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Volando por el cielo de Athor con el Sabio de las Estrellas

por Wagner Borges
Publicado dia 19/04/2008 11:25:45 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Él vino de lugares distantes y se posó en las tierras cálidas del Antiguo Egipto.
Parecía un ángel, pero era un hombre, semejante a los de la Tierra.
Debido a su sabiduría fue acogido como un maestro. Sin embargo, lo que más le gustaba era el contacto con el pueblo sencillo del lugar.
Estaba siempre de buen humor y su rostro resplandecía cuando sonreía.
Sus ojos brillaban como dos estrellas.
Él compartía sus conocimientos estelares con aquellos que ya estaban preparados para la clara comprensión de los principios que rigen el Cosmos.
Tras las clases nocturnas impartidas dentro de los templos iniciáticos, él solía proyectarse fuera del cuerpo físico juntamente con algunos discípulos.

Alzando vuelo y singlando el cielo de Athor, más parecían ángeles luminosos, pero eran solamente personas iniciadas en las artes espirituales en plena acción. En los planos extra-físicos, él profundizaba en las explicaciones, aplicaba los ejercicios apropiados y continuaba compartiendo su sabiduría. Solía decir:
“Cada ser lleva una luz en su corazón y es portador de sublimes potenciales por despertar.
Pero antes de eso, ha de ser probado en el crisol de las experiencias necesarias para su pulimento.
Tiene que abrir el corazón y servir al Plano Mayor.

Antes del acceso a la Conciencia Cósmica, primero las lecciones de humildad, responsabilidad, respeto a las leyes de la naturaleza; y la voluntad de servir a la evolución de la humanidad desde el anonimato. Trabajar incesantemente sin los arrobos de la arrogancia, siempre consciente de los excelsos objetivos.
En las sendas de la espiritualidad, no hay espacio para objetivos mezquinos ni sabotajes diversos. Quien anhela el despertamiento de la luz estelar en sí mismo, necesita armonizarse con los objetivos que busca y con la lucidez y el amor en sus actividades.
No es fácil brillar, sólo los fuertes de espíritu consiguen convivir con el brillo estelar encendido en sí mismos y, al mismo tiempo, ser apenas seres humanos normales con todos los percances inherentes a esta condición.

Cada hombre tiene alas espirituales, pero necesita aprender a abrirlas.
Lleva tiempo a un hombre el convertirse en ángel completamente, lleva vidas y mucha paciencia.
Primeramente, ha de entrenar al ángel en la carne, vida tras vida. Lentamente, las alas de luz vibrarán en la frecuencia estelar adecuada.
A su debido tiempo, la ascensión ocurrirá, no por motivaciones místicas o religiosas, sino por el propio nivel de conciencia manifestado.
¡Nadie está en el mundo por casualidad!
Sólo vence la rueda reencarnatoria el que presenta un trabajo digno sin esperar ningún tipo de recompensa o reconocimiento. Sólo salen de la Tierra hacia los mundos felices o los planos de la pura luz, aquellos que operen dignamente en la frecuencia del amor y de los dictámenes superiores.
Y que nadie se equivoque: ¡no hay cómo engañar a las leyes de causa y efecto! ¡A cada uno según la apertura y vibración de sus alas!”

Él explicó los principios herméticos de la manera más sencilla, su didáctica era perfecta. Él traía el conocimiento de las estrellas directamente al corazón de los hombres.
En siete conceptos fundamentales resumió la ciencia estelar:
1. Principio de Mentalismo: “¡El TODO es pura conciencia!” (¡El TODO está en todo!).
2. Principio de Correspondencia: “Lo que está arriba es como lo que está abajo.¡Lo que está abajo es como lo que está en lo alto, en el milagro de una sola cosa!” (¡El macrocosmos y el microcosmos integrados en la percepción de quien sabe de la UNIÓN!)
3. Principio de Vibración: “¡Todo vibra, nada está parado!” (¡Hay vida en todo! Todo es energía!).
4. Principio de Polaridad: “¡Todo es doble, todo tiene dos polos, opuestos e iguales!” (El juego del chi – la fuerza vital – en su doble manifestación natural: Yin y Yang; ¡la analogía de los contrarios generando la pulsación vital!).
5. Principio de Ritmo: “Todo tiene flujo y reflujo; todo tiene sus mareas; todo sube y baja; a la derecha y a la izquierda; ¡el ritmo es el equilibrio!” (El sabio comanda los ciclos vitales obedeciéndolos, ¡nunca violentándolos! Él sabe que todo tiene su época y que la balanza oscila según el peso específico de cada acción. ¡Por eso él es puro equilibrio en sus pasos! ¡Él sabe danzar en el filo de la navaja sin corromperse!).
6. Principio de Causa y Efecto: “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todas las cosas suceden de conformidad con la Ley. La casualidad es un nombre dado a una ley no reconocida. ¡Existen muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley!” (El TODO es causa. ¡En la causa, el efecto! ¡A cada cual según sus obras!).
7. Principio de Género: “El Género está en todo; todo tiene sus polos, masculino y femenino; ¡el Género se manifiesta en todos los planos!” (El principio generador está en todo. En el TODO, el Génesis de todo. En la Naturaleza de los seres y de las cosas, la manifestación vital de eso. ¡Todo espíritu es co-creador! El PADRE-MADRE del universo se manifiesta en cada ser. ¡Luego, el potencial creador está dentro de cada uno!).

El sabio de las estrellas enseñó esas leyes herméticas a diversas generaciones de iniciados que llegaban de varios lugares del mundo antiguo para beber en la fuente de su sabiduría. Dotado de la divina percepción, él abría portales inter-dimensionales y observaba espiritualmente los tiempos futuros. En una de esas veces, él vio a alguien escribiendo en un extraño aparato dotado de una pantalla clara. Por encima de esa persona había una luz blanca incidiendo directamente en su chakra coronario.
A su lado, un espíritu de porte real, austero, proyectando un rayo de luz azul-marino brillante desde su chakra frontal al chakra frontal del muchacho que escribía. Viendo aquella escena futura, él rió. Pues sabía que el texto era acerca de él.
Sabía que las enseñanzas estelares pasarían secretamente, de generación en generación, hasta el punto de ser comprendidas exotéricamente por las personas de varios niveles y procedencias, hasta el punto de ser puestas en circulación por aparatos extraños en sus propias casas.El sabio reflexionó acerca de aquella visión.
Pensó: “¿Será que las generaciones futuras percibirán sus alas vibrando al adquirir ciencia de los principios herméticos?
¿Serán impulsadas por los vientos de la madurez?
¿Sentirán el toque de lo infinito en sus corazones y mentes?
¿Serán serenas en sus pesquisas espirituales?
¿Estarán provistas de la debida paciencia?
¿Serán fuertes para enfrentarse a sus miedos y bloqueos frente a frente, como desbravadores espirituales de las fronteras dimensionales?
¿Estarán imbuidas de real valor en sus estudios?
¿Serán personas conscientes de que son estrellas del TODO, viajando por vidas en cuerpos adaptados a sus necesidades de aprendizaje y comprensión?
¿Tendrán la certeza de su propia inmortalidad?
¿Serán personas lúcidas, amorosas, alegres, sensatas, responsables y ecuánimes en sus propósitos?
¿Singlarán los cielos de Athor como ángeles fuera de sus cuerpos carnales?
¿Viajarán conscientemente para fuera de la Tierra, rumbo a los planos extra-físicos elevados hacia otros aprendizajes, mientras sus cuerpos duermen?
¿Agradecerán al Supremo Comandante de la vida las oportunidades de ascensión que cada experiencia humana ofrece?
¿Percibirán la UNIÓN?”
Terminada su misión en las tierras cálidas del Antiguo Egipto, el sabio ascendió a las esferas superiores, más allá de los fugaces brillos terrenos. Parecía un ángel, pero era tan sólo alguien conectado a la Conciencia Cósmica. Era solamente un ser realizado en las artes espirituales.
¡No era sólo el iniciado, era el GRAN INICIADO!
No era como muchos iniciados de hoy, llenos de grados iniciáticos mezclados con arrogancia y egoísmo exacerbado.
Aquel hombre-ángel-estelar era simple conciencia y amor, siempre de buen humor, pleno de esperanzas en el futuro de los hombres, de la Tierra y de otros orbes.
Sus enseñanzas están marcadas indeleblemente en la piel espiritual del planeta y en el corazón de los iniciados responsables de todos los tiempos.
Ese sabio de las estrellas fue conocido con diversos nombres a lo largo de la Historia: Toth en Egipto; Hermes en Grecia; Mercurio en Roma; Henoc para los judíos; Mensajero de Osiris para los iniciados; Hermes Trismegisto (Trimegistus, Trimegistro), ¡el Tres Veces Grande!

Aquí y ahora, usando el “extraño aparato” llamado computador, registro lo que Sanat Khum Maat, el amparador del rayo azul en el chakra frontal, director espiritual e inspirador de este texto, desea transmitir:
“¡Oh maestros de la luz! Vuestras huellas luminosas guían nuestros caminos. Inspirad nuestras jornadas, humanas y espirituales. Orientad nuestros pasos en las sendas de la vida y nuestros vuelos en los cielos de Athor.
Que el Padre Osiris abra la lucidez en nuestras conciencias.
Que Horus, el Hijo divino, portador de la luz, estimule el amor en nuestros corazones.
Que la Madre Isis, la que descorre el velo de la ignorancia, vivifique nuestro vientre.
Que Maat, la Señora de la justicia, sea amparadora de nuestros actos y elecciones. ¡Que las enseñanzas del sabio de las estrellas calen hondamente en todos nosotros!
¡EL TELESMA de todos está aquí y su fuerza se convierte en tierra, por la presencia digna de los trabajadores de la luz abriendo sus alas en la superficie del mundo! Con la punta de un diamante espiritual, el sabio estelar grabó la clave de sus enseñanzas en el alma del mundo y en el corazón de los justos:
¡DESPIERTA! RECUERDA QUE ERES UN HOMBRE, VENIDO DE UNA ESTRELLA, QUE ESTÁS EN UNA ESTRELLA Y QUE IRÁS A OTRA ESTRELLA. ¡PÓSATE SUAVEMENTE! ¡LOS MAESTROS ORIENTAN!”
Todavía sirviéndose del “extraño aparato” para escribir, recuerdo ahora otra de sus enseñanzas secretas:
“MEDITA: ¡TE PONES EL VESTIDO PARA BAJAR Y TE QUITAS EL VESTIDO PARA SUBIR!”
Él ha dejado sus enseñanzas en las tierras cálidas del Antiguo Egipto. Ellas han viajado a través de las generaciones.

Hoy calientan nuevos corazones que viajan en la jornada del conocimiento espiritual. Inspiran a los iniciados de ahora, ya no dentro de los templos iniciáticos, sino dentro de las aglomeraciones urbanas, rozándose con sus hermanos de andadura, en el “front” de la vida moderna, sometidos a las más duras pruebas de su andadura ascensional: ¡las pruebas de las relaciones humanas en la práctica!
Aquí y ahora, deseo que las alas espirituales de los lectores estén vibrando mucho al leer estos escritos, pues mis alas están vibrando mucho por haberlos pasado aquí en la pantalla del “aparato extraño”.

P.D.: He escrito todo esto, pero bajo la inspiración directa del amparador extra-físico Sanat Khum Maat. (Estos escritos van dedicados a mis amigos Vítor Hugo França y Tomás, compañeros que mucho me ayudan en los programas de la Radio Mundial de São Paulo).

¡PAZ Y LUZ!


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Sobre o autor
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Wagner Borges é pesquisador, conferencista e instrutor de cursos de Projeciologia e autor dos livros Viagem Espiritual 1, 2 e 3 entre outros.
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