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Soy Feliz. ¡Bye bye, tristeza!

por Sergio Scabia
Soy Feliz. ¡Bye bye, tristeza!
Publicado dia 01/07/2009 11:44:02 em STUM WORLD

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Soledad no es la falta de gente para charlar, ligar, pasear o tener sexo...
Esto es carencia.
Soledad no es el sentimiento que experimentamos por la ausencia de los seres queridos que ya no pueden volver...
Esto es saudade.
Soledad no es el retiro voluntario que nos imponemos, a veces, para realinear los pensamientos...
Esto es equilibrio.
Soledad no es el claustro involuntario que el destino nos impone de manera compulsoria para que revisemos nuestra vida...
Esto es un principio de la naturaleza.
Soledad no es el vacío de gente a nuestro lado...
Esto es circunstancia.
Soledad es mucho más que esto.
Soledad es cuando nos perdemos de nosotros mismos y buscamos en vano por nuestra alma…
Francisco Buarque de Holanda
(Valió, Sandra, por la sintonía y por pasarme estas lindas palabras de Chico)...


Otro especial más que parece querer hablar de relaciones, de personas que se han encontrado, que se están descubriendo, ayudándose, buscando finalmente una manera ideal para regir, cual sinfonía melodiosa, algo que de hecho puede ser considerado una verdadera y única obra de arte.

Los descubrimientos que acompañan la nueva vida de una pareja son profundos y a veces difíciles de incorporar, al desear colocar en todo su alcance la espiritualidad y sus leyes naturales en el gobierno de dos seres que ya se encuentran en sintonía. Sí, se trata de algo que sorprende si se compara con las varias experiencias emocionales anteriores, muy, muy distantes en el tiempo. Me refiero al salto que se produce cuando, al fin, pasamos de fase y navegamos con la conciencia despierta en el gran mar de la vida. Comandantes confiados de nuestro barco, sólido y bien construido, con el rumbo definido por una brújula interna guiada por la Divinidad que habita nuestro ser. El combustible, o el viento que nos impulsa en el viaje es la fuerza del amor, que se dona, que sabe comunicarse, que prevalece sobre el pequeño yo que nubla nuestra visión y nos mantiene aún en el mundo de la ilusión, de la separación, restringiendo nuestro horizonte, limitando la navegación rumbo a tierras fértiles, acogedoras y de indescriptible belleza. Al tomar conciencia de esta fuerza poderosa, se acaba de una vez el miedo, el orgullo se disuelve, las restricciones desaparecen juntamente con los prejuicios y las creencias que, durante muchas eras, nos han sido impuestas gaznate abajo por los falsos dueños de la verdad…

Y pasas a sentirte en unión no solo con tu amada (o tu amado) sino con todos en torno a ti. Tus pensamientos, sentimientos y actos transforman tu alma, o mejor, la desagravian, liberándola definitivamente de un fardo inútil que nos empeñábamos en cargar a cuestas. Alegría y dolores empiezan a ser compartidos con todos, los juicios de valor dejan de existir cuando nos damos cuenta de que estamos, en realidad, criticando alguna característica, alguna parte nuestra.

Esta transición debe ser quizá la mayor prueba a superar en nuestro viaje, en nuestra encarnación. Es el examen final.
Puede llevar muchos y muchos años o puede producirse de forma rápida, definitiva, provocada por experiencias de casi-muerte, o de meditación profunda, cuando por fin percibimos íntimamente la disolución de la personalidad, de las máscaras que usamos, en el gran Todo, en el Universo.

Sin embargo, sé, por haberlo experimentado en primera persona, qué complicado debe ser asimilar, digerir estos conceptos libertadores cuando aún estamos tan inmersos en este mundo tridimensional, tan enfocado en la supervivencia, en la escasez, en el miedo, en su competición incesante, y como telón de fondo, el mortal nivel de estrés impuesto por los valores actuales de la sociedad.

Creo sea imposible, con estas sencillas palabras, transmitir lo que realmente este cambio significa. Lo que estoy escribiendo aquí ya ha sido hablado, escrito, divulgado de varias formas, miles de veces… ya forma parte de nuestras conversaciones más profundas; puede que incluso hayamos tenido vislumbres preciosos en sueños y viajes fuera del cuerpo, pero si ha sido algo superficial, la experiencia se pierde, desaparece. Es preciso llevar a cabo un trabajo profundo y permanente. Descubrir dónde, en nuestro mundo interior, se esconde la energía de búsqueda, y es preciso reverenciarla, cultivarla, colocarla definitivamente en movimiento. Es indispensable resolver de una vez nuestros conflictos internos, ya sean evidentes y recurrentes o estén ocultos en nuestro inconsciente. Creo que no hay otra solución. Los medios son muchos, como infinitos son nuestros potenciales y caminos, y funcionan cuando aplicados con propiedad y profunda determinación.

Me refiero a la utilización reglada de la meditación, de las Esencias Florales, del conocimiento Astrológico, de la terapia de regresión evolutiva, de las Constelaciones familiares, de las Imágenes Mentales, de la Cromoterapia y de las innumerables artes terapéuticas, rotuladas aún como alternativas o complementarias por los que todavía detentan el poder.

Deseo repetirlo: el cambio definitivo de un estado en que el pequeño yo aún le da las cartas a la otra condición, en la cual es el amor incondicional quien se hace con el timón, es abismal. Lo es todo.

A partir de este punto, de este nuevo hito alcanzado, se acaba el miedo a cualquier cosa: a la muerte, a la pérdida, a la soledad. Estamos conscientes de que si una relación termina para el pequeño yo, continuará para siempre para quien está orientado por el amor, para quien realmente consigue permanecer, cueste lo que costare, en esta suave vibración de Amor con A mayúscula. Ya no será posible volver atrás y utilizar nuevamente las viejas herramientas, que racional o emocionalmente, justificaban nuestros actos y nuestras respuestas a los estímulos provenientes de fuera. Se acabó. Es como cuando abrimos mano para siempre de los juguetes de nuestra infancia, de las atribuladas y arrebatadoras pasiones de nuestra adolescencia.

El viejo y desgastado game que nos impusieron jugar se acabó, la Unidad de todo dentro del Todo y entre los reinos de la naturaleza se propaga – ahora mismo – por las mentes y los corazones de los seres, trayendo renovado aliento, armonía, ánimo y equilibrio; una solución definitiva de todos los conflictos, así como la felicidad verdadera. Percibe que una de las primeras experiencias en este nuevo estado es la sensación de que millones de otros seres alrededor del mundo también están en sintonía, elevando la vibración del planeta azul en este exacto momento. Siente este estado de Unión en este instante y percibe cómo la soledad y la tristeza se han ido... sí, ¡se han marchado! Han dejado de existir… (Gracias Li y mis Guías).

¡Sé feliz! Somos UNO solo.


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Sobre o autor
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Sergio Scabia é co-fundador do Site Somos Todos UM
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