Ver espíritus y oír sus voces: ¿Locura o mediumnidad?
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 04/05/2010 12:04:40
Traducción de Teresa - [email protected]
Cuando era estudiante de psicología, al cursar la cátedra de Fisiología Humana, leí el libro “Introducción al Método Científico” de Claude Bernard, considerado el mayor fisiólogo de todos los tiempos. Así escribió él en su libro: “Cuando un hecho contraría una teoría dominante, abandona la teoría y conserva el hecho aunque esté apoyada por las mayores autoridades de la época”.
Años después de formado (1982), al trabajar con la regresión de memoria, los hechos, es decir, los relatos, las vivencias de mis pacientes (en las sesiones de regresión, los pacientes relatan experiencias de vidas pasadas y entran en contacto con seres espirituales de luz – mentores espirituales – y de las tinieblas – espíritus obsesores, desafectos de su pasado) no estaban acordes con las teorías psicológicas que aprendí en la Universidad.
Decidí entonces seguir el consejo del gran fisiólogo, abandoné las teorías psicológicas dominantes y conservé los hechos, o sea, las experiencias de mis pacientes. Sin saberlo, acabé creando mi propio método de terapia, la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual), abordaje psicológico y espiritual breve, que busca acoplar la ciencia psicológica y la espiritualidad.
La TRE busca revolucionar los conceptos de terapia y terapeuta, ya que es el mentor espiritual de cada paciente quien va a conducir el proceso terapéutico, o sea, él es quien descortinará el “velo del olvido” – barrera de la memoria que se manifiesta en forma de amnesia e impide al ser humano tener acceso a sus experiencias traumáticas del pasado, de esta o de otras vidas, responsables por sus fobias, ansiedad, depresión, síndrome de pánico, trastorno bipolar, problemas de relación interpersonal, etc. – para que podamos saber la causa de nuestros problemas, su resolución, y asimismo si estamos o no en el buen camino, cumpliendo nuestras misiones de vida.
En esta modalidad terapéutica, yo, a decir verdad, soy un co-terapeuta que busca auxiliar creando todas las condiciones técnicas para que el mentor espiritual del paciente (este sí, su verdadero terapeuta) pueda orientarlo mejor acerca de la causa de sus problemas y su resolución; por tanto, como co-terapeuta, soy un facilitador de la apertura de comunicación entre el mentor espiritual y el paciente.
El mentor espiritual, por ser responsable de la evolución espiritual del paciente, es la persona más cualificada, la más autorizada para conducir esta terapia, pues viene acompañándolo en varias encarnaciones y, por tanto, lo conoce profundamente, yendo directamente al quid, sin rodeos, mostrándole lo que es necesario acerca de sus problemas. Por eso esta terapia se caracteriza por la brevedad, seguridad y efectividad.
De esta forma, si me hubiese apegado a las teorías psicológicas que aprendí en la Universidad, no hubiera creado ese nuevo abordaje terapéutico, pues fui entrenado, preparado como psicólogo, para lidiar tan solo con lo psicológico y lo emocional del ser humano y no con su lado espiritual, es decir, con las interferencias espirituales de los seres de las tinieblas (la obsesión espiritual), los conceptos de reencarnación, programa reencarnatorio, plano espiritual (astral superior e inferior), Leyes Universales (palingenesia, causa y efecto, afinidad, olvido, etc.), que desgraciadamente aún son encaradas en los medios científicos como cuestiones religiosas.
Aprendí en la Universidad que ciencia y religión son como aceite y agua, no se mezclan. En vista de ello, un paciente que afirma ver “seres invisibles” y/o “escuchar sus voces” es mirado por la psiquiatría y la psicología como portador de una disfunción psiquiátrica, un síntoma psiquiátrico, característico de esquizofrenia, o sea, un trastorno disociativo psicótico, popularmente conocido como locura.
De esta forma, tanto la psiquiatría como la psicología aún están ancladas en una visión solo física, organicista, cerebrocéntrica del ser humano, oriunda de siglos de negación de la realidad espiritual, mirándolo solo como un fenómeno bioquímico, desconsiderando, por tanto, la existencia del alma, del espíritu. Obviamente, una ciencia materialista que lidia solamente con hechos palpables, concretos, mensurables, susceptibles de ser observados en laboratorio, no va a tener en consideración la existencia del espíritu, lo cual dificulta cualquier iniciativa que tienda a la constatación de otra realidad, la realidad extra- física.
Por eso la mayoría de los psicólogos y psiquiatras no está abierta ni receptiva para escuchar atenta y cuidadosamente a los pacientes que afirman ver y/o escuchar espíritus, a fin de establecer el criterio para hacer un diagnóstico diferencial entre una disfunción mediúmnica y otra psiquiátrica propiamente dicha.
Por tanto, hay que distinguir un médium en desequilibrio, que realmente ve/oye espíritus, de otro que dice también que “ve/oye espíritus”, pero que en realidad padece un cuadro alucinatorio, propio de una disfunción mental, psiquiátrica.
Lamentablemente, gran parte de esos profesionales rotula prontamente a esos médiums en desequilibrio como “esquizofrénicos”, y lo que es peor, los condenan a una vida miserable de medicamentos e ingresos en casas de salud.
Hago aquí una advertencia para que se creen una nueva psicología y una nueva psiquiatría que defiendan el bienestar del ser humano integral como lo hace la OMS (Organización Mundial de la Salud) desde 1998, que ha incluido el bienestar espiritual como una de las definiciones de salud juntamente con los aspectos físico, mental y social (el manual de estadística de desórdenes mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría – DSM IV – hace también una advertencia para que el médico ponga cuidado en no diagnosticar de forma equivocada como alucinación o psicosis, casos de personas de determinadas religiones que dicen ver u oír espíritus de personas muertas porque eso puede no significar alucinación o locura).
En mi experiencia en el consultorio, observo que los síntomas clínicos más comunes de mediumnidad en desarmonía son:
1º) Sensación de peso, opresión en la cabeza, nuca y hombros (obviamente es necesario antes hacer todos los exámenes clínicos complementarios para eliminar la hipótesis de etiología orgánica del problema del paciente);
2º) Nerviosismo acentuado (irritación por motivos banales);
3º) Insomnio, desasosiego, pesadillas constantes;
4º) Escalofríos y estremecimientos constantes en el cuerpo o partes del cuerpo (sensación de frío en manos y pies);
5º) Cansancio general, falta de ánimo, calor como si estuviese cerca de algo caliente;
6º) Extremadas alternancias de humor (humor inestable) – tristeza profunda o exceso de alegría, sin motivo aparente.Resalto, no obstante, como se dice en la jerga médica “cada caso es un caso”, que psicólogos y psiquiatras hagan un análisis más detallado de cada caso para distinguir un campo psiquiátrico de un desequilibrio mediúmnico.
Caso Clínico:
Estado de letargo.
Mujer de 20 años, soltera.
La paciente acudió a mi consultorio acompañada de su madre; su única hija no tenía una vida normal, pues desde los 15 años había cambiado mucho (la paciente tenía 25 años). Cierta noche entró en el cuarto de los padres muy asustada diciendo haber visto a una niña toda ensangrentada. La madre intentó calmarla diciendo que era una pesadilla, pero durante el día en la escuela su hija también veía a esa niña y, a causa de esa visión, todos sus amiguitos decían que estaba loca.
Su cuñado le aconsejó llevarla al médico, al psiquiatra, donde su hija fue diagnosticada como esquizofrénica; a partir de ahí empezó entonces el calvario de la hija, la tortura de los medicamentos. La madre de la paciente así me lo relató: “Dr. Osvaldo, mi hija toma ocho medicamentos, anda como una muerta viviente, un zombi. Ya no tengo hija, está irreconocible, quiero a mi hija de vuelta, ¡ayúdeme Doctor! (me lo dice llorando mucho). La hija realmente estaba en lamentable estado, se quedaba parada en el consultorio mirando a la nada, y no respondía a mis preguntas. Entonces, sugerí que la madre pasase por las sesiones de regresión.
En la 1ª sesión la madre no vio ni oyó nada, pues estaba muy ansiosa. En la 2ª sesión pedí que la hija nos acompañase en la sala de regresión. Entonces, luego al pasar el portón (recurso técnico que utilizo en esta terapia, que funciona como un portal que separa el mundo físico del mundo espiritual, el pasado del presente) la madre vio varias siluetas oscuras como si estuviesen alimentándose, vampirizando la energía de su hija.
- Doctor Osvaldo, veo varias siluetas negras en torno a mi hija, uno de ellos me ha visto y viene hacia mí; está aquí muy cerca de mi rostro.
Pregunta a ese ser espiritual qué le ha hecho tu hija en el pasado – Pido a la madre de la paciente.
- Dice que mi hija, él la llama “monstruo”, fue un hombre muy malo en la vida pasada, que usaba de su autoridad para abusar de niños, de adolescentes… ¡Qué cosa horrible, Dr. Osvaldo! Dice que no tiene nada contra mí o contra mi marido, que le da pena que seamos padres de ese “monstruo”. Le digo que ella no es más que una niña, y que tiene miedo, mucho miedo…
Pídele que mire para tu hija, muéstrale que ella ya no es ese hombre horrible – Pido a la madre de la paciente.
- Ya lo hago, Dr. Osvaldo, pero él no consigue enterarse de que mi hija ya no es ese hombre que tanto daño le hizo en el pasado.
Al final de esa sesión entregué a la madre de la paciente la Oración del Perdón para que ella y su hija orasen juntas por ese ser espiritual obsesor.
Después de una semana vinieron las dos para la segunda sesión; la madre comentó que cuando hacían juntas la oración del perdón, notó en los primeros días mucho frío (esto ocurrió por el hecho de haber sentido la madre las emanaciones de ese ser obsesor de las tinieblas, que es un lugar gélido y oscuro), después fue pasando.
Tras todo el proceso de relajación y de haber atravesado el portón, la madre me dijo que los seres de las tinieblas estaban allí, pero ya no con tanta rabia, estaban tristes, llorosos, y veía también a otros dos seres, solo que éstos de luz: una luz dorada y otra azul. Ella me dijo: - Esos seres de luz me dicen que son nuestros mentores espirituales.
Muy bien, pregúntales cómo podemos ayudar a tu hija – Pido a la madre de la paciente.
- Dicen que mi hija tendrá que volver a vivenciar en la sesión de regresión lo que hizo en el pasado, pues solo así los seres a quienes ella perjudicó la perdonarán verdaderamente.
Al final de esa sesión la hija se dispuso a hacer el tratamiento, pues hasta entonces no quería, decía que no tenía ganas de salir de aquella situación de letargo (además de los efectos de las medicaciones, el estado de letargo se produce también porque los obsesores espirituales obviamente no quieren que la paciente mejore, agravando su estado).
En la tercera y última sesión la hija entró en relajación y, tras pasar el portón, empezó a llorar mucho. Le pregunté qué le estaba ocurriendo.
- Dr. Osvaldo, veo una casa, parece un orfanato, hay varios niños, veo también a varias monjas cuidando de ellos; están separadas por edades, y yo atiendo a los niños de entre 13 y 17 años. Caramba, doctor, ¡qué cosa hice, Dios mío, qué horror! (habla llorando mucho).
Abusé sexualmente de esos niños y los maté para que no dijesen nada a nadie; como estaban allí para ser adoptados y no tenían familia, los quemé en el fondo del orfanato, ¡Dios mío! (la paciente llora copiosamente).
¿Qué es lo que ves ahora? – Pregunto a la paciente.
- Las siluetas oscuras son aquellos niños a los que hice daño. Por favor, perdonadme, lo siento mucho en el fondo de mi corazón, no sabía que había hecho tanto daño. Pido perdón, haré un trabajo voluntario con niños enfermos, pero dadme una oportunidad para demostrar que no soy ese monstruo. (Pausa).
Dr. Osvaldo, se están marchando, bajaron la cabeza y se marchan (la paciente llora mucho).
Tras el término de la terapia, su madre me mandó un e-mail agradeciendo, feliz, diciendo que el psiquiatra estaba sorprendido, sin comprender muy bien cómo había su hija salido de aquel estado de letargo, pues se encontraba más suelta, más habladora, y gracias a eso le había rebajado los antipsicóticos.








in memoriam