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Maestro Morya y el Cáliz del Grial

Maestro Morya y el Cáliz del Grial
Publicado dia 10/28/2004 8:16:18 PM em STUM WORLD

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Traducción de Melissa Park - [email protected]

Este artículo fue elaborado en base a canalizaciones, contactos y visiones que tengo con el Maestro Morya, desde niña. Él es el responsable del Rayo Azul de la Gran Fraternidad Blanca Universal (ver mi artículo sobre la GFBU – Link al final de este articulo).

Decidí colocar este artículo, hoy, pues fue muy marcada la presencia del Maestro en mi infancia y, también porque nuestro site comienza, en esta semana con un nuevo proyecto, basado en otras infancias... la de “sodostodosum Kids”.

Yo era pequeña, cuando él me mostró un Cáliz de metal, con una esmeralda incrustada que yo no tenía la menor idea de lo que era... hasta que Él me contó...

Este Cáliz existe desde el principio de los tiempos. Fue confeccionado por los ángeles, con una esmeralda que cayó de la frente de Lucifer, en el momento da su “caída”. Esa esmeralda simboliza la tercera visión que los seres tenían cuando vinieron para acá. Cuando aconteció la “caída”, los hombres perdieron el vínculo con su propia divinidad. Descendió entonces el velo del olvido, y la tercera visión quedó adormecida dentro de los seres. La única forma de readquirirla, es a través de la búsqueda del auto-conocimiento.

El Cáliz fue dado a Adán que lo perdió. Su hijo Set lo encontró y lo llevó para Egipto. Después de tiempo, él fue usado en la primera Santa Cena, conocida apenas dentro de procesos iniciáticos, del que fue parte Abrahán, primer patriarca de los Hebreos y Melquizedeque, Rey de Salém. Más tarde, él reapareció en Palestina y fue usado con el sentido de la Eucaristía, en la Última Cena.
Jesús murió en el Gólgota, lugar donde se encontraron los restos mortales de Adán. En aquel día de la Crucifixión, un centurión se compadeció y al ver que las horas pasaban, y que Jesús no moría y, también preocupado por la proximidad de la Pascua de los Judíos, lanzó una flecha en el lado derecho del pecho de Jesús. La Sangre del Redentor fue entonces recogida en este mismo Cáliz sagrado, el Grial, por las manos de José de Arimatea. En suelo caerían apenas algunas gotas que al tocar el piso, se transformaron en rosas.
Se dio así el inicio a la búsqueda del Grial.

En la Edad Media, este movimiento fue fuertemente renovado por el surgimiento de los Templarios, especie de Ejército Cristiano que buscaba comprobar la Historia de Jesús, procurando los símbolos cristianos que se perdieron en el tiempo, como el propio Cáliz.
Entre ellos, los más conocidos son los Doce Caballeros de la Mesa Redonda de la Corte del Rey Arturo, en Inglaterra. Ellos recibieron de Arturo el encargo de buscar y traer el Cáliz hasta Camelot.
Doce Caballeros como fueron doce los Apóstoles... Entretanto, apenas el décimo tercer caballero, Galaad, el “Puro”, el “Blanco”, lo encontró. Ese Décimo tercer caballero es inexistente, pues sólo existían doce.

Por lo tanto tenemos ahí una “llave”: doce Caballeros, girando en torno de un décimo tercero, como doce fueron los Apóstoles en torno de Jesús.
La hipótesis más probable es la de que el Cáliz haya sido enterrado en Gautsburry por José de Arimatea y Maria, Madre de Jesús...
Más probable, para el mundo material, pues en un sentido mayor, él está “enterrado” dentro de nuestra esencia, como todo conocimiento de nuestra Humanidad, que está para ser despertado en este momento.

Morya dice que doce es el número de la Unificación, del Conocimiento Mágico, y que sólo cuando se llega al momento de la “Pequeña Obra en Blanco” es que se encuentra el Grial. Es como se nosotros fuésemos formados por doce pedazos, por “doce caballeros internos” y entonces, comenzásemos a girar en torno de un décimo tercero, invisible a los ojos, pero que es el Centro del Círculo, pues él es la representación de las doce etapas del aprendizaje, vencidas y superadas, que es, en síntesis, la traducción de nuestro Cristo interno.

El Cáliz del Grial, al fin, es la búsqueda de nuestros “doce pedazos” reunificados en UNO: el Cristo interno, que sumado a todos los otros Cristos internos, representa al Cristo Grupal, la Conciencia Crística Planetaria, que hará que nuestra Humanidad, así como el propio Planeta, den un salto cuántico en la evolución.

Encierro este articulo, pidiéndoles a ustedes, una vez más, que oigan y respeten lo que las criaturas tienen para decir, y principalmente, oigan sus propias “criaturas Internas”.
Mucha Luz.

por Vera HT

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