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Usa el poder de la imaginación

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 24/08/2015 16:57:14


por Bernardino Nilton Nascimento
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Traducción de Teresa - [email protected]

La imaginación desempeña un papel preponderante en la vida de los pensamientos. El origen de todos los grandes hechos ha sido la imaginación. Ella es la que idealiza planes, la que formula proyectos y concibe obras audaces.

Todo cuanto es grande y bello, antes de concretizarse en realidad, fue un simple chispazo despuntando, luminosa e impetuosamente, en lo más profundo del alma humana. Sin esa capacidad maravillosa el ser humano sería casi una máquina, a la que falta un poder creador.

Los períodos más fecundos de la vida son aquellos en que el ser humano revela mayor poder imaginativo: la juventud y la edad adulta. Las personas que poseen una imaginación rica de variedades son por lo regular las más activas y trabajadoras, las más útiles a la colectividad y las que tienen mejores iniciativas.

Una de las características propias de la vejez consiste precisamente en el progresivo deterioro de la imaginación; no dejes de imaginar y te mantendrás útil hasta la hora de la muerte.

La imaginación, en vez de contrariar a la acción, como piensan muchos, es indispensable y colabora en todos nuestros principios de actividad. Es imposible renunciar a la imaginación, y quien diga lo contrario estará renunciando a la propia vida. La imaginación precede naturalmente a la acción. Antes de tomar cualquier iniciativa el ser humano piensa en la cuestión que le preocupa: prepara sus planes en los menores detalles. Este trabajo de previa elaboración mental, casi siempre prolongado, silencioso y oscuro, nos afecta mucho en nuestro interior, y es la imaginación quien lo realiza, recurriendo a nuevas asociaciones de imágenes, creadoras de nuevas ideas y de combinaciones con los pensamientos.

El ser humano destituido de imaginación nunca puede dejar de ser un subalterno, porque se limitará a seguir la estela de los demás. Si el pensamiento es una procreación, no resta duda de que en la esencia de ese pensamiento existe siempre, animándolo y dándole vida, la imaginación, que se acerca mucho a la materialización. Siendo así, está claro que lo que pensamos e imaginamos con fe y confianza acabará por realizarse algún día.

No hay mejor prueba de juventud en un ser humano, aunque tenga cierta edad, que percibir que él aún usa su imaginación; podemos considerar que ella es el motor de toda nuestra actividad, ella constituye toda la fuerza del espíritu.

Una persona puede actuar sobre otra de manera a modificar cualquier situación, y eso cuando quiera, a voluntad, sirviéndose de la fuerza de la imaginación.

La imaginación constituye igualmente un poderoso factor de autosugestión. El ser humano observa todo cuanto le rodea a través de su imaginación. Siendo ésta positiva o negativa, así también cada cual juzgará las cosas por lo bueno o por lo malo. El mismo acontecimiento o el mismo hecho pueden ser encarados de modo contrario, porque dependen del significado que la imaginación personal le atribuyere. El mundo es siempre tal y como lo suponemos o lo imaginamos. Mediante la imaginación bien disciplinada y educada podemos a menudo dominar nerviosismos absurdos o primeras impresiones desequilibradas; un medio de soportar la mayor parte de las contrariedades consiste en imaginar que una verdadera desgracia ha sido posiblemente evitada por el accidente de que nos quejamos.

Para quienes aún tengan dudas sobre su imaginación, lo más seguro es que todos en cierta forma ya la tengamos bien fuertemente puesta en nuestros pensamientos estimulantes.

Debemos, sí, hacer uso de la imaginación y emplear las imágenes sensibles, pero de modo que la razón gobierne siempre. Visto que la imaginación ayuda mucho a la inteligencia, está claro que para convertirnos en personas hábiles en nuestras actividades y en muchas cosas más, ha de haber combinación de pensamientos e imaginaciones, sabiendo separar y al mismo tiempo unir ambas fuerzas, así utilizaremos más de nuestra inteligencia y de nuestro raciocinio.

La razón debe, pues, frenar y corregir los desmanes de la imaginación, acostumbrándola a trabajar con la tranquilidad posible. El raciocinio será como un poder moderador de esa fuerza eminentemente dinámica y renovadora. Siempre que ella se desvíe del buen camino, siempre que desvaríe, conviene reconducirla, como sea, al punto de partida.

La imaginación que hace daño, las más de las veces aparece por la noche; cuando los insomnios nos afligen es cuando la imaginación más trabaja. El silencio, la oscuridad de la noche y el propio fluido enigmático, aún inexplicable, de las horas muertas de la madrugada, todo ello influye sobre ese estado de espíritu, de minutos contados, asombrado por el descontrol de la imaginación. Durante los largos e interminables minutos en que el sueño se resiste a venir en nuestro auxilio, la imaginación trabaja a cien por hora, en un vértigo insensato y estúpido: se acuerda de cosas monstruosas, que nunca surgirían al espíritu en otras circunstancias, tiene pavores ridículos, fórmulas hipócritas, absurdas e infantiles, de las cuales al día siguiente, a la luz del día, se ríe con magnífico desprecio.

Debemos luchar contra estos desvíos de la imaginación, que pueden afectar al equilibrio de la inteligencia. Orar, meditar, pensar y después imaginar cosas buenas, son verdaderos remedios para el alma y para volver a controlar los pensamientos y naturalmente las imaginaciones.

El entusiasmo es una fuerza por excelencia y por tanto con altísimo poder sugestivo. Los que no saben entusiasmarse no saben pensar, porque la convicción fuerte o el deseo apasionado son siempre elocuentes. El entusiasmo ennoblece las almas, porque las lleva a admirar, con justicia, todas las grandes virtudes, sacrificios y heroísmos de la vida.

Considero que debemos enseñar la necesidad de estimular, pensar, imaginar y nuestra admiración por todo lo que es justo, noble y bueno; mientras nos adelantamos en la vida, cristalizamos en el hábito de desear la felicidad del prójimo, admirar y practicar muchísimas veces la bondad.

Es bueno provocar la admiración hacia los grandes caracteres mientras la naturaleza es práctica y abierta a las imaginaciones, porque, si los buenos no fuesen admirados, ¿cuáles serían los héroes admirados e imaginados por nuestros jóvenes?

BNN


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