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La sutil diferencia entre dar lo mejor de sí y perder la identidad en la relación...

La sutil diferencia entre dar lo mejor de sí y perder la identidad en la relación...
Publicado dia 2/26/2011 8:37:57 AM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

¿Por qué tantas personas se quejan de que cumplen a los demás todos los deseos y no son valoradas por ello? ¡Rosana muestra que ceder siempre o decir siempre que sí no es la mejor manera de conquistar al otro!

Tú también habrás oído a alguien contar (porque yo ya lo he oído varias veces) que ha dado lo mejor de sí en una relación y, aún así, ha terminado mal.

Generalmente la queja de hombres y mujeres demasiado buenos es la siguiente: he sido muy dedicado, he hecho todo lo que el otro ha querido y no se me ha reconocido. Estoy cansado de entregarme completamente en las relaciones y sufrir. No comprendo por qué las personas dicen que desean encontrar a alguien estupendo y cuando lo encuentran simplemente no lo valoran… y por ahí sigue la descripción de un dolor que es realmente dilacerante, ¡pero cuyos motivos no son precisamente esos que se relatan!

Ocurre que las personas que se entregan demasiado, que hacen todo lo que el otro quiere, son aquellas que, muy frecuentemente, aún no se han dado cuenta de la enorme importancia de mantener su individualidad en la relación. Aún se equivocan al considerar que para ser amadas han de ceder siempre, aceptarlo todo y simplemente anularse en función de los deseos de la otra persona. Se engañan a sí mismas creyendo que actúan por amor.

El que nunca se planta, el que muy poco discrepa del otro, el que casi nunca expresa un deseo opuesto, no lo hace por amor, sino por inseguridad, por temor a que el otro no tolere ser contrariado y lo deje. O sea, estamos hablando de una auto-estima frágil, que necesita ser rescatada, alimentada y, sobre todo, auto-reconocida.

Es preciso que esas personas se den cuenta de que hay una sutil diferencia entre dar lo mejor de sí y perderse, perder su propia referencia en un encuentro de amor. El que va dejando de manifestar lo que le molesta, el que va dejando de hablar sobre lo que le desagrada, se va identificando y mezclándose con el otro hasta el punto de convertirse en una especie de reflejo de aquél.

Y convengamos: si realmente fuese bueno relacionarse con nuestro propio reflejo, nos casaríamos con el espejo de casa y seríamos felices para siempre. ¡Pero nadie quiere eso! Aunque busquemos semejanzas y gustos parecidos en el ser amado, queremos y necesitamos las diferencias para que la relación crezca, madure, engrandezca a ambos. Admiramos lo que hay de diferente entre nosotros, aquello que puede convertirnos en alguien mejor; queremos conquistar lo que nos parece un tesoro que aún no tenemos.

Y obsérvese bien: no hablo de jugar a hacerse el duro ni de imponer a gritos nuestros deseos. Estoy hablando precisamente del arte de encontrar el equilibrio. Estoy hablando de la encantadora danza del amor, que no es más que la armonía entre avanzar y retroceder, con levedad, inteligencia, atención, disponibilidad y, sobre todo, capacidad de volver a empezar si nos equivocamos…

En resumen: el que siempre dice sí, terminará mal. Y el que siempre dice no, también. El secreto es ceder a veces y ser más firme en otras, pero siempre - ¡siempre! – manifestar al otro cuál es nuestro deseo y escuchar el suyo. Así, cuando tú cedas, él podrá reconocer que en una próxima ocasión en que surja alguna diferencia, él podrá ceder también. Y si eso no ocurriese, o sea, si siempre es uno el que termina cediendo, que podáis dialogar y puntualizar ese desequilibrio.

Porque, de verdad, el que vive una serie de relaciones y sale de ellas con la sensación de que nunca es valorado, ciertamente está perdiendo su identidad, está convirtiéndose en una compañía sin atractivos, exactamente porque ha decidido (la mayoría de las veces inconscientemente) ignorar sus cualidades para enaltecer solamente las del otro. Y así, ha ido perdiendo su brillo, su encanto, su singularidad y también abandonando las características que, paradójicamente, habían atraído a la persona amada.

Si has venido sufriendo y te sientes víctima de injusticia por ser demasiado bueno y no recibir a cambio ni siquiera el amor que considerabas merecer por tanta comprensión y dedicación, te sugiero que empieces a examinarte un poco más y a preguntarte: ¿qué es lo que yo realmente quiero?, aunque no sea más que simplemente elegir el sabor de la pizza. Y especialmente cuando ese deseo es importante, ¡hazlo valer y no renuncies a él!

¡En cualquier relación, para que triunfe o fracase, quién tú seas o dejes de ser es lo que más va a marcar la diferencia! Y si va a triunfar o no, una verdad es soberana: solo valdrá la pena si has logrado ser tú mismo, ¡al menos la mayoría de las veces!

por Rosana Braga

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Sobre o autor
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Rosana Braga é Especialista em Relacionamento e Autoestima, Autora de 9 livros sobre o tema. Psicóloga e Coach. Busca através de seus artigos, ajudar pessoas a se sentirem verdadeiramente mais seguras e atraentes, além de mostrar que é possível viver relacionamentos maduros, saudáveis e prazerosos.
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