“Cuando un hecho contraría una teoría dominante,
abandona la teoría y conserva el hecho, aunque
aquella esté apoyada por las mayores mentalidades de la época.”
- Introducción al método científico – Claude Bernard.
¿Es posible la muerte del espíritu, es decir, la destrucción, la desintegración del espíritu? En otras palabras ¿es posible matar un espíritu, o sea, eliminarlo?
Algunos estudiosos defienden la tesis de que sería posible la muerte del espíritu.
A mi entender, tal teoría es totalmente infundada, pero sé que provocaría dudas en los desavisados.
El gran científico Lavoisier decía que: “Nada se crea, nada se pierde, todo se transforma.”
En vista de esa afirmativa, vale decir ciertamente que somos inmortales, es decir, que nuestra alma, nuestro espíritu es eterno.
La Sutra Sagrada – Lluvia de Néctar de la Verdad (Kanro no Hou), de la secta filosófica Seicho-No-Ie, dice lo siguiente.
“La Vida conoce la vida y no conoce la muerte. Vida es sinónimo de realidad. La realidad no tiene principio ni final, no se extingue ni muere; por eso, la Vida tampoco tiene principio ni final, no muere ni desaparece. La vida no está contenida en la escala del tiempo, no está contenida en la escala de la caducidad. El tiempo, por el contrario, está en la palma de las manos de la Vida, que, cerrada, se convierte en un punto y abierta se vuelve infinito. El hombre, en su esencia, es Hombre-Dios, es Espíritu, eterno, indestructible e inmortal. No hagáis, en absoluto, de la muerte del cuerpo la muerte del hombre. Porque la esencia del hombre es Vida, jamás le ocurre la muerte. La muerte no es realidad porque es imperfección; no consideréis realidad lo que no ha sido creado por Dios.”
Yo suelo decir que una de las grandes mentiras inventadas por el mundo occidental es la idea de la muerte.
Sakia Muni (Buda) decía que una de las causas que nos llevan al sufrimiento es la ilusión (Maya).
En este sentido, vale la máxima del gran maestro Jesús “La Verdad os hará libres” para que salgamos de la ilusión mental, es decir, del desconocimiento de la Verdad, que genera el dolor, el sufrimiento.
Por tanto, es preciso despertar para la Verdad y destruir nuestras ilusiones mentales para ser felices. Este es el objetivo de la TVP (Terapia de Vidas Pasadas) que, a través de la regresión de memoria, busca “descortinar el velo del pasado”, e identificar el origen, es decir, las experiencias traumáticas, bien de esta vida (infancia, nacimiento, útero materno) o de vidas pasadas, para que el paciente pueda liberarse de las ataduras de su pasado (ilusiones) y ser feliz.
Véase el caso de una paciente que estaba presa a la ilusión de su pasado.
Caso Clínico: Síndrome del Pánico
Mujer de 50 años, casada.
La paciente acudió a mi consultorio para tratar su síndrome del pánico: taquicardia, falta de aire, ansiedad, sensación de desmayo, sensación de que su corazón está a punto de estallar. Tales síntomas venían acompañados de crisis de llanto, angustia y tristeza profunda. Ese cuadro clínico afectaba mucho a su vida personal, profesional y social.
Antes de acudir a mí, había pasado por varios profesionales – médicos, psicólogos y psiquiatras – pero no había obtenido resultado satisfactorio.
Al hacer regresión me relató:
“Estoy en el cementerio, es de noche. Voy caminando y mirando las lápidas. Es un lugar enorme, iluminado por la luz de la luna.”
- ¿Tú consigues verte? Le pregunto.
“Mis manos son arrugadas, calzo zapatillas beiges. Soy una señora de edad, cabellos grises largos. Llevo una falda de tejido sencillo, un chaquetón ajustado y un pañuelo a la cabeza.”
- ¿Qué haces en ese cementerio? Le pregunto.
“La impresión es que vivo aquí. Soy fea y estoy sucia, tengo una fisonomía de ‘bruja caricata’, muy vieja y arrugada.”
- Avanza más adelante en esa escena – le ruego.
“Tengo una pala en las manos, quiero desenterrar algo (pausa). ¡Ay, qué horrible! Creo que soy una ladrona… Estoy cavando, quitando tierra. Parece que he encontrado un cajón de madera. Ahora abro el cajón. Dentro de él hay un forro colorado de satén.”
- Mira a ver qué encuentras dentro de ese cajón – le pregunto.
“Hay un cuerpo de hombre, le revuelvo la chaqueta, le quito los zapatos, el reloj, le estoy robando sus pertenencias. Abro su boca para ver si tiene oro en los dientes. Cierro el cajón y empiezo a echar tierra a la fosa. Tomo el reloj, el par de zapatos y la cartera, me marcho.”
- Mira a ver para dónde vas – le pregunto.
“Salgo por el portal del cementerio. Me siento tranquila, lo que hice no me incomoda nada (pausa). Ahora entro en el portal de mi casa. Guardo el par de zapatos dentro de un armario – donde veo un montón de zapatos – y coloco el reloj en una caja también llena de relojes. Me siento en el sofá, siento mucha soledad.
- Avanza más adelante en esa escena – le ruego (pausa).
“Estoy nuevamente en el cementerio. Estoy sentada en una lápida. Permanezco pensando en el próximo robo. Aunque soy vieja, tengo la agilidad de una joven. Parece que ir al cementerio y robar me hace bien, me da disposición. Ahora veo a un guarda sujetando mis brazos. Me debato, intentando desvencijarme de él. Él me ha pillado desplazando la tapa de un túmulo, y me arrojó dentro de un túmulo de cemento, a continuación cerró la tapa. Ahora todo se ha puesto oscuro. Estoy encima del cajón, ¡ay qué horror!!! (la paciente grita llorando)”.
- Avanza más adelante en esa escena – le pido.
“Me veo sentada bajo el cajón haciendo movimientos de autista, abrazo mis piernas y permanezco balanceando mi cuerpo, esperando la hora de morir. Ya no veo nada más.”
- Ve al momento de tu muerte – le pido.
“He resuelto abrir el cajón – no veo, pues está muy oscuro, pero percibo la osamenta de un cadáver. En verdad, preparo un lugar para acostarme. Tengo que morir de forma más decente. Me acomodo dentro del cajón y cierro la tapa. He muerto tranquilamente. Salí de mi cuerpo y volví para arriba. Ahora veo el cementerio desde arriba (pausa). Veo a varias personas en el cementerio.”
- ¿Cómo son? Le pregunto.
“Me parece que son espíritus. Están mirándome con los brazos cruzados. La impresión es que están reprendiéndome. Están todos descalzos porque les he robado quitándoles los zapatos. Yo me arrodillo en el suelo, pidiendo disculpas. Dicen que no van a dejarme salir de allí. Estoy en medio y en torno a mí, todos ellos juzgándome y condenándome.- Avanza más adelante en esa escena – le ruego.
“Están cavando un hoyo para echarme en él. Ahora me empujan al agujero. Están echando tierra por encima de mí. Siento que estoy “muriendo” nuevamente. Estoy siendo enterrada “viva” (pausa). Yo muero, dejo de reaccionar. Ahora ellos están volviendo a sus túmulos, parece que han acabado con un problema; yo era el problema, los importunaba. Salgo de mi cuerpo y veo a un hombre que me tiende la mano. Él me abraza, está vestido con una bata blanca – es mi mentor espiritual. Estoy cabizbaja, avergonzada. Estamos ahora fluctuando, hemos dejado el cementerio.”
- Observa a dónde vas – le pregunto.
“Me veo ahora en un jardín, hay un montón de gente de blanco. Una mujer viene a recibirme. Me da un beso y me dice que no me preocupe. Parece que es la responsable de recibir a los espíritus desencarnados. Ella ahora me encamina a mi mentor espiritual.”
- Pregúntale a él de dónde proceden tus crisis de pánico – le ruego.
“Él me dice que esas crisis de pánico se han originado de la experiencia de haber sido arrojada por el guarda en aquella tumba, y reforzadas al haber sido enterrada por aquellos espíritus indignados. Mi mentor me dice que, en verdad, el haber sido “enterrada viva” por aquellos espíritus, fue una ilusión porque yo ya estaba en espíritu (desencarnada). Él me recuerda que somos inmortales y, por tanto, nuestro espíritu es indestructible. Dice que tengo que comprender que esos malos recuerdos son cosas del pasado, y que poco a poco, iré superando esas crisis. Dice además que el trabajo ha sido bien conducido por usted (se refiere a mí) y que conseguiré resolver también otras cuestiones pendientes en mi vida. Pero todo a su debido tiempo. Dice ahora que tiene que irse y me da un beso en la frente.”
Tras pasar por otras cuatro sesiones de regresión, la paciente me dijo que nunca más ha sentido aquellos síntomas crónicos de angustia, tristeza, crisis de llanto, falta de aire, sensación de desmayo, taquicardia, etc. Se sentía muy feliz por estar desarrollando su día-a-día como una persona normal.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor