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Sintonía con el más allá


por Flávio Bastos - flaviolgb@terra.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Los lazos afectivos que establecemos durante las vivencias en el cuerpo físico permanecen en sintonía incluso después de partir para el plano espiritual. Y, cuando lo permiten las Leyes Naturales, se producen los contactos interdimensionales fundamentados en la Ley del Amor.

Muchos de esos contactos se verifican durante el sueño. Momento propicio en que el individuo puede desprenderse del cuerpo físico y visitar lugares inimaginables o contactar con seres queridos que ya se han ido para la dimensión de los espíritus.

Estas oportunidades, por lo regular, envueltas en mucha emoción y sensibilidad, siguen una lógica permitida por la espiritualidad superior, o sea, la de proporcionar encuentros que contemplen un importante aspecto de la naturaleza humana: su interdimensionalidad.

Por tanto, soñar con familiares que ya no pertenecen a nuestra dimensión no es “cosa de otro mundo” o algo “sobrenatural” como se podría imaginar. Todo lo contrario, es algo natural, lógico y gratificante desde el punto de vista psicológico, por el hecho de ser una experiencia que reúne un buen nivel de intensidad emocional que viene a reforzar la creencia en la inmortalidad del espíritu y la esperanza de un reencuentro en el futuro.

No obstante, esos contactos se hacen viables cuando no hay proceso obsesivo alimentado por el apego y por los sentimientos de ira, culpa o pérdida. Se producen cuando el amor que unió a estos individuos es superior a los sentimientos negativos originados por la separación dimensional. Tales criterios conciernen a las leyes que rigen el universo, válidas para todos los seres dotados de inteligencia y libre albedrío.

La levedad del ser que está a bien con la vida y enfocado en la “ciencia” del existir, representa medio camino andado para que tales experiencias ocurran naturalmente. La sintonía por la afinidad de la energía amorosa, que sembró la futura cosecha, es el gatillo que acciona los contactos interdimensionales intermediados por la espiritualidad superior.

En tal sentido, no existe casualidad porque la experiencia tiene una razón de suceder. Cuando ocurre, el sentido terapéutico del encuentro, ya sea sutil o intenso, suele provocar sensación de alivio y la certeza de que el amor es inconmensurable, e inexplicable bajo el prisma de la razón materialista.

Estos encuentros, con la persona despierta en estado alterado de conciencia, o dormida, ocurren en situaciones específicas. Por lo regular se producen pasados algunos meses desde la muerte de un ser querido, o en las cercanías de la desencarnación, en estado de coma o ante un acontecimiento en que el espíritu anticipa lo que va a pasar, para alertar a la persona amada.

En la madrugada del día 23 de diciembre de 2011, horas después de haber llegado a Río de Janeiro y confraternizado con los hijos en el reencuentro de la familia en vísperas de Navidad, contacté por primera vez con mi madre, que había desencarnado el 31 de agosto del mismo año.

Tras una cena en que la alegría del reencuentro familiar se mezcló al regocijo del carioca que se preparaba para las fiestas de fin de año en un clima de paz y cordialidad, tuve una experiencia durante el sueño nocturno.

Noté que mi espíritu se desplazaba (volitaba) libremente por el espacio. Ejercitaba el desplazamiento cambiando de dirección, a veces hacia abajo, a veces hacia arriba. Pasaba por las personas, que parecían no verme. Y así estuve, volitando por el espacio, cuando, de repente, sentí la sutil presencia de mi madre que me llamó como solía hacer, al imitar el acento carioca: “Flavio Luissss…”. A continuación, le oí recitar un salmo o una referencia bíblica de mucho significado para el momento. No contuve la emoción y llamé “madre”, al mismo tiempo que extendí el brazo en el ansia del reencuentro y noté el leve toque de su mano que venía al encuentro de la mía. En este momento, desperté muy sensibilizado y mi brazo permanecía extendido hacia fuera de la cama. Era la hora de la mañana en que suelo despertar.

Al analizar la experiencia desde el punto de vista interdimensional, concluyo que el momento fue oportuno porque era víspera de Navidad, cuando los sentimientos fraternales afloran y contagian a las familias que se reúnen en clima de paz y confraternización. Momentos que ella solía pasar con la familia a su alrededor y que generaba la energía del bienestar y del bien querer, que es la razón de un grupo de espíritus para reunirse en una nueva convivencia de ámbito familiar fundamentada en el aprendizaje del amor.


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