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Todos deben saberlo ¡Acoso moral a mujeres!


Traducción de Teresa - [email protected]

En un sentido extremadamente grosero para muchos, pero no para todos, el carnaval todavía puede ser visto como sinónimo de carne femenina de saldo a precio fácil. La diferencia con las carnicerías sería que ellas de modo ficticio se estarían vendiendo como piezas enteras y todavía vivas, algo semejante a aquellas gallinas que antes se vendían de este modo, para abatirlas en casa. Desgraciadamente muchos hombres, en condición predadora, actúan y piensan así respecto del universo femenino.

Aunque durante los carnavales esas cuestiones se hacen más escandalosamente evidentes, el hecho es que están sucediendo a todo momento. Por cierto, el término abatir es constantemente empleado por determinados grupos de hombres cuando se refieren a las hembras que han cazado, y por sí solo demuestra un nivel absurdo de descalificación humana, pero lo peor de todo aún es el bajo nivel en que ellos mismos se sitúan, sin siquiera darse cuenta.

El abuso y el maltrato en relación al universo femenino, aunque suene mal y cause repugnancia a la gran mayoría, aún es bastante insidioso y, por increíble que pueda parecer, en un mundo que tiende a lo políticamente correcto, ese tipo de acoso aún hoy suele ser banalizado y poco o casi nada tomado en serio.

Es interesante el hecho de que los mismos hombres que tratan a las mujeres con toda esa desatención parecen haber olvidado que sus madres, sean mejores o peores, también son del sexo femenino y, en condiciones habituales, son ellas mismas las que han ejercido el papel de los primeros cuidados para que esos machitos pudiesen sobrevivir.

La cuestión desgraciadamente concierne a la desatención hombre versus mujer, al acoso y al abuso emocional. La artimaña de descalificar a las mujeres que vienen conquistando espacio y visibilidad en el mundo actual funciona como artillería pesada dentro de la competitividad en que vivimos.
Imagina esa arma de abuso emocional en manos de hombres que se sienten amenazados por sus posibles incompetencias y además con dificultades para acertarse en algún ámbito de la vida.

Las mujeres actualmente, aparte de haber aprendido a llevar pantalones, jamás se han olvidado de cuando o cómo llevar faldas, o vestidos escotados. Han aprendido a ser madres, amas de casa, esposas, amantes y, sorpréndanse, ejecutivas triunfadoras. Una situación incómoda y envidiable para aquellos tipos de hombres que durante años han ejercido sus trabajos a la espera de una jubilación programada. Éstos, en realidad, son víctimas de la educación que han tenido, la cual les ha enseñado que serían los únicos proveedores de todas las cuestiones familiares.
Sucede que todo ha cambiado y la situación socioeconómica mundial está muy lejos de aquellos tiempos. Tanto hombres como mujeres por igual han de actualizarse y demostrar que son buenos donde quiera que estén. Todos están siendo constantemente examinados y puestos a prueba. Quizá por cuenta de ese historial, a lo que parece, los hombres sienen más frecuentemente el miedo a fallar que las mujeres. Como aspecto reactivo, muchos se encierran en sí mismos; por otra parte, un gran número también se decanta por la manipulación y toda clase de abusos para con sus adversarias, en este caso, las mujeres. El objetivo, aunque inconsciente, pasa a ser el de subyugarlas para poder al final sentirse ellos rescatados en el antiguo lugar de poder. En algún momento tendrán que comprender que el lugar de poder anterior ha sido totalmente redimensionado y que la configuración ahora es de otro orden.
Las mujeres a su vez, tienen la obligación de concebir y asumir que ya han conquistado sus espacios de poder, y deben hacer valer su posición sin recelo alguno.
Hoy día, sólo por el hecho de ser mujer, la envidia y el miedo de determinados hombres les hacen ser totalmente hostiles frente a ellas. Y en realidad poco importa si están confusos o si no saben cómo proceder de acuerdo a las demandas y frente a la mujer de la actualidad, que viene liberándose y constituyéndose a lo largo de los años. Como resultado, en la lucha para sentirse, aunque de modo ficticio, recuperando el modelo anterior de poder, disponen toda suerte de emboscadas para confinar a la mujer en una cárcel, lo cual significa ponerla en modelos antiguos que ya no proceden. El peligro de estos abusos residen en las vacilaciones de las propias mujeres cuando dejan de observar las señales, los detalles y las entrelineas, siendo esto debido al deseo, a fin de cuentas, de también ser vistas, reconocidas y amadas. Aun así, deben permanecer atentas, porque las situaciones de acoso y descalificación vienen a menudo de modo grosero y descarado, pero otras veces no se pueden percibir tan fácilmente.
La clave, por tanto, sería que jamás se quiten los tacones altos mientras no se sientan plenamente seguras, aunque sea para cualquier charla informal.

Saber que la mayoría de los hombres está frágil y usa de la fuerza bruta para rebajar las conquistas de las mujeres es de gran valía. Cuanto más inteligentes son esos hombres, más sofisticados serán sus ataques y acosos, siempre con el invariable objetivo de restar todo el poder y la fuerza a las mujeres. Alucinan que teniéndolas bajo su dominio, como si fuesen sus dueños, de algún modo recuperarían su estatus fallido. Craso error, acaban comprobadamente funcionando como predadores, hombres de la caverna que no tienen espacio alguno en esta actualidad de conquistas de lo femenino.

Otro punto más de atención a las mujeres: al percibir la menor conversación que suene con tono de falta de respeto, deben inmediatamente encender la luz roja, establecer límites serios y, en hipótesis alguna jamás buscar ser aceptadas por esos tipos. A fin de cuentas, lo que ellos más quieren es la destrucción de lo femenino por la vía de la sumisión masiva y de la descalificación de todo lo que se es y se ha construido. Ninguna mujer necesita eso, ninguna mujer merece ser descalificada.

Al percibir cualquier movimiento de ese tipo dirigido a ti, proveniente de un hombre, responde desde lo alto de tus tacones, de modo distante y cortante. Aléjate y si la persona insistiese, grábalo, denuncia, busca testigos. Pero lo principal, reconoce que tú estás por encima de todo eso. Jamás banalices situaciones que te molestan. Corres el riesgo de perder la noción concreta de que estás siendo abusada. Por tanto, si tropiezas con algo que te incomoda, frénalo de inmediato, porque si sobrepasa mucho tu línea roja, invariablemente tu percepción empezará a distorsionarse, en un escenario en que los mayores y peores abusos se producen. En la duda, pregunta la opinión de alguien que esté fuera de la situación. Las mujeres no necesitan predadores a su alrededor.


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silvia
Silvia Malamud é colaboradora do Site desde 2000. Psicóloga Clínica, Terapias Breves, Terapeuta Certificada em EMDR pelo EMDR Institute/EUA e Terapeuta em Brainspotting - David Grand PhD/EUA.
Terapia de Abordagem direta a memórias do inconsciente.
Tel. (11) 99938.3142 - deixar recado.
Autora dos Livros: Sequestradores de almas - Guia de Sobrevivência e Projeto Secreto Universos

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