“Buenas noches, hermano, es muy loable tu trabajo, estamos agradecidos por hacer que la vida de tus semejantes sea mejor de vivir. Tú y muchos otros sois puntitos de luz ayudando al Padre Mayor a transformar ese lindo planeta. Continúa colaborando y haciendo que otros se transformen. Gracias, queda con Dios, y que Él ilumine tu camino.
Con todo amor crístico,
Agenor.”
(Mensaje psicografiada por una paciente, recibida de su mentor espiritual al término de una sesión de regresión, refiriéndose a mi trabajo como terapeuta.)
Preguntaron al Dalai Lama qué le sorprendía más en la humanidad.
Él contestó: “Los hombres, porque pierden la salud para juntar dinero, después pierden dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro. Viven como si nunca fuesen a morir, y mueren como si nunca hubiesen vivido.”
Las sabias palabras de ese maestro tibetano nos hacen reflexionar sobre el estilo de vida que hemos adoptado en nuestro cotidiano. Y el estilo de vida adoptado es reflejo de la perspectiva que tenemos del mundo. Así, aquel que tiene una visión materialista, o sea, que considera que sólo la materia es real, que no existe nada más allá de lo que es concreto, palpable y visible, que está en este mundo tan sólo para sobrevivir, pagar sus recibos, que piensa solamente que la clave para la supervivencia tiene que ver con el poder, el dinero, las posesiones materiales, obviamente no dará importancia a la paz interior, al amor, a la benevolencia, a la conciencia, a la evolución espiritual, al perdón, a la cooperación, al respeto, etc.
Observe el lector la crisis económica por la que está pasando el mundo globalizado: los países más ricos se han dado cuenta de que para salir de esa recesión es preciso que todos se unan, que la clave para su supervivencia es la cooperación. Antes de la crisis, los más ricos excluían de sus decisiones a los emergentes, como Brasil, China e India, no consultándolos; ahora los vemos a todos sentados a la mesa discutiendo cómo salir de esa crisis.
Verdaderamente, todo cambio viene precedido de una crisis, o sea, la crisis nos obliga a cambiar, a revisar nuestros valores, actitudes, modo de pensar, estilo de vida, etc.
En mi consultorio conozco pacientes que antes de perder la salud vivían empujados por una ambición desenfrenada, sedientos de negocios, oportunidades, “disparando por todos los lados”, sin ética, sin escrúpulos, pasando como un tractor por encima de todos, sin medir las consecuencias, ignorantes respecto de la ley de causa y efecto, una de las leyes universales (también llamada ley del retorno, que se traduce en el dicho popular: “¡Cosechas lo que plantas!”).
La enfermedad les obligó a reevaluar su forma de mirarse a sí mismos, a los demás y a la existencia, a cambiar su estilo de vida, pues muchos han desarrollado depresión, síndrome de pánico, trastorno bipolar, fobias, infarto, cáncer, etc.
Cuando pasaron por la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí desde los espíritus superiores del Astral, sufrieron profundos cambios, al conversar con su mentor espiritual (ser desencarnado responsable directamente por nuestra evolución espiritual) recibiendo sus sabias orientaciones acerca de su vida y de sus problemas.
Véase el caso de un paciente que entró en depresión profunda por el hecho de estar su vida profesional y financiera bloqueada, de no conseguir prosperar.
Caso Clínico:
¿Por qué no prospero financiera y profesionalmente?
Hombre de 41 años, casado, dos hijas.
Acudió a mi consultorio tratando de comprender qué le impedía prosperar – siempre se presentaba algún impedimento que entorpecía su trabajo.
Estaba trabajando por inercia, pues había perdido la garra y la motivación por el trabajo.
Debido a su inestabilidad financiera, cuando pensaba en los hijos se sentía inseguro, temeroso del futuro, por considerar que no lograría cubrir las necesidades materiales de ellos.
Al hacer regresión me relató:
“Voy subiendo una montaña – la mata es muy cerrada y bastante escarpada – tengo que subir agarrándome a las lianas, está muy difícil avanzar. También me apoyo en piedras para ir adelante.
Ahora he llegado a lo alto, en la cumbre de esa montaña. Abajo veo un gran cañón; me siento pequeño en medio de esta inmensidad. Pero el paisaje es realmente muy bonito. Estoy mirando los árboles, los pájaros, las plantas, lo verde… Veo una formación montañosa, bastante más adelante. En el camino he cruzado un río hasta llegar a la cumbre de esta montaña en que estoy. Estoy pensando en cómo salir de aquí, voy a tener que recorrer de nuevo todo el camino de vuelta…”
En la sesión siguiente, el paciente me relató:
“Veo un señor de cabello largo, barba entrecana, ropa blanca tipo bata, con un cordón ceñido a la cintura. Él me pregunta: ¿Tú estás aprendiendo?”
“Aprendiendo qué…” – le pregunta el paciente al señor de ropa blanca. ¡Aprendiendo a evolucionar, hijo mío! – responde el señor al paciente.
“Siento que ese señor es mi mentor espiritual (me relata el paciente).
Él lo confirma diciendo que es mi mentor espiritual desde hace por lo menos cinco generaciones (vidas pasadas). Mi mentor espiritual está recordándome: ‘¿Sabes aquella montaña que habías escalado en la sesión pasada? ¿Te ha dado pereza subirla?
¡Verdaderamente, te he mostrado aquella montaña escarpada para compararla con tu vida, hijo mío!’
Le digo que he comprendido lo que me está diciendo, pero pondero que hasta hoy vengo trabajando honradamente, basado en mis ideales de no perjudicar a nadie, de ayudar a los que me lo piden, creyendo en la existencia de Dios y en su bondad, pero estoy cansado, sin energía para subir esa montaña…
Mi mentor espiritual me dice: Quien busca la elevación espiritual y moral no debe preocuparse con los bloqueos financieros, sino en desarrollar la fe en Dios y en sí mismo. Esto sí hace desarrollar la capacidad, la vibración para que busque cubrir la necesidad material.”
En la sesión siguiente (la 4ª y última), el paciente me dijo:
“Veo estrellas, estoy en el espacio sideral, está todo oscuro; quitando las estrellas, es la nada absoluta.
Veo la Tierra del tamaño de un balón de fútbol y el Sol que brilla…
Me siento un gigante mirando para la Tierra y no un ser humano en su tamaño normal. No sé por qué estoy aquí en el Universo… (Pausa).
Mi mentor espiritual está explicándome: ¡Observa qué pequeña te parece la Tierra! Sin embargo, cuando estás aquí, en la Tierra, todo parece grandioso. Todo depende de la manera como lo quieras mirar (pausa).
Ahora estoy en medio de una gran metrópolis. Estoy en la acera mirando hacia arriba, admirando los edificios enormes, bastante altos.
Él dice: ¡Mira ahora qué pequeño pareces frente a todos estos edificios enormes construidos a tu alrededor! ¡Es una cuestión de punto de vista!
Si te parece que eres grande, las cosas se vuelven pequeñas; si te consideras pequeño, todo a tu alrededor se vuelve grande, no solo las construcciones de la Tierra, sino también los problemas, los desafíos, los sentimientos y ambiciones. (Pausa).
Estoy preguntando a mi mentor espiritual si mis problemas financieros son resultantes de verme y sentirme pequeño… - me relata el paciente.
Él responde: No confundas ser pequeño con ser humilde. De la misma forma, ser grande no tiene nada que ver con la falta de humildad.
Ser grande no significa ser pretencioso y arrogante, sino creer en la propia capacidad, inteligencia y voluntad.
Pensando en grande ya consigues un cambio significativo en tus anhelos profesionales.”
- Pregunta a tu mentor espiritual si debemos o no continuar con la terapia – ruego al paciente (en esta terapia es el mentor espiritual de cada paciente el que evalúa siempre, en la 4ª sesión, si debemos o no continuar con el tratamiento, pues siendo el responsable por su evolución espiritual, lo conoce profundamente y, por tanto, es la persona con más autoridad para evaluar ese trabajo. Como terapeuta, soy un facilitador, procuro abrir el canal de comunicación entre el paciente y su mentor espiritual).
“Él me explica que esta terapia (T.R.E.) es un sublime trabajo de despertar la conciencia espiritual del ser humano. (Pausa).
Estamos en el espacio sideral, él me muestra ahora la Tierra en la oscuridad, y veo algunos puntitos de luz – son pocos en la Tierra. Aclara que esos puntitos de luz son las personas que han pasado por esta terapia (pausa). Muestra ahora la Tierra llenándose cada vez más de puntitos de luz, y me dice que si hubiese más profesionales trabajando con este tipo de terapias, nuestro planeta llegaría a iluminarse más rápidamente.
Afirma que ya no hay necesidad de proseguir con la terapia, me pide que yo continúe predicando palabras de elevado tenor espiritual en mi red de relaciones.
Él dice: Hazlo con humildad, pues muchas veces cuando tú dices cosas bonitas, que tocan el alma de las personas, es porque estás siendo inspirado por los espíritus superiores.
Ahora comprendo por qué él me pide humildad. Verdaderamente, cuando estoy inspirado es porque estoy siendo intuido por ellos y, por tanto, no son mis palabras.
Él aclara que estoy equivocado cuando pienso que para conseguir cerrar buenos negocios, tener éxito profesional y financiero sólo depende de mi talento personal. Dice que ahora estoy maduro – tras haber pasado por esta crisis – para comprender que existen también factores externos como la espiritualidad, la ayuda de la esposa, de la familia, la vibración positiva que todos emanan en conjunto para mi éxito profesional y financiero. Resalta, por tanto, que si no hay complicidad de todo el grupo – encarnados y desencarnados – solamente con mis esfuerzos y talentos, no obtendré el éxito profesional (pausa).
Mi mentor espiritual está nuevamente mostrándome el Universo, la inmensidad del Universo, con sus incontables estrellas y me dice: ¿Has visto lo pequeño que eres en relación al Universo? Puedes creer: ¡Dios es Mayor que todo eso! Él está despidiéndose, se marcha.”
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida.
Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos) Email: [email protected] Visite o Site do Autor