¿Siluetas, apariciones o alucinación?
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 15/06/2008 11:31:31
Traducción de Teresa - [email protected]
¿Cómo saber si esas visiones de espíritus son imágenes mentales que creamos o manifestaciones mediúmnicas de clarividencia?
Esta es la pregunta que muchos pacientes me hacen cuando pasan por la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve canalizado por mí con los Espíritus Superiores del Astral. Además de esta pregunta, otras son también muy frecuentes:
- “¿Cómo podemos saber si es un espíritu el que me da informaciones y no mi propia imaginación?”
- “¿Es una vida pasada o una fantasía lo que estoy vivenciando en esta sesión de regresión?”
A pesar de traer escenas, imágenes muy nítidas, vivenciar sensaciones físicas (dolor, calor, frío, peso, levedad, olores, asfixia, sabor amargo o de sangre en la boca, etc.) y emociones intensas (ira, miedo, tristeza, nostalgia, alegría, amor, etc.) como recuerdos de una vida pasada, aun así, es corriente que en las sesiones de regresión el paciente ponga en duda si esas experiencias son de veras reales o fruto de su imaginación, gracias a que su “velo del olvido” del pasado está muy cerrado, no dejándole reconocer su existencia pasada.
Después de haber conducido más de 2000 sesiones de regresión, solamente uno de mis pacientes recordó, reconoció claramente que lo que había traído en la sesión de regresión había sido realmente una evocación, un recuerdo de una vida pasada, sin sombra alguna de duda. Se hace evidente, por tanto, que el “velo del olvido” del pasado, que se manifiesta en forma de amnesia, es un mecanismo de defensa de la mente, cuyo objeto es preservar nuestra integridad psicológica y emocional. Caso no hubiese tal velo, obviamente quedaríamos perturbados o incluso podríamos trastornarnos si recordásemos las atrocidades, las barbaries, practicadas en vidas pasadas porque éramos unos seres en evolución… (La falta de esclarecimiento y la ignorancia de las Leyes Universales llevan al ser humano a perjudicar a sus semejantes).
Pero ¿cómo podemos distinguir lo que es real o fantasioso en relación a las preguntas arriba mencionadas?
Para poder distinguirlo, hemos de prestar atención a nosotros mismos, o sea, ser humildes (la práctica del auto-conocimiento requiere humildad) y sobre todo, honrados, comprometidos con la verdad. El problema es que hemos sido educados más para la mentira que para la verdad y, con ello, hemos aprendido también a mentirnos a nosotros mismos, muchas veces sin darnos cuenta. Cuántas veces, por ejemplo, hemos prometido comenzar la dieta el lunes. Vaya, el que está dispuesto a llevar en serio una dieta no lo posterga para otro día, comienza inmediatamente. Los maestros Zen suelen decir que la mente miente. Entonces ¿cuál es la solución para no equivocarnos?
Es establecer una relación íntima con nosotros mismos, interpretando los pensamientos y sentimientos – usando de la mayor honradez posible – y, principalmente, desarrollando la intuición.
Intuición es la sensación de saber, y eso viene de dentro. Esa sensación es espontánea, no es racional, no depende del raciocinio. Si te esfuerzas mucho para usar tu intuición, impedirás el proceso.
En otras palabras, la intuición no es cosa que se pueda hacer suceder. Ella simplemente sucede. No obstante, sucede cuando nuestras mentes están relajadas. Por ello hago la relajación progresiva en el paciente, antes de conducirlo a la regresión de memoria. Y lo más importante: antes me pongo de acuerdo con él para que deje la memoria abierta, o sea, deje venir todo de modo original, sin filtrar o dudar de lo que viene como contenido de su pasado, aunque su ego (mente racional) considere un “absurdo”, una “tontería” lo que va a decir.
En verdad, la regresión de memoria es como un rompecabezas en que el mentor espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual) le va mostrando, en cada sesión de regresión, lo que el paciente necesita saber, preparándolo psicológicamente. Por conocerlo profundamente, pues viene acompañándolo en varias encarnaciones, sabe qué es lo que el paciente está preparado para conocer, o no, en relación con su pasado. Por tanto, la intuición es un recurso imprescindible para distinguir la fantasía de la realidad.
Por eso siempre ruego al paciente que no descarte nada de lo que le viene (pensamientos, sentimientos, impresiones y/o sensaciones físicas).
Puede parecer tonto lo que va a decir al principio; sin embargo, como todo juego de rompecabezas, al comienzo las sesiones de regresión se muestran confusas, sin sentido, fragmentadas, pero después todo se encaja, se hace claro.
Como hemos aprendido a confiar más en nuestra lógica racional que en nuestra intuición, es natural en esta terapia que el paciente tenga dificultad para distinguir su voz interior de la de los espíritus. Pero la intuición es como cualquier otra aptitud. Cuanto más se usa, más se perfecciona y más auto-confianza genera.
Al final del tratamiento es el mentor espiritual quien cierra el rompecabezas, haciendo que el paciente conozca la causa de su(s) problema(s), así como la solución.
Caso Clínico:
Constantes crisis de tos.
Mujer de 40 años, casada.
Acudió a mi consultorio tosiendo mucho. Hacía 10 años que la acometía una tos seca y persistente. Generalmente las crisis se prolongaban durante dos meses o más, caso no las tratase. Después de tratarlas, mejoraban y desaparecían. Pero con los cambios de tiempo, cuando permanecía en ambientes con aire acondicionado, o se ponía nerviosa o estresada, las crisis volvían. Eran, por tanto, recurrentes.
La paciente había hecho tratamientos alopáticos y homeopáticos, no obstante, no conseguía curarse definitivamente.
Al hacer regresión me relató:
“Me veo acostada en una cama, me levanto. Toso mucho… hay una persona acostada conmigo en esa cama. Es un cuarto de una época antigua, me parece que es en Francia (pausa). Soy bien parecida en esa vida pasada – tengo una apariencia similar a la de hoy –, mis cabellos son largos y ondulados, me parece tener la misma edad también de la vida actual. Voy en ropa interior. Quien duerme a mi lado es un hombre. Me he levantado, tomo el cepillo del cabello. Estoy ante un tocador antiguo. Ese hombre es fuerte, bajo y grueso, aparenta tener algo más de edad que yo. Me siento angustiada (la paciente lo dice llorando mucho).
Creo que hice algo malo… Lo veo caído en el suelo.
Después de peinarme los cabellos, saqué un arma del cajón del tocador y le disparé.”- ¿Por qué le has disparado? – pregunté a la paciente.
“Le dije que él era un perdedor (la paciente me dijo que hasta hoy suele emplear esa expresión con las personas).
Caído en el suelo, atónito y con los ojos desorbitados, él me preguntó: ‘¿Por qué has hecho esto?’ Porque eres un perdedor, le dije riendo y salí del cuarto.
Me vestí y salí al jardín de mi casa. Allí encuentro a una muchacha, es una amiga. Ella está desesperada, pues me ve sujetando el arma. Me pregunta qué hice. Le digo que sólo he acabado con el problema.
‘¿Qué problema?’ me pregunta.
Fumo y me vuelvo hacia ella muy sarcástica y contesto que sencillamente he acabado con mi problema. Ella toma el arma de mi mano y la arroja al medio del jardín, me abraza y dice: “¡Marchémonos, nadie va a saber que has sido tú!”
- ¿Cómo te sientes? – Pregunto a la paciente.
“Parece que se cae la ficha, como si me diese cuenta ahora de lo que hice. (La paciente llora).
Todo está poniéndose oscuro. Veo siluetas oscuras aquí en el consultorio. Son dos seres espirituales.”
- Mira a ver quiénes son esos seres espirituales – le ruego.
“Sólo veo sus contornos.”
- Pregúntales quiénes son – le ruego nuevamente.
“Uno de ellos es aquel hombre a quien maté en esa vida pasada. (Pausa).
Dice: ‘¡No era necesario que me hicieras aquello!’
El otro ser me dice que en el momento oportuno sabré quién es él.”
- ¿Te gustaría decirle algo a ese ser espiritual al que has quitado la vida? – Pido a la paciente.
“Ya lo estoy diciendo (la paciente habla llorando).
Le digo que en esa vida pasada yo era un ser mezquino, egoísta, sólo pensaba en mí. No tenía conciencia, no sabía lo que hacía (pausa).
Veo la otra silueta… Es una mujer. Me dice: ‘Yo amaba al hombre a quien tú mataste.’ (Pausa).
Ahora veo la escena en que esa mujer se suicida a causa de la muerte de él. Ella termina, diciendo: ‘Tú siempre lo has tenido todo, incluso el amor de él y, no obstante, le has quitado la vida.’ (La paciente llora copiosamente).
Ahora reconozco a esa mujer, ese ser espiritual. Ella era nuestra gobernanta, no sabía que ella lo amaba. Había venido a traer el desayuno el día del crimen y lo encontró aún vivo, agonizante. Él le dijo que yo era quien había disparado.
Yo la trataba como basura. Tras suicidarse, en espíritu, la veo siempre al acecho, esperando una oportunidad para dar cabo de mi vida. Ella alberga mucho odio contra mí.
Le pregunto si todo cuanto estoy viendo y vivenciando aquí en su consultorio es verdad y ella responde: ‘¡Sí, lo es, y tú tendrás que convivir con eso!’ (La paciente llora mucho).
Le digo que estoy arrepentida, le pido perdón por lo que hice con ellos en el pasado.
Ella dice: ‘No creo en ti, en esa pose de santa. Tú me has quitado lo único que daba sentido a mi vida.’ (Pausa).
Ahora me veo en esa vida pasada; acostada, anciana, bastante enferma, casi no respiro. Estoy tosiendo, muy pálida, vomitando sangre, debilitada (la paciente tenía tuberculosis). Hay poca gente a mi alrededor.
Siento mucho dolor, no sólo físico, sino del alma. Acabé por fallecer, y ahora estoy en un lugar muy oscuro. Oigo a los seres de las tinieblas hablando y dando carcajadas. Uno de ellos me dice: ‘¡Al fin!’ Tengo la impresión de que hice daño a mucha gente (la paciente habla tosiendo mucho. En verdad, ella trae a la vida actual – en su periespíritu – las toses de la tuberculosis de esa vida pasada, así como la culpa de haber perjudicado a muchas personas).
Alguien sujeta mi mano aquí en el consultorio y me dice: ‘Vas a necesitar mucha fuerza y fe para pedir perdón y hacer que crean en ti. Recuerda que estoy siempre contigo. ¡Yo te amo mucho!’
- Ruega a ese ser espiritual que se identifique – pido a la paciente.
‘Él es mi mentor espiritual, dice que ha sido mi padre en una vida pasada. Reitera que no debo perder la fe, que mi fe siempre ha oscilado por influencia de ellos (los espíritus obsesores).
Al final de la sesión, prescribí a la paciente la oración del perdón. Le pedí que hiciese diariamente esa oración, mandando mucha luz y amor a los seres espirituales que perjudicó en el pasado.
En la sesión siguiente, la paciente me relató: ‘Ellos están atacándome, los seres de las tinieblas.’
Le rogué que se calmase y, juntos, con la imposición de manos, hicimos con mucha fe y firmeza la oración del perdón, mandando mucha luz (la luz dorada de Cristo) a esos seres espirituales. Tras orar fervorosamente, su mentor espiritual le dijo:
‘Recibirás cuanto necesitas, tendrás lo que es justo para ti, recibirás lo que está en tu camino – la gracia de Dios y de todos los de aquí. Has hecho tu parte, ¡enhorabuena! ¡Puedes decirle también al doctor (refiriéndose a mí como terapeuta) que su trabajo ha sido fantástico!’ (Pausa).
Veo aquí en el consultorio a aquella pareja y a otros seres espirituales a quienes perjudiqué. Todos están abrazándose, emocionados. Ahora irradian un poco de luz, ya no están como siluetas oscuras. Advierto la presencia, no sólo de mi mentor espiritual, sino de otros seres de luz que han participado también de la cadena que hemos formado con la oración del perdón.
La pareja está emocionada y me agradece diciendo: ‘Gracias por la oportunidad. Nosotros seguiremos nuestro camino. Sabemos ahora que tú deseas nuestra felicidad.’ (La paciente llora mucho).
Mi mentor me dice: ‘¡Estás curada!’ Nuevamente me da la enhorabuena, diciendo que está muy orgulloso de mí. La sala del consultorio está llena de espíritus, no sólo los de aquella pareja que se liberó, sino los de otros seres de las tinieblas que también se han liberado.
Todos están despidiéndose de mí. Parece que ahora se ha terminado su tiempo aquí y tienen que marcharse. Los veo caminando hacia una gran luz, un gran foco de luz.”
Al final del tratamiento, la paciente me dijo que ya no tenía tos, su condición era muy diferente de cuando acudió a mí en la entrevista de evaluación, en que no dejaba de toser.








in memoriam