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Superación del miedo, la ansiedad y el pánico, en la cultura del ego.


Autora Nadya Prado
nadyarsprado@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

El egoísmo se emboza bajo el paraguas del miedo. Además de formar parte del espíritu humano en su condición actual, él se sostiene en un fenómeno sociocultural, que, exacerbado, ha estado originando el agravamiento de los trastornos psicológicos en general. El miedo que lleva a la ansiedad que desencadena el pánico, fortalecidos por el pensamiento materialista y parcial sobre quiénes somos.
Pensar que la razón es capaz de controlar la emoción, en parte es un agravante. Cuando la razón es tan sólo una fracción de conceptos y aprendizajes limitados, ser racional es guiarse por los patrones y valores de la mente identificada, egoísta y no consciente. Una mente alienada por la cárcel de los prejuicios.
Ser consciente es distinto de ser racional. La razón quiere controlar conforme a su perspectiva escayolada de la realidad. Intentar controlar es la decisión errónea, porque, de la tentativa frustrada de control se realimentan los trastornos, sin salir del laberinto en que se hallan.

El miedo, en su justa dosis, nos lleva a reaccionar en situaciones adversas, lo mismo que puede paralizarnos o hacernos excesivamente agresivos en una sobredosis. Recurso necesario para la supervivencia de las especies, es una reacción emocional que sirve al cuerpo en su trayectoria terrena. El cuerpo se prepara ante un ataque, y así, quiere correr, atacar o congelarse. Todos los síntomas del trastorno del pánico son característicos de una reacción extrema corporal al miedo.
Cuando el miedo es interiorizado por la mente y pasa a cumplir el papel de juez, impide que nuevas vivencias se realicen en una percepción más amplia y diferente de lo que ha aprendido anteriormente. El miedo sostiene patrones negativos, repetitivos y construye corazas psicológicas y emocionales. En la energía del miedo, el foco pasa a ser el destino final, en un camino de oscuridad.
El miedo nos lleva a buscar seguridad. El presente no es acogedor o interesante, la prioridad es preocuparse por intentar controlar el futuro. Y con base en experiencias pasadas negativas impulsadas por el miedo y por el dolor, se genera la ansiedad. Presos al pasado y al miedo al dolor, intentamos un futuro mejor. Pero así no hay posibilidad, porque todo está tramado bajo el dominio del miedo.
El dolor de la pérdida, de la frustración, de la muerte; ya sea de una relación, de un deseo no satisfecho, de una persona, de una fase de la vida, de una situación financiera y profesional. La no aceptación de las inestabilidades y de la finitud de las certezas inciertas del ego. Y nuevamente volvemos al mismo punto de desajuste, la cultura del ego.
El ego cree que es alguien aislado de los otros. En el ego, por ejemplo, olvidamos que estamos todos en el mismo planeta y deberíamos hacer lo mejor por él, y consiguientemente, por nosotros mismos.

Construimos en el mundo externo nuestros miedos internos, literalmente. Desde la sensación de separación que vivenciamos en nuestro psiquismo, pasamos a expresarnos y a relacionarnos.
Entonces, el miedo es el impulso que se ve materializado en la violencia, en los conflictos entre naciones y religiones. En las carencias en la familia, en el vecindario. Echamos la culpa los unos a los otros, juzgamos y no comprendemos lo que está pasando.
Él es el disparador para los apegos y dependencias emocionales. El miedo es el nombre del egoísmo. No es posible curar una lesión taponando la herida con un trapo sucio. Al intentar engañarnos sobre la finitud material y la necesidad de comprender el significado del dolor, no podemos curarnos.
Puedes optar por seguir tomando una medicación para engañar a tu dolor, la decisión es tuya. Pero no será lo suficiente. Tendrás que mirarte la herida, es preciso que comprendas las raíces de tu problema.
No tengo nada en contra de tomar un analgésico para mi cefalea, cuando ésta se hace insoportable. Es un recurso del cual puedo echar mano en casos de crisis aguda. Si es un dolor de cabeza ocasional, causado por un virus o una comida estropeada. Es un problema puntual. Lo que yo no debo hacer es esconderme en mentiras, no es algo ocasional. Se dice que una mentirijilla a veces es necesaria, pero ésta no puede convertirse en una rutina. Y una pequeña mentira puede llevar a un grande e insostenible engaño. Así es el ego, un mentiroso, siempre a punto para evitar la verdad, para evitar tomar conciencia o despertar. Él es el único responsable por lo que hemos estado viviendo.
Mira todo esto y deja de envolverte con esta locura, eso sí es devaneo. Una vida alienada, intentando ocultar tu dolor, tu herida. No tengas miedo de ser entero, de entender que sólo muere aquel que vive y, por tanto, es inconcebible la vida sin muerte. Pero quien va a morir es tu ego, porque tu verdadero ser es inmortal, ya que no está separado del Todo. Y cuando puedas comprender, entonces estarás curado. No es preciso que vivas sin tu ego, sólo no permitas que él se sitúe en lugar de destaque.
No tienes por qué caber en ese pequeño molde que la sociedad ha acuñado para ti, ¡libérate!
A continuación sigue una experiencia transpersonal para ayudarte en tu camino de curación y superación del ego:

VIVENCIA CON EL TODO, SALIENDO DEL EGO

1. Siéntate cómodamente en un sitio de tu preferencia, donde puedas quedar algunos instantes contemplando una flor, un árbol, la naturaleza. Si no te fuese posible estar junto a la naturaleza, compra un pequeño tiesto de violetas y ponlo bien delante de ti, para contemplarlo.
2. Tú tienes el poder de transferirte al pequeño tiesto o a lo que estés contemplando. Pon tu mirada y toda tu atención en él.
3. Mírate a ti mismo yendo hacia la plantita.
4. Tú imaginas, sientes, visualizas, percibes todas las sensaciones de aquellas pequeñas violetas y captas la energía que emanan.
5. Consigues sentirte unido a ellas, en una fusión, no hay separación.
6. Emana compasión hacia todas las criaturas terrenas.
7. Entonces, después haz este ejercicio sintiéndote Uno con el planeta Tierra y vibrando compasión por todos los seres.
Namasté




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