Nada es fruto del acaso
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 07/08/2007 11:02:58
Traducción de Teresa - [email protected]
“Ha desaparecido la frontera rígida entre la física y lo que denominamos metafísica.
La intuición metafísica tiene bases físicas: Dios y la energía cósmica son lo mismo. Todos los límites entre la ciencia y la religión, ciencia y arte, física y psicología, astronomía y religión, Dios y el éter, tienen una unidad básica, una fuerza central básica que se extiende a diversas ramas de la experiencia humana. La energía orgánica cósmica no es mística: es una ley básica de la naturaleza”.
Wilhelm Reich
Es común que las personas crean en el acaso, es decir, en la suerte, buena o mala, en lo casual, en lo accidental, en lo fortuito. La palabra acaso procede del prefijo a que significa ‘no, sin’ y caso procede de ‘causa’. Por lo tanto, acaso significa sin causa.
Sin embargo, desde el punto de vista de la metafísica (disciplina que estudia las leyes de la vida), el acaso no existe, pues todo en la vida, en el universo, obedece a las leyes de la causa y efecto.
Así, todo cuanto ocurre en nuestra vida tiene una causa, aunque nos falten elementos para entender la causa que ha generado un determinado acontecimiento.
En este aspecto, la vida es sabia, tiene sus motivos y nada ocurre sin una razón justa. O sea, todo tiene su razón de ser y de suceder.
Y más: la vida siempre actúa a nuestro favor, buscando lo mejor para nosotros, aunque no lo creamos; debido a nuestra estrechez mental observamos la vida a través de la rendija de una cerradura y a eso se debe la dificultad en comprenderla en su totalidad. Por lo tanto, si algo nos parece equivocado, es porque nos falta una mayor comprensión de las causas que han dado lugar a determinados acontecimientos en nuestras vidas. Mirado desde ese ángulo, todo sucede de la manera adecuada.
He podido constatar esto, en mi práctica clínica como psicoterapeuta desde 1985, al conversar con el mentor espiritual – ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual – de cada paciente en la Terapia Regresiva Evolutiva (T.R.E.) – abordaje psicológico y espiritual breve canalizado por mí a través de los Espíritus Superiores del Astral.
En esta terapia, es el mentor espiritual del paciente quien descortinará su velo del olvido del pasado (de esta o de otras vidas) para que el paciente pueda conocer la causa de sus problemas, así como recibir orientación para resolverlos.
Mi papel, en cuanto terapeuta, es abrir el canal de comunicación, haciendo que el paciente entre en estado alterado de conciencia por medio de la hipnosis, para que el mentor espiritual pueda conversar directamente con él en la sesión de regresión y orientarlo mejor acerca de sus problemas.
Al conversar con su mentor espiritual – su maestro – que le indicará su verdadero camino en esta jornada, el paciente se conciencia de que nunca ha estado solo en esta andadura y que siempre ha recibido ayuda. (Por cierto, nadie está solo, pues todos tenemos un mentor espiritual que nos da toda la asistencia, principalmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, aunque muchos no perciban su presencia).
Quiero resaltar, en este artículo, que es común que el paciente inicie la terapia con cierta incredulidad acerca de la existencia de su mentor espiritual. Sin embargo, al conversar, e incluso verlo claramente (en la mayoría de los casos) en el transcurso de las sesiones de regresión, su escepticismo se transforma en certidumbre. Y cuando esto sucede, se cambia su comportamiento, la visión de sí mismo y de los demás, afectando también a sus decisiones de vida.
Con la orientación de su mentor espiritual, el paciente rescata su autoestima, su confianza y fe en sí mismo, en los demás y en la vida.
La fe, término tan desacreditado en este mundo moderno conturbado que venera el poder, el intelecto y el tecnicismo, para muchos ha pasado a ser sinónimo de alienación y misticismo. La T.R.E., a través del mentor espiritual de cada paciente, viene a unir la ciencia psicológica con la espiritualidad, pues, si por un lado la psicología y la psiquiatría oficiales aún no aceptan que el hombre es fundamentalmente un ser espiritual, por el otro la espiritualidad viene siendo, por muchas religiones, desfigurada, distorsionada, por las prácticas espirituales, ahí sí, mistificadas.
Quiero resaltar también que en la T.R.E. la regresión de memoria es tan sólo un medio, un instrumento de auto-conocimiento y curación, pero que el propósito final de esa terapia es colaborar en el proceso evolutivo del paciente. Por lo tanto, es importante frisar que esa terapia no se resume apenas en inducir al paciente a que haga regresión, sino en ayudarlo a que tome conciencia de si está en el rumbo acertado para su vida, si está cumpliendo el verdadero propósito a que ha venido en esta jornada.
Caso Clínico:
¿Por qué no consigo mantener una relación afectiva?
Mujer de 33 años, soltera.
Acudió a mi consultorio a fin de saber por qué sus relaciones amorosas son superficiales, no son duraderas ni se hacen firmes.
Los hombres se interesaban inicialmente, pero después se desinteresaban muy rápidamente.
Había tenido solamente dos relaciones (la 1ª duró cinco meses y la 2ª, dos meses). Sus parejas argumentaban que era una mujer para casarse y que, por lo tanto, no deseaban envolverse en una relación más seria. Tras la decepción del primer enamoramiento, la paciente quedó con mucho miedo de envolverse afectivamente y ser abandonada otra vez – esto la había dejado muy ansiosa y temerosa.
Al hacer regresión me relató:
“Me veo en medio de una arena... Veo un montón de gente, hombres, mujeres y críos mirándome, sentados en unas gradas. Llevan ropas antiguas, de la época medieval.-¿Tú consigues verte? – Pregunto a la paciente.
“Sí. Tengo el cabello largo, con trenzas, soy mujer, llevo ropas rojas. Estoy bailando en medio de esa arena, pero me siento avergonzada. Ellas me aplauden tras mi actuación (pausa).
Ahora me veo andando por una calle, hay comercio, parece una feria. Las personas ofrecen comida para vender. Yo solamente miro, no compro nada. Es un día soleado... Me parece que soy una gitana.
Leo la mano a las personas, pero no están interesadas.
Vivo en una barraca toda ornamentada. Veo a un señor de cabellos blancos. Me parece que es mi abuelo. Él es el jefe de ese campamento de gitanos.
Hay una fiesta, música, la gente está bailando alegre en ese campamento.
Llegué a esa fiesta y me ha reñido mi abuelo porque no le he ayudado en nada y no estaba vestida para esa fiesta (pausa).
Ahora me veo arreglada, llevo un pañuelo a la cabeza, mi vestido es blanco.”
-¿Qué edad aparentas tener? – Pregunto a la paciente.
“Tendré unos 20 años”.
-¿Tienes padres, hermanos? – Le pregunto nuevamente.
“Veo un montón de gente en esa fiesta, pero me parece que no tengo padres ni hermanos. Sólo somos mi abuelo y yo.”
-Avanza más adelante en esa escena – pido a la paciente.
“Tengo un presentimiento... Me viene una impresión, una sensación de que algo malo va a ocurrir en ese campamento (la paciente tiene una premonición).
Ese presentimiento se ha confirmado. Veo soldados invadiendo nuestro campamento. Ellos no nos aprecian. Nos detienen, destruyen, plantan fuego a las barracas. Los críos están asustados...”
-Observa lo que ocurre contigo – le indico.
“Consigo escapar, pero ellos han capturado a mi abuelo. He escapado para un lugar distante.”
-Avanza más adelante en esa escena – le ruego.
“Una señora me acoge en ese lugar... Su mano es igual a la de mi madre de la vida actual. Ella tiene un hijo, un chico guapo. Él es muy gentil. Acabamos casándonos.”
-Prosigue más adelante en esa escena – le ruego nuevamente.
“Vivimos con la madre de él. Ahora tengo un par de hijos.”
-Avanza más adelante en esa escena, años más tarde – pido a la paciente.
“Me veo mayor, mi hija está bailando tal como yo bailaba... Estoy cansada.”
-Mira cómo termina esa vida pasada... Ve hasta el momento de tu muerte – pido a la paciente.
“Estoy tendida en una cama, una luz blanca en forma de espiral nebulosa me saca de mi cuerpo físico en el momento de mi muerte.”
-Observa a dónde vas – le ruego nuevamente.
Estoy en un campo, en un jardín muy bonito en el mundo espiritual. Me siento en paz.
Un señor con barba blanca, larga, que lleva un manto blanco se acerca a mí.
Me dice: “De la misma forma que has encontrado un compañero en esa vida pasada, lo vas a encontrar también en la vida actual.
¡Ha llegado la hora! (La paciente llora emocionada).
Ese hombre que vas a conocer tiene buen corazón y lo reconocerás en cuanto llegue el momento. ¡Él no te abandonará! ¡Que seas feliz!”
Ese señor revela que es uno de mis mentores espirituales (es común que el paciente descubra en esa terapia que tiene más de un mentor espiritual. En el caso de esta paciente, él le ha revelado que tiene 3 mentores espirituales. Es frecuente también que el mentor espiritual haga revelaciones futuras a la paciente – caso ello sea necesario.)
Ahora aparece una señora... Tiene los cabellos cortos, negros y lleva una camisola blanca.”
-Pídele que se identifique – pido a la paciente.
“Ella me dice: ‘Criatura mía, ¿no te acuerdas de mí?’ (Los pacientes no suelen recordarse de las personas con quienes han convivido en vidas pasadas debido al “velo del olvido” que no les dejaba tener acceso a sus recuerdos reencarnatorios).
Ella me abraza, dice que tiene mucha añoranza y revela que ha sido mi madre en una vida pasada. Dice que está siempre mirando por mí, y que también es mi mentora espiritual.
Revela además que ese muchacho que voy a conocer me hará muy feliz porque lo merezco y que ellos – los mentores – están ya preparando nuestro encuentro, y está próximo a suceder.”
-Pregunta a tu mentora por qué motivo tus relaciones amorosas no han salido bien hasta ahora – pido a la paciente.
“Porque no eran las personas apropiadas para mí. Dice que necesito aprender a confiar en mí. Que la misma confianza que demuestro en la parte profesional, he de tenerla en la parte afectiva.”
-Pregúntale cuál es tu principal aprendizaje en la encarnación actual – pido a la paciente.
“Aclara que es vivir con ese hombre a mi lado. Dice además: ‘Ten la seguridad de que eso va a suceder, porque en el astral tú lo has solicitado. Pero has querido antes realizarte profesionalmente para después conocer a ese compañero’.
Ya habéis estado juntos en vidas pasadas y es un amor verdadero, sin exigencias y sin dependencia el uno del otro.”
-Pregunta a tu mentora si falta algo más para que os reencontréis – pido a la paciente.
“Dice que no, sólo es necesario un poco de paciencia por mi parte.”
-Pregúntale si ella te ha influenciado para acudir a mí a hacer esta terapia – pido a la paciente.
“Dice que sí, que ellos me han intuido la búsqueda de esa terapia. Explica que la 1ª vez que he acudido a usted en su consulta, mi compañero todavía no estaba preparado para reencontrarse conmigo; por eso ellos han intervenido haciendo que no saliese bien el comenzar esa terapia (en 2006, mi secretaria ‘por equivocación’ marcó en la agenda su 1ª consulta (entrevista de evaluación) para la misma hora que otra paciente, provocando con ello gran confusión.
Irritada (con toda razón) y no conforme en aquella ocasión debido a ese desliz cometido por la secretaria, acabó marchándose y tuvo que aguardar a otra fecha para dar comienzo a su tratamiento, pues mis horarios estaban todos completos. Y esto sólo ha venido a suceder en este año de 2007. Así, la paciente ha venido a comprender, a través de su mentora espiritual, que ese incidente en mi consultorio no había ocurrido por casualidad).
Ella revela también que tendremos una familia linda y muy feliz.
Ahora se despide diciendo: ‘¡Vete en paz y queda con Dios, criatura mía! ¡Sigue tu camino!’”








in memoriam