"Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando toda suerte de dolencias y enfermedades del pueblo. Y su fama corrió por toda Siria; le trajeron, entonces, todos los enfermos y los que sufrían distintos tormentos: endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y Él los curó! (Mateo, 4:23-24)".
La medicina clásica - en su calidad de ciencia -, sin ninguna duda, con todo su arsenal bioquímico y tecnológico, viene contribuyendo significativamente para la cura de innumerables dolencias catalogadas en sus tratados como patologías.
Gracias al surgimiento de nuevos medicamentos, se ha propiciado la cura de muchos males orgánicos. No obstante, hay determinadas dolencias más complejas, no siempre diagnosticadas por la medicina, cuya causa es de origen espiritual y, por tanto, aún no inseridas en los tratados de patología médica. Son las enfermedades del alma, del espíritu y se dividen en 3 grupos: las de naturaleza anímica (del latín anima = alma), o sea, creada por la propia persona, de orden psicológico; las derivadas de las interferencias espirituales externas (atacantes espirituales), y las oriundas de la combinación de esos dos grupos (psicológicas y agravadas por una interferencia espiritual).
Con relación a los espíritus que atacan a los encarnados, podemos hacer la siguiente división en 2 grupos: inconscientes y enemigos. Inconscientes, son entidades espirituales que, en muchos casos, no saben que han muerto (desencarnados), que no poseen más el cuerpo carnal y son inconscientes, pues creen que todavía están vivos, y atacan a un ser encarnado durante años (en muchos casos, por siglos) con el fin de ayudarlo protegerlo.
En cierta ocasión, en mi consultorio, al inicio de una sesión de regresión, la paciente vio una entidad espiritual y, atónita, la identificó como su padre que había fallecido hacía 30 años. Sorprendida, le preguntó al padre qué estaba haciendo en el consultorio. Él le respondió diciendo que estaba ahí para protegerla, porque la amaba mucho.
Le pregunté a la paciente si él irradiaba luz. Me dijo que no, que lo veía oscuro, un bulto oscuro. Entonces, le expliqué a la paciente que su padre estaba en las tinieblas, en la oscuridad, y que él no era un espíritu entendido, del plano espiritual de luz (Astral Superior).
De esta forma, estaba en el consultorio por cuenta propia (los espíritus de luz vienen a mi consultorio solamente con la autorización del Plano Superior). Le pedí a la paciente que le preguntara si sabía que estaba desencarnado, en espíritu.
Ella me respondió diciendo que él estaba nervioso, irritado con mi pregunta - peinando su cabello hacia atrás con las manos - de la misma forma que lo hacía cuando en vida se irritaba, y le respondió a su hija que estaba vivo, y que la amaba mucho y que siempre la protegería.
Le pedí entonces a la paciente que le explicara que él había muerto, que era un espíritu, pues hacía 30 años que había fallecido, y que estaba perjudicándola con su presencia. Y el cansancio excesivo, la depresión y el sueño intenso que ella sentía con frecuencia, en verdad eran síntomas provenientes de la presencia constante de él, de las vibraciones que emanaba hacia la hija, y que necesitaba pedirle ayuda a los espíritus amparadores para ser cuidado, tratado en el Astral Superior.
Después de esta explicación, la paciente me dijo emocionada que su padre estaba llorando mucho, que le pedía disculpas, pues no sabía que con su presencia estaba perjudicándola.
Le dijo a su hija que aceptaba la ayuda de los espíritus amigos, y que se marcharía. Emocionados, ambos se despidieron y el padre fue llevado en dirección a una claridad mayor por dos entidades de luz. Después de esa sesión, todos los síntomas que la molestaban desaparecieron.
Por otro lado, los espíritus enemigos son aquellos que por rencores del pasado persiguen a una persona queriendo perjudicarla a toda costa por haberlos perjudicado ella también en el pasado - en esta vida o en vidas pasadas. Son movidos por la venganza, el odio, queriendo ajustar las cuentas. Se aprovechan de su condición de invisibilidad (espíritu) para perjudicar a su agresor encarnado, usando todos los medios posibles para agredirlo, provocándole inclusive dolencias.
En este aspecto, muchas dolencias orgánicas tienen un origen espiritual - interferencia de esos espíritus - que se reflejan en el campo físico, provocando fiebres, dolores, inflamaciones y otros síntomas orgánicos, lo que dificulta, y mucho, un diagnóstico diferencial entre un disturbio orgánico propiamente dicho, y un disturbio espiritual, impidiendo un tratamiento adecuado.
Vean el caso de una paciente que me buscó a causa de que su intestino no funcionaba (sólo evacuaba con remedios), y el exceso de gases le provocaba muchos dolores.
Caso Clínico:
Intestino constipado
Mujer de 40 años, soltera.
La paciente vino a mi consultorio quejándose que desde su adolescencia (tenía en el momento del suceso 17 años) su intestino dejó de funcionar, no tenía ganas de evacuar y también gases en exceso (sentía fuertes dolores en el abdomen). Sólo evacuaba con laxantes y cuando evacuaba, dejaba el baño con un olor insoportable (se sentía avergonzada, principalmente cuando debía ir a un baño público).
Visitó a dos proctólogos (médico especialista en el tratamiento de las afecciones del recto y del ano), se hizo los exámenes necesarios y no fue constatada ninguna anormalidad orgánica.
Aun con una reeducación alimenticia a base de germen de trigo, ciruela, etc., no lograba evacuar, nada resolvía su problema.
Al inicio de la sesión de regresión le pedí a la paciente que visualizara un portón (es un recurso técnico que siempre utilizo y que funciona como un portal - 3 artículos titulados "El portal de la espiritualidad" que aclaran mejor este recurso técnico - y que separa el pasado del presente, el mundo terreno del mundo espiritual) y que lo atravesara para acceder a su pasado y descubrir la causa de su problema.
La paciente me relató lo siguiente:
"Veo un portón muy viejo, estoy frente a él. Es un portón que a ambos lados (por fuera y por dentro) el ambiente presenta una niebla, veo una neblina oscura. Es un lugar muy feo (pausa).
Del lado de adentro del portón, veo una mujer joven. Ella es bien blanca, baja y está parada. No la veo bien porque estoy un poco lejos del portón".
- Entonces, aproxímese al portón - le pedí a la paciente.
"No la vejo bien porque la neblina es muy densa y oscura.
Pero esa mujer está parada, parece una estatua".- Pídale que se identifique - le dije.
"Vino a mi pensamiento el nombre de una prima que falleció en un accidente de automóvil, hace más de 20 años (fue en la misma época en que sus intestinos dejaron de funcionar)".
- Pídale que le confirme si realmente es su prima - le dije nuevamente.
"Ella dice que sí. Éramos muy compinches, aunque ella era mayor que yo, estaba casada y tenía un hijo (pausa).
"Mi prima está mirándome con tristeza.
Usa una capa con capucha gris, muy vieja... El día de su muerte ella fue a llevar a mi tío (padre de la mujer) al hospital (él había sufrido un infarto) y, después de dejarlo bajo los cuidados del equipo médico en frente de la Guardia, cuando volvió para cerrar la puerta de su automóvil fue atropellada por un autobús. Después de su muerte, su hijo también murió (iba en su moto, fue asaltado y baleado).
Dice que está todavía muy triste porque tuvo que dejar al marido y al hijo. Su rostro está demacrado y tiene manchas oscuras. Mi prima ahora está llorando (la paciente también llora copiosamente).
Tiene una expresión de aflicción y tristeza. Fue así que se sintió después de perder su vida en aquel accidente (pausa).
Ahora veo otra entidad espiritual aproximándose al portón... Es el hijo de ella que murió asesinado.
Está todo de blanco. Él la llama con los brazos abiertos...
Los dos se abrazan. Él vino a ayudarla, irradia mucha luz. Dice que va a cuidar de ella, la saca de ese lugar y la lleva hacia el plano espiritual de luz y será tratada. Ella acepta y está muy contenta de verlo de nuevo.
Ahora, el hijo me dice que su madre quedó perturbada, desorientada al perder la vida de forma tan brusca y, como éramos muy amigas, estaba siempre conmigo queriendo mi ayuda. Dice también que no me preocupe por mi salud, que de aquí en adelante todo se normalizará.
Estoy viendo que ellos se apartan del portón y se van".
Después de esa regresión, la paciente me dijo que su intestino volvió a funcionar - estaba evacuando todos los días sin tomar medicación, y que los gases habían desaparecido.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor