Vida después de la muerte: ¿Mito o Realidad?
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 23/01/2011 08:21:59
Traducción de Teresa - [email protected]
“El alma del hombre es como el agua; viene del cielo, al cielo retorna, y después vuelve a la Tierra, en eterna alternancia”.
J.W.Von Goethe
Una lectora de mis artículos me envió un e-mail cuestionándome sobre la vida después de la muerte: “A través de los casos clínicos de tus pacientes, tú describes con detalle la vida después de la muerte y las otras dimensiones. ¿Cómo sabes que todo eso es una realidad? ¿No será pura imaginación de tus pacientes? Mi religión dice que no existen los espíritus”.
El cuestionamiento de esa lectora evidencia el desconocimiento y la falta de preparación de nuestra cultura occidental materialista que está en la creencia de que la vida comienza con el nacimiento y termina con la muerte. Evidencia también el prejuicio, la ignorancia, el miedo que algunas religiones meten en la cabeza de sus fieles respecto de la muerte y de la comunicación con los espíritus, y esto les impide estudiar ese tema de forma seria y en profundidad.
Aparte están aquellos que miran la muerte no como un fenómeno natural, sino como un tabú, hasta el punto de que no les gusta ni siquiera tocar ese tema. Y aún hay otros que tienen un conocimiento espiritual parco, sin profundidad, un conocimiento seudo-religioso, supersticioso.
En este aspecto, la religión puede ser un obstáculo para la verdadera espiritualidad, que es la liberación del espíritu, de su esencia.
La historia de las religiones (hasta la fecha) tiene mucho que ver con el poder, con el dinero, y muy poco con la espiritualidad. En honor a la verdad, la vida después de la muerte, la reencarnación, la comunicación con los espíritus y el plano espiritual son cuestiones que no pertenecen exclusivamente al Espiritismo ni a religión alguna. O sea, la realidad espiritual es un fenómeno natural que siempre ha existido y que siempre existirá. Por eso los pueblos primitivos, los filósofos griegos y orientales, los chamanes indios, los sacerdotes egipcios, etc. hablaban con la mayor naturalidad sobre estos asuntos.
Preveo para un futuro – no muy distante – una Universidad del Espíritu, una ciencia oficial del Espíritu que estudiará de forma más profunda la reencarnación, el plano espiritual, el cuerpo astral, el doble etérico, etc. Una Universidad que hará un intercambio entre los dos mundos, el físico y el sutil. De ahí la importancia de revisar ese punto de vista teológico equivocado, incoherente, lleno de prejuicios sobre Dios y la espiritualidad, que aún viene siendo predicado por muchas religiones.
Sabemos que hasta el 2º Concilio de Constantinopla, que tuvo lugar en 553 d.C., la Iglesia Católica primitiva aceptaba la tesis de la reencarnación. Pero después de esa fecha el emperador Justiniano decretó que la reencarnación no existía, sustituyéndola por la resurrección.
Muchas cosas dichas por muchas religiones sobre Cristo son fantasiosas, son mitos, convirtiéndolo en objeto de altar y de santificación. Por eso Jesús aún es contemplado por muchos como una figura intocable, inaccesible, distante. De esta forma, obviamente, esas personas no se sienten merecedoras de su amor o incluso de comunicarse con Él, pues se consideran pecadoras, impuras. No obstante, Jesús no creó ninguna religión, sino que hizo revelaciones sobre las leyes divinas que rigen el universo.
Por tanto, lo interesante es la experiencia directa con la espiritualidad, dejando a un lado los prejuicios religiosos, los mitos, los miedos en relación a los espíritus.
Esto explica por qué la TER es una terapia independiente, desvinculada de cualquier institución, religión, secta, grupo espírita o espiritualista, pues no tiene por objeto adoctrinar al paciente, sino invitarle a hacer sus propias vivencias y experiencias en las sesiones de regresión para que al final del tratamiento extraiga sus propias conclusiones.
Caso Clínico:
Depresión y crisis de furia
Hombre de 34 años, soltero.
El paciente vino a mi consultorio deseando comprender por qué había tenido tres crisis de furia incontrolable, hasta el punto de que hubo que ingresarlo, atado y sedado en una clínica psiquiátrica. Antes de los 30 años era una persona normal, calma, serena, que nunca se había metido en líos. Pero al cumplir esa edad tuvo su primera crisis de furia y con guantes de boxeo destruyó su apartamento. Tenía consciencia de todo, pero no lograba controlar sus actos. Veía personas muertas en su aparato de TV que hablaban con él, entregándole mensajes.
Acabó siendo ingresado en una clínica psiquiátrica y estuvo 20 días tomando medicación anti-psicótica, pues lo diagnosticaron como esquizofrénico y bipolar. Los medicamentos lo dejaban apático, como un muerto-viviente, ya no sentía placer en hacer las cosas, la vida ya no tenía sentido. Su relación con su novia acabó fracasando.
La segunda crisis de furia le sobrevino a la hora del almuerzo: al salir del trabajo entró en crisis y acabó golpeando la luna de un coche y la puerta de una cafetería. Andaba con pasos pesados y musculatura en tensión; intrépido, no tenía miedo a nada.
Vino la policía y lo detuvieron golpeándole con las porras y solo así volvió el paciente a su estado normal. Nuevamente permaneció otros 15 días ingresado en la clínica psiquiátrica.
En la tercera crisis él veía constantemente el número 666 (el número de la bestia, de Lucifer) a que se refería Juan en Apocalipsis 13.18: “Aquí hay sabiduría. El que tenga entendimiento calcule el número de la bestia, porque es número del hombre; y su número es seiscientos sesenta y seis”).
Ese número lo perseguía en todas partes. Por la noche, en su casa, con su madre (el paciente vivía con la madre), aporreó el cristal de la mesa del comedor y cuando de su mano brotó la sangre, dibujó una cruz con su propia sangre en la pared blanca de la sala. Tenía la impresión de estar enfrentándose a Lucifer, lo desafiaba leyendo un pasaje de la Biblia y le decía: - ¡Ven, quiero ver ahora! Aquí nadie va a meterse con mi familia. ¡Ven a por mí, que ando con mucha fuerza!
Seguidamente apareció la imagen de los tres jefes que lo perjudicaron en el trabajo.
Él quería comprender además por qué las tres crisis de furia le sobrevinieron en la festividad de Corpus Christi. En esta última crisis, la más violenta, hubo que atarlo y sedarlo nuevamente en la clínica psiquiátrica. Incluso tomando la medicación, continuó viendo el número 666, y solo dejó de verlo después de salir de la clínica.Al hacer regresión, el paciente me relató:
“Siento calor y frío en el cuerpo: el lado derecho está caliente y el izquierdo frío, pero el frío es el más acentuado”.
- ¿Eres capaz de ver el portón? – Pregunto al paciente (el portón es un recurso técnico que funciona como un portal que separa el mundo físico del mundo espiritual, el presente del pasado, y siempre pido al paciente que lo visualice).
“Sí, es un portón bastante antiguo del período medieval; es muy grande, de madera rústica, resistente y pesada… Tengo la impresión de que llevo puesta una armadura que me cubre también la cabeza. A decir verdad, la impresión que tengo es que soy más alto que ese portón. Me siento gigante y muy fuerte. Estoy en la duda sobre si patear ese portal; basta darle una patada para derribarlo. Veo ahora una multitud de gente parada, mirándome; la veo desde arriba, pues me siento muy alto. Veo también la imagen de una mujer toda de blanco… parece Nuestra Señora. La tomo en mi mano… ahora me levanto y la dejo en el suelo con toda delicadeza. Voy andando, teniendo cuidado de no pisar a nadie. Pienso en Cristo, y siento una paz muy grande”.
En la sesión siguiente me relató:
“Esta vez el portón no es de madera rústica… La verdad es que se trata de una cortina, un velo que se mece con el viento. Es ligero como una cortina de seda, muy suave. Es lo opuesto a aquel portón pesado que vi en la sesión pasada, cuando yo era un guerrero con armadura pesada – me sentía muy alto y fuerte y tuve la impresión de que maté a muchos enemigos con mi espada. (Pausa).
Ahora veo seres de blanco… es un lugar todo blanco (el paciente estaba viendo el plano espiritual de luz). Son hombres, mujeres y niños. Algunos me tocan en el pecho y otros en el brazo. Me reciben sorprendidos, con admiración. Hay mucha gente, estoy tendido en una camilla, siendo llevado al hospital del astral (pausa).
Estoy siendo tratado, mis músculos están siendo restaurados (pausa). Me levanto, no veo el suelo, no hay piso, el lugar es todo blanco. Ahora llevo puesta una armadura también blanca, no es pesada como la que llevaba, y mi espada es de luz… A decir verdad, es un haz de luz que sale de mi mano, como si me hubiese preparado para ser un guerrero de luz, lo opuesto de cuando era aquel guerrero medieval. He cambiado la violencia por la sutileza. Los seres de luz están dándome un pase, purificándome (pausa).
Veo ahora una fila enorme de caballeros con armaduras de plata, como la que yo llevaba antes. Sus rostros van cubiertos con capacetes. Están parados, enfilados ante mí. Pido a los caballeros de la primera fila que se quiten los capacetes para descubrir quiénes son… Se los quitan y veo las figuras de mis tres jefes que me perjudicaron en el trabajo. El primer jefe me acosaba moralmente; el segundo me obligó a trabajar, no me liberó el día en que falleció mi padre en el hospital; y el tercero se hizo con todas mis ideas y dijo a su superior que eran suyas.
Los veo ahora heridos en un campo de batalla de esa vida pasada… creo que les he quitado la vida en esa batalla (pausa). Levanto las manos – como en imposición – y arrojo luz sobre las heridas de sus cuerpos… y ahora ellos están bien, sonriendo. También arrojo luz sobre aquellas filas de caballeros para que sean curados. Tengo la impresión de que todos esos caballeros estaban perjudicándome, bloqueando, trabando mi vida (pausa).
Estoy pidiendo perdón, de corazón, por haberles quitado la vida…
Ahora se han esfumado… ya no los veo.
Ahora lo entiendo: las tres crisis de furia que tuve eran la lucha del bien contra el mal. O sea, en las crisis me puse enfurecido exactamente como en la vida pasada, pues yo representaba a las tinieblas, era un guerrero del mal; sin embargo, pintando con mi sangre la cruz en la pared de mi apartamento y leyendo un pasaje de la Biblia, yo ya era un guerrero de la luz.
Por tanto, dentro de mí había dos guerreros: uno del bien y el otro del mal.
En la primera sesión, era mi ego, mi orgullo y la fuerza física lo que me colocaban como un caballero medieval gigante y fuerte, pues era un guerrero de las tinieblas.
Entiendo que en las tres crisis de furia que enfrenté salió a relucir mi lado de guerrero de las tinieblas y de la luz al mismo tiempo. Por eso en la primera sesión noté la mitad de mi cuerpo caliente (luz) y la otra mitad fría (tinieblas).
Como guerrero que fui, trabajaba tanto para las tinieblas, para Lucifer, como para la luz, para Jesús. Esto explica también por qué las tres crisis ocurrieron justamente en la semana del Corpus Christi (pausa).
Me viene a la mente que para ser definitivamente un guerrero de Lucifer hubiera tenido que suicidarme en la vida presente. Las crisis de furia en realidad fueron ataques de los seres de las tinieblas que querían que yo me matase, me suicidase.
En la vida actual, me ha sido dada una oportunidad para elegir el camino del bien o el del mal. O sea, antes de encarnar, se hizo un acuerdo entre Lucifer y Cristo, según el cual Lucifer tendría ocasión de llevarme a las tinieblas definitivamente, caso yo cometiese suicidio antes de mis 34 años de vida. Pero como no me he matado, Lucifer perdió la batalla. Y, con eso, paso a ser definitivamente un guerrero de la Luz. Hasta ayer mi vida era regida por Lucifer, que era mi mentor espiritual; a partir de hoy (15/12/2010), Cristo ha pasado a ser mi mentor espiritual.
En las tres crisis de furia yo adquiría la fuerza de Lucifer, pero cuando llegaba mi familia entraba la interferencia de Cristo. (Pausa).
El Maestro tiende sus brazos hacia mí y me dice: ‘Yo soy tu mentor; confía en mí, y tu vida cambiará de ahora en adelante. ¡Gracias por perseverar!’ (El paciente habla llorando).
Veo ahora el rostro de mi fallecido abuelo (en esta terapia es común que del pariente desencarnado del paciente aparezca solamente el rostro, raras veces el cuerpo entero).
Dice que está muy orgulloso de mí, que todos los familiares desencarnados estaban asistiendo a ese embate entre el bien y el mal. Fue por eso que al atravesar aquel velo, al comienzo de la sesión, entré en la luz y vi gran cantidad de seres de luz que me recibieron muy contentos. Dice que ha sido una victoria de la luz (sugiero al lector la lectura de un artículo mío, cuyo título es Embate espiritual: Una guerra silenciosa y desigual).
También revela que todos estaban acompañándome durante estos 34 años, en la expectativa de ver lo que yo haría con mi vida.
Mi abuelo termina diciendo que no fue por casualidad que mi madre vino a vivir conmigo en mi apartamento, pues ella es mensajera de María y de Cristo, para apoyarme en las crisis de furia que sufrí”.








in memoriam