“Nada podrá existir sin la religión cósmica. Ésta se distingue de la creencia de las multitudes, que, ingenuamente, consideran a Dios un Ser que enseña la bondad, pero castiga a aquel que obra el mal.
Veo, entre las criaturas, que Dios, según las creencias populares, tiene en la Biblia una colección de historias que, a mi modo de ver, son primitivas y pueriles”.
Albert Einstein
Albert Einstein se ha hecho conocido por su genialidad como el gran físico que fue al elaborar la Teoría de la Relatividad, solo comprobada y aceptada por los científicos después de su muerte.
En cambio, quizá muchos desconozcan el lado humanista, pacifista y espiritualista de ese gran científico. En mayo de 1925 Einstein estuvo en Río de Janeiro, donde visitó el Observatorio Nacional y el Instituto Oswaldo Cruz; y al dejar el país sugirió que fuese propuesto para el Premio Nobel de la Paz el Mariscal Rondon, por su trabajo para las tribus indígenas, pues para él era esencial la lucha por el bienestar del ser humano con igualdad y por los derechos humanos.
En el libro “Como Vejo o Mundo” (Cómo Veo el Mundo) (Editora Nova Fronteira) así escribió: “La peor de las instituciones se denomina ejército. Detesto con todas mis fuerzas el heroísmo obligatorio, la violencia gratuita y el nacionalismo débil.
La guerra es lo más despreciable que existe. Prefería dejarme asesinar antes que participar en esa ignominia. En cambio, creo profundamente en la humanidad. Sé que este cáncer desde hace mucho debería haber sido extirpado. Pero el buen sentido de los hombres es sistemáticamente corrompido. Y los culpables son: escuela, prensa, mundo de los negocios, mundo político.
El misterio de la vida me causa la más fuerte emoción. Si alguien no conoce esta sensación o ya no puede experimentar asombro o sorpresa, ya es un muerto-vivo y sus ojos se han cegado.
Los hombres reconocen, entonces, algo que es impenetrable para sus inteligencias; conocen, sin embargo, las manifestaciones de esta Orden Suprema y de la belleza inalterable. Se confiesan limitados y su espíritu no puede aprehender esta perfección. Y este conocimiento y esta confesión toman el nombre de religión.
De ese modo, pero solamente de ese modo, soy profundamente religioso, lo mismo que esos hombres. Pero no puedo imaginar a un Dios que da recompensas y castigos al objeto de su creación. No me canso de contemplar el misterio de la eternidad de la vida. ¿Tiene un sentido mi vida? La vida de un hombre ¿tiene sentido? Pero, hacer tales preguntas ¿tiene sentido?
Contesto: Aquel que considera que su vida y la de los demás no tiene ningún sentido es fundamentalmente infeliz, pues carece de motivo para vivir. Todos pueden alcanzar la religión en su último grado, raramente accesible en su pureza total. Doy a esto el nombre de religiosidad cósmicay no puedo hablar de ella con facilidad ya que se trata de una noción muy nueva, que no corresponde a concepto alguno de un Dios antropomórfico (doctrina que atribuye a Dios una forma humana).
La religiosidad cósmica no tiene dogmas, ni Dios concebido a imagen del hombre; por tanto, ninguna Iglesia enseña la religión cósmica. Por eso estamos empezando a concebir la relación entre ciencia y religión de un modo totalmente diferente de la concepción clásica. Es, por tanto, comprensible que las Iglesias hayan, en todos los tiempos, combatido a la Ciencia y perseguido a sus adeptos. Pero yo afirmo con todo vigor que la religión cósmica es el móvil más poderoso y más generoso de la pesquisa científica.
El espíritu científico, fuertemente armado con su método, no existe sin la religiosidad cósmica. Ésta se distingue de la creencia de las multitudes ingenuas, que consideran a Dios un Ser de quien esperan benignidad y cuyo castigo temen – una especie de sentimiento exaltado de la misma naturaleza que los lazos del hijo con el padre – un Ser con quien asimismo establecen relaciones personales, por respetuosas que sean”.
La declaración de Einstein sobre Dios cayó en aquella ocasión como una bomba en los medios científicos, políticos y religiosos. Muchos se apegaron a ese tema para desarrollar protestas sobre sus teorías. Los religiosos también se manifestaron, diciendo que la Teoría de la Relatividad debería ser revisada por encubrir y presentar el terrible fantasma del Ateísmo, produciendo así dudas con relación a la universal presencia de Dios sobre la Creación de todo el Universo y las Criaturas.
Se suscitaron – en aquella época – grandes polémicas entre Albert Einstein, físicos y religiosos.
Por fin, Einstein así se manifestó sobre Dios (su declaración fue extraída de Seareiro – Órgano divulgador del Núcleo de Estudios Espíritas “Amor y Esperanza” – Año 9 – nº 84 – Octubre/2008):
“No soy ateo. Quien quiere deducir esto de mis teorías científicas no ha hecho por comprenderlas.
Personalmente creo en Dios y nunca en mi vida he cedido a la ideología atea. No hay oposición entre Ciencia y Religión. Lo que hay son científicos desfasados, con ideas que no han evolucionado con el paso del tiempo. Veo en la experiencia cósmica una religión noble, una fuente científica para profundas pesquisas. Procuro entender cada estrella contenida en ese inmenso Universo, que no es material. Quien así no procede, ni siente esa extraña sensación de querer levitar en lo infinito, realmente no sabe vivir, porque está muerto, ante tanta belleza divina.
Hay muchas formas para el ser humano de creer en Dios. Hay, para muchos, el Dios jurídico, legislador, agente policial de la moralidad, quien, a través del miedo, establece esa distancia de la verdadera creencia. Hay el Dios de los clérigos, que amenazan, que de las verdades de las Leyes de Dios quieren hacer misterios, a través de fórmulas milagrosas. Quieren convertirse en dioses, por el orgullo de querer ocupar un lugar que no les pertenece. Y hay el Dios que se revela a través del orgullo del propio hombre, donde sopesa (sostiene suspendida con la mano) la manifestación de la consciencia.
Pero creo en el Dios de Spinoza (Baruch Spinoza – filósofo nacido en 1632 en Ámsterdam, Holanda), que revela la armonía en todo lo que existe. No creo, en cambio, que Dios se preocupe por la suerte de las acciones cometidas por los hombres. Esa es mi religión y el Dios en quien creo”.
Caso Clínico:
¿Por qué cargo con mi marido a cuestas?
Mujer de 32 años, casada, un hijo.La paciente acudió a mi consultorio quejándose de tener que asumir toda la responsabilidad de su familia, pues su marido no la ayudaba en nada. De esta forma, era ella quien tenía que hacer todas las tareas domésticas y también arrimar el hombro en los negocios, pues ambos trabajaban juntos. Quería comprender por qué tenía que hacer todo ella sola, ahorrándole a él asumir la parte que le incumbía. Siendo así, las tareas y las mayores responsabilidades en el sostenimiento de la casa eran de ella; por tanto, llevaba todo a cuestas y no comprendía por qué su marido no compartía con ella las responsabilidades.
Tras pasar por dos sesiones de regresión, en la 3ª y última sesión, me relató: “Estoy fluctuando, ya no siento mi cuerpo, estoy fuera de él (ella estaba teniendo una experiencia extra-corpórea, un desdoblamiento). Veo un lindo jardín, las plantas están encima de la superficie de un lago. Los veo desde arriba, estoy volando, veo en diagonal el paisaje. Siento incluso un frío en la barriga porque estoy volando y distanciándome de ese jardín… Ahora estoy saliendo del planeta… Veo pequeños el jardín y el planeta”.
- Mira a ver a dónde vas.
“Está oscuro… Es el espacio sideral, el Universo… Veo muchas estrellas. Es un regalo, me siento libre, estoy en espíritu, fuera de mi cuerpo físico”. (Pausa).
- ¿Estás sola en el espacio?
“Tengo la impresión de que los seres espirituales están propiciándome esta experiencia maravillosa. Es como si tuviese que mirar y observar cuán grandioso y bello es el universo… Ahora los veo, son varios maestros de luz. Llevan un capuz blanco y todos tienen algo en la mano, un regalo para darme.
Uno a uno, van poniendo algo en mi mano. Un maestro deposita un polvillo blanco; otra me ofrece una margarita blanca, de gran frescura; y por fin, el último me da un cristal y me pide que lo guarde en mi chakra cardíaco.
Ellos me recuerdan que mi misión en la encarnación actual no es pequeña, que necesitaré ayuda de mucha gente, y que por eso van a ayudarme en esa misión, en ese trabajo espiritual que voy a desarrollar (la paciente habla llorando).
Yo les doy las gracias, digo que está bien saber que todos están conmigo. Siento una paz muy grande… Aún aparece la imagen de sus rostros. Ellos me dicen que siga adelante, que no me detenga por nada (Pausa). Observo que ahora ellos me energizan… yo me arrodillo y les doy las gracias.
Dicen: - ¡Mi niña, sigue adelante, que estamos junto a ti! Ha llegado la hora de cumplir tu misión… Estamos despidiéndonos, y vuelven a afirmar que estarán siempre conmigo. Son hombres y mujeres, en un total de seis. (Pausa).
Veo ahora nuestro planeta en el espacio… Estoy volviendo, acercándome a él. Veo nuevamente aquel jardín, desciendo… me siento en una piedra grande y veo a un niño hindú con un turbante en la cabeza. Es flacucho, hace payasadas para hacerme reír. Dice que me aprecia mucho, pero que a veces soy muy seria y agria. Él revela que es mi mentor espiritual. Dice que tengo que jugar más con mi hijo. (Pausa).
Mi mentor espiritual está jugando conmigo, me hace cosquillas, me da risa. Dice que me ama, que he de confiar en él. Dice que su nombre es Gibai, que ya fuimos grandes amigos en otras encarnaciones. Afirma que ha hecho un acuerdo conmigo en el astral para venir a ayudarme en mi encarnación actual.
Sigue haciendo bufonadas, dice que soy más guapa cuando sonrío. Dice que mis problemas son pequeños, y que solo se vuelven grandes cuando les doy demasiada importancia.
Dice además que el único compromiso que tengo en mi vida es con mi hijo, porque él es joven, pero que va muy bien, y que pronto ni siquiera ese compromiso tendré. Dice que mi hijo aún ha de darme muchas alegrías, porque es un espíritu muy evolucionado. Revela que mi marido tendrá que pasar por algunas experiencias, y que no voy a poder interferir, que no puedo ahorrárselas como he venido haciendo, ya que son para su crecimiento.
Revela además que mi marido es mi alma gemela, por eso deseo tanto ayudarle, pero que a veces se ayuda más no haciendo nada. (Pausa).
Ahora apareció una mujer vestida de hindú, le dice a mi mentor espiritual que ha llegado la hora de irse. Ella es guapa y morena. Él se vuelve hacia mí y me hace nuevamente cosquillas, quiere que yo eche una risa. Dice que tengo que disfrutar de las cosas que he conquistado porque son merecidas, puesto que yo las he construido (la paciente siempre se ha sentido culpable, no merecedora de los bienes materiales que ha conseguido).
Dice todavía que no puedo insistir ni arrastrar a mi marido para ir a determinados lugares (cursos, charlas, centros espíritas, etc.). Aclara que es él quien tiene que buscarlos, que ir detrás de ellos, pues cuando el callo aprieta, entonces sí que va.
Mi mentor espiritual dice: - Tú tienes que dejarlo crecer, aunque eso sea doloroso para ti. Él puede incluso llorar, pero sé firme, que más tarde verás el resultado. No le des mimos. Que sepas que después del sufrimiento él ha de llegar a donde necesita llegar. No era preciso que fuese así, pero solo a través del dolor, en la 3ª dimensión terrena, camina el espíritu.
En otras dimensiones no es así. Vosotros todavía no comprendéis lo que es el amor. Verlo sufriendo, no juzgarlo, respetándolo, es el verdadero amor.
No es tomarlo en brazos, mimarlo, soplar… porque si haces esto, la próxima vez le dolerá más todavía. Es como cuando un crío se hace daño: si siempre lo tomas en brazos, no llegará a aprender y a tener más cuidado. Ahora, él dice que tiene que irse, que solo tendré que pensar en él, y se comunicará conmigo. Pero dice que a veces yo no lo escucho, por eso será preciso parar, tenderme y relajarme.
No es preciso que sea una meditación clásica, sino solo parar a fin de que yo pueda oírlo… Se marcha. Le doy las gracias… cierro ahora el portón (recurso técnico que siempre utilizo en esta terapia, y que funciona como un portal que separa el pasado del presente, el mundo espiritual del mundo terreno), le coloco un bonito candado dorado.
Ahora subo la escalera (es otro recurso técnico que utilizo)… estoy volviendo aquí, al consultorio”.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
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