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Tú: Creador de ti mismo


por Anderson Coutinho - andersonbhz@terra.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

"Todo lo que yo hago, vosotros podéis hacerlo también, y si queréis, mucho más. Sois dioses".

Todo cuanto hacemos resuena en el universo, creando. Actitudes, palabras, pensamientos y sentimientos. En el limitado mundo de los cinco sentidos, a menudo no percibimos que cada uno de nuestros actos - ya sean verbales, mentales, sentimentales o prácticos - generan algún tipo de energía, que crea algo en el astral - bueno o malo.

Así, somos creadores en un camino que aún no está completado. Y creamos, por medio de opciones. Y si la elección es la herramienta principal de nuestra creación, el campo de actuación de nuestras opciones siempre pasa por una vía: el otro. Las otras personas son puentes entre nosotros y nuestros sueños.

Movidos por amor o desamor, simpatía o repulsa, alegría o tristeza, emitimos energías, y esas energías originan algo en nuestro campo magnético vibratorio. Son acciones que generan reacciones - en nosotros o en los demás.

Es cierto que hay cosas que son maktub (que estaban escritas). Pero nuestro destino está en nuestras manos. Cada una de las pequeñas elecciones que hacemos ante los segundos y minutos de la vida construyen nuestra senda. Como decía sabiamente nuestro querido ejemplo de amor, Chico Xavier:
"Es cierto que nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, pero cualquiera puede empezar ahora y hacer un nuevo final".

La elección es el principio del poder de la Creación. Elegir no se limita a tomar una decisión conscientemente respecto de algún tema o situación práctica de la vida. La acción práctica es el resultado de un proceso que se inició en lo más íntimo. Y cuando generamos energía estamos eligiendo, y haciendo uso de nuestro poder de creación. Pues al generar energía emitimos algo al universo (o a una persona), que responde a nuestra emisión con una reacción - feliz o infeliz. Si esa reacción genera ternura o desazón, es responsabilidad nuestra, y no obra de la casualidad o secuencia de fatalismos.

Si el albedrío es libre y podemos elegir - ya sea mediante elecciones pensadas y bien articuladas, o por medio de palabras, pensamientos y sentimientos - la consecuencia de esas elecciones es compulsoria, ya sean "fardo" o "recompensa".
No solo nuestros actos son elecciones, sino asimismo nuestras reacciones frente a situaciones adversas. Elegimos todos los días. Creamos todos los días. En el modo de mirar, de hablar, de expresar, de reaccionar. Elegimos cuando optamos entre la palabra o el silencio.

Cuando decimos o pensamos algo, el poder de la palabra o del pensamiento - que es más fuerte de lo que nuestros cinco sentidos pueden percibir - también crea formas mentales en el universo sutil. Si emitimos un pensamiento de intenso amor hacia alguien, dependiendo del grado de sensibilidad de la otra persona, ella lo notará, de la misma forma que lo percibirá cuando las emisiones no sean positivas.

Nuestras palabras, y tanto más nuestros pensamientos, son elecciones. Incluso la duda es una elección, pues cuando la tenemos, la transformamos en algún tipo de acción que traerá reacción. Y eso también es elección.

Las guerras son un ejemplo de la ley de acción y reacción. Primero, un sentimiento, que originó un pensamiento lógico, que articuló una palabra mal puesta - intencionadamente o no. Una sucesión de "acciones" - físicas y mentales. El otro país, objetivo de los planteamientos verbales, tiene una o varias "reacciones". Se establece el desentendimiento, con nuevas acciones y reacciones, hasta que se crean los "bombardeos verbales". En una sucesión de más reacciones, el contexto se convierte en la primera bomba lanzada, concretizándose la desdichada consecuencia de una guerra efectiva, que originará más y nuevas consecuencias.

A menudo desencadenamos guerras, pero guerras interiores, o con otras personas. y luchamos, con la espada del orgullo y el escudo de la vanidad herida para vencer esas guerras y hacer valer lo que pensamos. Olvidamos que no es la victoria en la guerra lo que debemos perseguir, sino la conquista de la paz. Ganar la guerra, o ganar la paz, también son elecciones.

Somos verdaderamente "alfayates de nuestro destino". Tenemos en manos todos los elementos para cortar, hilvanar, coser, medir, unir y crear las más bellas piezas, o los modelos más limitados.

Hacer uso del albedrío, que es libre, no es únicamente un derecho, sino una responsabilidad. Por eso, la importancia del "vigilar". Por eso, el "pensar antes de hacer". Por eso, el cuidado con las palabras. Por eso, el evitar las explosiones íntimas más allá de los límites de nosotros mismos. Por eso, la premisa de comprender que el otro tiene sus motivos, aunque estemos seguros de que él no sabe de nuestras miserias. Por eso, la necesidad de amar, y de hacer del amor nuestra más inmediata medida.

Que todo lo que hicimos pueda resonar positivamente en el universo. Y si somos compelidos a actuar por un impulso infeliz, usemos el silencio como mayor aliado. Que cuando seamos objetivo de bombardeos verbales no tengamos reacciones ofensivas para con el otro. Es preciso que seamos, lo más que nos sea posible, agentes pacificadores - o al menos neutralizadores - y a menudo hagamos uso de la paciencia, de la tolerancia y principalmente de tratar no "devolver" las ofensas. Que seamos nosotros el elemento de ruptura del ciclo vicioso que se establece en las batallas dialécticas. Que seamos el elemento propagador del ciclo, cuando nos envuelvan "acciones de amor y de paz". Que nuestras "reacciones" nunca sean alimentadas por el orgullo herido, o por el brío del personalismo, y que siempre nuestra más cierta elección sea el camino de la paz.

Somos creadores. Nuestra herramienta de creación es el elegir. Nuestras elecciones actúan sobre los demás. Oportunidades perdidas o aprovechadas también son elecciones. Elegimos todos los días, y con lo que elegimos creamos los escenarios más mórbidos, o los cuadros más hermosos. Piensa en ello. ¿Qué vas a elegir hoy?


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