¿Qué rumbo dar a mi vida? Me siento perdido.
¿Por qué siento este vacío, esta insatisfacción, sin saber lo que busco?
¿Cuál es mi verdadero propósito de vida?
¿Cuál es mi camino profesional?
¿Por qué no siento placer en vivir?
¿Por qué a pesar de tener salud, casa, familia, buen empleo y buen matrimonio, estoy siempre insatisfecha?
Estas y otras quejas son las que oigo con más frecuencia en mi consultorio.
En verdad, son innumerables las personas que están sin rumbo en sus vidas o en un área específica de la vida (profesional, financiera, afectiva, familiar, salud, espiritual, etc.).
Se sienten confusas, perdidas, insatisfechas e inquietas porque el alma es despiadada, implacable, nos cobra siempre cuando no estamos dando lo mejor de nosotros o nos despistamos de nuestro verdadero propósito de vida, a lo que hemos venido en la encarnación actual.
Puedo decir que yo era una de esas personas.
Antes de crear la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado de elevada evolución espiritual, responsable directo por nuestro perfeccionamiento espiritual), abordaje psicológico y espiritual breve, yo era un psicólogo frustrado, no me encontraba profesionalmente, a pesar de los años dedicados a estudios y práctica clínica (me licencié en Psicología en 1982).
Como psicoterapeuta, siempre he buscado métodos que ayudasen a los pacientes a superar sus problemas de forma más breve y efectiva, y que no fuese preciso estar durante años haciendo la terapia; buscaba, por tanto, una nueva manera de ejercer la psicoterapia. En aquella ocasión, me sentía frustrado e infeliz por no presentar resultados satisfactorios con mis pacientes. Incluso llegué a poner en cuestión mi competencia profesional por lo ocurrido en una ocasión: durante 5 años llevé a cabo mi formación en psicoanálisis y en uno de los controles, mi supervisora y asimismo analista – yo hacía mis sesiones de análisis con ella – comentó: Osvaldo, he de decirte algo con toda franqueza y honradez: tú no tienes perfil para ser psicoanalista. Por tu histórico de vida, rasgos de personalidad, por ser reservado, introvertido, por venir de cultura nipona, podrías ser un buen médico, ingeniero o economista, todo menos un psicoanalista. No comprendo por qué has cursado Psicología.
Salí arrasado de la supervisión. Aquellas palabras que me dijo fueron como una ducha fría para mi ánimo de continuar ejerciendo la psicoterapia. Decidí entonces trabajar como consultor de empresas en el área conductual, impartiendo cursos de relaciones interpersonales por el SEBRAE, y por la noche atendía a algunos pacientes en mi consultorio.
Después de algunos años, dejé el consultorio y me dediqué integralmente a esa nueva carrera, puesto que me iba muy bien, recibía numerosas solicitudes por parte de las empresas.
Con todo, las solicitudes empezaron a escasear, y yo no comprendía el por qué, ya que las evaluaciones de los participantes en mis cursos eran siempre muy buenas. Esto me obligó a volver a mi consultorio. Hasta que una amiga psicóloga me dijo que el norteamericano Dr. Morris Netherton, Doctor en Psicología, creador de la TVP (Terapia de Vidas Pasadas), estaba en São Paulo impartiendo conferencias y cursos de formación para terapeutas.
Asistí a su conferencia y acabé por hacer mi formación con él y con su discípula directa, la Dra. María Julia Prieto Peres.
Inicialmente yo no tenía mucha convicción acerca de reencarnación, vida tras la muerte, existencia de espíritus, en fin, los temas ligados a la espiritualidad. Percibí cuán cerrado estaba a la vida, pues me limitaba a los valores materialistas de la cultura occidental, a los paradigmas científicos vigentes, pues como psicólogo no tenía en cuenta los fundamentos de la realidad espiritual, lo cual me dificultaba bastante cualquier tipo de abordaje más profundo del Ser.
No había sido preparado, en mi formación académica como psicólogo, para comprender y lidiar con las manifestaciones mediúmnicas de los pacientes, con las obsesiones espirituales (interferencia de los espíritus desencarnados de las tinieblas que desean vengarse del paciente por el daño hecho en una vida pasada), que causan los más variados desórdenes en la vida del paciente.
Como psicólogo, fui preparado en la Universidad para lidiar con lo psicológico y lo emocional del paciente, pero no así con su faceta espiritual (aún hoy las Facultades de Psicología niegan la parte espiritual del ser humano y no la tienen en consideración).
El Dr. Morris Netherton aconsejaba a sus alumnos a encaminar a sus pacientes a un centro espírita de confianza, caso estuviesen obsedidos.
Más del 95% de mis pacientes lo estaban; por ello me decidí a lidiar yo mismo con los obsesores espirituales. Estudié a fondo esa enfermedad del alma, leyendo los libros de Kardec, codificador del espiritismo, el budismo, las filosofías orientales, literaturas espiritualistas, y frecuenté centros espíritas kardecistas, umbandistas, candomblé, etc.
Hasta que en una de las sesiones de regresión, una paciente me dijo: Dr. Osvaldo, ellos me piden que le diga a usted que de ahora en adelante van a orientar nuestro trabajo, van a alinear mis chakras (centros energéticos del cuerpo); de ahí viene mi dificultad para hacer regresión, para romper la barrera de mi memoria.
Atónito, pregunté a la paciente: ¡¿Ellos, quiénes?!
Mi mentor espiritual y los amigos del Astral Superior, contestó ella.
A partir de ahí, bajo la orientación del mentor espiritual de cada paciente, mi trabajo ha dado un salto cualitativo y cuantitativo, en los innumerables casos planteados.
Percibí entonces que yo formaba parte integrante del equipo maravilloso del Astral. Hoy, ya no me considero un psicólogo, sino que me titulo médico del alma, un trabajador de la luz, al servicio del Padre y de la Espiritualidad.Mi supervisora y analista estaba en lo cierto cuando me dijo que yo no daba el perfil para ser psicoanalista, pues realmente no he venido en la encarnación actual para ejercer la psicoterapia convencional, sino para crear un nuevo y breve abordaje psicológico y espiritual, la TRE.
Sin duda alguna la TRE ha venido para revolucionar los conceptos de terapia y terapeuta, pues en esta terapia siempre es el mentor espiritual de cada paciente quien conduce el proceso terapéutico, mostrándole la causa de su problema, su resolución, y asimismo los aprendizajes necesarios.
Como terapeuta en este nuevo abordaje, soy en verdad un co-terapeuta, el que va a crear todas las condiciones necesarias a fin de que el paciente esté abierto y receptivo para que su mentor espiritual le muestre lo que necesita saber acerca de su(s) problema(s) y lo oriente.
Soy, por tanto, un facilitador de la apertura de comunicación entre el paciente y su mentor espiritual.
Los lectores asiduos de mis artículos en el Somos Todos Uno y en mi Web personal link están acostumbrados a leer los maravillosos relatos de innumerables casos, solucionados gracias a la ayuda de los mentores espirituales de los pacientes.
Tengo el gusto de decir a mis queridos lectores que, con ese nuevo abordaje, la TRE, realmente me he encontrado. Y estoy seguro de que mis pacientes – después de pasar por esa terapia – también se han encontrado.
Caso Clínico:
Sin rumbo en la vida
Hombre de 30 años, soltero.
Acudió a mi consultorio un muchacho que decía que su vida no salía adelante en ningún aspecto: todo estaba parado, pues algo o alguien lo impedía. Había riñas, murmuraciones, intrigas, las personas desconfiaban de él, sin que comprendiese el por qué de todo ello, puesto que se consideraba persona correcta y honesta.
Decía no tener familia, pues sus padres estaban separados. A los 17 años marchó de casa y nunca más volvió, y las personas que se encontraba por la vida acababan por convertirse en su familia. Pero siempre pasaba algo que le hacía distanciarse de esas personas.
Tenía muchas pesadillas con muertes y persecuciones, y también soñaba con orgías. Su humor era muy inestable, y esto también lo alejaba de las personas. Trabajaba desde los 14 años; había empezado por abajo, y en poco tiempo había logrado ascender a las mejores colocaciones de la empresa en que trabajaba.
Su sueño era constituir una familia, tener un trabajo del que pudiese vivir con dignidad, crear raíces, en fin, tener una vida “normal”.
En la primera sesión lo veía todo oscuro, una negrura total, y sentía mucho frío y dolores por el cuerpo, pero nada más que eso (en esta terapia, cuando el paciente está obsedido, es común describir una lobreguez total y sentir frío y dolores musculares, debido a que el obsesor es un habitante de las tinieblas, región oscura, gélida y de mucho sufrimiento). Insistentemente me dijo que deseaba resolver aquella situación, y que estaba preparado para saber si había cometido algún error en el pasado. Y si lo había cometido, quería tener la oportunidad de corregir su error. Entonces concertamos su segunda sesión para la semana siguiente. Vino lo mismo: oscuridad y frío, pero apareció además una mujer muy guapa, que quería mostrarle algo.
- Pídele que se identifique – Solicito al paciente.
Ella dice que es mi mentora espiritual, y que se llama Crystal. Cuenta que ha escuchado mi ruego y que me ha sido concedida la oportunidad de saber qué es lo que ha ocurrido conmigo en el pasado para que se desencadenasen todos esos acontecimientos adversos. Me dice que no tenga miedo, tiende la mano y me ruega que observe todo y después se lo cuente a usted.
El paciente permanece en silencio durante más o menos 25 minutos, a continuación llora bajito y dice: - ¡¿Dios mío, qué hice?!
¡Dr. Osvaldo, fui un monstruo! Yo que siempre he pedido que me dijesen la verdad, siempre he exigido esa postura a los demás, siempre los he criticado, y yo, ¡¿qué soy?! ¡Un monstruo, un cobarde, una persona cruel!
¡He visto en una vida pasada una casa muy bonita, grande, tenía una esposa linda y dos hijos, niño y niña, lindos!
Pero había otra mujer, hermana de mi esposa, con la cual también mantenía relaciones, y tuve hijos con ella. Mi esposa lo sabía, pero me tenía mucho miedo y aceptaba mi traición. Yo tenía ya 43 años y mi esposa unos 40, cuando ella quedó encinta nuevamente. No me alegré, pero lo acepté, al fin y al cabo era mi mujer. Nació otra niña, pero ella salió distinta de mis otros hijos; éstos eran rubios, de ojos azules, muy parecidos a mí, y esta salió con cabellos y ojos castaños; no me gustó lo que vi, ella me molestaba, no comprendía por qué había salido diferente. (Pausa).
Crystal, mi mentora, me muestra ahora una escena en que mi esposa amamanta a la criatura, estoy furioso, violento, le digo que aquel monstruo no era mío; la acuso de haber tenido una relación extramatrimonial, de haberme traicionado, la golpeo mucho, arrojando a la pequeña al suelo. Solo me detuve cuando los criados y mi cuñada acudieron; ella estaba desfallecida. Volví la espalda y salí.
La leche de mi esposa se secó. Yo era muy violento y todos me tenían mucho miedo. Mi esposa estaba enferma; entonces, cuando la niña cumplió los tres años, empezaron las torturas: yo la encerraba en un cuarto oscuro, ella lloraba hasta desfallecer y quedarse dormida, aquello me daba placer. La golpeaba, la quemaba con cigarrillos, ella incluso se acercaba a mí para darme cariño, pero yo la echaba a patadas. Ella me tenía mucho miedo, no comprendía por qué la apaleaba. Mis hijos, mientras yo dormía, iban hasta el desván, que era donde dormía ella, y le daban comida, agua, y jugaban un poco con ella. Creo que era entonces cuando ella podía sentirse niña. Le prohibí a mi esposa ir a verla, y cuando yo sospechaba que había ido, que era siempre, yo pegaba a la niña hasta que se desmayaba; por eso mi esposa hacía todo para que esto no ocurriese.
Dr. Osvaldo, las torturas duraron hasta los 11 años, cuando desencarnó, yo la maté (el paciente habla llorando mucho).
Aquel ser tan frágil, tan pequeñito, sangre mía… Yo la marqué con el hierro de marcar el ganado y ella no soportó el dolor. Ella solamente lloraba y me miraba, no decía nada, ya no tenía fuerzas. Enseguida mi esposa desencarnó, sucumbió al dolor de no haber tenido fuerzas para luchar contra mí; mis hijos me miraban con miedo y también sentían el dolor de haber perdido a la hermanita más pequeña.
Realmente, definitivamente, ¡fui un monstruo! (grita, llorando mucho).
Mi mentora espiritual me ruega que me calme; revela que estoy sin rumbo en mi vida actual porque no he tenido la oportunidad de pedir perdón a aquella criatura, pero que aún habré de encontrarme con ella, y que en ese momento sabré reconocerla. Dice que esa criatura está encarnada; es un muchacho que ha tenido problemas de aprendizaje durante la infancia, miedo a dormir a oscuras, problemas con figuras de autoridad, ya que era muy tímido; pero que es un muchacho bastante animoso. También ha sido torturado en esta vida por la profesora, hasta los 8 años. Sin embargo, tiene un corazón muy bueno, y si pienso en él de forma cariñosa y le pido perdón, él llegará a advertirlo y me perdonará.
Dice que la Espiritualidad está sopesando la mejor forma para nuestro reencuentro. Me pide nuevamente que haga la oración del perdón, enviándole buenas energías, pues esa oración será fundamental para unirnos.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor