La psicología y la psiquiatría no han logrado todavía hacer más progresos porque se mantienen alejadas de la realidad espiritual, les falta el concepto reencarnacionista, si bien la moderna psicología, la psicología transpersonal – la llamada 4ª fuerza (el psicoanálisis, la psicología conductista y la psicología humanista son las otras 3 mayores escuelas) ya defiende la tesis reencarnacionista, o sea, la pluralidad de existencias.
Sin embargo, la gran mayoría de los psiquiatras y psicólogos aún no incluye la realidad espiritual, es decir, la reencarnación, y la influencia del plano espiritual – astral inferior – en su razonamiento diagnóstico. La influencia nefasta de la obsesión espiritual origina, sin duda alguna, innumerables problemas psíquicos (depresión, ansiedad, fobias, síndrome del pánico, trastorno obsesivo compulsivo – Toc, etc.), orgánicos (de causa desconocida para la medicina, como alergias, vitíligo, jaquecas, asma, endometriosis, etc.) y de relaciones interpersonales (conflictos entre padres e hijos, entre cónyuges, amigos, jefes y compañeros de trabajo, etc.)
Según mi experiencia clínica en mi consultorio, esos problemas advienen de esta vida (infancia, nacimiento o útero materno), de otras existencias pasadas – en la mayoría de los casos – o por la influencia de obsesores espirituales (seres desencarnados, desafectos del pasado de los pacientes).
Por tanto, la gran mayoría de los psicólogos y psiquiatras, por no creer en ella, niegan debido al prejuicio, la realidad espiritual, contemplándola todavía como una cuestión religiosa, sin fundamento científico, o incluso como algo anómalo, patológico, un trastorno psiquiátrico.
Siendo así, las depresiones, fobias, los trastornos del pánico, las angustias, son tratadas con medicamentos bioquímicos que actúan sobre los neurotransmisores (sustancias químicas del cerebro producidas por las neuronas, las células nerviosas, responsables por la mediación de respuestas sensoriales y emocionales tales como el hambre, la sed, el deseo sexual, el placer y el dolor), pero que no mejoran los pensamientos y sentimientos negativos del paciente y, por lo tanto, actúan de manera paliativa, pues raramente curan de forma definitiva.
A decir verdad, lo que efectivamente cura al paciente es el cambio en sus patrones de pensamientos, sentimientos y actitudes, o sea, la reforma íntima como defienden correctamente los espíritas.
De esta forma, aumentar la serotonina o bajar la dopamina son medidas terapéuticas inmediatistas típicas de la medicina organicista, cerebrocéntrica, materialista, que contempla al hombre solamente como un aglomerado de células, músculos y nervios, ignorando al ser humano integral (mente, cuerpo y espíritu).
Incluso en las psicoterapias verbales, convencionales, lo que se alcanza es solamente el consciente, cuando las causas de los problemas están en el inconsciente, en la memoria periespiritual del paciente.
Por ejemplo, si el paciente murió asfixiado en una vida pasada por ahorcamiento o en una cámara de gas, el sufrimiento que pasó en el momento exacto de su muerte puede dejarle marcas e impresiones dolorosas en su cuerpo astral (periespíritu o psicosoma) que pueden reflejarse en su vida actual, apareciendo con un asma crónica o algún otro problema en las vías respiratorias.
A Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, pese a contribuir innegablemente a la comprensión de los innumerables trastornos mentales del ser humano, como las neurosis y las psicosis, le faltó profundizar en el concepto reencarnacionista.
En enero de 1977, el gran médium Chico Xavier, aún en vida, hizo el siguiente comentario: Creemos que el psicoanálisis unido a la reencarnación, pero adoptando los procesos educativos de la reencarnación en el espacio y en el tiempo, sería para el mundo de hoy una realización ideal.
La TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado de elevada evolución espiritual, directamente responsable por nuestro perfeccionamiento espiritual), abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, se sirve de los recursos psicoanalíticos para que el paciente haga regresión y busque el origen traumático de su problema que – como he mencionado anteriormente – puede estar en esta vida (infancia, nacimiento o útero materno) o mucho más atrás, en vidas pasadas.
El gran maestro de Viena solo se limitó a curar heridas de la infancia, y no fue más hondo en la causa verdadera del problema o problemas del paciente.
Pero la TRE – a través del mentor espiritual del paciente – va mucho más allá, extrapolando el campo de acción del pensamiento y tratamiento psicoanalítico, pues tiene en cuenta la existencia de la reencarnación, por tanto, del espíritu, lo cual le permite una investigación más amplia del psiquismo de profundidad. No en vano esa terapia es conocida por ser breve, segura y efectiva.
Caso Clínico:
¿Por qué he desarrollado el Lupus?
Mujer de 30 años, soltera.
La paciente vino a mi consultorio tratando de saber por qué había desarrollado el Lupus, una enfermedad crónica, auto-inmune, que causa inflamaciones y dolores en varias partes del cuerpo. Esa dolencia también se llama auto-agresión, pues la defensa inmunológica en vez de proteger el organismo contra la invasión de virus, bacterias y hongos, se vuelve contra el propio organismo, o sea, contra los tejidos del propio organismo, como piel, articulaciones, hígado, corazón, pulmones, riñones y cerebro.
Las causas de esa dolencia aún no son totalmente conocidas por la medicina oficial; en cambio, desde el punto de vista espiritual, es una enfermedad psicosomática, fruto de una experiencia traumática oriunda de una vida pasada.
Aparte del Lupus, la paciente se sentía desanimada, con impotencia y desesperanza frente a la vida.
Al hacer regresión, la paciente me relató: “Yo me veo en camisón en el pasillo de una casa, espiando por una rendija. La sensación es que soy una cría. Ando de puntillas, pues nadie puede verme o saber que estoy espiando. Si me pillan voy a sufrir una represalia, pues ya es hora de estar durmiendo. (Pausa).
Esa casa en realidad es un orfanato, es un lugar donde los críos esperan para ser adoptados. Hay un hombre que cuida de ese orfanato y que abusa de mí, me aprieta la boca, la garganta, me dice que me quede quietecita. Esto lo hace también con otras crías mayores. Abusa sexualmente de nosotras cuando llega por la noche.
Dice que si se lo cuento a alguien nadie me va a adoptar, pero si me estoy quieta, me mandará con una familia buena y me marcharé de allí.
Siento mucha tristeza, me pongo a rezar, rogando que una familia me adopte. Cada vez que ese hombre se acerca a mí, me da mucha rabia, asco, llego a patalear, a golpearlo. Él me sujeta por los brazos, me lleva a rastras. Me da tanta rabia que siento deseos de matarlo, pero no puedo hacer nada (la paciente habla llorando).Me veo ahora castigada, llorando en un cuarto, sola. Estoy encerrada y los críos fuera están jugando. Aparece una muchacha vestida de monja, ella viene para saber cómo estoy, seca mis lágrimas y dice que ya va a pasar, que hay que obedecer a aquel hombre, estar quieta.
Ella es mayor, cuida de los niños, pero también ha sido víctima de abusos por parte de ese hombre. Lo veo nuevamente entrar en mi cuarto, se baja los pantalones, levanta mi camisón, viene por encima de mí, me dice que me esté quieta. Lloro, me da mucha rabia, pero no hago nada, espero que él acabe pronto y se vaya. La impresión es que eso ocurre todas las noches. Siempre miro aquella rendija, con la luz encendida de un cuarto, y yo en el pasillo andando de puntillas. En ese cuarto, veo una mujer, ella está en el lado derecho de aquel hombre. Es su mujer, pero parece una buena persona, lo que pasa es que está enferma.
La rendija que siempre miro por las noches es la del cuarto de ellos. Yo quería pedirle ayuda a ella, pero parece que está muy débil, enferma. Ella es mi esperanza de que mi vida mejore. Pero acaba muriéndose. (Pausa).
Veo a ese hombre nuevamente, me agarra por los cabellos, abusa de mí… estoy toda lastimada. Siento impotencia por no poder hacer nada, pues he de someterme a él. (Pausa)
Veo ahora a un Ser de luz aquí en el consultorio… Es una mujer… Ella dice que es mi mentora espiritual. Me dice que me ha hecho ver esa experiencia de abuso sexual que pasé en aquella vida pasada porque ha quedado grabada en mi memoria periespiritual (cuerpo espiritual) y por eso aún hoy, cuando me voy a dormir, me pongo tensa, contraída, todavía me afecta mucho. El abuso sexual que sufrí en esa vida pretérita es el motivo de hoy haber contraído el Lupus, esa enfermedad de auto-agresión.
En aquella vida pasada tenía deseos de morir, sentía mucha rabia contra aquel hombre. Por eso tengo hoy esos deseos de morir, que traigo como residuo de esa vida pasada. Mi mentora espiritual me aclara que el Lupus es una forma sutil, indirecta, de matarme.
La sensación de impotencia, de desánimo y desesperanza que siento ante la vida, dice que vienen también de esa existencia pasada.
Ella le ruega a usted que me oriente, que me entregue la oración del perdón a fin de que yo la haga para aquel hombre que abusó de mí sexualmente. Afirma que solo así me libraré de ese pasado traumático y me curaré.
Me dice que marche en paz, que siempre está conmigo, me ruega nuevamente que haga la oración del perdón. Da las gracias a usted por el trabajo desarrollado… se marcha en dirección a una Luz”.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor