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Sobre ideas y hechos


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Sé muy bien que las ideas son esenciales para que el mundo evolucione. Los acontecimientos que están ahí – objetos, formas de estructura social, relaciones empresariales y familiares, etc. – un día han sido ideas en la cabeza de las personas. Las ideas son abstracciones que anteceden a los acontecimientos nuevos. Son inspiradas en hechos que existen y a partir de ellos hemos imaginado algo que pudiese sustituirlos con alguna ventaja. Un ejemplo banal: teníamos un mechero antiguo, de aquellos cuya combustión se hacía mediante fluido tipo gasolina; de repente hemos imaginado otro, a gas, y por si fuese poco, lo suficientemente sencillo como para poder ser desechable. O sea, partimos de un mechero real; después tenemos una idea acerca de otro que podría ser más eficiente que él; la tercera fase consiste en intentar transformarlo en una nueva realidad, un nuevo mechero. La idea ha estado en medio de la transición de una realidad peor hacia otra mejor.

Así es como veo la gran utilidad de las ideas: tienen que ayudarnos a avanzar en el plano de la realidad y no sustituir lo real por hipótesis o ensoñaciones. El problema es que el tránsito de una realidad peor hacia otra mejor, siempre intermediada por alguna idea nueva que se inspira en la antigua realidad, a veces tropieza en grandes dificultades. Esto es particularmente verdadero cuando nos referimos a los asuntos humanos. O sea, cuando las nuevas ideas implican alteraciones en las formas tradicionales que envuelven la manera en cómo hemos estado viviendo. Un ejemplo de entre tantos: las relaciones amorosas siempre han sido fundadas en diferencias de temperamento. La realidad estaba basada en la tesis de que la buena relación era la complementaria. Las ideas defendían esta misma realidad. De repente surge otra idea que muestra que las buenas relaciones son de veras las que se establecen entre personas parecidas. La nueva idea nos convence y entonces tenemos que intentar actualizar nuestra vida. Esto puede implicar en tener que separarnos, buscar nuevos compañeros, tropezar con dificultades relacionadas con un deseo sexual menos intenso, superar las dificultades relacionadas con el miedo a la felicidad, etc.

Muchas personas no se ven con fuerzas para todas estas “actualizaciones” en sus vidas prácticas. Pasan a defender ideas diferentes de las que practican. O entonces pasan a estar en contra de las ideas, tan sólo para defenderse de sus dificultades. De todos modos, las ideas pasan a no cumplir su función de ayudar a modificar la realidad. Se transforman en palabras vacías. Otro ejemplo: hemos aprendido que el verdadero orgasmo femenino está esencialmente relacionado con la estimulación del clítoris. Muchas mujeres reconocen que esto es verdadero, pero no quieren decir esto a sus compañeros por miedo a herirlos, ya que ellos parecen no aceptar este nuevo modo de ver la relación sexual. Pasan a fingir un orgasmo vaginal que no existe y con ello confirman una hipótesis equivocada de los hombres, que piden cada vez más este tipo de respuesta.

Esto sin hablar de aquellas ideas totalmente idealizadas, que tratan de la posibilidad de rehabilitar a delincuentes proporcionándoles bastante amor. O entonces que seremos capaces de construir una sociedad más justa basada en los ideales humanitarios de los intelectuales y de las personas bienintencionadas. Que el bien acabará por vencer al mal. Bellas ideas, todas ellas falsas, porque son inviables. La idea es falsa cuando no corresponde a los hechos y jamás corresponderá a ellos. Estas ideas sirven para apaciguar la conciencia de algunas personas que, al defenderlas, se sienten con derecho a continuar disfrutando de los privilegios que siempre han tenido – el ejemplo mayor es el del millonario que defiende el socialismo, pero que continúa viviendo su vida de nabab. La verdad es que una persona que cree en un orden social más justo puede vivir de una forma compatible con sus ideas desde ahora. Nadie está obligado a vivir en un palacio sólo porque tiene dinero para ello. Puede muy bien vivir en un pequeño apartamento de clase media y donar el dinero a una institución política que defienda los derechos de los menos favorecidos. O entonces hacer donaciones para hospitales, universidades, etc.

Quien cree en sus ideas tiene el deber de vivir de acuerdo con ellas. Los religiosos y creyentes no pueden tener amantes. El verdadero intelectual no puede sabotear a alguien que detente un saber superior, ya que su compromiso mayor tiene que ser con la verdad y no con su vanidad personal. Y así sucesivamente. Si vivimos conforme a nuestras ideas, las ideas dejarán de ser ideas y pasarán a ser hechos. Si no ocurre eso y continuamos viviendo de modo A y defendiendo ideas B, estamos ante un bla, bla, bla infructífero, impreciso, inútil y que sólo puede estar al servicio de apaciguar sentimientos de vergüenza o culpa de personas intelectualmente poco honestas.


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Flávio Gikovate é um eterno amigo e colaborador do STUM.
Foi médico psicoterapeuta, pioneiro da terapia sexual no Brasil.
Conheça o Instituto de Psicoterapia de São Paulo.
Faleceu em 13 de outubro de 2016, aos 73 anos em SP.
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