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¿Te sientes en el aire, entre lo viejo y lo nuevo?


por Teresa Cristina Pascotto - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Fase de transición... Cuando ya hemos salido del lugar antiguo, pero todavía no hemos llegado al nuevo. Es el momento de nuestra vida en que estamos dejando atrás lo antiguo que ya no funciona y vamos hacia lo nuevo que aún no está implantado. En este punto, lo único que sabemos es que ya no queremos lo viejo, que las cosas y la forma en cómo vivíamos ya no forman sentido en nuestra vida, que ya no queremos estar en los mismos "lugares", viviendo las mismas experiencias, con los mismos tipos de interacciones enfermizas con las personas de nuestra convivencia. Pero incluso con esa certidumbre, todavía no logramos saber qué es lo que queremos, aún nos falta ver qué hay más adelante, qué tenemos a nuestra disposición para elegir. El ego quiere observar lo nuevo, para estar seguro de que elige lo mejor. Pero eso es imposible en esta fase.

Pese a que ya no queremos lo viejo, aún nos sentimos ligados a él y nos aferramos a eso porque todavía mantenemos la creencia y la sensación de que "existimos mientras estamos en lo viejo", pues esa fase de transición, en la cual nos parece nítidamente estar en el aire, nos hace experimentar la sensación de "no existir", de vacío, de falta, inseguridad, falta de suelo. Este es un momento de desazón o de conflicto interno - dependiendo de cómo estamos encarando esa fase - pues nuestros pies ya no quieren tocar el suelo antiguo y el ego quiere saltar para lo nuevo, tocando el nuevo suelo; es vanidoso y le gusta sentirse diferente y mejor que los demás, y así, es audaz en su salto; pero la inseguridad nos acompaña en ese salto, debido a la incertidumbre, por no saber lo que encontraremos en el suelo nuevo; esto nos hace albergar ciertas dudas en cuanto al salto, en cuanto a esa decisión nuestra de abandonar lo viejo. Todo esto forma parte del salto y es incluso un indicador de que estamos realmente dando el salto de la fe.

En ese salto de fe hacia el nuevo suelo, la única fuerza que tenemos es la que viene de nuestro corazón, que, pese al temor a lo nuevo, nos aporta una convicción que nos impulsa y nos mantiene en el aire, y no nos deja volver atrás. El ego quiere estar seguro de lo que se encontrará más adelante, quiere conocer el nuevo suelo antes incluso de pisarlo, ya que siempre ha diseñado y construido nuestra vida a partir de esas pseudo-certezas, en las cuales él deseaba y realizaba de la forma más racional y concreta posible. Quiere tener todas las seguridades posibles, para solamente entonces aterrizar.

A ese conflicto del ego, cuando estamos en el aire, se debe el sentirnos perdidos en el vacío, con ausencia de deseos y movimientos; esto hace que empecemos a debatirnos, deseando aún poner un pie en el suelo antiguo. Esta es una tentativa del ego de encontrar un medio de crear lo nuevo dentro de lo viejo. Aun estando en el aire, el ego todavía desea volver y mirar si hay algo que no haya percibido antes, que permita cambiar lo viejo dentro de lo viejo; así, vuelve para interactuar nuevamente dentro de los mismos esquemas, y crea conflictos con los demás, en una tentativa de rescatar algo, de encontrar un medio de convencerse de que es mejor permanecer en lo viejo, construyendo condiciones falsas para no tener que salir de allí. Esta es la fase en que el ego busca la zona de confort, pues sabe que está en el aire y que eso le aporta sensación de libertad para nuevas posibilidades; le gusta eso, y considera que es suficiente para crear lo nuevo dentro de lo viejo, desea tomar nuestra nueva condición interna, en el nuevo nivel de conciencia que hemos alcanzado, para traerla a lo viejo. Puro auto-sabotaje.

Si estamos en esa fase, deberemos únicamente tomar conciencia de esa realidad, para poder entonces comprender esa dinámica interna, acogiéndonos y ACEPTANDO todo lo que esté pasando dentro de nosotros. Tanto el deseo de ir, de proseguir en el salto, como la sensación de vacío e incertidumbre, como la necesidad del ego de volver a lo viejo. Debemos entregarnos al salto y dejar que suceda. estaremos en el aire, fluctuando, pero avanzando lentamente. Todo estará bien dentro de eso. Debemos dejarnos entrar en contacto con nuestra negatividad, buceando nuevamente en lo viejo, si eso es lo que el ego necesita, sintiéndonos presos, si preciso fuese, pero seremos conscientes de lo que nos está pasando, esta es la diferencia. Daremos salida a toda contrariedad interna, acogiéndonos, dando continente al ego y a nuestro inconsciente, para que las cuestiones negativas relacionadas con los "saltos de fe" puedan venir a la superficie, a la luz de nuestra consciencia, para así encontrar el equilibrio y las soluciones para esas cuestiones, y por fin recobrar nuestro coraje, al objeto de poder dar cuantos saltos de fe sean necesarios en nuestra trayectoria de vida.

De nada servirá intentar resistirnos a las manifestaciones del ego, ni al impulso hacia lo nuevo, proveniente de nuestro corazón. Si ya se ha producido el salto y aún no hemos tocado el nuevo suelo, y hay temor e incertidumbre, habrá que aceptarlo y relajarnos dentro de eso.

Naturalmente, con esta entrega al impulso del corazón, aunque regresemos a lo viejo y nos hagamos daño nuevamente, sin resistencia, pronto volveremos al aire y nuestro salto continuará. Puede que se demore hasta que pisemos el nuevo suelo e implantemos lo nuevo, habremos de estar muy conscientes de que este es el proceso de la vida. En el suelo antiguo, los deseos del ego rápidamente se realizaban o se frustraban, pero él siempre obtenía resultados rápidos. Para el ego, lo más importante siempre ha sido tener certeza, aunque esto significase fracaso. Así, en el nuevo suelo, las cosas no sucederán a partir de los deseos del ego, sino de los anhelos de nuestra alma y, aquí, no hay certezas racionales y tangibles, como desea el ego. La única certidumbre que tendremos es que algo, en nuestro corazón, nos dice que "todo está bien" y que debemos proseguir.

Lo que determinará el tiempo que estaremos en la fase de transición será nuestra capacidad de aceptación de toda la desazón y el miedo que ese salto de fe nos traerá, y nuestra capacidad de paciencia y tolerancia. Con la aceptación, la fe gobernará nuestro ser.

Entonces, todo será saltar y dejar que suceda o. quedarnos donde estamos. La decisión es nuestra.


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