Trabajando desde 1985 con la Terapia Regresiva Evolutiva (TRE), una nueva modalidad de Terapia de Vida Pasada creada por mi, he constatado que el 95% de los pacientes que acuden a mí en el consultorio sufren una perturbación espiritual fruto de una interferencia de espíritus obsesores (espíritus desencarnados) y apenas un 5% de los pacientes, por tanto, no manifiesta ninguna interferencia espiritual causante de sus problemas.
En este 5%, el problema presentado tiene como causa un factor psicológico (bloqueo emocional) procedente de esta vida (infancia, nacimiento, útero materno) o de sus vidas pasadas. En muchos casos, estas perturbaciones espirituales se reflejan en el cuerpo físico, evolucionando hacia fiebres, inflamaciones, dolores y otros síntomas orgánicos que dificultan el diagnóstico de los médicos que, a pesar de someter al paciente a varios análisis de laboratorio, no encuentran absolutamente ninguna causa que justifique esos síntomas físicos.
Aun en el campo de las perturbaciones mentales, no siempre un cuadro de alucinación (visiones de entes espirituales, bichos), u otros síntomas de carácter subjetivo, es un disturbio psiquiátrico.
Para la psiquiatría oficial, tales alucinaciones son diagnosticadas como esquizofrenia, pues la psiquiatría aún no hace un diagnóstico diferencial entre un disturbio psiquiátrico propiamente dicho y un disturbio espiritual, debido a tener una visión del ser humano puramente organicista, biológica, sin tener en consideración la existencia del alma, del espíritu; no viendo, por tanto, al ser en su totalidad (mente, cuerpo y espíritu).
De esta forma, los disturbios de origen espiritual no son considerados, tanto por la medicina como por la psicología vigentes.
Resultante de esa visión absurda del ser, la profilaxis y el tratamiento de las enfermedades del alma todavía no son tenidos en cuenta.
Pero, ¿por qué el 95% de los pacientes que acuden a mí sufre una perturbación espiritual?
Atribuyo a su desequilibrio emocional la causa de su perturbación espiritual.
El desequilibrio emocional propicia una rendija para que esos espíritus obsesores perturben la vida de tales pacientes. Cuando una persona suele cultivar, realimentar, en su día-a-día, la negatividad, los miedos, la rebelión, el odio, la culpa, la tristeza y la desesperación, por ejemplo, acaba entonándose, entrando en la misma franja vibratoria de su obsesor espiritual. Por otro lado, es frecuente que el paciente culpe, responsabilice a su verdugo desencarnado por todas sus miserias. Aclaro que el obsesor solamente puede alcanzar al paciente si éste lo permite, es decir, si entra en la misma franja de vibración del obsesor. Por tanto, para libertarse de las influencias negativas del obsesor, solamente existen dos posibilidades:
1) Dejar a un lado la negatividad, cultivando el amor, la positividad, la fe, creyendo en el bien, en sí mismo, viviendo en buena relación con la vida, limpiando el corazón del mal, evocando la luz y la presencia de los espíritus superiores.
2) Pedir perdón, reconciliarse con el obsesor.
A decir verdad, obsesor y obsedido necesitan rendirse a la práctica del perdón para libertarse efectivamente.
El lector que venga acompañando mis artículos en el Somos Todos Um puede percibir que en los casos clínicos descritos, es frecuente el rompimiento del cordón energético que une al obsesor (entidad desencarnada), con el obsedido (paciente), cuando tiene lugar el perdón por parte de ambos.
Pero la mejor defensa para combatir la obsesión espiritual es que aprendamos a disciplinar nuestra mente, procurando mantenernos en el bien. Si cultivas pensamientos de miedo, culpa, tristeza, resentimiento, sueles conceder poder al mal creyendo en él, y seguramente estarás ligándote, sintonizándote con los espíritus obsesores.
Véase el caso de una paciente que tenía miedo de hablar y de ser juzgada por las personas y sufría una interferencia espiritual por cultivar sentimientos de culpa en su vida.
Caso Clínico:
Miedo de hablar y de ser juzgada por las personas
Mujer de 35 años, soltera
La paciente ha acudido a mi consultorio quejándose de excesiva timidez, no conversaba mucho con las personas, solía rehuir las reuniones sociales, principalmente en su trabajo, y esto la perjudicaba, pues no interactuaba con los compañeros de trabajo y con la dirección.
En la Facultad, acabó por desistir del curso porque tenía que presentar trabajos en grupo, dar su opinión respecto de determinados asuntos. En fin, tenía mucho miedo de exponerse a los compañeros y profesores.
En la escuela, desde pequeña, se quedaba quieta en su rincón, estaba siempre conforme con lo que las personas decían. En fiestas y reuniones sociales, se encontraba fuera de lugar, avergonzada y con mucho miedo de decir algo equivocado y ser juzgada por las personas.
Por tanto, se sentía muy insegura, con mucho miedo de lo que irían a pensar las personas de ella, con una necesidad muy grande de la aprobación ajena.
Era frecuente que cultivase en su día-a-día sentimientos de culpa, pues se sentía una ‘persona equivocada’.
Al hacer regresión me relató:
“Estoy cerca de un bosque, a la orilla de un río. Las personas me están acusando”.
-¿De qué? – pregunto a la paciente.
“No lo sé, estoy intentando defenderme, digo que no he tenido culpa. Son todos hombres. Hablo en voz muy alta, casi gritando. También soy hombre, intento justificarme, explicar lo que hice.
-¿Qué es lo que has hecho? – pregunto nuevamente a la paciente.
“Tengo la impresión de que está relacionado con la construcción de una presa, un embalse.
Veo un río, con una fuerte corriente. El río está cerca de un bosque”.
-Avanza más adelante en esa escena – pido nuevamente a la paciente.
“Veo tueros de madera en la orilla del río. Estoy dando órdenes para construir ese embalse (pausa). Parece que alguien ha resbalado y ha sido arrastrado por la corriente del río. Estoy mirando esa escena desde la orilla del río, en medio de esos tueros de madera. Ahora viene un hombre en dirección a mí, que me grita. Dice que si yo no hubiese inventado esa construcción, no hubiese tenido lugar esa tragedia”.-¿Cómo te sientes?- le pregunto.
“Intento explicar, quiero que esa persona entienda que no he tenido intención de perjudicar a nadie. Ese hombre me ha empujado en la orilla del río. Me caigo y ahora me estoy levantando. No sé si lucho con él… Me abalanzo contra él, estamos peleando, rodando por el suelo.
Han venido otros hombres para separarnos. Me siento cansado y angustiado, pero no le tengo rabia, sólo quiero que él entienda que no he tenido la culpa. Ese hombre ahora está acusándome, les dice a todos que ha sido culpa mía la muerte de aquel hombre.
Me estoy marchando, alejándome del río. Lloro por la persona que ha muerto (la paciente se pone a llorar). He fallado, me siento responsable por el accidente. Él trabajaba para mí y yo tenía la obligación de protegerlo (pausa).
Veo ahora un grupo de hombres que vienen en dirección a mí, liderados por aquél que me ha agredido. Están muy airados contra mí. La impresión que tengo es que les he invadido su vida. Yo era un extranjero y quise cambiarles la vida. Todos llevan palos. Intento explicar que mi intención era buena, que quería mejorarles su calidad de vida a todos, y que no tenía cómo evitar el accidente. Ellos no quieren escucharme, están empujándome para fuera del bosque. Están en círculo a mi alrededor, yo imploro que me perdonen la vida, digo que no he tenido la culpa. Me siento impotente, estoy agachado llorando, suplicando (la paciente llora copiosamente).
Pero no ha servido de nada, están dándome una paliza (pausa). He muerto en ese lugar… Ahora se están marchando, sienten que han hecho justicia.
Me encuentro aliviado porque todo ha terminado… Veo ahora a mi mentor espiritual, lleva túnica color ceniza, cabellos y barba grises, debe tener unos 50 años. Me pide que me levante, digo que no he tenido la culpa. Él dice que todo está bien, pero continúo sintiéndome responsable por la muerte de aquel operario. Él me está ayudando a levantarme.
Me siento incapaz y culpable (pausa).
En la siguiente sesión, la paciente me dijo: “Veo a mi mentor espiritual nuevamente, él se encuentra ante mí, sujetando mis manos. Dice que yo no he tenido culpa por la muerte de aquel hombre, y que él no guarda resentimiento contra mí porque ha comprendido que era llegada su hora de morir. Pero que aquel hombre que lideró mi muerte todavía tiene rabia de mí y que es necesario el desligamiento entre nosotros, ya que él está desencarnado. Dice que necesitamos reconciliarnos. Ahora me está conduciendo hacia el portón”. (Es un portón que utilizo como recurso técnico en la regresión y que funciona como un portal, separando el pasado del presente, el mundo terreno del mundo espiritual).
-Pregunta a tu mentor por qué te está conduciendo hacia el portal – pido a la paciente.
“Dice que es para que yo me encuentre con aquel espíritu que ha liderado mi muerte en aquella vida pasada” (pausa). Ese espíritu está aproximándose de mí… Parece algo avergonzado”.
-¿Qué sucede para que él esté avergonzado? – pregunto a la paciente.
“Mi mentor me dice que otros espíritus de luz han conversado con él antes de nuestro encuentro. Le han dicho que para que él salga de las tinieblas, de la oscuridad, es preciso que me perdone, que se reconcilie conmigo. Mi mentor me dice además que ese espíritu viene haciéndome objeto de obsesión desde hace mucho tiempo (cerca de 150 años). Aclara que por el hecho de que yo siga cargado con la culpa en la vida actual por la muerte de aquel operario y porque él todavía no ha conseguido perdonarme, hemos quedado ligados por un cordón energético (pausa).
Parece que ahora está arrepentido por lo que ha hecho, pues él vibraba negativamente para que mi vida no saliese bien, para que no me relacionase con nadie en mi trabajo, y lo mismo en mi vida personal (pausa).
Ahora me está agradeciendo por estar recibiendo la ayuda de espíritus de luz.
Dice que con la explicación de esos espíritus de luz, ha comprendido que realmente yo no he tenido la culpa por el accidente ocurrido en aquella vida pasada. Se empeña en decirme que ya no alimenta rabia contra mí. Dice que va a reconstruir su vida, pues se encuentra muy cansado. Pide disculpas por haberme perjudicado. Le digo que me siento feliz porque él se haya libertado de la rabia que nutría contra mí, y que le perdono. Le pido que vaya en paz, con Dios. Él se está despidiendo, se marcha, acompañado por algunos espíritus de luz”.
Después de pasar por otras 4 sesiones de regresión, la paciente me ha dicho que se estaba encontrando más suelta, más ligera. Antes de la regresión sentía un peso enorme a sus espaldas, se sentía presa, atada a algo y no sabía el motivo de esa sensación. Ahora se estaba relacionando con las personas sin miedo de lo que éstas podrían pensar. Se apreciaba también más expansiva al exponerse en grupo. Antes del tratamiento, no tenía mucha disposición de conversar con las personas. Ahora, estaba incluso procurando hacer amistades.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor