El tema es complejo, pues hay demasiadas facetas como para que se pueda señalar una única causa determinante de la homosexualidad.
No obstante, en mi práctica clínica, trabajando con pacientes homosexuales en la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – abordaje psicológico y espiritual breve – canalizado a través de mí por los Espíritus Superiores del Astral, he podido observar tres causas que conducen a la homosexualidad:
a) Causa moral: En una vida pasada esos pacientes han abusado de sus condiciones masculinas o femeninas, discriminando al sexo opuesto, arruinando vidas ajenas, destruyendo uniones y hogares.
En la encarnación actual, vienen en un cuerpo físico opuesto al de la encarnación pasada para que puedan aprender a reajustar sus propios sentimientos, o sea, sentir en la propia piel, como parte de sus aprendizajes, la discriminación por ser homosexuales.
En muchos casos, vienen además con cierta indefinición sexual, sin que sientan atracción física por cualquiera de los sexos, a causa de una vida pretérita promiscua, muy desreglada como hombre (o mujer); por tanto, no sentir atracción sexual por nadie forma parte de su aprendizaje para valorar más el aspecto afectivo que el sexual en sus relaciones con el sexo opuesto.
Están además aquellos que, en varias encarnaciones, han sido hombres de muchas batallas, de guerras, comando, liderazgo, y vienen en la encarnación actual como mujeres para mejorar sus condiciones espirituales, ejercitando más la ternura. Como ejemplo, véase al final de este artículo el caso de una paciente que sentía repulsa y rabia contra los hombres, cuando éstos la tocaban físicamente.
b) Causa educacional: Es resultado de la vivencia de varias encarnaciones en culturas y comunidades en que la práctica homosexual era aceptada e incluso estimulada, como en la Grecia antigua, en Roma y en ciertas tribus indígenas o en las sociedades culturales y religiosas que segregaban a sus miembros – en muchos monasterios o sectas religiosas eran corrientes las prácticas homosexuales.
c) Causa obsesiva: Parejas de vidas pasadas en vivencias homo u heterosexuales se reencuentran en la vida actual en condición de odio o pasión enfermiza, estimulando una postura homosexual entre ambos.
Caso Clínico:
Indefinición sexual.
Mujer de 25 años, soltera
Acudió a mi consultorio a causa de su indefinición sexual – desde la adolescencia no sentía atracción sexual por ninguno de los sexos. Por carencia afectiva, en la fase adulta se envolvió con una amiga. En la adolescencia, cuando se relacionó sexualmente con los hombres, se sentía agredida, objeto de abuso sexual; sentía irritación y rabia cuando ellos la tocaban físicamente. Por otra parte, al envolverse con la amiga no tuvo sentimiento alguno de rabia o de hostilidad. Sin embargo, nunca había llegado al orgasmo con nadie.
Llegó a mantener un noviazgo de tres años con un hombre. Con él no sentía rabia al ser tocada, porque era muy amoroso, calmo y no muy lanzado a querer hacer el amor con ella; sin embargo, cuando tuvieron relación sexual no sintió placer alguno y acabó por romper el noviazgo.
Posteriormente, tuvo relación amorosa con una amiga de la adolescencia. Fue una relación muy posesiva y con muchas desavenencias a causa de los celos. La paciente se condenaba por tener esa relación homosexual, y acabó por romper con ella también, pues no se satisfacía ni sexual ni afectivamente con la pareja.
Sólo lograba alcanzar el orgasmo masturbándose y, en sus fantasías sexuales o incluso en las relaciones homosexuales, solamente conseguía desempeñar el papel masculino.
Al hacer regresión me relató:
“Veo un coliseo, una arena, estoy dentro de ella; es de día, veo graderíos. Me parece que soy un hombre alto y fuerte. Voy a tener que luchar, pero siento miedo.”
-¿Miedo de qué? – Pregunto a la paciente.
“Tengo que demostrar siempre que soy fuerte, venciendo en las luchas (pausa).
Ahora veo a una mujer de estatura mediana, de unos 25 años, lleva túnica blanca... Se está acercando a mí. Es mi mentora espiritual, y viene para confortarme, pues yo estaba triste, me sentía solitario. Ella me pasa la mano cariñosamente por la cara y pide que me calme.
Dice que soy muy ambicioso, vanidoso, que necesito frenar los desvaríos, los excesos, y volverme más humano, más amoroso y menos egoísta. Pide que me resista a la vida fútil y a las tentaciones que conducen a la bebida, al tabaco y al sexo. Pero dice que me ama y que estará siempre conmigo (pausa).
Ahora habla sobre mi encarnación actual; afirma que no soy homosexual, sino carente de afecto, habiéndome dejado ilusionar con pasiones fugaces. Aclara que en la vida actual llevo en mi espíritu grabaciones de otras vidas que han empeorado mi indefinición, mi opción sexual, y que los traumas vividos durante la infancia también han contribuido a mi repulsa ante el contacto físico con los hombres (sus padres reñían constantemente y, cuando pequeña, al dormir en la habitación de sus padres, había presenciado la relación sexual entre ellos. Consideró que el padre estaba maltratando a la madre y sintió mucha rabia contra él).
Mi mentora dice que soy muy rencorosa, que tengo que perdonar a mi padre. Explica que esta rabia que siento contra los hombres proviene además de mi personalidad todavía ruda, que traigo de varias vidas, porque siempre he sido hombre de batallas, de guerras, de mucho comando, de liderazgo. Han sido varias encarnaciones, como hombre en casi todas. Pese a tener un corazón bueno, necesito más sensibilidad, ejercitando más la ternura. Por ello he venido en esta encarnación como mujer.
Ella me dice que mediante el esfuerzo y mucha voluntad podré conseguir avanzar bastante en la vida actual, mejorando así mis sentimientos. Así aprenderé a quererme más y, por consiguiente, a los demás también.”- Pregunta a tu mentora espiritual por qué desde tu adolescencia no sentías atracción sexual por ninguno de los sexos – Ruego a la paciente.
“Dice que forma parte de mi aprendizaje, debido a un pasado promiscuo y muy desreglado como hombre. Al no sentir atracción sexual por nadie, he tenido que aprender a donarme más, a ser más amable en el trato con las personas, valorándolas más en lo afectivo que en lo sexual y, con eso, hacerme responsable para con los sentimientos ajenos.
En fin, dice que he venido en la encarnación actual como mujer para mejorar mi condición espiritual, aprendiendo a ser más humilde, más mansa, y a dar más importancia a la familia. Ella me aconseja que intente olvidar el pasado, porque las cosas irán a mejor; aclara que ya no tengo bloqueos respecto de los hombres, pues he tomado conciencia – es esta terapia – de los verdaderos motivos psicológicos. Me ruega que deje suceder las cosas naturalmente, que la atracción sexual llegará, y vendrá acompañada de un sentimiento de amor verdadero con lo que yo deseo – que es con un hombre. Afirma que va a ser un gran aprendizaje para mí y un gran paso en mi evolución. Revela que pronto disfrutaré de una relación estable.
Me pide que dé las gracias a usted (esta era la 4ª sesión) por esta oportunidad – mi papel como terapeuta en esa terapia es buscar la apertura del cauce de comunicación para que el (la) mentor(a) espiritual pueda comunicarse directamente con el paciente y orientarlo acerca de las causas de sus problemas, la solución de éstos, e igualmente si se encuentra en el buen camino en su proceso de evolución, de aprendizaje en la encarnación actual – y dice que ahora depende solamente de mí recorrer el camino del bien, puesto que ya he adquirido la consciencia para hacerlo (pausa).
Estoy dando las gracias a mi mentora espiritual por toda la ayuda que me ha prestado en los momentos más difíciles, el aprendizaje de ahora, y su protección (pausa). Ella dice que este tratamiento ha llegado al fin, pero, como la rutina de la vida nos lleva a errores, a tentaciones, a los vicios, dice que si llegase a necesitarlo, recibiré intuición suya para acudir a usted nuevamente.
Dice que está feliz al haber podido ayudarme, y le agradece a usted una vez más la oportunidad de haber entrado en contacto conmigo, a través de su trabajo.”
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor