Vampirismo
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 24/02/2011 14:16:22
Traducción de Teresa - [email protected]
Los casos de personas dependientes, excesivamente tímidas, desanimadas, ineptas para la vida normal, esas de quienes se dice que ‘han pasado por la vida, pero no han vivido’, son típicamente casos de parasitismo o vampirismo.
Herculano Pires
En el imaginario popular, el vampiro, personificado en el cine por el conde Drácula, sale de su féretro por la noche para sorber la sangre de sus víctimas, convirtiéndose en murciélago. Y de día, vuelve a dormir en su caja, pues detesta la luz del sol.
Pese a que los medios de comunicación han explotado bastante esa figura legendaria, en el plano real, en nuestro cotidiano, los vampiros se hallan en verdad muy cerca de nosotros, causando los más diversos problemas.
Ellos no sorben sangre humana, sino su energía. Por ello, sal gorda, ajos, crucifijo, estaca, agua bendita, son recursos inocuos para combatirlos.
A decir verdad, la vampirización de la energía es un fenómeno mucho más común de lo que muchos puedan imaginar. Puede ocurrir de desencarnado para encarnado o incluso entre encarnados, ocasionando las denominadas obsesiones (popularmente conocidas como arrimos).
Es, sin duda alguna, una relación parasitaria, simbiótica, en la cual el vampiro se acopla al campo áurico del vampirizado, sorbiéndole toda su energía y vitalidad.
En cierta ocasión una paciente acudió a mi consultorio – tras haber pasado por varios profesionales – porque no conseguía curarse de una dolencia que la acompañaba desde hacía años: el Síndrome de Fatiga Crónica, dolencia controvertida y de difícil explicación para la medicina oficial (la gran mayoría de profesionales entre la clase médica no considera la existencia de causa espiritual en el origen de las enfermedades); por este motivo aún no se ha logrado establecer sus causas y siendo así, el diagnóstico es difícil y su tratamiento es poco efectivo.
Los síntomas más frecuentes de tal dolencia son: dificultad de concentración y memoria débil; dolores musculares; dolores de cabeza, dificultad para dormir y, después de cualquier esfuerzo físico y mental, sentirse exhausto, extenuado.
En el caso de esa paciente, aparte de la falta de vitalidad y del agotamiento físico, que la incomodaban mucho, presentaba además fotofobia (aversión a la luz), que la obligaba a llevar gafas oscuras, pues la claridad solar le hacía daño.
Al hacer regresión, vio una silueta oscura que se identificó como su fallecido padre (éste era uno de los tripulantes del avión de la TAM que hace 15 años, al despegar del aeropuerto de Congonhas en São Paulo, sufrió una avería y cayó en las inmediaciones).
Al dialogar con el padre, notamos que él no tenía conciencia de que se había muerto en aquel accidente. Tampoco tenía conciencia de que estaba vampirizando la energía de su hija, causándole fatiga crónica y, sin saberlo, dejándola sin vitalidad, agotada. Y el síntoma de fotofobia que ella sentía estaba causado por las emanaciones del ambiente oscuro, de las tinieblas donde el padre habitaba.
Al informarle de que ya no pertenecía al mundo de los vivos, de los encarnados, y que su presencia constante junto a la hija la estaba perjudicando, él, llorando, pidió perdón, pues no lo sabía. Aceptó la ayuda de los seres amparadores de luz que lo llevaron a una Luz Mayor. Después que él se fue a la Luz, la paciente recuperó su vitalidad, y ya no sentía aquel agotamiento que la dejaba bastante debilitada, ni tampoco la aversión a la luz, que la incomodaba mucho.
Este exitoso caso que ilustré como ejemplo de un vampirismo de energía de un desencarnado para un encarnado, puede ocurrir también (y ocurre con mucha frecuencia) entre los encarnados. O sea, ese tipo de vampirismo ocurre – la mayoría de las veces de forma inconsciente – tanto con los seres queridos (cónyuge, padre, madre, hermanos, parientes), como con amigos, compañeros de trabajo, jefes, clientes, o incluso con personas extrañas y con los profesionales de cura (médicos, enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas, etc.), que desarrollan un trabajo que exige un gran dispendio de energía.
Esos profesionales están más vulnerables al vampirismo, a la pérdida de energía, ya que los pacientes – consciente o inconscientemente – extraen de ellos la energía que necesitan.
Caso Clínico
Vampirismo
Acudió a mi consultorio una mujer de 37 años, que relató:
No tengo ganas de hacer nada, Dr. Osvaldo, tengo muchas ideas, pienso en ponerlas en práctica pero no lo consigo. Me formé a duras penas, o sea, hasta el 9º semestre de la Facultad de Derecho yo era la mejor alumna, nunca había quedado para examen; pero en el último semestre casi fui suspendida en una asignatura.
Nunca aprobé el examen de la OAB (Orden de los Abogados), en cambio, hago los tests que esos Sitios Web de oposiciones tienen para evaluar los conocimientos de los aspirantes, y acierto casi todo. Pero cuando hago los exámenes, de las 100 preguntas solo acierto 30. En el ámbito personal tengo marido y un hijo, pero no tenemos casa propia, pese a disfrutar de buena situación económica; pero como solo trabaja mi marido, yo me siento fracasada. Hoy él vive en un lugar y yo en otro – no me pregunte por qué, pues no sabría contestar.
Discutíamos mucho cuando estábamos juntos, y el distanciamiento ha mejorado nuestra relación. No me llevo muy bien con mi familia ni él tampoco con la suya, y vivimos en una situación que no cambia: él tiene su profesión, trabaja, pero yo no tengo fuerzas para nada. Incluso empiezo algunas cosas, pero nunca termino nada de lo que me propongo hacer.
Sabe, doctor, no siento placer en nada y eso vale para todos los aspectos de mi vida…
Al pasar por las sesiones de regresión, en las dos sesiones, la paciente solo veía sombras y una franja de luz que salía de ella hacia otro lugar, pero no lograba identificar qué era.
En la 3ª sesión (última), vio un ser espiritual, una silueta oscura, y una franja de luz que salía de ella en dirección a ese ser.
- Pide a ese ser espiritual que se identifique – rogué a la paciente.
Dice que vivió conmigo en la vida anterior a la actual y fue mi marido, pero nos separamos. ¡Dice que no me dejará nunca jamás!
- Pregúntale cómo puedes ayudarlo.
Dice que no necesita ayuda, que va a esperar por mí hasta que yo desencarne.
- ¿Por qué motivo él está aquí en el consultorio?
Dice que vive de mi energía, que él solo está aquí porque sorbe toda mi vitalidad, y que es él quien me impide hacer cosas.- ¿Por qué hace eso?
“Porque solo así seré suya nuevamente. Dice además que me hace no tener deseos de salir de casa porque me quiere solo para él… ¡Está obcecado conmigo! (Pausa).
Dr. Osvaldo, ahora viene una luz dorada que nos envuelve… Esa luz restablece mis fuerzas y corta la conexión con este ser que sorbe mi energía. Esa luz se identifica como mi mentora espiritual… Dice que es preciso también que yo me ayude, no dejando que ese ser dificulte mi vida, siendo fuerte. Dice que si tengo deseos de quedarme en la cama, he de reaccionar, tengo que levantarme, incluso en contra de mi voluntad; he de hacer mi parte.
Mi mentora espiritual dice además que tengo que pedirle perdón a ese ser, y que él también tiene que perdonarme, pues tuvimos una relación muy problemática en esa vida pasada, como marido y mujer. Dice que se produjo la separación porque todo lo que teníamos que aprender en aquella existencia pasada se hizo, pero él no lo aceptó. (Pausa).
Dr. Osvaldo, él está escuchando con mucha atención lo que dice mi mentora espiritual… Yo siento que él quiere marcharse, pero también por mi parte hay un deseo de que se quede… Lo echaré mucho de menos (la paciente habla llorando mucho). (Pausa).
Estamos despidiéndonos con el compromiso de que un día volveremos a ser marido y mujer… Él se está marchando… Mira hacia atrás para verme por última vez… Ahora ha entrado en una luz fuerte”. (Pausa).
- ¿Cómo te encuentras ahora? – Pregunto a la paciente.
“Noto tres cosas: mi energía está de vuelta y todavía queda tristeza por ya no tenerlo cerca. Pero también una sensación de libertad que yo desconocía”.








in memoriam