Síndrome del Pánico – Parte I

Síndrome del Pánico – Parte I

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 12/07/2006 14:01:22


Traducción de Teresa - [email protected]

El Síndrome del Pánico es un cuadro clínico en el que ocurren crisis agudas de ansiedad, las denominadas crisis de pánico. En la mayoría de los casos, las crisis de pánico surgen sin un motivo aparente, súbitamente, de forma inesperada.
En el ataque de pánico los síntomas físicos más comunes son respiración corta, sensación de falta de aire, temblor, debilidad en las piernas, oleadas de frío o de calor, mareo, sensación de pérdida de control, miedo a morir, aprieto en el corazón o taquicardia, náuseas, sudoración en exceso. En muchos casos el paciente puede suponer que está enloqueciendo o próximo a morir. Algunos llegan a padecer diarreas intensas o síntomas de laberintitis.
Después de sufrir una crisis de pánico – por ejemplo, mientras conduce en un atasco, túnel o carretera, de compras en un centro comercial abarrotado o dentro de un ascensor, metro, avión, el paciente desarrolla un cuadro de fobia (miedo irracional) de estas situaciones y comienza a evitarlas. Tras suceder la primera crisis puede entrar en un círculo vicioso en el cual el miedo de sufrir una nueva crisis precipita otra crisis nueva.

Los portadores del trastorno del pánico suelen pasar por un verdadero “vía crucis” en busca de la cura de su problema. Inicialmente, muchos buscan ayuda en el pronto-socorro, donde se les somete a exámenes que no identifican ninguna anormalidad, lo cual aumenta su inseguridad y su desesperación. En los casos más graves de trastorno del pánico el tratamiento médico se hace a base de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos.
No obstante, en muchos de los casos, tales medicamentos son paliativos, pues al suspenderlos, las crisis retornan. De esta forma, no basta solamente con, a través de la medicación, restablecer el equilibrio bioquímico del cerebro. Es necesario, por tanto, combatir la causa verdadera del problema. En verdad, la medicina señala las alteraciones bioquímicas del cerebro como siendo la “causa” del síndrome del pánico. Sin embargo, no explica qué es lo que provoca ese desequilibrio bioquímico, porque se estructura en una visión puramente organicista del ser, en los fenómenos físico-químicos, sin identificar las causas más profundas que conducen a una persona a sufrir una crisis de pánico.
Es preciso ver al ser humano en su totalidad, no sólo desde el punto de vista orgánico. Es preciso tratar al ser como un todo (mente, cuerpo y espíritu).

Es hora de tratar a la persona que está enferma, y no solamente a su enfermedad, a su dolencia. Aunque, desde 1988 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido el bienestar espiritual como una de las definiciones de salud, al lado de los aspectos físico, mental y social, desgraciadamente las Facultades de Medicina y Psicología todavía no tienen en cuenta la existencia del Alma, ni que somos seres espirituales eternos, o sea, el alma preexiste antes del nacimiento y sobrevive a la tumba. Y que, además del cuerpo físico, tenemos un cuerpo espiritual, un cuerpo fluídico (inmaterial) de naturaleza energética, denominado periespíritu, un cuerpo Astral y un cuerpo Mental.

En verdad, el Síndrome del Pánico es una enfermedad del Alma, del periespíritu. Actualmente, de 2 a 4% de la población mundial sufre ese mal.
Es un hecho que el Trastorno del Pánico está también asociado al flagelo de la modernidad, de las situaciones de estrés, pues los casos de fobia y pánico han registrado un crecimiento espantoso en los últimos años. En mi consultorio lo que vengo observando con mis pacientes es que, el estrés, el agotamiento, el nerviosismo, la ansiedad, la inseguridad que devienen del desempleo, presión en el trabajo por los resultados, pérdida del poder adquisitivo, vida excesivamente atribulada, muerte de seres queridos, conflicto conyugal seguido de separación, dolencias, etc., funcionan como un “gatillo” que dispara, desencadena acontecimientos psicológicos que traumatizan, experimentados en existencias pasadas, normalmente asociados a una muerte dolorosa, traumática, ocasionando el Síndrome del Pánico.

Véase el caso de una paciente que fue a un salón de belleza y, al colocarle una mascarilla facial en la cara, desencadenó la primera crisis de pánico, con sensaciones de muerte inminente, asfixia, taquicardia, sudoración excesiva, mareos y dolor en el pecho.

Caso Clínico:
Síndrome del Pánico

Mujer de 30 años, viuda.

Acudió a mi consultorio quejándose de crisis de pánico.
Había sufrido su primera crisis cuando se encontraba en un salón de belleza y, al colocarle una mascarilla facial en la cara, entró en pánico, sintiendo falta de aire, sofoco, mareo, taquicardia, sudoración excesiva. En resumen, creyó morirse allí mismo. Tras ese incidente, cuando estaba en un vagón del metro abarrotado, ocurrió su segunda crisis, comenzó a sudar frío, con palpitaciones (se le disparaba el corazón), sensación de asfixia, habiendo tenido que salir corriendo del vagón. En el teatro, al apagarse las luces, en la oscuridad, tuvo su tercera crisis grave.

En la primera crisis de pánico, al serle colocada la mascarilla facial, me ha relatado la paciente que vio rápidamente un flash, una escena de una casa grande, antigua y, en su interior, una sala enorme y una escalera que daba acceso a las habitaciones.

Al hacer regresión me ha relatado:
“Veo un jardín enorme, muy verde y una casa bastante grande, blanca”.

-¿Consigues verte? – pregunto a la paciente.
“Me veo con un vestido largo, blanco, mis cabellos son largos, oscuros, hasta la mitad de la espalda. No veo mi rostro, sólo mis ojos, que son claros. Tendré unos 20 años.”

-Mira si consigues ver tus manos – le pido nuevamente.
“Mis manos son pequeñas, mi piel es blanca. Es una época antigua, una vida pasada, pero no sé precisar en qué época”.

-Avanza más adelante en esa escena – pido a la paciente.
“Estoy dentro de esa casa, en una sala muy grande, no veo muy bien los muebles, sólo una escalera. Es la misma sala y la misma escalera que he visto en flash con ocasión de mi primera crisis de pánico, cuando me colocaron aquella mascarilla facial.
¡Increíble, es la misma escena! La escalera es clara (pausa)”.-Avanza más adelante en esa escena – le pido.
“Estoy ahora en mi cuarto, he subido aquella escalera. Estoy componiéndome el cabello. Esa casa es de mis padres, vivo con ellos (pausa).
Veo empleados, es una casa bonita, enorme, lujosa. Estoy cepillando mis cabellos frente a un tocador. Estoy feliz, arreglándome.
Hay una señora negra que me ayuda a prepararme, la aprecio mucho, es nuestra asistenta. Estoy feliz porque mi novio me está esperando al final de aquella escalera. Nos amamos mucho. El tiene el cabello oscuro, es delgado, alto, lleva ropa oscura, pantalón y abrigo. Tendrá unos 25 años… No lo relaciono con nadie en la vida actual (pausa).
Estamos ahora paseando en el jardín de esa casa, tomados del brazo”.

-Avanza más adelante en esa escena – le pido.
“Estamos todos almorzando en una mesa grande. Mi madre de esa vida pasada es la misma de hoy. Mi padre de esa vida… no le veo bien el rostro… Pretendemos casarnos, estamos todos felices (pausa).
Ahora estoy nuevamente en mi cuarto y, al bajar, veo al final de aquella escalera un hombre… No es mi novio. Es delgado, lleva ropa clara, más sencilla, no parece persona de posibles. Tendrá la misma edad que mi novio.
Ese hombre es empleado de mi padre, vive en una casita dentro de nuestra propiedad. Cuida de la casa, de la tierra… Él me quiere, no acepta que me case con mi novio, tiene celos de mí.”

-Vete continuando en esa escena – pido a la paciente.
“Estoy en mi cuarto, es noche, estoy durmiendo. Aquel hombre sube las escaleras y entra en mi cuarto… Él no se conforma, cierra mi boca, me asusto. Quiere a toda costa decir que no puedo casarme porque él me ama (pausa). ¡Oh, Dios mío! Me ha colocado la almohada en el rostro. ¡Me está ahogando, asfixiando! (la paciente llora, respira jadeando). ¿Por qué ha hecho eso? (grita llorando). Prefiere verme muerta que perderme para otro hombre… ¡Me ha matado! (pausa).
Ahora veo una escena en que él se ha ahorcado en un árbol; ¡Dios mío!
Ahora lo entiendo. Ese hombre es mi fallecido marido. En la vida actual, al abrir la puerta del aseo de casa, he visto varias veces flashes de él colgado, ahorcado en el aseo de casa. En aquella época me han parecido extraños esos flashes, no entendía nada, pensaba que era una fantasía de mi mente (la paciente llora)”.

-Cuáles han sido tus últimos pensamientos y sentimientos en el momento de tu muerte en esa vida pasada – le pregunto.
“Tuve pena de él. Es el mismo sentimiento que abrigaba cuando mi marido estaba vivo en la vida actual. Es un sentimiento fraternal. En la vida pasada, sentía cariño por él, pero no le amaba como hombre. Él tenía un comportamiento enfermizo conmigo, unos celos enfermizos.”

-Mira qué ha pasado contigo después de tu muerte física – pido a la paciente.
“Regreso para el Astral (mundo espiritual) muy triste por no haberme casado con mi novio. Estoy en un jardín bonito, muchas flores. En espíritu he rescatado, recuperado, mi memoria (existe un velo del pasado – mecanismo de protección – que encubre y no deja que el encarnado recuerde sus vidas pasadas).
He comprendido el por qué de su comportamiento enfermizo, celoso, conmigo. En una vida anterior a esta vida pasada hemos sido madre e hijo (pausa).
Estoy sola en ese jardín, leyendo, recuperándome. Llevo túnica blanca y sombrero con ala ancha por delante, con pequeñas flores. No siento odio porque él me haya quitado la vida, sino tristeza por no haberme casado”.

-Mira qué ha pasado con tu novio después de tu muerte – le pido.
“Le veo muy triste, llorando, ha estado mucho tiempo amargado por mi muerte.
Posteriormente, ha encontrado a otra mujer, pero no la amaba como a mí.”

-Qué ha sido de ese hombre que te ha quitado la vida – le pregunto.
“Está en espíritu en un lugar oscuro, frío, sufriendo por sus acciones. Llora mucho, arrepentido por lo que ha hecho. Ha permanecido durante unos 50 años en las tinieblas, en esa oscuridad. Cuando ha mejorado, al pedir ayuda, me hice presente para ayudarlo a salir de aquella oscuridad.
Le he dado la mano para salir, nos abrazamos, lloramos mucho.
Lo conduzco a un hospital en el Astral Superior para tratamiento. Va para una habitación muy clara. Aunque se encuentra durmiendo, todavía tiene el corazón afligido por lo que ha hecho”.

Tras pasar por otras 4 sesiones de regresión, la paciente ha ido al teatro y, al apagarse las luces, ya no ha sentido síntomas de pánico. Retornó al peluquero y, al colocar la mascarilla facial, tampoco ha sentido ya nada.

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Shimoda
é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual.
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