El materialismo, sin duda, ha contribuido bastante al progreso, con el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, pero no ha promovido los medios para hacer al hombre más feliz.
Hernani Guimaraes Andrade.
Muchos asiduos lectores de mis artículos en el Somos Todos Um ya deben haber notado que me refiero con frecuencia a un portón que pido al paciente que atraviese.
En verdad, ese portón es un artificio, un recurso que utilizo dentro de la Terapia Regresiva Evolutiva (TRE) que funciona como un portal separando el pasado del presente, el mundo espiritual del mundo terreno.
En suma, ese portal es el velo del olvido del pasado de Kardec (Codificador del Espiritismo), el cual nos impide tener acceso o recordar acontecimientos referentes a nuestras vidas pasadas.
Kardec se refería a esa barrera de la memoria (velo) como siendo una bendición divina, un regalo de Dios, pues si no existiese ese velo, la vida sería insoportable; cuando menos, nos sentiríamos perturbados al recordar los errores, las atrocidades que hemos cometido en vidas pasadas y, obviamente, esto comprometería los rescates cármicos, los aprendizajes de todos aquellos que se han visto envueltos.
El Codificador del Espiritismo se refería también a ese velo como siendo una de las Leyes Espirituales a las que todos nosotros, los encarnados, estamos subordinados.
Decía también que descortinar ese velo sólo sería posible mediante la voluntad de los Espíritus Superiores del Plano Mayor, en algunas circunstancias.
A mi entender, incluyo la TRE como parte de la expresión ‘en algunas circunstancias’ referida por el Codificador en El Libro de los Espíritus (pregunta 399), porque el atravesar ese portal, la barrera de la memoria, sólo ocurre con la autorización, con el permiso, del mentor (a) espiritual del paciente. De este modo, es importante poner de relieve que el descortinar de ese velo del pasado no es efectuado ni por mí ni por el paciente, sino por los Espíritus Superiores. Esto explica, por tanto, el motivo de que algunos pacientes no consigan – por más que quieran – atravesar ese portal. No les está permitido tener acceso a experiencias de su pasado por no estar todavía preparados, maduros, emocional y espiritualmente.
Por este motivo esos pacientes se bloquean, no consiguen dar un paso al atravesar el portón. No tendrían estructura emocional para soportar el impacto de una revelación dolorosa de su pasado. Es evidente que estos pacientes se sienten frustrados al no conseguir atravesar ese portal. El dicho popular ‘nada es por acaso’ encaja bien en esos casos.
Por tanto, descortinar el velo, a esos pacientes, en vez de ayudarles, seguramente les perjudicaría.
Por otro lado, están aquellos pacientes – la mayoría – para quienes el descortinar del velo se produce gradualmente, a cada sesión de regresión. La Espiritualidad va preparándolos psicológicamente para las revelaciones de su pasado.
En contrapartida, están aquellos que obtienen las revelaciones abruptamente, en una única sesión de regresión. Evidentemente, esto ocurre debido al hecho de que estos pacientes tienen un fondo emocional mejor moldeado.
Con esto se explica por qué algunas personas no se encuentran tan sujetas a la Ley del Olvido (Barrera de la Memoria), para recordar espontáneamente sus vidas pasadas con mucha facilidad, sin necesidad de pasar por la Terapia Regresiva. Cristo, Buda, Sócrates, Platón, Pitágoras, todos recordaban espontáneamente sus vidas pasadas porque tenían un ego mejor estructurado que la mayoría de las personas.
Por tanto, romper la barrera de la memoria, es decir, atravesar el portal y tener acceso al pasado para que el paciente pueda liberarse de las amarras que aún lo sujetan (bloqueos emocionales), es el gran desafío de esta terapia. En muchos casos, el paciente encuentra dificultades para cruzar el portal, debido, no a un bloqueo interno, sino externo, o sea, por una interferencia espiritual de un desafecto suyo de una vida pasada.
Véase el caso de una paciente que padecía fobia social y fracaso amoroso, fruto de una interferencia espiritual.
Caso Clínico:
Fobia Social y Fracaso Amoroso
Mujer de 35 años, soltera.
Acudió a mi consultorio quejándose de fobia social, o sea, sentía miedo, inseguridad, al exponerse, al hablar en público. Se bloqueaba al tener que hablar, presentar su trabajo en las reuniones en grupo, o tener que dar una palestra en un auditorio. Las amigas comentaban que los hombres se alejaban de ella por su seriedad y porque ella no demostraba estar realmente interesada en ellos. Quería saber por qué, cuando se bañaba, sentía un ahogo muy grande, una sensación muy grande de ahogamiento, de falta de aire.
Tenía también el sueño muy intranquilo, pues despertaba varias veces de madrugada con mucha sed, sensación de quemazón, de reflujo, y se atragantaba como si hubiese tragado algo. A pesar de que se había sometido a todos los exámenes médicos necesarios, los cuales no habían acusado nada.
Al hacer regresión me relató:
“Estoy parada frente al portón… Deseo tocar la mano de alguien. Es como si yo estuviese dudando entre abrir el portón y tomar la mano de una persona. Es difícil decidir. A decir verdad, siento como si alguien frente a ese portón estuviese con la mano tendida hacia mí. No la veo, pero siento que está presente.
Yo no confío en esa persona (pausa).
Siento como si algo estuviese quemando dentro de mí. Es aquella misma sensación de quemazón y reflujo que siento por la noche, cuando duermo, y que me hace despertar (pausa).
- Pregunta a esa persona por qué está tendiendo la mano – pido a la paciente.
Ella no responde. Pero siento que ella no quiere ayudarme verdaderamente, yo siento que ella está estorbando, bloqueando nuestro trabajo. Ella no quiere dejarme atravesar el portón (pausa).
- Pregúntale por qué ella está bloqueando nuestro trabajo – pido a la paciente.
Me vino a la mente la palabra envidia… Envidia de la vida que llevo, de mi independencia financiera, de mi estilo de vida (pausa).
Ahora la veo como un bulto, siento que es una mujer.
- Pregúntale si quiere recibir ayuda – pido nuevamente a la paciente.
Dice que nadie puede ayudarla. Pero se siente sola, yo la veo en la oscuridad, en las tinieblas (pausa).
La veo ahora toda encogida y llorando. Se siente desamparada y perdida.- Pregúntale se habéis estado juntas en alguna vida pasada – pido a la paciente.
Ha respondido que éramos hermanas (pausa).
Estoy viendo ahora una imagen: Es de una vida pasada.
Me veo encinta, noto el contorno de mi barriga. Llevo ropas largas, mangas con volantes largos. Llevo pañuelo a la cabeza; mi ropa me recuerda a la Francia antigua.
Me encuentro en un jardín enorme de un castillo. Es difícil sentarme y levantarme en el banco de ese jardín, pero soy muy feliz por estar encinta. Estoy admirando, mirando las flores (pausa).
Oigo ahora algunas voces detrás de una valla. Me levanto y voy en dirección a las voces. Voy contornando la valla. Las voces hablan bajito, oigo algunas risas.
Me estoy aproximando para ver quién está en el jardín, pero tengo miedo de ver lo que voy a ver.
Mis manos tiemblan, reconozco las voces. Una es de mi marido en esa vida pasada, y la otra es de esa hermana mía, la que he visto en el portón, al comienzo de la sesión de regresión. Los dos se encuentran sentados en un banco, tomados de las manos. Mi hermana tiene los cabellos claros, encaracolados. Ella es más guapa que yo, llama más la atención, es morena, ojos castaños. Ellos no se dan cuenta de que estoy detrás, mirándoles. Estoy paralizada, no quiero dar crédito a lo que veo.
Ellos se besan, siento nuevamente aquella quemazón, mi garganta está apretada, no consigo tragar la saliva. Es como si el tiempo hubiese parado, no consigo hablar, siento deseos de gritar, no consigo salir del lugar, tan sólo aprieto con fuerza el tallo del árbol que estoy sujetando. Siento temblar todo mi cuerpo, no consigo siquiera desmayarme.
Siento un vacío y me mareo (pausa).
Ellos ahora han notado mi presencia. Mi marido se levanta asustado, y mi hermana corre hacia dentro del castillo. Permanezco parada, llorando, sintiendo algo amargo en mi garganta, quemando dentro de mí.
Siento opresión en el pecho y en la garganta. Es la misma sensación física que he sentido al ver a mi hermana en el portón, al comienzo de esta sesión de regresión. Él se aproxima a mí. Yo no consigo decir nada.
Tan sólo lloro, él intenta tocar mi rostro, pero yo me aparto y comienzo a correr. Él corre también y me llama. Pero yo sólo quiero correr, esfumarme, desaparecer. Entonces tropiezo en mi vestido y caigo… Ya no veo nada más. Creo que me he desmayado (pausa).
Cuando despierto, estoy en una habitación, siento vértigo, debilidad. Hay un médico al lado de la cama. Mi marido está próximo a la ventana. Ellos notan que he despertado y se acercan a la cama. Miro al médico, despierto, aún en estado de choque, pero me doy cuenta de que ha sucedido algo grave… He perdido al bebé en la caída. Siento una tristeza profunda. En un solo momento lo he perdido todo: la criatura que tanto deseaba y la confianza en las personas que más amaba (la paciente me dice que aún en la vida actual tiene dificultad para confiar en las personas). El médico dice que ya no podré tener hijos. Me siento hueca, un vacío por dentro. Ya no consigo mirar a mi marido. Me parece que he acabado por perder la razón.
-Avanza más adelante en esa escena – pido a la paciente.
Estoy sentada en una silla, en una mecedora, tengo un bordado en el regazo.
He dejado de bordar y miro hacia delante, a la nada. Todavía vivo en el mismo castillo.
-¿Con quién vives? – pregunto a la paciente.
Con mi marido, continuamos juntos. Mi hermana ya no se encuentra con nosotros. Mi padre la echó. Fue retirada para un convento.
Vivimos en la misma casa, pero no nos hablamos. Yo ya no hablo, apenas sobrevivo.
He entrado en mutismo total (la paciente dice que hasta hoy en la vida actual no es de muchas palabras, es bastante callada).
Yo amaba mucho a mi hermana, pero ella se enamoró del mismo hombre, mi marido (pausa).
Pero ahora, al repasar las escenas de esa vida pasada, me doy cuenta de que he distorsionado la realidad de los hechos. A decir verdad, mi marido de esa vida pasada, ha besado la mano de mi hermana cuando estaban sentados en el banco de aquél jardín. Los celos me han cegado, me han hecho ver algo más allá de la realidad.
Ellos estaban conversando, pero como sentía muchos celos, he distorsionado la escena. Yo me comparaba mucho con mi hermana, ella era más expansiva, más alegre y más bonita. Yo siempre he sido muy quieta, recatada, no tenía el brillo de ella.
Pero él me amaba, y por eso se casó conmigo.
Los celos me han cegado, he visto aquel gesto de él, de besarla en la mano, como si hubiese sido un beso en la boca. He creado todo eso, ha sido todo una fantasía mía (pausa).
-La paciente vuelve a la escena del portón y me dice:
Mi hermana está llorando, en voz baja. Le pido disculpas (la paciente comienza a llorar). Le digo que si nos perdonamos mutuamente, con humildad, recibiremos ayuda. Pido con amor y cariño que ella solicite ayuda, que merece ser feliz y que la amo mucho (pausa).
Veo ahora un rayo de luz. Veo a mi hermana casi adormecida.
Dos entidades de mucha luz la apoyan, sujetándola por los brazos con cariño. Ella ha aceptado ser ayudada, ha sido amparada, estaba muy débil.
Estoy arrodillada en la hierba, cerca del portón, siento alguien frente a mí, también arrodillado. Es un hombre, lleva turbante blanco en la cabeza, con algunos hilos dorados.
Hay una piedra lila en su turbante. Me recuerda a una figura hindú, piel morena, barba muy finita, ojos castaños, muy claros. Está todo de blanco. Es mi mentor espiritual. Me dice: ¡Enhorabuena! Has conseguido romper el cordón energético que te prendía a tu hermana. Dice que se rompió una cáscara que limitaba mis pensamientos y acciones. De esta manera, el vínculo que me unía a mi hermana ha sido roto de una vez. Él enfatiza que el paso más importante, que es el perdón – ha sido dado – el reconocimiento de mi culpa.
Dice también que he rescatado la capacidad de amar, y que antes de que me dé cuenta, estaré al lado del hombre apropiado. Que debo confiar, dejar que venga. Dice que cuide del jardín, que así las mariposas vendrán hasta mí.
Pasa la mano por mi cabeza, hace una reverencia, se levanta y va subiendo en una luz azul clara y violeta.
Tras ocho sesiones de regresión, la paciente me ha dicho que estaba durmiendo muy bien, ya no sentía aquella quemazón ni la sensación de atragantarse. Me ha dicho que ahora solamente despierta al día siguiente. Su jefa en el trabajo se ha sorprendido de que ella ahora hablase tranquilamente en público, abriéndose más. Las personas más próximas – familiares y amigas – notan que ella está más habladora, más suelta. La paciente ha notado también que se encuentra más tranquila y con más confianza en sus relaciones amorosas, puesto que se siente más segura y con más confianza en sí misma. Cuando se baña, ya no siente aquella sensación de ahogamiento y falta de aire.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor