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SUICIDIO - EL DOLOR DEL QUE QUEDA


por Oliveira Fidelis Filho - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Para la profesora de la PUC-RS, Blanca Werlang, doctora en Ciencias Médicas/Salud Mental, el suicidio es hoy una de las diez principales causas de muerte en todas las edades. En la franja entre los 15 y los 24 años es la tercera más alta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). "Para 2020 la proyección es de que habrá un suicidio cada 20 segundos en el mundo y una tentativa por segundo", advierte.

Después del suicidio de un miembro de la familia o de un amigo cercano, se agolpan los sentimientos, pensamientos y cuestiones en conflicto. Qué es lo que ha llevado a esa persona a atentar contra la propia vida; y las implicaciones religiosas relacionadas con ese hecho son cuestiones, entre otras, que no tienen una respuesta sencilla. Las causas y consecuencias de un suicidio tienen el poder de despertar sentimientos de culpa, de vergüenza, de humillación y de angustia, muy profundos, muy dolorosos.

Si bien en este texto mi enfoque esté en nuestra cultura, y a partir del que queda, busco, no obstante, considerar el tema desde una postura abarcadora, capaz de permitir una mirada más serena y, si posible, menos traumática, aunque no menos preocupante.

En muchas áreas del comportamiento humano el prejuicio o la dificultad de convivir con ciertas situaciones es fruto del temor a lo desconocido, de la falta de una información más amplia, de un abordaje honrado o de otras limitaciones. Con todo, el conocimiento es siempre libertador. El Maestro Jesús evidencia este principio cuando declara: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". La verdad clarifica, desintoxica, aparte de promover seguridad y confianza. Ninguna esclavitud o servidumbre se establece a partir de la verdad; si hay esclavitud se debe a que la verdad se encuentra prisionera.

Me gustaría mucho tratar este tema de forma leve, pero me parece poco probable, porque el suicidio sobrecarga a muchos niveles la vida de los que quedan. Ciertamente es un tema que prefiero abordar en seminarios o charlas, pues tiene una amplitud que insiste en no agotarse.

Creo, por tanto, que para los familiares, amigos, y para quienes quedan como herederos de los sentimientos provenientes del suicidio, son importantes algunas percepciones:

1. Amplio enfoque. No te limites únicamente a un parecer, un enfoque, un juicio de valor, un abordaje sobre el tema.
En este sentido, vale la pena procurar comprender el suicidio desde el punto de vista histórico y de motivación, a fin de percibirlo desde varios puntos de vista, tales como: Punitivo, teniendo en Sócrates, el filósofo griego, quizá el más antiguo y sin duda el más ilustre protagonista; Eugenésico, que consistía en la eliminación de las personas portadoras de deformidades perjudiciales para la comunidad; Preventivo, con lo cual se buscaba librar a la comunidad del gravamen proveniente de la enfermedad y/o vejez; Solidario, cuyo objetivo era morir juntamente con el compañero; Romántico, evidenciado en la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta; Heroico, cometido tanto por los 967 judíos en la fortaleza de Masada como por los pilotos kamikazes japoneses en la segunda guerra mundial, por citar los más conocidos, entre otros; Político, consumado por los monjes budistas tibetanos en protesta por la dominación china; Altruista, cuando se pone en riesgo la propia vida por salvar a otros; Ético, protagonizado por los samurais y griegos antiguos, frente a la deshonra; Religioso, muy común entre los cristianos primitivos bajo la persecución romana; Resolutivo o Anónimo, suicidio más común en nuestro medio, en los casos en que la persona se mata para huir de situaciones que le son extremadamente crueles.

Creo que una mirada un poco más amplia tiene, como mínimo, la posibilidad de percibir parte de una realidad vivenciada, en tiempo y espacio, por un expresivo número de personas de las más variadas culturas, etnias y creencias. Investiga exhaustivamente este tema, invierte tu energía en esta dirección, pues, cuanto más conocimiento y dominio tengas de la cuestión, menos rehén serás de ella, y más diluido será el impacto resultante.

2. Líbrate de la culpa. Ante todo absuelve al suicida de toda culpa. Si ha tomado esa decisión es porque el sufrimiento ya era demasiado grande. Perdónale aunque el acto practicado vaya en contra de tus creencias, valores, criterios, expectativas. Respeta lo que ha decidido, lo que ha elegido en medio de su desesperación, y bendice con bondad y misericordia su memoria.

Recuerda que más grandes que el dolor y la frustración o sufrimiento que él ha causado, fueron su propio sufrimiento y la desesperación que lo han llevado a poner fin al sentimiento de ausencia de vida. El suicida, por lo regular, no atenta contra la vida, sino que busca librarse del nihilismo, del sentimiento de vaciedad de significado, de propósito. Por tanto, no te permitas culparlo, maldecirlo; en vez de esto, perdónale y bendícelo, sé comprensivo.
Absuélvete asimismo de todo sentimiento de culpa, pues no nos hacemos mejores por sentirnos culpables, no podemos revertir los acontecimientos. Con el sentimiento de culpa, aparte de no devolver la vida al suicida, corremos el riesgo de agriar y deteriorar la existencia con amargos recuerdos de la muerte.

3. Vuelve tu atención hacia la vida. Como dijo Jesús: "deja que los muertos entierren a sus muertos", o sea, asume un compromiso con la vida, no mueras con el muerto, vuélvete hacia los vivos, camina con ellos. Siempre que sea necesario, perdónate a ti mismo, no te permitas ser juzgado por quien quiera que fuese.
Hay otras personas carentes de amor, esperando a ser acogidas, notadas, comprendidas, escuchadas, amadas. Disponte para estar más atento a las necesidades de quien camina a tu lado. Haz esto, empero, no como quien busca ser absuelto sino movido por el amor. El amor Crístico no se restringe a una sola persona, no tiene dirección fija, tiene al prójimo y al mundo como objetivo.

4. Encara la vida como un hijo de la Luz. Como quien está siempre expandiendo la conciencia, aprendiendo siempre, perfeccionando siempre. En este sentido, todo lo que sucede puede y debe ser usado como instrumento para perfeccionarse. Ningún acontecimiento necesita ser negativo, todo puede y debe constituir ocasión de aprendizaje siempre. Por tanto, sé agradecido por la vida del ser querido que se fue, y acuérdate de él con cariño y alegría.

5. Deja el misterio a Dios. No quieras proyectar tus creencias y mucho menos las creencias de otros sobre quien se ha quitado la propia vida. Dios sabe la desesperación, el dolor que le ha llevado a tomar tal determinación; en Dios está el perdón, Él es Amor. Por tanto, deposita en manos de Dios pensamientos y sentimientos amorosos en relación al que se fue y cree en Su incondicional Amor.El amor de Dios va mucho más allá de nuestros presuntuosos y livianos juicios. Y aunque creamos que no es voluntad de Dios que alguien atente contra su propia vida, comprendamos que Él conoce nuestras limitaciones y siempre nos tratará amorosamente.

Si es necesario, llora, desahógate, pero recuerda que el corazón palpita mejor en el ritmo de la gratitud y la alegría. No asesines tu derecho a ser feliz.


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