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Unas Navidades con más amor


por Maria Silvia Orlovas - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Navidad es sinónimo de familia y de amor. ¿Cierto?
No. ¡Equivocado!
¿Cuántas y cuántas familias se reúnen con esa expectativa de encontrarse, tomar un opíparo almuerzo o cena, con todo el mundo feliz y, al final, las cosas no salen exactamente así?
Desgraciadamente, mucha gente se enfada, se desentiende, o simplemente se pone triste en Navidad, justamente porque es momento de encontrarse, de hablar de la vida, de ver cómo anda la vida de los hermanos, de los primos, y de hacer críticas y comparaciones. Porque eso es lo que ocurre cuando encontramos a las personas, observamos su vida y la comparamos con la nuestra, siempre desde el punto de vista de aquello que aprendimos y creemos. Pero incluso una persona de la misma familia y criada de la misma forma, a lo largo de la vida y de las experiencias se modifica. Nos hacemos diferentes. Y precisamente por ese motivo, a menudo se hace bien difícil aceptar al otro, entender sus elecciones que nos parecen erróneas.
Es imposible no juzgar. Por mucha conciencia espiritual que tengamos y aun a sabiendas de que está mal mirar al otro exigiéndole cosas y posiciones, aun sin querer lo hacemos. Es como si fuera un acto involuntario. Y, queriéndolo o no, solemos mostrarnos bastante crueles en el juzgamiento, principalmente si se trata de personas conocidas, en las cuales habíamos depositado expectativas.
Esperamos cosas de los demás y de nosotros mismos.

Así, es muy normal, antes de las reuniones, que algunos sientan cierto frío en la barriga, sólo de pensar que tendrán que encontrarse con alguien. Y si tú estás en un momento más complicado, como si has perdido el empleo, si deseas separarte, si estás enrollado con alguien, o cualquier otra complicación, entonces el caldo se derrama de una vez, porque todo lo que tú querías hacer era estar bien lejos de aquel almuerzo festivo, lleno de miradas conocidas, juzgamientos y reproches; a fin de cuentas, tú mismo ya te reconvienes, entonces ¿por qué sufrir más por eso?

Suelo explicar que el karma, ley de acción y reacción, está en la familia, porque es en la familia donde quitamos las máscaras, o no conseguimos mantenerlas mucho tiempo; a fin de cuentas, conocemos a esas personas desde siempre, y ellas nos conocen. Allí, en aquel núcleo, están las personas que más amas y que más te aman a ti. Pero el amor no acontece sin reivindicaciones o expectativas, el amor viene lleno de sueños, de ideas sobre la vida, deseos, emociones.
Para que puedas vencer ese momento y vivir una relación tranquila estas Navidades, tómatelo con calma. Intenta participar en la fiesta contemplando lo que ocurre sin exigir demasiado a los otros o a ti mismo.

Si sabes que tu tía suele hablar demasiado, hacer alarde, contar las maravillosas conquistas de sus hijos, no permitas que eso te rebaje, ni te obligues a permanecer escuchando esa aburrida letanía. Sé educado, pero aléjate, comprende que ella debe necesitar de eso, y que ella todavía no sabe que vanagloriarse queda feo.
Si a tu cuñado le encanta beber y suele pasarse de los límites estropeando la fiesta a los demás, intenta reducir el consumo de alcohol en la reunión…
Puede que no logres colocar en el contexto familiar las cosas que ya has descubierto que son importantes, o puede que lo mejor sea estar callado, observar más que interferir.

El encuentro en Navidades es una estupenda oportunidad para observarte, para contemplarte a ti mismo y ver cuánto has progresado en el amor superando la prueba de esta reunión.
La tolerancia también es demostración de amor.
No es preciso aceptar todo, ni debemos querer resolverlo todo, y la Navidad no es la hora de la verdad, ni el momento de pasar la vida a limpio con tus familiares. Intenta mantener la conversación sin tanta profundidad, y sobre todo, respeta la opción y el momento de cada uno, pues así es como se logra una convivencia más amena que terminará en unas Navidades con más amor.
Cuando te quitas el derecho de juzgar, puedes poner en el sitio el derecho de amar.
Trabaja en ti mismo, atendiendo a tus emociones, para ir a esos encuentros con menos carencias; olvida el deseo de aprobación, o reconocimiento, y entonces todo cuanto ocurra, bueno o malo, sólo será el reflejo de otro encuentro más, un momento más en familia, y cualquier desarmonía que por ventura se produzca, no la cargues sobre ti, porque eso también será pasajero.
Tomando menos en serio el comportamiento y las actitudes de las personas, conseguirás de veras tener una Feliz Navidad.


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