“Con menos orgullo en la clase alta y menos envidia en las bajas capas sociales, una solidaridad efectiva nacerá al contacto de esta consoladora doctrina y tal vez nos sea dado ver desaparecer las luchas fratricidas, productos ineptos de la ignorancia, disipándose frente a las enseñanzas de amor y fraternidad que son la irradiante aureola del Espiritualismo.”
(G. Delanne)
En cierta ocasión, un paciente, al final de la entrevista de evaluación – es práctica fijar antes con el paciente una entrevista de evaluación para que yo pueda conocerlo mejor, enterarme con más detalles acerca de sus problemas, además de explicarle cómo funciona la iTerapia Regresiva Evolutiva (TRE) , un abordaje psicológico y espiritual canalizado por mí desde el Astral Superior, es decir, de los Espíritus Superiores – quedó frustrado tras aclararle que esa terapia de regresión de memoria es consciente, o sea, el paciente entra en un trance hipnótico leve (alfa) o medio (theta) – un estado alterado de consciencia (rebajamiento de consciencia) – en que permanece siempre consciente y, obviamente, se va a acordar de todo cuanto ha recordado de su pasado. Por tanto, en esa terapia, el paciente no entra en un trance hipnótico más profundo (delta); en el cual queda totalmente inconsciente y cuando vuelve para el estado de vigilia (beta), no se acuerda de nada.
Le expliqué también que en la TRE no serviría de nada que el paciente entrase en un trance profundo de inconsciencia, ya que era necesario que estuviese mínimamente consciente para comprender la causa de sus problemas y, con ello, llevar a cabo sus modificaciones internas.
Visiblemente decepcionado, él consideraba que en esa terapia el paciente entraba en un trance hipnótico profundo – quedaba inconsciente – y, cuando volviese para el estado de vigilia, sus problemas habrían desaparecido como en un “pase de magia”.
Le esclarecí que, como él, muchas personas pensaban de esa forma. Y que este era un pensamiento mágico, no correspondiente a la realidad de los hechos, puesto que es más cómodo buscar una técnica “milagrosa”, en vez de hacer cada cual sus propias modificaciones interiores.
No sirvió de mucho mi elucidación, pues su expectativa no correspondía a mis explicaciones, y se marchó.
El gran pensador italiano, Pietro Ubaldi, decía que el “hombre es capaz de todo, con tal de no transformarse”.
Realmente, cambiar da trabajo ¡requiere esfuerzos!
No obstante, como decía Freud: “Cuando el dolor de no estar viviendo es más grande que el miedo al cambio, el ser humano tiende a cambiar.”
Hablando en plata, traduzco lo que ha dicho Freud, citando la máxima popular: “Si no cambias por el amor, tendrás que cambiar por el dolor, por el sufrimiento”.
Acostumbro a decir a mis pacientes que el sufrimiento es un indicador de lo muy tercos que somos para cambiar.
Pero ¿qué nos lleva a no querer cambiar?
Es la ignorancia, el desconocimiento de la verdad acerca de nosotros mismos y de la vida. Es lo que Buda denominaba Maya (Ilusión).
Él decía que uno de los pilares que sostiene el sufrimiento humano es la ilusión, es decir, el desconocimiento de la verdad.
Freud decía también que “Todo poder emana del conocimiento”.
No el poder contextual (cargos, status, dinero, títulos, roles sociales) sino el poder personal (el auto-conocimiento, la fe, la consciencia, el autodominio).
Es fundamental aclarar que el poder personal es una conquista, un trabajo interior resultado de varias encarnaciones.
Nótese que los grandes sabios han realizado ese trabajo interior para superarse. Por ello Sidharta Gautama (Buda) decía con propiedad: “El Rey más noble de todos los reyes es aquel que es capaz de dominarse. ”
En verdad, reencarnamos para aprender a superar los malos hábitos (arrogancia, autoritarismo, orgullo, soberbia, miedos, maledicencia, impaciencia, ansiedad, deseo de venganza, celos, impulsividad, inseguridad, inferioridad, ser posesivos, etc.) y solamente mediante estudios, esclarecimientos y sufrimientos, derivados de la lucha constante contra esos malos hábitos e imperfecciones del pasado, podrá nuestro espíritu esclarecerse y alcanzar una mayor evolución. En resumen, sólo llevando a cabo una reforma íntima (reeducación emocional) evolucionamos y nos tornamos un ser humano mejor.
En la TRE es el mentor espiritual (espíritu responsable directamente por la evolución del paciente, que lo conoce profundamente, puesto que ha venido acompañándolo en varias encarnaciones) quien lo habrá de ayudar en esa reforma íntima, orientándolo y esclareciendo la causa de sus problemas, su solución, así como los aprendizajes necesarios en la encarnación actual.
Por otra parte, mi papel en cuanto terapeuta es servir, facilitar, tornarme un enlace en la cadena espiritual, abriendo el canal de comunicación para que el mentor espiritual del paciente pueda comunicarse de forma más efectiva con él y orientarlo.
Caso Clínico:
¿Por qué me pongo agresivo cuando soy contrariado?
Hombre de 28 años, soltero.
El paciente ha acudido a mi consultorio con problemas de relación. Tenía mucha dificultad para ser contrariado, para escuchar un no, se ponía alterado, nervioso, agresivo, resentido con la persona, se alejaba generalmente con deseos de venganza.
Tenía dificultades también en lidiar con figuras de autoridad – no paraba en ningún empleo – pues era frecuente discutir con los superiores. Al ser despedido, quedaba profundamente resentido, no conseguía perdonar a las personas por culpa del orgullo.
Era muy impulsivo, explosivo, impaciente, agredía verbalmente a las personas en el tráfico.
Sentía frecuentemente dolores, quemazón en el estómago, ardor en las piernas, hinchazón (se sentía palpitando), si bien los análisis clínicos no acusasen ninguna anomalía orgánica.
Notaba también falta de aire, faringitis (le incomodaba bastante el exceso de catarro, carraspera).
Por culpa de su temperamento explosivo y dominante, no conseguía tampoco vincularse a ninguna mujer (no aceptaba imposición alguna de las mujeres).
A pesar de su temperamento fuerte, sin embargo, era una persona muy caritativa (trabajaba voluntariamente en un centro espírita) ayudando a los necesitados.
Al hacer regresión me relató:
“Estoy viéndome como un niño; llevo un pantalón corto y una gorrita de visera. Estoy en un tiempo muy antiguo, en que las mujeres llevan un vestido largo, con mucho tejido. Vivo con mis padres en una casa grande. Veo un hogar, mesa de comedor, muebles muy antiguos (pausa).”
-Avanza más adelante en esa escena – le pido.
“Veo a una niña, lleva un sombrero extraño, vestido largo y cabellos ensortijados… No consigo ver su rostro. Veo a una mujer también con sombrero, vestido largo… ¡Qué extraño, no consigo verle el rostro!
Tengo la impresión de que la niña es mi hermana y la mujer, mi madre de esa vida pasada (pausa).
-¿Y tu padre? – Le pregunto.
“Está sentado a la mesa, tiene los cabellos cortos, oscuros, peinados hacia atrás, y lleva bigote.”
-Avanza bastante más adelante en esa escena – le pido nuevamente.
“Veo ahora a una mujer joven, guapa, está sentada conmigo en un carruaje. Tiene un rostro muy bonito, piel muy delicada… No consigo verle bien el rostro, pues está de perfil a mi lado. También soy joven, más de 20 años. Soy una persona rica, tengo muchos sirvientes.
Un sirviente nos recibe, abre la puerta del carruaje. Estamos entrando en un castillo… es un lugar oscuro, agrisado. Esa joven entra conmigo… ella es mi novia (pausa).
¡Mi estómago quema! (el paciente gime colocando las manos en el abdomen).”
-Mira qué es lo que te ocurre – le pido.
“Mi estómago duele mucho… ¡estoy muy angustiado! (habla gimiendo mucho).
Veo hombres con espadas iguales a las de los mosqueteros…
Alguien ha clavado una espada en mi abdomen, está sangrando mucho, duele mucho… (llora, gimiendo). Veo a un hombre con sombrero de mosquetero, lleva camisa blanca, abierta en el pecho. Tiene una mirada muy fría. Me ha mirado y ha clavado la espada en mi barriga…
Estoy notando falta de aire, me atraganto con la sangre que sale por mi boca (el paciente relata esto jadeante y tosiendo mucho). Ahora, me veo caído en el suelo…
Todo está oscuro, gris, todo se está poniendo oscuro.
Pero la barriga me duele mucho. Estoy desfalleciendo, nadie me ayuda. ¿Dónde está mi novia? (grita).
La veo ahora llorando a mi lado… Llora mucho.
Ya no veo nada más… estoy flotando.”
-Mira qué está ocurriendo contigo – le pido.
“Salgo de la zona gris, estoy fuera del castillo, en espíritu – he fallecido –, estoy flotando. Fuera está muy claro; ahora estoy subiendo, subiendo…
Tengo la impresión de que estoy en las nubes. Veo muchos rostros, pero no veo el cuerpo de esas personas.
Ellas me miran, sonríen.
Llevo un manto blanco. Ahora estoy tendido en una cama, todo es blanco. Mi estómago todavía duele mucho, noto algo pegajoso en mi garganta. Siento como si tuviese un agujero en el abdomen.
Veo a un hombre de cabellos largos, ensortijados, bien afeitado. Es un hombre maduro, guapo, imponente, está todo de blanco. Me pregunta cómo estoy. Digo que estoy mejor. Él me dice que no me preocupe, que es un amigo, pero no dice su nombre, manifiesta que eso no es importante (pausa).
Tengo la impresión de que es mi mentor espiritual.
Me sonríe, me pasa la mano por el rostro, alisa mis cabellos, dice que todo está bien.
Dice que ha sido un gran aprendizaje lo que me ha ocurrido en esa vida pasada. Aclara que todo cuanto he vivenciado en la sesión de hoy ha sido para mostrarme de dónde vienen los dolores físicos que siento en la vida actual.
Dice que los dolores, las quemazones que siento en mi estómago son consecuencia de la herida de espada en mi abdomen en aquella vida pasada y todavía van a permanecer, ya que la recomposición de mi periespíritu (cuerpo espiritual) se demora un poco, porque mi muerte ha sido muy traumática.
Dice que he reencarnado para recomponer esos dolores. El periespíritu proyecta en mi cuerpo físico esos dolores que arrastro de aquella vida pasada.
Dice además que esos dolores disminuirán gradualmente y van a desaparecer. Mi faringitis (dificultad para tragar el catarro) también es secuela de la regurgitación de sangre ocurrida en la hora de mi muerte.
Pide que no me preocupe con eso, que también ha de pasar.
Explica además que mi constante falta de aire es resultado del reflujo de sangre ocurrido en el momento de mi muerte en aquella vida pasada.”
-Pregunta a tu mentor espiritual por qué aquel hombre te ha quitado la vida – Pedí al paciente.
“Dice que no hay necesidad de saber, ya que por mi temperamento, esto habría de realimentar mi odio. Aclara también el motivo de no haber permitido en la regresión que se mostrase el rostro de nadie de aquella vida pasada.
Pide que permanezca en la paz y dice que me está ayudando en la ascensión moral para que yo comprenda y disminuya mis faltas, las enfermedades de mi alma, la arrogancia, la prepotencia. La maldad que he cometido en el pasado no me ha sido desvelada, sino tan sólo los efectos, las consecuencias de mis actos.
Dice que he causado daño a mucha gente en vidas pasadas, a pesar de ser una persona buena, pero ante mi impulsividad, sed de poder, querer dominar a las personas, no admitir errores ni imperfecciones de esas personas (a pesar de las mías propias), he cultivado muchos desafectos en el pasado. Uno de ellos es aquel hombre que ha clavado la espada en mi vientre y acabó por quitarme la vida.
Mi mentor explica que a ese hombre le faltaba el ojo derecho porque yo había mandado arrancárselo, pero no me aclara el motivo de haber hecho tal cosa.
Explica también por qué mis relaciones amorosas no salen bien, por qué las mujeres me tratan con desdén, se enfrentan a mí y me atacan. Dice que todas han convivido conmigo en una vida pasada y que yo las trataba de la misma manera que ellas me tratan hoy. Yo las humillaba, las subyugaba. En relación a las personas que atiendo en el centro espírita, muchas de ellas son también las que he perjudicado en el pasado.
Consigo ayudar a algunas espiritualmente a levantarse y se tornan amigas, pero otras reciben ayuda, se marchan y ni siquiera agradecen.
En mi ignorancia, las juzgo ingratas.
Mi mentor me está revelando además que muchas de esas personas a las que he perjudicado en el pasado habrán de acudir a mí en el centro espírita.
Dice que yo las he esclavizado, perseguido, que las he maltratado debido a mi formación de guerrero militar, en la que todo era a base de fuerza, de brutalidad.
Dice que hoy estoy mejorando, pero que continuaré cosechando los actos practicados en el pasado y, solamente con mucho estudio, con servicios en el centro espírita, mi vida prosperará. No obstante, las entidades de luz estarán siempre protegiéndome, ayudándome. Aclara que por detrás de mis caídas y recaídas siempre existen grandes aprendizajes, pero que varias manos me sujetan, me levantan y están siempre amparándome. Dice:
“Habrá momentos de alegría y dolor, pero sabemos que tienes condiciones para soportarlos bien. Ahora levántate y continúa esa andadura. ¡Mira hacia adelante! Espiritualmente, has conseguido muchos amigos que te quieren bien, que te aman y te sostienen.
Estamos contigo ahora y siempre, y ¡que así sea! ¡Gracias a Dios!”
Mi mentor está ahora despidiéndose, y los amigos de luz también.
Todos me sonríen y me dicen: “¡Estamos contigo!”
Tras pasar por otras 4 sesiones de regresión, el paciente estaba encontrándose más sereno, tenía más paciencia con las personas, relacionándose de forma más madura y equilibrada; ya no sentía falta de aire ni dolores o quemazón en el estómago.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor