El dolor de no estar viviendo

El dolor de no estar viviendo
Publicado dia 10/21/2008 6:39:55 PM em STUM WORLD

Compartilhe

Facebook   E-mail   Whatsapp

Traducción de Teresa - [email protected]

Freud, el padre del psicoanálisis, dijo:
“Cuando el dolor de no estar viviendo sea mayor que el miedo al cambio, la persona cambia.”

El temor a equivocarse, a que algo no salga bien, a lo desconocido, realmente asusta. Entonces, es más fácil y cómodo no cambiar.
Verdaderamente, miedo es ignorancia. Quien es ignorante tiene miedo porque ignora la Vida. Por otra parte, si piensas así: voy a dar lo mejor de mí, voy a abrir la puerta y ver qué es lo que me espera, llegarás a salir del inmovilismo. Sin embargo, los acomodados y miedosos prefieren permanecer en la rutina y no arriesgarse, porque si hacen algún cambio en su vida ya se sienten inseguros. Hay personas que no se atreven siquiera a probar ni a saborear una comida nueva. Lo nuevo asusta, genera desconfianzas. En muchos casos la falta de iniciativa y de curiosidad son síntomas máximos de inseguridad. Son personas frustradas, reprimidas por un proceso educacional autoritario y represor, y por parte de los padres. Nada se permitía, todo estaba prohibido, censurado. Hay personas que han sido tan reprimidas en su infancia que acaban perdiendo el empuje en la vida, el entusiasmo de querer vivir. No obstante, las personas que desean realmente cambiar, no buscan soluciones fuera, echando la culpa a otros por su infelicidad o buscando justificativas por sus fracasos.
La gran mayoría dice que “no consigue”, que es “difícil”, se dice desmotivada, insatisfecha.

Busca soluciones fuera de si. Se queda perdiendo el tiempo tratando de cambiar por fuera, y no por dentro en sus creencias y actitudes internas. Muchos buscan muletas para apoyarse, ser dependientes. De pequeño es cuando se enseña a no estimular la pasividad y el sentirse víctima. Es no hacer en lugar del niño, sino dejarle que lo haga por sí.
Es delegar responsabilidades conforme a la edad del niño. Cuando se caiga, si la caída no es grave, déjale que se levante solo. Si le tomas constantemente en brazos, lo estimularás a tener miedo de caerse, y no siempre va a contar con la presencia de los padres a su lado. Ese sentimiento de incapacidad, de que no consigues, muchas veces lo has escuchado de tus padres cuando eras niño.

Es en la infancia cuando se hace un adulto fuerte. Un adulto firme, resuelto, tiene también un crío resuelto dentro de sí. Un niño que quiera seguir siendo un bebé, va a ser un adolescente y un adulto problemático.
Es en la infancia cuando se debe empezar a enseñar al niño que jamás podremos hacer o vivir por él. Las personas quejosas, que se lamentan constantemente, proceden de esa forma porque están tan acostumbradas a tener a alguien para escucharlas, para darles atención y mimos. Es un hábito de pensamientos y actitudes.
Aprende a modificar esos hábitos, dejando de protestar tanto contra la vida.
Sé fuerte, evita entrar en la negatividad, contrólate a ti mismo. Cuando empieces a controlarte, darás un gran paso y tu vida empezará a andar.

Los problemas aparecen en nuestras vidas para ser resueltos, y no para ser “empujados” adelante.
No huyas de ellos, enfréntalos. Al sentarte en una sala de clase en varios lugares, aprenderás mejor, porque vas a mirar desde otros ángulos las enseñanzas. Así también debemos hacer en relación a los problemas de la vida. Míralos bajo varios aspectos para poder mejor resolverlos.

Caso Clínico:
Miedo de enfrentarse a las personas
Mujer de 30 años, casada.


La paciente acudió a mi consultorio en función de su inseguridad, baja autoestima, miedo de enfrentarse a las personas, principalmente a figuras de autoridad.
Tenía mucho miedo a su marido a causa del temperamento autoritario y explosivo de éste. Prefería anularse para agradarlo, sufriendo callada.

No establecía límites en su vida, de ahí su dificultad en decir que no, en ser más firme y sincera en la relación con las personas.
Su madre era también una persona muy autoritaria e imponía su voluntad a los hijos. De esta forma, la paciente se sentía muy incomodada, acobardada por el autoritarismo de su madre. Ésta decía a su hija que no podía ofender a nadie, ni decir que no o lastimar a las personas.
Era preciso ser muy buena, agradar a todo el mundo para ser respetada. Su preocupación era: “¿Qué van a pensar de mí las personas?”

Al hacer regresión me relató:
“Veo hombres montados a caballo, llevan ropas muy antiguas, el año es 1700. Debe ser en Europa.
Veo castillos, una escena de guerra con una humareda al fondo… Ahora estoy dentro del castillo (pausa)”.

- ¿Qué ves a tu alrededor? Indago.
“Veo algunos curas. Estoy en el pasillo y ellos están sentados, me acusan de algo.”

- ¿Cómo te sientes? – le pregunto.
“Tengo mucho miedo. Soy un muchacho humilde, un campesino. Soy joven, tengo 16 años. Llevo una ropa muy sencilla, harapienta, cabellos oscuros hasta los hombros, con flequillo.

- Mentalmente, mira para tus pies y tus manos en esa escena – le ruego.
“Estoy descalzo, soy blanco, mis manos están aherrojadas (pausa).
He sido llevado a un calabozo. El lugar es estrecho y oscuro. Tengo miedo. ¡Qué horrible! (empieza a llorar intensamente). El lugar es extremadamente angosto, no puedo moverme. Estoy encadenado y el lugar es tan apretado que no consigo moverme ni respirar bien (respira jadeante)”.- Prosigue en la escena – le pido. “Estoy viendo un cadáver… Es mi cadáver. Ellos me han dejado morir en este calabozo.”

- Regresa al momento de tu muerte y percibe cuáles han sido tus últimos pensamientos y sentimientos – le ruego.
“Siento mucho odio por aquellos curas. Fue un castigo. Por eso me han puesto en aquel lugar de tortura. Yo no merecía morir de aquel modo.”

- ¿Qué había sucedido para que fueses castigada? Vuelve a antes del juicio – le pido.
“Estoy en una aldea. Veo muchas maderas, pajares, el suelo es de tierra. Viven varias familias. Las casas están hechas de paja, pequeñas chozas. Vivo con mi madre en esa aldea (pausa)”.

- Prosigue en la escena – le pido.
“Han llegado unos hombres a caballo, son soldados, van con yelmos… Me enfrento a ellos porque nos explotan. Toman nuestros cestos de comida, nuestros bienes. Somos labradores, vivimos de la tierra. Me siento indignado por esta explotación (pausa). Ahora uno de los soldados me sujeta por el brazo y empieza a azotarme. Para protegerme, pongo las manos sobre el rostro. Siento mucha humillación, impotencia y tengo mucho miedo a lo que va a sucederme (pausa).

He sido conducido a aquel corredor del castillo, un lugar enorme. El piso es frío, las sillas son enormes, de madera. Veo a los curas sentados en esas sillas. Llevan ropajes de clérigos. Me están juzgando, he sido arrojado al suelo. Dicen que seré castigado por enfrentarme a los soldados. Me siento impotente. No debía haber hecho aquello (llora copiosamente). Debería haber aceptado la situación. No ha servido de nada haberme enfrentado… Ahora voy a pagar por la desobediencia. Estoy arrepentido, nadie va a ayudarme (grita llorando). Me están llevando al calabozo… ¡Dios mío! El lugar es muy estrecho. Me encadenan por el cuello, manos y piernas. El calabozo es muy oscuro. ¡Es horrible! Me han prendido por la garganta con un grillete (cadena). Nunca más me enfrentaré a ninguna autoridad (¡grita llorando desesperadamente!). Nunca más voy a enfrentarme a nadie, ni a decir nada. Me he prometido a mí mismo que nunca más diría nada.”
Fue en ese momento de desesperación cuando la paciente tomó la decisión de nunca más enfrentarse a las autoridades y ha traído esta decisión consigo en la vida actual. “Permanecí allí hasta morir. No fui perdonado. Me convertí en cadáver allí atado, encadenado. No me dieron agua ni comida. Me he muerto de inanición.”

- Mira qué pasa contigo después de tu muerte física – le ruego.
“Alguien ha venido a buscarme. Es una entidad espiritual de luz… Yo tengo la impresión de que es mi marido de la vida actual (llora copiosamente). Él me dice que va a cuidar de mí. Ahora me siento protegida. Ya no soy un cadáver. Él está acariciando mi rostro, me abraza... Ahora estoy fluctuando, él me conduce a un jardín. Hay varias personas – hombres, mujeres, críos. Llevan mantos, colores claros (blanco, azul, rosa). El lugar es muy tranquilo, las personas son bondadosas.”

- ¿Cómo te sientes? – le pregunto. “Me siento tranquila, el lugar es muy bueno. Hay columnas, escalinatas, parece día. El suelo es de mármol blanco… Alguien extiende las manos hacia mí… Es una mujer joven, cabellos largos. Lleva un manto rosa y verde claro. Va descalza. Dice que va a cuidar de mí (pausa)”.

- ¿Conoces a esa mujer? – le pregunto.
“No… ¿Será mi madre de la vida actual? (pausa). Es ella. Dice que he de aprender algunas cosas, pero no dice qué (pausa).”

- ¿Consigues ahora establecer una conexión, una relación entre esa vida pasada y tu problema, tu miedo de enfrentarte a las personas en esta vida actual? – le pregunto. “En esa vida pasada he sentido mucho miedo en el momento de mi muerte. Me arrepentí y decidí no enfrentarme a nadie, principalmente a figuras de autoridad. Decidí ser sumisa y no enfrentarme a nadie más. Ahora entiendo el por qué de esa dificultad para decir que no, y de anularme en la existencia actual. Me arrepentí, me pareció que debería haber aceptado lo que los curas hacían, antes que tener que pagar al precio de mi vida.”
Al término de la sesión le rogué que se liberase de su pasado. Le dije que hoy ya no tenía sentido seguir manteniendo aquella decisión de no enfrentarse a nadie más, tomada en el momento de su muerte en aquella existencia pasada.

Realmente ella había pagado un precio muy caro perdiendo su vida. Pero en la actual su contexto es completamente diferente de aquella vida pasada. Hoy ella puede ser más firme, establecer límites en su vida sin temor porque no será castigada con la pérdida de su vida como le había sucedido en la existencia pasada.

Tras pasar posteriormente por otras cuatro sesiones de regresión, la paciente compartió conmigo su alegría y satisfacción, diciéndome que ya no se sentía temerosa al relacionarse con las personas. Me dijo que se sentía más resuelta, más espontánea y sincera, principalmente con su marido y su madre. Ya no se sentía incomodada ni acobardada como antes cuando algo la molestaba. Conseguía expresar su insatisfacción sin ser agresiva, pero sí firme y sincera. Ahora era capaz de decir que no sin miedo ni culpa.


Sobre o autor
Shimoda
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual.
Email: [email protected]
Visite o Site do Autor




Energias para hoje




publicidade








Siga-nos:
Youtube     Instagram     Facebook     x     tiktok

As opiniões expressas no artigo são de responsabilidade do autor. O Site não se responsabiliza por quaisquer prestações de serviços de terceiros.

Siga-nos:
Youtube     Instagram     Facebook     x     tiktok

 


  Menu
Somos Todos UM - Home