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Jung: Pan está muerto

Jung: Pan está muerto
Publicado dia 5/18/2011 12:47:40 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Collage selectivo de los textos de dos conferencias de Carl Gustav Jung, en 1934-35, sobre el inconsciente y su relación con la espiritualidad:

No soy un teólogo; soy médico y psicólogo. Pero como médico he tenido experiencias con miles de personas de todas las partes del mundo. He estudiado cuidadosamente su psicología, que es y debe ser mi guía. De mi experiencia con esos miles de pacientes, he llegado al convencimiento de que el problema psicológico hoy es un problema espiritual, un problema religioso.

El hombre de hoy está hambriento y sediento de una relación segura con las fuerzas psíquicas dentro de sí mismo. Su conciencia, retrocediendo en vista de las dificultades del mundo moderno, carece de una relación con unas condiciones espirituales seguras. Esto lo hará neurótico, enfermo, asustado. La ciencia le ha dicho que Dios no existe, que todo lo que hay es materia. Eso ha privado a la humanidad de su floración plena, de su sensación de bienestar y de la seguridad de vivir en un mundo confiable.
En la medida en que el hombre moderno se ve compelido a volverse hacia sí mismo, tomado de duda y miedo, él mira hacia su propia vida psíquica, a fin de que le dé algo de lo cual su vida exterior le ha privado. En virtud del actual interés general por toda clase de fenómenos psíquicos – un interés como el mundo no conocía desde la segunda mitad del siglo XVII – no parece fuera de alcance la posibilidad de creer que estamos en el umbral de una nueva época espiritual; y que, de las profundidades de la propia vida psíquica del hombre, habrán de nacer nuevas formas espirituales.

Miramos el mundo en torno a nosotros y ¿qué vemos? La desintegración de muchas religiones. Está admitido generalmente que las iglesias ya no dominan a las personas como otrora, especialmente a las personas educadas, que ya no se sienten redimidas por sistema de teología alguno. Lo mismo se ve en las antiguas religiones institucionales de Oriente: el confucionismo y el budismo. La mitad de los templos de Pequín están vacíos. En nuestro mundo occidental millones de personas no van a la iglesia. Solo el protestantismo se ha desmembrado en cuatrocientas sectas religiosas.

Contrástese ese estado de vida y pensamiento con el de la Edad Media. En aquellos siglos casi toda la gente iba a misa todas las mañanas. Toda la vida se hacía dentro de la iglesia o a su sombra, lo cual se convertía en un tremendo escape de energía psíquica. En vez de eso, hoy tenemos una vida intricada y compleja, llena de dispositivos mecánicos para la existencia. Una vida coronada de automóviles, radios y películas. Pero ninguna de esas cosas es un sustituto para lo que hemos perdido. La religión nos da una rica aplicación para nuestros sentimientos y emociones. Confiere significado a la vida. El hombre, en la Edad Media, vivía en un mundo que tenía significación. Sabía que Dios había hecho el mundo con un propósito definido; lo había hecho a él con un propósito definido: ganar el cielo o el infierno. Eso tenía sentido. Hoy el mundo en que vivimos todos nosotros es un manicomio. Esto es lo que percibe mucha gente. Algunas personas acuden a mí para decirme eso. Toda aquella energía que estaba en el origen del rico florecimiento de la vida emocional del hombre durante la Edad Media, que encontraba expresión en la pintura de los grandes cuadros religiosos, en la escultura de las grandes estatuas religiosas, en la construcción de las grandes catedrales, se ha apagado en la insipidez y en el tedio. No se ha perdido, porque una ley dice que la energía no puede perderse.

Entonces ¿en qué se ha convertido? ¿A dónde ha ido? La respuesta es que está en el inconsciente del hombre. Se puede decir que ha bajado a un piso inferior. La activación del inconsciente es un fenómeno peculiar de nuestros días. Durante toda la Edad Media la psicología de las personas era enteramente diferente de como es hoy; ellas no tenían la percepción de cosa alguna fuera de la conciencia. Antiguamente los hombres ni siquiera percibían tener una psicología, como nosotros ahora. El inconsciente era contenido y se mantenía durmiente en la teología cristiana. La visión del mundo resultante era universal, absolutamente uniforme – sin espacio para la duda. El hombre había empezado en un punto definido, con la Creación; todos sabían todo al respecto. Pero hoy los contenidos arquetípicos – de los cuales antiguamente las explicaciones de la Iglesia se ocupaban de modo más o menos satisfactorio – se han soltado de sus proyecciones y están perturbando a las personas modernas. Preguntas sobre a dónde vamos y por qué, se hacen por todas partes. La energía psíquica asociada a esos contenidos está siendo más estimulada que nunca; no podemos permanecer ajenos a ello. Estratos enteros de la psiquis están saliendo a la luz por primera vez. Por eso tenemos una tan grande exuberancia de “ismos”. Gran parte de esa energía es canalizada hacia la ciencia, por cierto; pero la ciencia es nueva, su tradición es reciente y no satisface las necesidades arquetípicas. La actual situación psicológica no tiene precedentes; desde el punto de vista de toda experiencia previa, es anormal.

El hombre civilizado, en sus sueños, revela su necesidad espiritual. Cuando la ciencia moderna desinfectó el cielo no encontró a Dios. Algunos científicos dicen que la resurrección de Jesús, su nacimiento del vientre de una virgen, los milagros – todas esas cosas que han alimentado el pensamiento cristiano a lo largo de las eras, son bellas historias, pero no verídicas. Sin embargo, yo digo: No olvidéis que esas ideas que millones de hombres han alimentado de generaciones en generaciones son grandes y eternas verdades psicológicas.
Examinemos esa verdad, tal como la ve un psicólogo. Aquí tenemos la mente del hombre, sin prejuicios, inmaculada, incorrupta, pura, simbolizada por una virgen. Y esa mente virginal del hombre pudo dar nacimiento al propio Dios. “El reino del cielo está dentro de vosotros”. Esto es una gran verdad psicológica. El cristianismo es un bello sistema de psicoterapia. Cura el sufrimiento del alma.

Aún después de que su conciencia haya estado escuchando demasiado tiempo tras la puerta de la moderna ciencia materialista, el hombre ha seguido apegado a esa verdad en su inconsciente. Los antiguos símbolos aún hoy son buenos. Se ajustan a nuestras mentes tan bien como se ajustaban a las mentes que los concibieron. En lo más hondo del inconsciente de cada uno de nosotros están todas las tentativas del Gran Anciano por expresar sus experiencias espirituales.Supón que te pido que te quedes en mi casa. Te digo que ella está bien construida, que es confortable; que nuestra vida es agradable; que tendrás buena comida. Podrás nadar en el lago y pasear por el jardín. Con esas convicciones en mente, decides venir a hospedarte y a disfrutar de la estancia. Pero supón que, cuando te invito, te digo: “Esta casa no es allá demasiado segura. Los cimientos no son de confianza. Hemos tenido muchos temblores de tierra en esta región y me parece que han quedado tocados. Aparte de eso, hemos tenido aquí una enfermedad. Alguien se ha muerto recientemente de tuberculosis en esta habitación”. En tales condiciones y con esas ideas en mente, ¿te sentirías a gusto en esa casa?
Aquel hombre medieval de que hablé tenía una hermosa relación con Dios. Vivía en un mundo seguro, o que él creía seguro. Dios velaba por todos; premiaba a los buenos y corregía a los malos. Estaba la iglesia, donde el hombre podía siempre obtener perdón y gracia. Solo tenía que entrar en ella para recibir el uno y la otra. Sus oraciones y plegarias eran escuchadas. Estaba espiritualmente amparado.

Pero ¿qué se le dice al hombre moderno? La ciencia le ha dicho que no hay nadie que cuide de él. Y, así, él vive lleno de miedo.

Durante algún tiempo, después de que renunciamos al Dios medieval, tuvimos al oro por divinidad. Pero ahora éste también ha sido declarado incompetente.
Confiábamos en los ejércitos, pero la amenaza de gases venenosos los ha derrotado. Las personas ya se refieren a la ((Faltaban dos años para que estallase la segunda guerra mundial).) próxima guerra(*). En un mundo así es muy natural que todos se pongan neuróticos. Aunque la casa en que vivimos fuese realmente segura, si tienes la idea de que no lo es, sufrirás. Tu reacción depende enteramente de lo que piensas.

El más tremendo peligro a que el hombre tiene que enfrentarse es el poder de sus ideas. Ningún poder cósmico de la Tierra había destruido a diez millones de hombres en cuatro años. Pero la psiquis humana lo hizo (en la guerra de 1914-18). Y puede volver a hacerlo. Solo temo una cosa: los pensamientos de las personas. Tengo medios de defensa contra todo lo demás.
Vivo aquí en mi casa, feliz con mi familia. Pero supongamos que ella adquiere la ilusión de que yo son un demonio en persona. ¿Podré ser feliz con ella, en ese caso? ¿Podré estar seguro? Todos estamos sujetos a contaminaciones colectivas.

Volved el ojo de la conciencia hacia dentro, a fin de ver lo que ahí existe.
Veamos lo que se puede hacer a pequeña escala. Si he plantado correctamente una col, entonces yo he servido al mundo en ese exacto lugar. No sé qué más puedo hacer.
Examinad los espíritus que hablan en vosotros. Haceos críticos. El hombre moderno debe estar plenamente consciente de los terribles peligros que residen en los movimientos de masa. Escuchad lo que dice el inconsciente. Prestad atención a la voz de ese Gran Anciano dentro de vosotros, que ha vivido tanto tiempo, ha visto y experimentado tanto. Intentad comprender la voluntad de Dios: la extraordinariamente potente fuerza de la psiquis.

Yo digo: Despacio. Despacio. Con cada bien llega un mal correspondiente, y a cada mal corresponde un bien. No corráis demasiado deprisa al encuentro de uno, a menos que estéis preparados para encontrar al otro.

No estoy preocupado respecto del mundo. Estoy preocupado respecto de las personas con quienes vivo. El otro mundo está todo en los periódicos. Mi familia y mis vecinos son mi vida – la única vida que puedo experimentar. Lo que queda más allá es mitología periodística. No es de inmensa importancia que yo haga una carrera o realice grandes cosas para mí mismo. Lo que es importante y significativo para mi vida es que viva lo más plenamente posible para cumplir la voluntad divina dentro de mí.
Esa tarea me da tanto que hacer que no tengo tiempo para cualquier otra.
Dejadme subrayar que, si todos viviésemos de ese modo, no necesitaríamos de ejércitos, ni de policía, ni de diplomacia, bancos ni políticos. Tendríamos una vida llena de significación y no eso que tenemos hoy: locura.

Lo que la naturaleza le pide al manzano es que dé manzanas, al peral que produzca peras. La naturaleza quiere que yo sea simplemente hombre. Pero un hombre consciente de lo que soy y de lo que estoy haciendo. Dios se dirige a la conciencia en el hombre. Esa es la verdad del nacimiento y resurrección de Cristo dentro de nosotros. Cuanto mayor sea el número de pensadores que se aperciban de esto, más cerca estaremos del renacimiento espiritual del mundo. Cristo, el Logos – que quiere decir la mente, la comprensión, el brillo que rasga la oscuridad. Cristo fue una nueva verdad acerca del hombre.

La latencia es, probablemente, la mejor condición para el inconsciente. Pero la vida ha salido de las iglesias y nunca más volverá a ellas. Los dioses no se reinstalarán en domicilios que una vez abandonaron. Lo mismo ocurrió antes, en la época de los Césares romanos, cuando el paganismo estaba agonizante. Según la ((Plutarco, De defectu oraculorum, 17)) leyenda(*) el capitán de una embarcación que pasaba entre dos islas griegas oyó el sonido de un gran lamento y una voz que gritaba: Pan ho megas tethneken, el Gran Pan está muerto. Cuando ese hombre llegó a Roma solicitó una audiencia con el emperador, tan importante era la noticia. Originalmente, Pan era un espíritu secundario de la naturaleza, ocupado principalmente en importunar a los pastores; pero después, cuando los romanos se envolvieron más en la cultura griega, Pan fue confundido con to pan, que significa “el Todo” . Pasó entonces a ser el Demiurgo, el anima mundi. Así, los numerosos dioses del paganismo quedaron concentrados en un Dios. Entonces vino el mensaje, “Pan está muerto”. El Gran Pan, que es Dios, está muerto. Solo el hombre permanece vivo. Después, el Dios uno se transformó en hombre, y ese fue el Cristo; un hombre para todos los hombres. Pero ahora también ese ha partido, ahora cada hombre tiene que contener a Dios en sí. El descenso del espíritu a la materia se ha completado.

por Acid

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Sobre o autor
acid
Acid é uma pessoa legal e escreve o Blog www.saindodamatrix.com.br
"Não sou tão careta quanto pareço. Nem tão culto.
Não acredite em nada do que eu escrever.
Acredite em você mesmo e no seu coração."
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