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Turquesa: El poder de la comunicación a través del sentimiento


por Daniele Alvim - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

El mundo ha entrado en la “vibración turquesa”. Y qué bueno que haya entrado. En artículos anteriores hemos hablado de los colores azul, amarillo, verde y rosa. La energía de esos cuatro colores está contenida en el turquesa. El turquesa está formado por el verde y el azul. Dentro del verde, encontramos además el amarillo, y el rosa es la forma que tiene el turquesa de expresarse. El verde es la energía del chakra cardíaco, el centro de los sentimientos. El amarillo, a continuación, rige el plexo solar, centro emocional ligado a la asimilación de las informaciones que nos llegan; el azul, chakra localizado inmediatamente sobre el cardíaco, es el centro de la comunicación y del plano mental abstracto.

En nuestro cuerpo sutil, el chakra donde se encuentra el color turquesa se localiza en el lado derecho del cuerpo, un poco más arriba del corazón, a la altura de la clavícula. Este chakra se denomina Ananda Khanda, entre el corazón y la garganta. Pocos han oído hablar de este chakra, no obstante él es muy importante, en la medida en que, a través de la apertura de la conciencia de él es como empezamos a despertar para nuestra misión aquí en el planeta; es como empezamos a entrar en contacto con lo que realmente hemos venido a hacer aquí, los dones y talentos que hemos venido a compartir y, de esa forma, empezamos a reconocer la esencia del ser que somos, nuestro verdadero yo.

Ese proceso se denomina proceso de “individuación” del alma y quien creó este vocablo fue Jung. Jung también creó el vocablo “sincronismo”, que también se relaciona totalmente con la energía del azul turquesa.

El mensaje del turquesa comprende la percepción de que solamente cuando transmitimos algo (azul) a través del corazón (verde), podemos realmente comprender el sentido completo de la comunicación y sentirnos nutridos con el intercambio mediante una comunicación saludable hecha de corazón a corazón, pues la comunicación del turquesa engloba no solo la comprensión racional (amarillo), sino además la emocional (verde) y la intuitiva (azul), solamente posible cuando los interlocutores están conectados a través del sentimiento.
El rosa es la energía (confianza) que nos impulsa a compartir ese sentimiento con muchas personas, de forma que esa red pueda ensancharse y ser disfrutada por muchos. Y ahí, entonces, podemos hablar del coral, que es el color opuesto complementario al turquesa y muy importante también en el despertar para esta energía, pues el coral nos recuerda que estamos conectados los unos a los otros y que necesitamos los unos de los otros para nutrirnos, al igual que los corales bajo el agua permanecen juntos, donándose al océano (turquesa) y siendo por él alimentados.

La energía del turquesa no puede ser accionada, a menos que resolvamos las cuestiones relativas a nuestra propia supervivencia, que son asuntos del rojo. Y a menos que estemos totalmente centrados en el aquí y ahora, otro aspecto del rojo; porque si no es así, no podemos transformarlo paulatinamente en rosa, que es cuando el rojo adquiere luz (consciencia) y empieza a expandir esa consciencia a los demás chakras.

El rosa es la energía del amor incondicional, principalmente el amor que sentimos por nosotros mismos y que nos impulsa a mejorarnos como persona, a crecer en consciencia. En la medida en que ejercitamos ese amor, esa energía sube por los chakras, tocándolos uno a uno, así como un punto que tenemos por encima del ombligo, donde reside lo que denominamos Estrella de la Encarnación, que contiene la información de lo que hemos venido a hacer aquí en el planeta. Cuando el rosa llena esta Estrella, automáticamente también toca el chakra cardíaco y, entonces, el centro Ananda Khanda puede ser activado, el centro de nuestra individuación.

El turquesa es la energía de la comunicación de masas, de la comunicación de uno para muchos; todos los medios de comunicación que llegan a un gran número de personas se sintonizan con el turquesa. Los cristales y la computación se relacionan con el turquesa, lo mismo que los delfines con su inteligencia múltiple, que es la inteligencia del turquesa.
No podemos entrar en contacto con esa energía a menos que nos expresemos a través del sentimiento, la consciencia del chakra cardíaco. La energía del sentir abre las puertas para una comunicación más consciente y verdadera, pues solamente cuando estamos en contacto con ese centro podemos expresar nuestro ser en su totalidad.

El turquesa es la energía de los artistas, de los escritores, de los músicos. Pero además, es la de todo aquel que crea algo con su propia energía, con la energía de su ser profundo, que pone algo de su esencia en lo que hace, lo cual convierte ese algo en único. Con el poder que tiene nuestro sentimiento de crear y atraer cosas y personas hacia nosotros, podemos crear conscientemente para colocarnos en sincronismo con los acontecimientos positivos que queremos que se produzcan en nuestra vida. El sincronismo no es más que estar en el lugar adecuado, en el momento oportuno y haciendo lo acertado; y esto solo lo conseguimos cuando estamos en sintonía con nuestros propios sentimientos.

¿Te has parado a pensar qué es lo que te mueve en la vida? ¿Qué es lo que te lleva a hacer lo que haces actualmente? ¿Estás satisfecho o notas que algo falta? Pregunta a tu corazón qué es lo que te pone más feliz, pregunta qué has de hacer para entrar en contacto con tu misión aquí. Cuando lo descubras sabrás que lo es, pues ya no querrás dejar de sentir la alegría de ser tú mismo y compartir tu esencia con aquellos que encuentres. Como retorno, te sentirás amado y apreciado por aquel a quien toques, pero ese amor, lo percibirás, no es más que el amor que, de forma valerosa, has decidido dirigir hacia ti en primer lugar.

Amarte, aceptarte y perdonarte incondicionalmente es el primer paso que damos en dirección a un sentir más pleno y a un compartir más profundo y significativo con los que nos rodean y con la propia vida. Solo así podremos transformarnos en la linda mariposa que somos.

Después de leer este artículo, puede que quieras probar un poco de esa energía; la piedra turquesa es la que mejor representa el color turquesa en el reino mineral – los indios norteamericanos la usaban mucho.
¡Pinta las paredes de ese color, compra ropas y objetos de ese color, báñate en los mares del Pacífico, ve y abraza a un delfín! Observarás que el turquesa es una energía que no nos cansa nunca, por el contrario, parece invitarnos, alegremente, a que nos deleitemos en ella, más y más, sin restricciones.


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