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¡Vivir es intensificar el amor!


por Flávio Bastos - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Podríamos invertir el sentido de las palabras del título de este artículo, y su significado seguiría siendo el mismo: “¡Amar es intensificar la vida!”

En la escuela de la vida, los aprendizajes respecto del amor son la tarea más difícil para el ser inmortal, porque exige el desapego del yo egoico en las relaciones consigo mismo y con el otro.

En el escenario de la vida, ser madre, padre, hijo, hermano, amigo o constituir familia en que sobresalga la energía del amor en las relaciones interpersonales, es el mayor reto del ser que se reencarna para nuevas probaciones en el panorama de la existencia.

En la experiencia vital, amor e intensidad son combinaciones inseparables en la senda del progreso. Si tenemos esa percepción y el enfoque puesto en el bien de aquellos que amamos, ya habremos aprendido algo significativo sobre el amor.

Otro test difícil para el espíritu es amar verdaderamente a la persona con quien se comparten sentimientos y emociones íntimas. Y amar verdaderamente significa abdicar del amor egoico, exclusivista, en favor de un amor expansivo, de efecto liberador para ambos.

El hombre debe concienciarse de que “intensificar la vida” no es lo mismo que vivir la vida intensamente como si cada minuto fuese el último de su existencia. Apresurar la vida en beneficio del placer inmediato y del goce sin noción de límites es una ilusión, pues los valores de que necesitamos para asimilar el significado del amor pasan por la percepción – y apropiación – de lo que es eterno y no de lo que es efímero en nuestra vida.

En estos últimos años de atendimiento psicoterapéutico, he venido observando un creciente número de casos de desamor asociado a la depresión. Muchos de esos casos son de personas adultas sintonizadas en la fase infantil, donde la falta de amor de sus responsables en la infancia les ha dejado “vacíos” que se han reflejado en las posteriores relaciones afectivas, comprometiendo la calidad de éstas y abriendo “heridas” en el ámbito de las emociones y sentimientos.

La experiencia de la falta de amor en la infancia funciona como el efecto de la bola de nieve, que cuanto más rueda más aumenta de volumen. Y la consecuencia de ese “efecto” la advertimos más tarde, cuando el adulto se convierte en un individuo inseguro y predispuesto a decepciones en el ámbito de las relaciones afectivas.

El individuo intenso en el amor es aquel que ha aprendido, entre fallos y aciertos, la importancia de esa energía, empezando por la responsabilidad en el papel de madre o padre que la vida le ha atribuido. A partir de ese aprendizaje la experiencia del amor se hace más sutil, menos densa y materializada en el sentido de las exigencias del ego.

Por eso, a medida que el espíritu reencarnado se desapega del ego primitivo, percibe que amar es intensificar la vida o vivir es intensificar el amor,experimentado de una forma menos densa en la realización de ambiciones y deseos, y más lúcida en relación a su trascendente significado.

El perdón quizá sea una de las mejores opciones para recomenzar el aprendizaje desde el punto en que nos hemos equivocado, porque la vida no es un fin en sí, sino un volver a empezar en que tendremos la oportunidad de recuperar la lección no aprendida en el pasado.

La culpa mantiene al individuo en la sintonía de lo pretérito; el auto-perdón y el perdón, por el contrario, poseen la característica de liberarlo de la sintonía que tantos males le ha causado.

Si buscamos la psicoterapia interdimensional como medio de auxilio, lo ideal es que nos presentemos con la expectativa puesta en la posibilidad de renovación interior. En caso contrario, estaremos reproduciendo patrones de comportamiento que nos ciegan hacia la inherente capacidad humana de expansión de la conciencia.

En ese sentido, la ansiedad y el inmediatismo son los mayores enemigos del hombre moderno, pues aparte de acelerar el ritmo de vida, enturbian la perspectiva de su naturaleza trascendental, condicionando su miradaa los acontecimientos de la dimensión material.

Por tanto, el rescate del individuo ante un conjunto de relaciones interdimensionales que constituyen su vida, es lo que garantiza la psicoterapia interdimensional, ya sea a través de la memorización de experiencias psíquicamente traumáticas, o del despertar de valores que contribuyen a una mejor comprensión del significado del amor y de la vida.

Somos una síntesis de experiencias de triunfo o fracaso en el ámbito del amor. Esa “síntesis”, por lo regular, tiende al desequilibrio de fuerzas internas que se manifiestan en los campos psíquico y físico en forma de patologías. No obstante, con la combinación de factores como el auxilio terapéutico y la voluntad de ayudarse, el individuo penetra en el laberintode sí mismo para retornar como persona libre de sentimientos que lo sujetaban al pasado.

El auto-conocimiento sin la resignificación del amor en la experiencia vital, es como adquirir tierras para el plantío y verificar después que el suelo es infértil e impropio para el cultivo…

La psicoterapia interdimensional, aparte de resignificar el amor en la vida de la persona, prepara el “terreno” para nuevas sembraduras en el fértil campo de las relaciones afectivas estables.


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