<"El Hombre es, no raramente, obsesor de sí mismo".
Allan Kardec
El lector asiduo de mis artículos ha leído innumerables casos de pacientes que he atendido en mi consultorio, acometidos por seres espirituales obsesores, responsables de producirles numerosos problemas psíquicos, psicosomáticos, orgánicos (esas enfermedades cuya causa la medicina oficial no logra diagnosticar) y de relaciones interpersonales (ellos tumultúan la vida del paciente, originando conflictos familiares, conyugales, sociales y en el trabajo).
Sin embargo, tan grave como la obsesión espiritual provocada por seres desencarnados de las tinieblas (desafectos de los pacientes que, movidos por el odio y la venganza, desean ajustar cuentas por haberles perjudicado en el pasado) es la auto-obsesión.
Kardec, el codificador del Espiritismo, explicaba que "algunos estados enfermizos y ciertas aberraciones que se echan a cuenta de una causa oculta, se derivan del espíritu del propio individuo".
Para esos pacientes que acuden a mi consultorio quejándose de diversos problemas, no hay medicamentos bioquímicos eficaces, por ser portadores de una enfermedad del alma: la auto-obsesión.
La auto-obsesión es un trastorno psíquico desencadenado por la mente enfermiza del propio enfermo que genera un estado permanente de desequilibrio emocional, como: constante impaciencia, irritación frecuente, resentimiento prolongado, celos patológicos, miedos excesivos, comportamiento obsesivo-compulsivo, y otras conductas desajustadas.
En su calidad de enfermos del alma, fácilmente se descontrolan, con estallidos de ira en casa, en el trabajo, en reuniones sociales, o incluso en el tráfico.
En la auto-obsesión el paciente es prisionero de pensamientos negativos, pesimistas e incluso suicidas.
En la mayor parte de los casos, son pacientes muy vueltos hacia sí mismos (egocéntricos), preocupados en exceso por enfermedades (hipocondríacos), que sufren con anticipación (preocupados excesivamente), que dramatizan los acontecimientos cotidianos, que se sienten víctimas y cultivan el sentimiento de pena de sí mismos. Son, por lo tanto, víctimas de sí mismos, atormentados por ellos mismos.
Muchos desarrollan, además, un cuadro depresivo profundo, hasta el punto de perder el interés por la vida. Los malos hábitos e imperfecciones que traen de existencias pasadas, en muchos casos, son oriundos de las tinieblas, pues antes de encarnarse en esta vida actual eran habitantes del reino de las sombras, del umbral. Por ello traen todavía las emanaciones, la energía negativa de las tinieblas en su periespíritu (cuerpo espiritual).
Véase seguidamente el caso de un paciente que cayó en una depresión profunda, y que llegó a ir perdiendo el gusto por el trabajo y por la vida.
Caso Clínico:
Depresión profunda.
Hombre de 36 años, soltero
El paciente acudió a mi consultorio quejándose de haber perdido el gusto por la vida. De unos dos años a esta parte, su depresión se agravó, con pensamientos negativos constantes, tales como "¿Será que va a salir bien?" Ya no lograba controlar esos pensamientos, y sentía además palpitaciones, taquicardia y ansiedad frecuentes.
Me relató que andaba profundamente triste, irritado, angustiado, impaciente, nervioso, con dificultades de concentración, apeteciendo aislarse, no hablar con nadie, sin deseos de salir de casa; sentía también mucha soledad.
En 2008 pasó por un psiquiatra que le recetó un antidepresivo.
Desde los 18 años trabajaba en una empresa (empezó como recadero y ha venido ascendiendo), hasta que al final la empresa quebró. Pero todavía hoy no ha logrado superar ni aceptar su cierre, su quiebra.
A partir de ahí entró en una depresión profunda, perdió el gusto por el trabajo y por la vida, no teniendo ya voluntad para buscar otro trabajo. Perdió también el placer de salir con su familia y notaba una gran opresión en el pecho, angustia, ganas de llorar, pareciéndole que algo muy malo iba a pasar en su vida.
Al hacer regresión el paciente me relató: "Veo una pareja sentada a la orilla de un lago. A su lado izquierdo hay una montaña que contrasta con el lago porque es algo oscuro, sin vida, las rocas son oscuras (estaba describiendo el valle de las tinieblas, del umbral).
El chico lleva una camisa blanca, está de espaldas, es delgado y su cabello es liso y negro; la chica lleva un vestido blanco con listas verdes. Su cabello es rizado, negro, pero no es posible ver su rostro".
- Avanza más adelante en esa escena - Pido al paciente. (Pausa).
"Veo nuevamente aquella montaña oscura. Creo que voy a escalar esa montaña. (Pausa)
Ahora estoy en su cima. Todo es oscuro. Abajo veo un valle también muy oscuro".
- Procura imaginar una luz grande, intensa y sin límites - Pido al paciente.
"Veo esa luz. pero hay algo que estorba, que no deja que yo la visualice. La luz aparece al fondo de esa montaña, pero hay algo oscuro delante de ella. Es una sombra que la cubre. Ella se quita, deja a la luz, pero nuevamente aparece, poniéndose delante. Ahora la luz ha desaparecido, todo ha quedado oscuro".
- Trae esa luz nuevamente, procura concentrarse - Pido al paciente.
"Ahora la veo mejor, es bastante intensa. Veo también a una persona en medio de esa luz. Parece ser una mujer. Ella me dice que es mi mentora espiritual, que necesito encontrar el camino de la luz para tener paz, sabiduría y entendimiento de la vida".
- Pregunta a tu mentora espiritual de qué forma puedes encontrar el camino de la luz.
"Dice que preparándome con Cristo".
- Y ¿cómo puedes hacerlo?
"En oración, buscando fortalecer mi fe cada día".
- Pregúntale quién es esa sombra que encubre la luz.
Dice que soy yo en el pasado, en una vida pasada; es mi espíritu cuando estaba en las tinieblas.
Veo nuevamente aquella pareja del lago. Mi mentora espiritual me dice que esa pareja fueron mis hijos de una vida pasada".
- Pregúntale por qué te muestra a tus hijos de esa vida pasada.
"Dice que es para que no vuelva a equivocarme en esta vida actual, como ocurrió en el pasado (el paciente tiene dos hijos en la vida actual). Ella me aclara que en la vida pasada yo no los orienté como padre (el paciente habla llorando).
Además aclara que en la vida pasada, anterior a la actual, cometí muchos errores y que por eso mi espíritu, aquella sombra, ha quedado preso a ese pasado, porque no he pedido el perdón para alcanzar la gracia y, por eso me he quedado aislado, solo en aquel valle oscuro, el umbral. Entonces, hoy, soy un obsesor de mí mismo".- Pregunta a tu mentora espiritual de dónde viene tu depresión profunda.
"Dice que viene de la falta de buscar más a Dios. Dice que soy un ser de luz, que he venido en esta vida actual para brillar, y que ese es mi propósito de vida.
Revela que en la encarnación actual he venido para hacer el bien, para amar a las personas, por encima de cualquier condición, y que a través de mi amor voy a liberarme de todo. Revela además que para resolver la depresión, la irritación y mi aislamiento, he de buscar el amor en el Señor y, de esta forma, todo se resolverá.
Ella me dice: "Ámate primero a ti mismo, y así amarás más al prójimo".
- Pregúntale cómo puedes amarte más.
"Reduciendo mi orgullo, teniendo calma y comprensión en las palabras que digo, y procurando no desvirtuarme de esa luz que siempre anda conmigo.
Reafirma que soy un ser de luz y que tengo que brillar para las personas. Dice que por más que vengan a mi mente pensamientos negativos, malvados, tengo que tener amor, pues éste destruye cualquier tipo de maldad, rompe cualquier barrera u obstáculo. Dice además que tengo un largo camino que recorrer, por ello he de ser constante".
- Pregúntale por qué todavía no has aceptado el cierre de la empresa donde trabajabas.
"Aclara que ese fue mi primer empleo, me había criado en esa empresa, fue donde he crecido profesionalmente, y se ha creado un vínculo fuerte con ella, más fuerte que con mi propia familia.
Esa empresa se ha convertido en una enfermedad, me quedé obcecado, en ella fui creciendo y he ido adquiriendo un amor muy grande hacia ella, hasta el punto de olvidar a mi familia".
- Pregunta a tu mentora espiritual cómo puedes superar esa pérdida.
"Buscando nuevos horizontes, pues el camino ya ha empezado a abrirse. Dice que esto ha sido una etapa que tenía que pasar en mi vida. Una prueba de superación; que tengo que ser fuerte y siempre tener en mente que tengo luz, y que todo se resolverá.
Dice además que hay mucha gente que depende de mi luz. Ahora veo el rostro de mi madre. Mi mentora espiritual dice que aún he de brillar mucho para mi familia.
Afirma que mi madre últimamente me encuentra muy triste, por eso ha aparecido su rostro hace un momento. Dice que ella siente, percibe, cuando yo brillo; por ello mi mentora espiritual me ruega que renueve mi energía en el Señor, pues Él es la Fuerza de todo, y con Él habré de vencer cualquier barrera. Aclara también que no importa la religión, sino que lo más importante es confiar en Él.
Me pide que tenga fe, reafirma que todo se resolverá. Me pide también que siempre afirme y repita que soy Vida, soy Amor, ¡que soy Luz!
¡Debo orar mucho, vivir en oración constantemente!
Ella no deja de decir que soy Luz, que siempre debo recordar esto.
Dice además: "¡Ama a todos, independientemente de quien sea!"
- Pregunta a tu mentora espiritual cómo le gustaría que la llamaras.
"Dice que su nombre es María, la Mujer. Ahora se me aparece más nítida, lleva un manto blanco cuya parte interna es de un azul claro. ¡Ella irradia mucha luz!
Dice que soy hijo suyo, que soy un ser de amor, del bien; me pide que nunca olvide esto.
Ahora se marcha, da su adiós y dice: -¡Hasta una próxima vez! Ha desaparecido, ya no la veo".
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor