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Una Experiencia fuera del Cuerpo


Autor Baltazar Neto
caminhaeespiritual@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

Hacía algún tiempo que no escribía. El ajetreo del día a día complicó mi rutina. Intentaba buscar un tema relevante para escribir, pero no me venía nada, fue entonces cuando después de recibir un pase en la FEESP (Federación Espírita del Estado de São Paulo), mis amigos espirituales me recordaron mi primera experiencia fuera del cuerpo, sobre la que sólo hoy, transcurridos casi 20 años, he podido reflexionar tranquilamente y contarla para vosotros…
A mis 21 años mi mediumnidad ya estaba a pleno vapor, pero yo no tenía un mínimo conocimiento para poder administrar esa condición en mi vida. Todas las soluciones que se me presentaban se demoraban y requerían mucho esfuerzo, estudios y más estudios, disciplina y persistencia. Yo, como la mayoría de los jóvenes, buscaba soluciones rápidas, considerando que hacer un tratamiento o ir a un Centro ya era suficiente.

Recuerdo que en esa época yo tenía muchas costumbres poco saludables. Y como todos saben, pésimas costumbres más mediumnidad nunca dan buenos resultados. Vivía cansado, dormía mal, siempre estresado. No frecuentaba ningún lugar específico, pero alguna que otra vez leía algunos textos espirituales y hacía algunas prácticas de bioenergía.
Cierta noche, con mucha dificultad para dormirme, decidí rezar y pedir auxilio, una iluminación, un camino que yo pudiese seguir.
No me acuerdo bien cómo fueron los siguientes minutos, pero me sentí llevado fuera del cuerpo, y en un abrir y cerrar de ojos me vi en un lugar maravilloso. A decir verdad, tan diferente y tan bonito, que incluso tras muchos años y muchas salidas, el recuerdo de ese lugar permanece vivo en mi mente.

Era una pirámide enorme, formada por una ensambladura de metal y cristal. Brillaba intensamente como un prisma, parecía flotar sobre las nubes. Mi cuerpo se sentía atraído y era como si supiese el camino a seguir. Según me acercaba noté que en el centro de la pirámide había una especie de escenario con dos rampas de acceso; en el escenario dos espíritus recibían a las personas, que formaban una fila delante de la primera rampa. Yo sabía que debía ponerme a la fila y que pasaría por un tratamiento.
Conforme me aproximaba, percibí que la pirámide estaba dividida internamente en pisos con una especie de anaqueles; en esos espacios se encontraban diversos espíritus que permanecían observando y donando energía para lo que ocurría en el centro del escenario. Era, con toda seguridad, lo más sorprendente que yo había visto hasta entonces.
Observaba con atención y parecía que ellos estaban aprendiendo también, como aquellos quirófanos en los hospitales donde los residentes presencian las operaciones de los médicos.

Había tantos desencarnados como encarnados, los cuales probablemente trabajaban en los centros espíritas y reuniones mediúmnicas esparcidas por el globo. Apenas había tenido tiempo de admirarlo todo, cuando llegó mi turno de subir al escenario para recibir la asistencia espiritual extra-física, y recuerdo haber pensado: “vaya, hasta fuera del cuerpo hay asistencias”, y por la longitud de la fila, me di cuenta de que había cientos que también estaban en la misma situación.
Percibí que en la fila algunos espíritus desdoblados estaban conscientes y que otros salían del cuerpo sin consciencia, iban allí durante el sueño y después regresaban a sus cuerpos, despertando por la mañana como si nada hubiese sucedido, o con sólo un vago recuerdo y una sensación buena.
- Puedes venir… Alguien me llama y me saca de mi reflexión.
Al volverme, un señor sonriente me invitaba a situarme al centro del escenario.
- Ven aquí al centro, no tardará, decía él.
Cuando llegué, él le comentó a una muchacha que lo acompañaba:
- Listo, ahora sólo hay que caminar, y tú, mi chaval, puedes bajar por la otra rampa, ya ha terminado.
Cuando me volví para preguntar qué tendría que hacer, ¡qué susto llevé! Mi cuerpo se paralizó, mis manos se helaron y mis ojos no creían en lo que estaban viendo.

Había una especie de cadáver en descomposición, una calavera presa en una barrera energética que se debatía frenéticamente. Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella empezó a gritar, angustiada, estiraba los brazos hacia mí, berreaba. Yo me quedé estático sin saber qué hacer.
El señor me explicó que aquella criatura estaba conectada a mí por mi patrón de pensamiento, que sería encaminada para tratamiento y que yo debía salir del local. Según yo caminaba y me alejaba, aquellos gritos de desesperación se iban apoderando de mí. Empecé a sentir toda aquella angustia, como formando parte de mí, y fue cuando adopté una actitud, debida a mi poca experiencia, que hoy no adoptaría.
Regresé al escenario y rogué que soltasen a la criatura y le permitiesen volver a conectarse conmigo. Sé que leyéndolo parece una locura, pero yo sentía el mismo dolor que aquel ser. Era más fuerte que yo, no podía abandonar a una criatura que estaba sufriendo. Quería a toda costa que aquel sufrimiento cesase. La chica del escenario intentó argumentar, pero el señor le tocó en el hombro y dijo:
-Deja ir, hija mía.

La criatura se conectó conmigo y volví a mi cuerpo; al cabo de algún tiempo, estudiando el evangelio y participando en tratamientos en la Federación, esa criatura fue encaminada y ambos recibimos los tratamientos que necesitábamos. Hoy sé que había creado un vínculo emocional con aquel ser. Sentí pena, asco, y esos sentimientos crearon una conexión, que me hizo sentir lo mismo que ella sentía, volviendo a tener aquella simbiosis.
Una de las Leyes de Dios es el libre albedrío, y aunque deseaban ayudarme, los espíritus no podían interferir en mi decisión. Salí de allí con la criatura y hoy con la explicación y la enseñanza.
Cuando me fue indicado escribir esta historia, he tenido que hablar con mis amigos espirituales sobre el por qué de escribirla después de 20 años. Y he llegado a esta conclusión:

Tanto en la vida extra-física, como en la material, encontramos personas y espíritus que intentan ayudarnos, se esfuerzan por aminorar los tormentos que nosotros mismos nos endosamos. La mayoría de nosotros buscamos ayuda, pero cuando hemos de dar vuelta a nuestras vidas y tener conciencia de que somos los responsables por nuestras llagas, repudiamos la ayuda y seguimos adelante, en busca de un milagro, de una ayuda que nos mantenga en nuestra zona de confort. La espiritualidad, que es blanda y pacífica, nos permite continuar, sin ofensas ni agresiones, pues sabe que cada cual tiene su tiempo, el progreso y la evolución continúan, es una Ley natural de Dios, y no importa el tiempo que nos lleve, todos tendremos que evolucionar.

A veces nos sentimos molestos cuando intentamos ayudar y las personas lo ignoran, hacen chiste y siguen hablando mal. Es el flujo de la vida, quien ama también deja ir, a veces nuestro trabajo es sólo colocar la semilla que otro hará germinar.
Que todos nosotros tengamos fe y oremos para que podamos darnos cuenta cuando esos ángeles encarnados y desencarnados surgen en nuestras vidas para aliviar nuestros fardos, pues hoy no hay nadie que no necesite auxilio. Yo siempre procuro aprender y agradecer por cada criatura que se cruza en mi camino, sin fijarme en apariencia o clase social. Estemos siempre abiertos y confiados.
Mi gratitud a Dios, al universo y a vosotros, por esta nueva oportunidad.



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