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Un Nuevo Comienzo


Autor Baltazar Neto
caminhaeespiritual@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

Fecha: Algún día de 2008
Hora: 8h30
Local: En mi casa – São Paulo – SP

Me acuerdo, como si fuese hoy, de como todo sucedió. Yo trabajé durante cinco años en un Terreiro. Fue una de las más valiosas experiencias que he tenido en la vida y conservo amigos allí hasta hoy, tanto del lado de acá como del lado de allá. Pero la necesidad de conocimientos nuevos siempre me impulsaba a conocer otros lugares.

Descubrí un lugar que tenía una clarividente. Casualmente ella era esposa de un amigo, luego yo podría hablar sin temor a ser engañado sobre mi clarividencia. Tenía dudas de si estaba loco, o si eran alucinaciones, cosas que pasan los clarividentes y no saben identificar al comienzo.
Cuando llegué a su casa, ya vi que me hacía una mueca. La sensación de una clarividente que mira para ti y hace una mueca es terrible. Se te pasan mil cosas por la cabeza y ninguna de ellas es positiva.

Afortunadamente fue una charla estupenda que duró horas, después semanas, meses, años y gracias a Dios todavía hoy continúan. Con altibajos, claro, a fin de cuentas, somos humanos y discrepamos en muchos puntos de vista.
Al final de esa primera conversación, ella me invitó a trabajar con ella. ¡Eso me encantó y accedí de inmediato! Para ello yo debía leer el Evangelio todos los días, y pensé: caramba, que fastidio, pero vale. Forma parte. Debe ser una semana y listo. Le pregunté cuántos días lo debía leer y contestó:
-Ve leyendo.
-Vale, pero ¿será más de una semana?
-Cuando lo tuve que leer yo, leí durante quince años.
En aquel momento hube de morir. ¿Cómo así… quince años??? Bueno, era eso, sin negociación. O leía o me quedaba sin trabajar allí.
Me marché fastidiado, pero decidí leerlo durante un tiempo.
Desperté temprano al día siguiente, y me fui para mi jornada; me puse a leer y varios amigos del lado de allá empezaron a protestar. Creo que había unos cinco espíritus juntos, oyendo y protestando:
-Ahh, deja de leer eso.
-No necesitamos eso para trabajar.
-¿No queda otra que escuchar esa “letanía”?
Yo sólo tenía que leer un pequeño trecho por día, pero con tanta interrupción me llevó una hora.

Eso se repitió toda la primera semana, en la segunda ya no vi a nadie. En la tercera se apareció un hombre ante mí. Era un barbudo con un casco de metal, una joya rosa en la frente y recordaba a un turco. Él se quedó mirando para mí y yo para él; cuando quise pensar en algo, me arrojó un haz de luz y se marchó.
¡Fue súper emocionante! Yo nunca había visto nada igual. Estaba acostumbrado a otro tipo de espíritus y ver a ese en mi casa abrió una infinidad de posibilidades.

Si continuase estudiando podría ver a otros y otros, de diferentes culturas. Llamé a mi amiga y le conté todo; ella me explicó que eso se convertiría en normal y yo debería aprender a lidiar con todo aquello.
Claro que continué leyendo el Evangelio. Hace siete años y todavía lo estoy leyendo y confieso que es una experiencia maravillosa. Es muy importante poder reflexionar sobre temas de moral, herramientas indispensables para nuestra reforma interior.

Nunca más he llegado a ver ese amigo barbudo, pero que marcó el inicio de una jornada, sin fronteras para mí, que continúa sorprendiéndome cada día.
Gratitud siempre.



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