros, todo el tiempo, y ha venido levantándonos en las caídas, ha traído brillo a nuestros ojos y sonrisas a nuestros labios, nos ha consolado y fortalecido en todos nuestros momentos de crisis.

Y seguimos… Caminando por el sendero de la Vida, cayendo y levantándonos, pero ayudándonos mutuamente. Sintonizados los unos con los otros, incluso sin conocernos, nos fortalecemos a cada instante. Sintonía que existe y no necesita de cables para producirse. Nuestras vibraciones son nuestras armaduras y nuestras protecciones reales. Venceremos a nosotros mismos y el mal irá perdiendo su poder y su razón de existir.

Viene ya la Navidad y llega un Nuevo Año. Mentalicemos el Bien, pues sólo así ayudaremos a nuestro planeta a encontrar la tan soñada Paz.


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