¿La vida comienza con el nacimiento y termina con la muerte?

¿La vida comienza con el nacimiento y termina con la muerte?
Publicado dia 8/24/2010 11:58:58 AM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

En el artículo anterior “Suicidio, ¿será de veras el final?” en mi Sitio link, así escribí: La visión de la ciencia materialista de que la vida comienza con el nacimiento y termina con la muerte tiende a reforzar la creencia de muchos de que, una vez muerto, se acabó todo. Obviamente, quien piensa así cree que para resolver su sufrimiento, sus dolores, la salida es la muerte.

Sin embargo, muchos pacientes que pensaban de esa forma, tras haber pasado por fuertes experiencias espirituales en la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual, abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí – y haber hablado con su mentor espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual), recibiendo sus sabias orientaciones acerca de la causa de sus problemas y su resolución, cambiaron radicalmente su visión sobre la vida y la muerte y salieron de esta terapia con la firme convicción de que la muerte no existe y, por tanto, el suicidio no es la solución.
La psicología y la psiquiatría oficiales, ancladas en una visión materialista del ser humano de que la vida empieza con el nacimiento y termina con la muerte, no aceptan la visión integral del ser humano (mente, cuerpo y espíritu) y, por tanto, que somos seres espirituales inmortales.

De esta forma, la tesis de la pluralidad de las existencias, o sea, de la reencarnación, obviamente también es ignorada por la ciencia médica y psicológica. Siendo así, la psicología oficial considera que somos como somos desde la infancia y que la personalidad humana se forma en los primeros años de vida de la criatura. O sea, el ambiente familiar, a través de los padres, va a moldear la personalidad del niño.

Esa tesis, evidentemente, tiende a reforzar la postura de víctima por parte de los hijos, convirtiéndolos en adultos que se rebelan y responsabilizan a sus padres por su infelicidad y por lo que son, en razón de la educación que han tenido. Quiero aclarar aquí que no estoy en modo alguno eximiendo a los padres de su responsabilidad como educadores; lo que defiendo es que los padres no son totalmente responsables por la formación de la personalidad del niño y sus actitudes como pregona la psicología.

A decir verdad, nosotros ya nos encarnamos con una personalidad definida, pues de otras existencias traemos tendencias y rasgos de personalidad negativos y positivos. En otras palabras, ya traemos latentes de otras encarnaciones – en nuestro periespíritu (cuerpo mental y emocional) – las características individuales de nuestro modo de pensar, sentir y actuar.
Siendo así, los padres solamente refuerzan, mantienen o atenúan los rasgos de personalidad de sus hijos, las tendencias negativas o positivas que traen de vidas pasadas. Cabe, por tanto, a los padres, como educadores, observar esas tendencias negativas y buscar atenuarlas o corregirlas.
Aclaro también, en ese artículo, que reencarnamos en esta vida terrena por dos motivos:

1) Hemos venido a curarnos de esas tendencias (malas costumbres e imperfecciones), tales como: autoritarismo, arrogancia, prepotencia, orgullo, egoísmo, inferioridad, desvalorización, maledicencia, etc.
2) A reparar errores del pasado (rescate kármico), fruto de nuestras imperfecciones, que hoy, en el actual nivel de consciencia, de evolución, en que nos encontramos, consideraríamos como actos bárbaros, atroces, pero que en el pasado estaban vistos como naturales, normales, debido a los valores de las culturas en que estábamos inseridos. Todavía hoy, por ejemplo, en muchas culturas tribales, matar a los niños que nacen lisiados, con retraso mental o alguna otra deformidad, es una práctica corriente, ya que ellos no son útiles y funcionales para la comunidad. Degollar y traer la cabeza de un líder guerrero enemigo, estaba visto como un hecho loable y admirable por muchos pueblos.

Como seres espirituales en evolución, obviamente, cometimos errores en el pasado por falta de esclarecimiento, de consciencia, en fin, por ignorancia de las leyes universales.
Sin embargo, desde el punto de vista de la evolución espiritual del ser humano, lo que le impide evolucionar no es el error en sí, sino el no tener conciencia de estar equivocándose y, con ello, repetir los mismos errores en varias encarnaciones, incluso en la vida actual.

En la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual, que así denominé porque colabora en la evolución del ser humano – el mentor espiritual del paciente le mostrará la causa de sus problemas, su resolución, y asimismo los aprendizajes necesarios; pero su mayor beneficio es que el paciente conoce qué errores viene cometiendo en sus varias encarnaciones, lo cual solamente sabría después de su desencarnación, en el Astral.

Caso Clínico: Depresión
Hombre de 41 años, casado, tres hijos.


El paciente acudió a mi consultorio quejándose de una depresión profunda (llevaba 55 días de baja, apartado del trabajo). Le parecía que la causa de su depresión era un trauma de su infancia, o sea, consideraba que la causa de su problema era el venir de un ambiente familiar nefasto, ocasionado por su madre. Se sentía, por tanto, víctima de una madre desequilibrada que despreciaba el valor de los hijos, siempre comparándolos con otros, diciéndoles que nada de lo que hacían estaba bien. Por el hecho de despreciarlo su madre, la consideraba causante de su depresión e inseguridad. De esa forma, se sentía rehén, disconforme con la educación que su madre le había dado.
Al hacer regresión, el paciente me relató:

Alguien está hablando conmigo (en esta terapia el paciente se comunica con un ser espiritual de las tinieblas o de la luz en pensamiento, intuitivamente)… Dice que es el responsable de mi evolución espiritual… A decir verdad, ese ser espiritual es mi mentora espiritual.
Ella dice que yo maté a mi padre de una vida pasada; lo maté por sus malos tratos. Tras haberle quitado la vida, acabé matándome, me suicidé. (Pausa).
Después de la muerte física, fui a parar a un lugar de mucho sufrimiento (se refería al umbral, plano espiritual de las tinieblas), un lugar de gritos, tristeza, oscuridad, llanto, de mucho frío, de mucho dolor… Fui perdonado por mi madre de esa vida pasada, que es mi madre de hoy.- Pregunta a tu mentora espiritual de dónde proviene tu depresión – pido al paciente.
“Viene del umbral, de esa región de sufrimiento y dolor; son vestigios, emanaciones de ese lugar que traigo a la vida actual (es corriente en esta terapia que muchos pacientes descubran que su depresión viene del umbral, esa región de sufrimiento). Él me dice que mi padre y yo nos amábamos, y lo ocurrido entre nosotros fue una tragedia. Tras quitarle la vida, me arrojé desde un peñasco; mi madre sufrió mucho, pues sufrió la pérdida de dos seres queridos al mismo tiempo.
Mi mentora espiritual revela también que mi padre de esa vida pasada no es el mismo de hoy. Dice que mi padre de esa encarnación pasada es mi mejor amigo de hoy, al cual no veo desde hace mucho tiempo.
A causa de esa tragedia mi madre se convirtió en una persona muy infeliz; pero ella acabó perdonándome y, gracias a su perdón, logré salir del umbral y, seguidamente, reencarnar en la vida presente. Ella dice que le causé mucho dolor y por eso todavía trae esa amargura en la vida actual”.

- Pregunta a tu mentora espiritual por qué ella te ha revelado esa vida pasada.
“Dice que ha sido para liberarme y que deje de culpar a mi madre por mi depresión. Ella subraya que es gracias a la misericordia de mi madre, a que ella me ha perdonado, como yo he salido del umbral y he podido reencarnarme.
Revela asimismo que hoy tengo miedo a la altura porque me suicidé arrojándome desde el peñasco. Me dice que rece, que cuide de mi esposa e hijos, que vuelva a trabajar, que las cosas materiales vendrán naturalmente. Afirma que es preciso que cuide de mi parte espiritual estudiando y frecuentando un Centro Kardecista, pues necesito mejorar como persona. Para que yo crezca espiritualmente, dice que he de ser más sencillo, humilde, no pensar tanto. Dice además que la vida es simple, y nosotros la complicamos. Dice que está muy feliz porque yo haya venido a esta terapia para saber la causa de mi depresión, y así dejar de culpar a mi madre.
Dice también que siente respeto y admiración por el trabajo de usted. (Pausa). Ahora se despide, se va”.

Después de terminar la terapia el paciente me envió un e-mail:
“Dr. Shimoda, me siento estupendamente, parece que he despertado de una pesadilla, todavía algo aturdido con el velo que se ha abierto ante mis ojos. Es con profundo sentimiento de respeto y gratitud como le escribo estos renglones, pues en estos días en que estuve con usted en esa terapia, mi vida se ha transformado totalmente, nunca había sentido tanta paz y tranquilidad, ¡nunca!

Principalmente, porque estaba hace tanto tiempo apartado de mi trabajo, tomando medicamentos antidepresivos para combatir el deseo de esfumarme, la rabia, irritación, tristeza, agonía, agresividad, el deseo de irme lejos de todo y de todos, no logrando siquiera atender al teléfono móvil. Fue en ese estado como llegué a su consultorio.

Siempre hice autoanálisis, con conocimientos superficiales y limitados, partiendo del presupuesto de que el origen de mis problemas venía de “traumas de infancia”, lo cual me había llevado a una situación terrible y lamentable, pues siempre he atribuido a mi madre la culpa de mi problema. Y lo peor, cuanto más creía en ello, más me distanciaba de Dios, más errores e injusticias cometía, y con eso, más tristeza originaba para todos los de mi entorno.

He pasado toda mi vida creyendo que mis problemas venían de mi madre, pero, al pasar por esa terapia, mi mentora espiritual sabiamente me condujo a mi libertad (esta terapia coincide con la máxima secular de Cristo “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”), pues así es como me siento hoy en relación a mis problemas. Ahora comprendo que esa depresión tenía otra fuente de origen, la cual no podía imaginar; es decir, nunca he tenido “traumas de infancia”, sino vestigios de una vida pasada. Mi madre me ha salvado dos veces: en la primera me libró del umbral para que yo pudiese reencarnar, pidiendo con tamaña misericordia para que retornase nuevamente como hijo suyo; y la segunda llevándome a usted, a esa terapia, pues fue ella quien me trajo al consultorio, ya que yo solo nunca hubiera ido, pues estaba descreído de todo; y si la verdad no me hubiese sido revelada en esa terapia, seguiría culpando a mi madre por mis problemas.
Quiero agradecer a Dios Padre por su infinita bondad y misericordia; a mi mentora espiritual que me protege siempre; a mi madre… no tengo palabras; a mi padre, siento orgullo de ser hijo suyo, a mi esposa, su voz es un bálsamo para mi corazón; a mis hermanas, por no tener la paciencia necesaria para comprenderlas; a mis hijos, que me aman tanto y a mis amigos que se manifestaron y me apoyaron.

Dr. Osvaldo, si usted entiende que este mensaje puede ayudar a otras personas, autorizo su publicación.

¡Un gran abrazo!


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
Email: [email protected]
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