Desde muy joven busco un gran amor y siento el vacío de no encontrarlo;
Siento una insatisfacción constante, que me falta algo en la vida, pero no sé explicar qué es;
Siento una tristeza profunda, no encuentro una razón para vivir;
Me gusta mi novio, pero no presiento que él sea mi gran amor.
Estas y otras quejas son las más corrientes por parte de pacientes que vienen a mi consultorio en busca de su verdadero amor. Muchos tienen conciencia de que aún no lo han encontrado, pero hay otros que no tienen conciencia siquiera de que su insatisfacción, depresión, vacío interior, falta de entusiasmo por la vida, son fruto de la ausencia de ese gran amor en sus vidas.
Recuerdo un paciente que acudió a mí por depresión, vacío interior y falta de entusiasmo por la vida. Al entrar en contacto con su mentora espiritual durante la terapia, llegó a comprender el por qué de su depresión e insatisfacción: su mentora espiritual era su gran amor, y en varias encarnaciones ambos se habían reencarnado siempre como marido y mujer.
Pero en la encarnación actual del paciente, esta vez, estaban en planos diferentes, y eso era lo que le hacía sentirse deprimido e insatisfecho.
Otra paciente quería comprender por qué desde pequeña arrastraba consigo una tristeza profunda y un vacío interior. Al preguntar a su mentor espiritual si en la encarnación actual encontraría a su gran amor, éste le contestó: - ¡Ya sabes que no! Por eso desde pequeña vienes arrastrando esa tristeza, pues al reencarnarte sabías que no llegarías a encontrarte con tu verdadero amor. No obstante, encontrarás a otro hombre y constituiréis una familia. Así tu vacío interior se reducirá en cuanto seas madre.
Aunque hay casos en esta terapia, la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) - Abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí, en el cual el mentor espiritual del paciente lleva a cabo -cuando lo considera necesario-, una progresión de memoria, es decir, una revelación futura, para que el paciente pueda encontrarse con su verdadero amor en la vida actual.
Véase a continuación el caso de una paciente que se sentía perdida, insegura y ansiosa en relación a su vida profesional, pero principalmente en la parte afectiva, pues no conseguía encontrar pareja.
Caso Clínico:
No consigo encontrar pareja
Mujer de 30 años, soltera.
La paciente acudió a mi consultorio, sin rumbo, ya que se sentía desanimada, insegura y ansiosa en relación a su vida profesional y afectiva. Profesionalmente, se sentía cansada, desmotivada, tenía muchas dudas acerca de su verdadera vocación profesional. Había hecho Fisioterapia en la Facultad, pero al hacer las prácticas en el hospital se volvió depresiva, por lidiar con pacientes mutilados. Acabó dejándolo. Viéndola sentirse perdida, su prima le aconsejó que hiciese estética y RPG. Optó por RPG, pero acabó por dejarlo también, pues estaba muy cansada y deprimida. Después, hizo un curso de masajes, pero le surgieron dolores en la espalda por los esfuerzos físicos que esa actividad exige. Hizo un curso de acupuntura, pero el curso no le pareció bueno.
En lo afectivo, hacía diez años que no encontraba pareja. Desde la adolescencia, siempre le había preocupado encontrar a alguien con quien afinarse. Le daba miedo no encontrarlo y quedar en soledad.
En la 3ª y última sesión de regresión, me relató:
"Después de atravesar el portón (recurso técnico que siempre utilizo en esta terapia, el cual funciona como un portal que separa el pasado del presente, el mundo físico del mundo espiritual), veo una luz grande e intensa. Es una luz blanca y está por encima de mí.
- Mira a ver si eres capaz de ir hacia esa luz - Pedí a la paciente.
Estoy fluctuando y entrando en ella. Es un lugar todo blanco, parece que estoy entre las nubes (es común que los pacientes describan el plano espiritual como un sitio neblinoso, blanquecino).
Veo hombres y mujeres, todos vestidos con túnica blanca. Unos charlan en grupitos, otros están solos, sentados en un banco. Es un lugar amplio, el ambiente llega a ofuscar de tan blanco (pausa). Viene una persona hacia mí. Es un hombre joven, cabellos rizados. Me siento tranquila, pero un poco perdida, sin saber qué lugar es aquel. Él quiere hablar conmigo. Dice que estoy en un ambiente bueno, que todos quieren ayudarme. Quiere llevarme a conocer a una mujer que está sentada en un banco. Sus cabellos son oscuros, es joven. Estaba triste, pero al verme se alegró. Esa joven estaba ansiosa, esperándome. Me abraza. Me parece que fui hermana suya en una vida pasada (la paciente lo intuye). Dice que va a reencarnarse y será mi hija.
¡Estoy estremecida con lo que me ha dicho! Dice también que me ayudará y que vamos a ser muy amigas. Ahora el muchacho quiere llevarme a otro lugar. Me despido de ella de mala gana, quería estar más tiempo con ella, pero él dice que no puedo, pues nuestro tiempo es corto (pausa). Estoy entrando ahora en otro ambiente. Hay un grupo de señores mayores, de cabellos y barbas blancas. Uno de ellos toma mi mano y me abraza. Es uno de mis mentores espirituales, dice que todos estaban esperando por mí. Es un lugar donde hay muchos libros, parece una biblioteca. Hay muchos armarios, llenos de libros. Tengo la impresión de que ellos acaban de tener una reunión. El señor que se identificó como uno de mis mentores espirituales dice que se alegra mucho de verme, que soy una persona especial. Dice asimismo que estoy cumpliendo una parte de mi misión en la vida actual, pero debo controlar los enojos, los pensamientos negativos, la impaciencia, la ansiedad. Resalta que mi padre de la vida actual estaba en lo cierto al decirme que debo tener paciencia para no juzgar a los demás precipitadamente. Dice que habré de ayudar mucho a la gente. Que debo continuar con el trabajo voluntario de acupuntura. Me pide que no me dedique a los masajes, que realmente me cansan mucho, pues soy como una esponja: absorbo toda la energía del paciente. Dice además que poco a poco me iré desligando de los masajes y trabajaré más con la acupuntura. Pero ese desligamiento no será tan rápido, porque las gentes necesitan de mi orientación espiritual, de un hombro amigo.Aclara que no vienen a las sesiones por el masaje, sino que lo hacen porque yo les animo a no abandonar la parte espiritual. De igual forma, mi trabajo de acupuntura tampoco es una casualidad (es importante aclarar al lector que en la espiritualidad no hay casualidades, todo tiene su razón de ser, existir y suceder. Sin embargo, nosotros, los seres encarnados, aún no comprendemos la lógica de la vida, debido a que la vemos por el "ojo de una cerradura"). Mi mentor espiritual dice que me ayudará en la acupuntura. Me ruega que no abandone, que sea más constante, porque eso también forma parte de mi misión, de mi aprendizaje (pausa). Ahora habla sobre mi vida amorosa: dice que mi futuro marido aparecerá, y que al encontrarlo sabré quién es. Recuerda que mi futuro marido también tiene que cumplir su misión - al menos entrar en ese camino - porque, antes de encontrarnos, él tiene que reparar sus equivocaciones del pasado. Aunque esto no tardará mucho. Dice que mi futuro marido también es una buena persona, y que seré muy feliz con él. Me ruega que siga viviendo en Brasil, porque la gente aquí tiene muchas carencias; por tanto, debo seguir trabajando aquí, aunque mi mentor espiritual me dice que no me impedirá salir de Brasil, porque sabe que me gustan las culturas y personas diferentes.
También revela que mi dificultad de concentración en los estudios va a mejorar poco a poco. Me pide nuevamente que controle mi parte negativa, o sea, los pensamientos negativos causados por mis temores, mi inseguridad en relación a la violencia en este país. Afirma que mi salud es buena, que puedo operarme la nariz (la paciente tiene rinitis, debido a la desviación del septo). Dice que esa operación será como un regalo, para que me sienta mejor, más confiada en mí misma. Dice también que puedo confiar en mi médico, porque es un profesional muy competente. También revela que al principio mi futuro marido no me gustará por su apariencia, pero sí me gustará su personalidad, ya que él es una persona fuerte y me apoyará mucho. Dice que él fue mi hijo, pero el vínculo que nos unió en la vida pasada fue muy corto, y que también hemos vivido juntos como marido y mujer en otras encarnaciones.
Mi mentor espiritual ahora está despidiéndose, me dice queda con Dios. Se va alejando, y yo me siento arrebatada por la espalda hacia aquel portón que atravesé al comienzo de esta sesión.
Dieciocho meses después del término de la terapia, la paciente me envió un correo electrónico agradeciendo el haberla ayudado a reencontrarse en su vida. Lo transcribo en su integridad:
"¡Hola, Dr. Osvaldo!
¿Cómo está? Fui paciente suya, hice algunas sesiones de regresión con usted. Hace tiempo que vengo 'dándole vueltas' para enviarle un correo de agradecimiento. No sé si se acuerda de mí, pero hice la TRE porque estaba sin rumbo en la vida y también quería comprender mi dificultad para encontrar una pareja (desde hacía diez años no lo conseguía). Y, durante una de las sesiones de regresión me fue revelado, por medio de mis mentores espirituales, que 'todo llegaría a su tiempo', o sea, mi compañero tenía que estar en el camino de su misión para poder encontrarme. Y, por increíble que parezca, dos meses después del término de la terapia, conocí a aquel con quien ahora comparto experiencias en el voluntariado, donde trabajo como acupunturista. Sucedió exactamente tal como mis mentores espirituales me habían revelado: 'Al comienzo lo rechazaría por su apariencia, pero sabría identificarlo'.
Eso fue exactamente lo que sucedió. Él acababa de empezar su voluntariado como dentista. Como tiene un hermano gemelo - también voluntario y dentista - solían turnarse para trabajar en el grupo de ayuda (un domingo cada mes vamos a una comunidad necesitada para darles asistencia médica y odontológica).
En una de esas, nos conocimos. Pero al comienzo no me agradó, porque me pareció demasiado tímido -contestaba con monosílabos-, lo cual me molestaba, porque me hacía sentirme como si hablase con la pared. No me agradó poco ni mucho su apariencia. Pese a todo, la primera vez que lo vi, noté el 'impacto' de la atracción. Pero como en la conversación me parecía aburrido, me alejé de él y lo dejé de lado. Después, pasé a trabajar los sábados en el voluntariado y entonces nos veíamos menos. Él no renunció a mí, decidió ser paciente mío los sábados, para que estuviésemos cerca. En cierta forma, ya me había dado cuenta de su intención de conquistarme. Pero me estuve quieta y esperé a que él se declarase para después rechazarlo sin hacerle daño. Fue lo que sucedió: le di calabazas. Él se puso triste y se alejó de mí. En ese ínterin, me sentí muy estresada porque todos en el voluntariado, incluso mis padres, sabían de su interés por mí y, por tanto, me hacían la vida imposible para que le diese una oportunidad. Me resistí durante bastante tiempo. Hasta que un día, ya no lo soporté y acabé cediendo. Le telefoneé y salimos juntos. Al comienzo no me hacía mucha gracia salir con él. Pasaba vergüenza por su modo de vestir. Pero como empezaba a gustarme, me esforzaba por acostumbrarme. Con el tiempo, he ido enamorándome cada vez más. Y hoy hace diez meses que estamos juntos y pensamos casarnos el año próximo. Siento por él un inmenso cariño y me preocupo por su bienestar. Lo mimo demasiado. Sé que esa actitud es un residuo de los sentimientos entre madre e hijo que albergábamos en una vida pasada, lo cual también me fue revelado durante la sesión de TRE.
Por eso, Dr. Osvaldo, quiero darle las gracias de corazón, por haberme ayudado a reencontrarme con mi amor. Le deseo muchos éxitos, a fin de que siga con ese trabajo maravilloso, ayudando a las personas que lo necesiten - encarnadas y desencarnadas.
¡Muchísimas gracias!
¡Un gran abrazo!"
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor