Tu protección es obra tuya. Por eso no sirve de nada proceder de forma negativa, bajar tu nivel vibratorio y después rezar, pedir protección y ayuda. Ningún mentor espiritual puede en efecto ayudarte si desconoces (o conociéndola la pasas por alto) la Ley de la Afinidad (los semejantes se atraen), una de las Leyes Universales.
Según esa ley, tu patrón de energía es lo que habrá de determinar tu protección contra los ataques, los acosos espirituales de los seres de las tinieblas. Por tanto, ¿cuál es la calidad de tu energía? ¿Qué energía irradias? La energía que emanas es lo que dará, o no, acceso a los seres de las tinieblas.
Siendo así, para que el obsesor espiritual perjudique al obsedido, ambos deben prestar su consentimiento, tiene que haber un lazo de reciprocidad. Y ¿cuál es ese lazo?
Es la ira, el odio, el deseo de venganza, el sentimiento de inferioridad, el rechazo, el miedo, etc. Nunca sobra recordar que, al igual que el amor, el odio también une.
Quien odia piensa todo el tiempo en la persona execrada, tanto como aquel que piensa sin cesar en la persona amada. Por tanto, esos lazos de amor o de odio, si encuentran reciprocidad, o sea, cuando dos o más personas comparten los mismos sentimientos, acaban por unirse, atrayéndose mutuamente. Así es como funciona la Ley de la Afinidad.
Por tanto, el acoso espiritual solo ocurre porque el acosado – aunque no sea consciente de ello – de alguna forma está ligado energéticamente al ser espiritual que lo acosa, pues ambos están sintonizados en la misma franja de vibración.
De esta forma, si el acosado no modifica sus actitudes, si no sale de esa vibración, el acoso espiritual continuará. En la mayoría de los casos la relación entre obsesor y obsedido es algo secular, o incluso milenario. Por eso estoy plenamente de acuerdo con la doctrina kardecista cuando se refiere a la reforma interior, es decir, la necesidad de hacer un trabajo interior de auto-conocimiento para poder identificar y cambiar – o al menos atenuar – malas costumbres e imperfecciones, rasgos ruines de la personalidad, tendencias negativas que traemos de otras encarnaciones, tales como egoísmo, arrogancia, prepotencia, maledicencia, sentimientos de inferioridad, culpa, baja autoestima, auto-desvalorización, codicia desmedida, vicios, fobias, etc.
Son esas malas costumbres e imperfecciones lo que realimenta los ataques de los obsesores espirituales, haciéndonos vulnerables a ellos. Vale dar aquí dos claves, dos sugerencias de cómo protegerse de los acosos espirituales:
- No criticar a nadie: no señalar los fallos y defectos ajenos. Puede ocurrir que aquella persona a la que más criticas sea la que más te apoye en un momento doloroso de tu vida;
- No juzgar, no condenar a nadie: Jesús decía: No juzguéis y no seréis juzgados. El pasado nos condena, pues siendo seres espirituales en evolución, ya nos equivocamos, cometimos errores, injusticias, perjudicamos a otras personas en anteriores encarnaciones con actos que hoy clasificaríamos como bárbaros, atroces, salvajes, pero que en la existencia pasada no veíamos de esa forma por falta de esclarecimiento, por no tener la conciencia despierta respecto de las Leyes Divinas. Entonces, por el hecho de no haber tenido un pasado digno de alabanza, queda claro que no tenemos ninguna autoridad moral para juzgar a nadie, y es probable que eso que tanto juzgamos lo hayamos cometido igual o incluso peor en las vidas pasadas.
¿Quién nos garantiza que no haya pasado eso? El velo del olvido del pasado nos impide saberlo. Por eso es más sabio y más prudente que no juzguemos; en caso contrario caeríamos en la antigua expresión popular El sucio hablando del mal lavado. En suma, no alimentes el mal ni la maledicencia, piensa solo en el bien y vive en paz bajo la protección de los buenos espíritus. Por último, practica siempre el perdón.
Caso Clínico:
¿Por qué esa relación de amor y odio con mi madre?
Hombre de 50 años, casado
El paciente acudió a mi consultorio tratando de comprender el motivo de esa ‘ambivalencia afectiva’ de amor y odio que nutría respecto de su madre. Casado desde hacía 23 años, según el paciente su madre siempre deseó que su matrimonio terminase mal, pues quería mantenerlo sujeto a ella. Era asimismo muy exigente, manipuladora, excesivamente crítica e injusta. Por eso se sentía agobiado, la presencia de ella lo molestaba mucho. Quería saber además cuál era su verdadero camino profesional, su misión de vida. Se sentía perdido, sin rumbo en la vida, pues no sabía si continuar trabajando como terapeuta holístico y como médium en un centro espírita kardecista.
En la primera sesión de regresión me relató:
Veo ante mí una luz blanca, muy grande… También veo dentro de ella un hombre con traje a cuadros y gafas cuadradas y oscuras. Yo lo conozco… Es Chico Xavier. Tuve la gran oportunidad de convivir con él cuando aún vivía. Ha salido de esa luz grande y ahora está aquí a mi lado izquierdo (pausa).
- Pregúntale en pensamiento si tiene algo que decirte – Pido al paciente.
Él me dice: ¡Ámate mucho! Ten confianza, disciplina, disciplina… Perdona a tu mamá, ella no sabe lo que hace. Sigue adelante, ama mucho a las personas... ¡ten absoluta confianza en el Padre Mayor!
Ama a quienes te hacen daño. Perdónate, ama a la humanidad. Ten compasión (el paciente habla llorando).
Yo percibo el amor de Chico… Es muy emocionante el amor que transmite. ¡Es un amor tan bonito! (Habla llorando mucho). (Pausa).
También dice: Ten compasión de tu mamá, sigue en tu trabajo con Cristo en el corazón. Ten confianza en los espíritus. ¡Recuerda eso! El trabajo que haces es un trabajo de hormiguita, pero es un trabajo importante. No hay problema en empujar la piedra, y aunque ella no se mueva del sitio, sigue empujándola. Si Dios te ha pedido que empujes la piedra, sigue empujándola, no te preocupes. Empujar la piedra tiene un significado.
Ama mucho a aquellos que esperan mucho de ti, no te consideres un fracaso. ¿Qué sería de la Naturaleza si no fuesen las hormiguitas que transportan pequeños ciscos, uno a uno? (Pausa).
Chico Xavier solía decir que él era un cisco de Dios y decía rimando: Yo soy Chico Xavier Cisco de Dios. (Pausa).
Ha puesto su mano derecha sobre mi pecho… Veo una luz translúcida que sale de su pecho. Va alejándose y me dice nuevamente: ¡Ámate!
Ahora se marcha...En la sesión siguiente (última) así relató el paciente: “Veo dos figuras, dos hombres que vienen en dirección a mí: uno es nuevamente Chico Xavier y el otro es mi suegro, recientemente desencarnado.
Están juntos y vienen sonrientes hacia mí. Mi suegro tiene el cabello negro, gafas con montura de tortuga, bastante más joven que cuando lo conocí. Se acerca con aquella sonrisa suya característica en los labios. Me abraza (el paciente habla emocionado), le digo que lo echo mucho de menos. Él me da las gracias, dice que ahora ya no está en aquel cuerpo enfermo y cansado, que se siente como un pájaro libre. Dice también que en adelante siempre va a inspirar mi trabajo mediúmnico. Mi suegro era médico, psicoterapeuta, espírita y divulgador de la doctrina kardecista. Su nombre era Dr. Juan Bautista. (Pausa).
Me está revelando que en la existencia pasada trabajó con Kardec y que hoy, en el plano espiritual, trabaja con Chico Xavier, complementando el trabajo de Kardec.
Dice que ahora, como desencarnado, podrá ayudarme mucho más y, de conformidad con lo dicho por Chico Xavier, reitera que perdone a mis padres, que contemple a mi madre y a mi padre como hijos y que ore por ellos.
Dice que debo tener confianza, tener siempre a Cristo en el corazón, evitando comentar el mal, la maledicencia, principalmente la de los políticos corruptos, teniendo compasión y seleccionando las informaciones de los medios de comunicación, tanto escritos como por la TV.
Recordar siempre el perdón como instrumento terapéutico, porque una de las puertas que abrimos a los espíritus obsesores es el juicio que hacemos de otras personas. Por eso hemos de cultivar la paciencia y la compasión. Aclara además que el perdón es uno de los instrumentos más poderosos en trabajos de cura y auto-cura. Aclara asimismo que no por casualidad Cristo daba en la tecla del perdón.
Pide que vuelva a dar charlas en centros espíritas, pero que no participe en la directiva de esos centros espíritas, sino siempre en servir, como el siervo más humilde. Él me recuerda que el maestro Chico Xavier nunca aceptó ser director de nada. También me pide que siga firme, con mucha disciplina, en la conducta personal y en los quehaceres como terapeuta holístico, así como en los trabajos de atendimiento mediúmnico en el centro espírita. Reitera que mantenga la disciplina y evite comentar el mal con las demás personas, a menos que sea para ayudarlas a salir de él. Pero nunca cultivar la maledicencia, ni hablar mal de la vida ajena para engrandecerse. No hacerlo es la mejor forma de protegerse del acoso de la espiritualidad inferior. (Pausa).
Ahora ha dicho que va a entrar aquí un espíritu a quien yo perjudiqué en el pasado y que me persigue, pues he de pedirle perdón. (Pausa).
Al hablar, el obsesor espiritual dice que yo lo perjudiqué, pero que está observando que ya no soy la persona que fui en el pasado. Viene observando que estoy mejorando en mi modo de proceder. (Pausa).
Le pido perdón… Dice que respeta al Dr. Juan Bautista, mi suegro; le doy las gracias. (Pausa). Este ser dice que a partir de ahora va a encaminar hacia mí a personas que ama para que yo las atienda como terapeuta holístico, y que con ello tendré una oportunidad de redimirme por lo que le hice en la vida pasada.
Se va… Ahora mi suegro me dice adiós y se marcha también”.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
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Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor