¿Tienes muchos problemas?

¿Tienes muchos problemas?
Publicado dia 6/6/2007 2:13:23 PM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

En cierta ocasión, un hombre, al ver tanta injusticia, miseria y sufrimiento en el mundo, se arrodilló ante el altar y suplicó a Dios: “¡Padre, haz que la humanidad cambie!”
Pasaron meses, años y nada de que la humanidad cambiase efectivamente.
Frustrado, volvió al altar y suplicó:
“¡Padre, entonces haz que mi país cambie!”
Pasaron años y nada de que su país cambiase.
Angustiado porque nuevamente su plegaria no había sido atendida, suplicó a Dios: “¡Entonces, haz que mi familia cambie!”
Años pasaron y nada tampoco de que su familia cambiase.
Más conformado, pidió al Padre: “Entonces, ¡pido que por lo menos yo cambie!”

Moraleja: Aprende a ser modesto. Reconoce que no estás en condiciones de modificar a las personas. Sal de la ilusión de querer “salvar” a la humanidad, a las personas. Nadie tiene el poder de modificar al otro si éste se rehúsa a cambiar. Esa afirmación puede parecer obvia para muchos. No obstante, en las actitudes de las personas, principalmente con mis pacientes en el consultorio, observo lo contrario – muchos entran en la omnipotencia de considerar que son capaces de modificar a todos (marido, esposa, hijos, parientes, suegra, etc.), a pesar de que éstos son reacios a querer modificarse.

Entran en la ilusión, por ejemplo, de pensar que harán al novio abandonar el vicio de la bebida o de las drogas, o de que su matrimonio cambiará si tienen un hijo.
A mi modo de ver, impotencia y omnipotencia son dos caras de una misma moneda. Fíjate en que cuando tú entras en la omnipotencia (“todo lo puedo”), tarde o temprano caerás en la impotencia (“no soy capaz de nada”).
Son los extremos de una misma vibración. Por tanto, lo saludable es buscar el camino de en medio (el camino del sabio). O sea, sentirte potente (no omnipotente ni impotente), capaz, respetando tus límites y los de los otros; caso contrario te sentirás frustrado e infeliz.

Percibo también en mis pacientes – aquellos que están siempre llenos de problemas –, que muchos tienen un concepto equivocado de ayuda, procedente de la cultura judeocristiana. Hemos aprendido en esa cultura que “ayudar” es ser piadosos (sentir pena, dolor por las personas), en vez de tener compasión (que es comprender, pero no tener pena de las personas).
A mi entender, la piedad estimula el sentirse pobrecito, el victimismo en las personas y, con ello, les disminuye su poder personal (capacidad, potencial de crecimiento y realización). Cuando tienes pena de una persona la estás contemplando como a un ser “incapaz”, no respetando su capacidad, su potencial. Si tienes “pena” de todo el mundo, recuerda que con ello estás estimulando y fomentando también la dependencia, el servilismo, en vez de estimular a las personas a ser autónomas, dueñas de sí mismas, rescatando su autoestima, su dignidad.

Recientemente he asistido en la TV a la entrevista de una víctima de la talidomida (medicamento sedativo y anti-inflamatorio específico para mujeres embarazadas, fabricado por un laboratorio multinacional en la década de los 60, que provocó en muchos países el nacimiento de niños con deformidades físicas – en el caso de la víctima entrevistada se trataba de un hombre brasileño que sólo tenía los brazos, no tenía los antebrazos ni las piernas.
A pesar de su deficiencia física acentuada, él hacía todo cuanto hace una persona normal (trabajar, tener novia, andar a caballo, lacearlo, vestirse, cocinar, etc. sin necesidad de ayuda). Él dijo a la periodista que “deficiente no es aquel que no tiene brazos ni piernas, sino aquel que teniendo brazos y piernas, vive protestando por la vida, es un enviciado en drogas que roba y mata. Y que la verdadera fuerza no está en los brazos o en las piernas, sino en la mente y en la fuerza de voluntad.”
Por tanto, bajo mi punto de vista, la verdadera ayuda no es hacer algo por las personas, sino darles la oportunidad de que lo hagan ellas, de que descubran su propia fuerza, su autoestima, su dignidad. Ayudar verdaderamente es enseñar a una persona a caminar con sus propias piernas, libertándola de la ilusión limitadora de la comodidad.

Observa que muchos de tus problemas no son tuyos, sino que los has tomado de otros porque cultivas la creencia de que tienes la “obligación” de salvar a las personas, de resolver sus problemas.

En la Terapia Regresiva Evolutiva (TRE) – abordaje psicológico y espiritual breve canalizado por mí a través de los Espíritus Superiores del Astral – he aprendido (y continúo aprendiendo) con los mentores espirituales (espíritu desencarnado responsable directamente por nuestra evolución espiritual) de cada paciente, a no tener piedad, pues, según ellos, nadie es incapaz.

Los mentores espirituales tratan a los pacientes con mucho amor, comprensión, respeto, compasión; no obstante, son firmes en las orientaciones, respetando sus decisiones, su libre albedrío, no subestimándoles la capacidad para resolver sus problemas.
No hacen en lugar del paciente, sino que lo estimulan, le transmiten coraje para que desarrolle su propia fuerza con los aprendizajes necesarios. Orientan también a su pupilo a que tenga fe, a cultivar pensamientos y actitudes positivas, a enfrentar sus miedos, a tener alegría, confianza en sí mismo y en la vida, a fin de elevar el tenor vibratorio de sus energías y, con ello, equilibrarse energéticamente.

Siendo así, en esta terapia, para que el paciente pueda efectivamente obtener buenos resultados, es fundamental que él haga su parte (querer realmente cambiar, ser ayudado, tener humildad, es decir, orar, tener fe en sí mismo, en el Creador y en el auxilio de las fuerzas superiores – en su mentor espiritual y en los espíritus superiores del Astral).
La otra parte me corresponde a mí, en cuanto terapeuta, y es abrir el canal de comunicación del paciente con su mentor para que pueda descortinar el “velo del olvido” de su pasado y orientarlo respecto de la causa de sus problemas y, con ello, libertarlo de los bloqueos de su pasado.Caso Clínico: Vida Truncada
Mujer de 30 años, separada

Acudió a mi consultorio debido a su descontrol emocional, oscilaciones de humor, irritabilidad, nerviosismo, insomnio, mareos constantes, dolores en la nuca y en la espalda. Quería entender también por qué su vida no fluía como debiera – trabajaba apenas para pagar sus cuentas, ya que estaba siempre endeudada.

Al hacer regresión me relató:
“Siento una presencia espiritual aquí en el consultorio…
Tengo la impresión de que es un hombre. (La paciente no la ve, pero intuye, siente esa presencia espiritual). Es mi mentor espiritual (pausa).
Dice que no le veo para no asustarme (en muchos casos el mentor del paciente no deja que éste lo vea debido a un vínculo afectivo muy fuerte que hubo entre ambos en una vida pasada (pueden haber sido marido y mujer, padre e hijo, etc.) y, caso el paciente lo reconozca, podría conturbarse emocionalmente y comprometer la encarnación actual).
Dice: ‘No tomes todo en serio. Ese peso de la responsabilidad, ese dolor de espaldas que arrastras, una parte es tuya, la otra no te pertenece.
Es preciso repartir las tareas, la responsabilidad, cada uno ha de cuidar de sus propios problemas, saber hasta dónde implicarse (según me ha dicho la paciente, suele tomar los problemas de los otros, tener pena de las personas). Tú tienes exceso de pena, lo cual es diferente de compasión’. (Pausa).
Veo ahora el rostro de un cliente (la paciente tiene un comercio) a quien he ayudado. Mi mentor me dice que no debía haberle ayudado. Le ayudé con dinero, le presté un dinero que no podía, y él quedó de pagar (la paciente me dice que hasta la fecha ese cliente no le ha pagado).
Mi mentor espiritual resalta que no me envuelva con los problemas de los otros (pausa).
Ahora me muestra una escena de un funcionario a quien ayudé. Dice que yo le ayudé mucho más de lo que podía, nuevamente. Yo le presté ayuda con dinero (pedí un préstamo) y después él intentó extorsionarme. Ese acontecimiento me conturbó profundamente.
Me pide que no entre en sintonía con los problemas ajenos colocando una muralla de protección, siendo firme, aprendiendo a decir que no. De esta forma, dice que voy a equilibrarme y a resolver mis problemas.
Dice que esas personas son parásitos, son acomodadas. Aclara que ayudar es bueno siempre que no me perjudique.
Siento que es él quien ameniza mi sufrimiento haciéndome reír, tener buen humor, a pesar de todo…
Ahora él está retirando la carga negativa que llevo conmigo (la paciente está tendida en el diván).
Visualizo una escena en la cual estoy bañándome en una cascada para limpiarme. Me siento muy ligera… Es como si esa limpieza abriese mis horizontes.
Mi mentor me intuye (en pensamiento) que necesito también frecuentar ambientes más saludables para drenar esa energía negativa, ya que absorbo mucha de esa energía en el trabajo y la llevo para casa.
Me ruega que en compañía de mi hija salga más de casa, para airear mi mente (la paciente me relató que no tiene diversiones, tan sólo trabaja).
Él explica que uno de los motivos de mi nerviosismo, irritabilidad y oscilaciones de humor es esa energía negativa que absorbo en mi trabajo.
Pide que yo me proporcione un esparcimiento saludable, que conozca a personas buenas, positivas, de mente sana. Pide además que purifique mi casa, no sólo mediante la oración, sino de los pensamientos, acciones y palabras positivas. Explica que purificar es vibrar en positivo, pensar en positivo y expresar buenas palabras, no dejándose abatir por las adversidades de la vida.
Dice que esas oscilaciones de humor y el insomnio constante provienen también de mi mediumnidad no desarrollada. Me aclara que en el Astral (mundo espiritual), antes de encarnar en la vida actual, he asumido con la espiritualidad el compromiso de ejercitar mi mediumnidad como médium de cura. Dice que tengo la mediumnidad de cura a través de las manos. Me recuerda que debido a esa mediumnidad, cuando coloqué la mano sobre una lastimadura de mi hija, el dolor cesó.
Dice además que debido a esa facultad mediúmnica mía, los espíritus desencarnados necesitados de ayuda se aproximan a mí, se arriman para absorber mis energías y se van quedando, no queriendo alejarse de mí. Explica que algunos de mis síntomas físicos (mareos, salivación constante, dolores en el cuello y en la espalda, pies y manos helados) o perturbaciones emocionales (oscilaciones de humor, irritabilidad, agresividad, tristeza, miedo de dormir, pesadillas constantes) no son míos, sino de esas entidades espirituales sufrientes.
Éstas permanecen vampirizando mis energías, e influyen también para que yo tome bebidas alcohólicas (ellas absorben la esencia del alcohol). Mi mentor espiritual comenta que cuando el médium no se compromete con la espiritualidad (no desarrolla su mediumnidad), se torna presa fácil de esos “vampiros de lo astral”.
Aclara que para ser un buen médium es preciso cultivar la humildad, ya que puede conducirte a ser arrogante (“soy diferente”, “tengo un don”, “poder de cura”). Dice que, en realidad, el médium ha venido para servir, y, en compensación, la cura de su pasado (débitos kármicos) tiene lugar al servir a la espiritualidad. Dice que he fallado anteriormente debido a mi arrogancia; por lo tanto, mi tarea para casa en esta encarnación, lo afirma nuevamente, es ejercitar la humildad.
Explica que, si hubiese necesidad (esta era la 4ª sesión de regresión), él me intuirá para que acuda nuevamente a la TRE. Termina diciendo que me ha señalado el camino, y que ahora he de colocar en práctica lo que quedó de manifiesto en la terapia.”

Tras esa sesión, la paciente se sentía más calma, tranquila, equilibrada y me dijo que había entendido perfectamente las orientaciones de su mentor espiritual.


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual.
Email: [email protected]
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