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La conquista y el objeto conquistado

La conquista y el objeto conquistado
Publicado dia 6/16/2009 8:35:01 AM em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Los opuestos se atraen, sobre eso nada hay que hacer, pues bajo esta ley hombres y mujeres se buscarán por todo el siempre. Lo cóncavo y lo convexo se complementan.
Cada cual ve al OTRO como su objeto de satisfacción y de placer.
Cada cual ve, en el OTRO, aspectos atrayentes y hace lo que sea para garantizarse así mismo(a) la continuidad del placer, del encuentro, del intercambio, de la relación, de la conquista y, claro, por encima de todo y de todos, de la perpetuación de la especie. ¿Es que alguien duda de la fuerza y dominio de este instinto en nuestro comportamiento de relación y envolvimiento?
Fuerzas poderosas e instintivas están en el dominio cuando se trata de relación entre sexos y entre polaridades masculina y femenina…
Para hombres y mujeres, en el pasado y todavía hoy, los papeles y posiciones en el juego de la conquista son generalmente diferentes y hasta opuestos: en el pasado los papeles eran prescriptos y claros: cabía a la mujer, con más frecuencia, el papel pasivo, o sea: ella daba señales y esperaba la iniciativa del hombre, ella tenía un “comportamiento de conquista” por medios indirectos (vulgo seducción), estimulando al macho a un papel activo, casi siempre delegando en él las iniciativas. ¡Sabemos cuánto ha cambiado eso hoy!

Generalmente alguien que decide entrar en una relación después de responder positivamente a comportamientos y señales de seducción o conquista, después de algún tiempo, acaba por ver, con añoranza y sufrimiento, que éstos han desaparecido y se han vuelto cada vez más raros.
¿Cómo reaccionar cuando ya no se envían flores, ya no se escriben poesías, cuando los momentos de encuentro van siendo más espaciados, escasean las llamadas telefónicas, se olvidan las fechas significativas, y ya no suelen enviarse recados/cartas/torpedos/correos electrónicos?
Nadie se equivocará si piensa que el lado femenino anhela mucho más estas cosas y sufre proporcionalmente más por la falta de ellas… Pero son anheladas también por el lado masculino. Hay un amor de posesión (“toma y daca”) y hay un amor de donación (“es dando como se recibe”).
Las personas presas de egocentrismo y de narcisismo no conocen el amor de donación. Alguien podrá decir, sin faltar a la verdad, que estas personas solo se aman a sí mismas y no al OTRO.
El primer tipo de amor es mucho más común y de uso corriente que el segundo que depende mucho más de que se hayan alcanzado algunos grados de evolución psicológica.
Pregunta: ¿Qué pasa cuando el objeto de la conquista ya está garantizado?
Vamos a reflexionar sobre esto: Toda relación tiene fases y normalmente la primera fase contiene componentes de seducción y conquista en gran proporción.
Estas personas, cuando hacen algo que es bueno para el OTRO, lo hacen con vistas a obtener lo que desean y, una vez alcanzado este objetivo, abandonan los comportamientos de conquista/seducción y, poco a poco van dejando de dar señales de interés o de cariño por el OTRO.
El amor de donación es el ideal a alcanzar, pero el amor de posesivismo (típico del depredador oculto en nosotros mismos) es bastante más común.
En cada uno de nosotros (en hombres más que en mujeres) la “percepción del predador” cumple un papel dominante (¡un modo instintivo de lidiar con todo y con todos, de los tiempos de los cazadores y nómadas que un día fuimos!):
Pues bien, este modo de percibir el mundo y los demás, selecciona y quiere controlar (vulgo poseer) solamente aquello o aquel que constituya un objeto de deseo; seleccionar lo que interesa al ego (el YO, bajo el punto de vista egoísta), controlar lo que necesita ser garantizado (como una necesidad, una carencia), garantizar lo que ofrezca satisfacción. Para el depredador lo único que interesa es llevar ventaja y obtener placer y realización.
Él no prodiga un cariño sin que forme parte de una estrategia para recibir o conseguir algo a cambio, él no da un regalo sin la seguridad de que habrá reciprocidad; él no da confianza sin la certidumbre de que el Otro está bajo control. Ahora bien, sabemos que la desconfianza predomina donde hay inseguridad y miedo a entregarse, a arriesgarse, a vivir… Pues ese es exactamente el caso del depredador egocéntrico, macho o hembra.
Este modo selectivo de percepción (del depredador embutido en nosotros) se esfuerza por discriminar y alejar todo aquello que pueda traer o causar dolor (o que constituya amenaza). En todos estos episodios los inseguros, los desconfiados y los traumatizados por separaciones y muertes anteriores (reales o virtuales) sufren por la ansiedad ante la pérdida inminente de aquello o de aquella persona que anteriormente parecía estar garantizada y conquistada…

Cuando la relación está en sus inicios y a veces durante bastante tiempo, el depredador piensa más o menos así: Hay un período de conquista en que el Otro aún no me pertenece, aún no está garantizado y entonces es preciso seducirle y convencerle para que se quede, para que permanezca y dure… Para lograr esta seguridad y permanencia tengo derecho a servirme del todo vale, puedo echar mano de cualquier arma, de cualquier estrategia, de cualquier maquinación, incluso aunque haya que enrollar o embaucar al Otro, pues yo siempre sé (así le parece al egoísta) lo que el Otro quiere o necesita; soy capaz de imaginar y de conocer sus expectativas y sueños, necesidades y carencias.
Quien ha vivido al lado de un egoísta típico sabe lo mucho que éste se equivoca en sus casi siempre simplonas deducciones acerca de lo que deseamos. Un egoísta típico se obsequia más a sí mismo que al Otro…

Si alguien es capaz de, realmente, ponerse en lugar del Otro, entonces será capaz de prever sus pasos, anticipar sus necesidades y suplir sus carencias. Pero con amor y respeto. Sin embargo, un egoísta no hace esto por amor y desprendimiento, sino por interés y con el propósito (no declarado) de poseer, de tener poder, de controlar y de garantizarlo para sí.

El depredador que se oculta en nosotros, siempre vanidoso, podría decir también: “a mi modo de ver (bajo el punto de vista de mi deseo egoísta de controlar al Otro) nadie podrá satisfacer al Otro más que yo mismo.” La persona que ama demasiado a sí misma está llena de falso orgullo y sostiene con dificultad una autoestima frágil. ¡Naturalmente, jamás aceptará tal verdad!Pero pensemos juntos: Cuando un depredador se siente postergado, relegado al segundo plano al ver al Otro parecer feliz o satisfecho al lado de otra persona, ¡como siempre, se pondrá a imaginar que todo lo que ha hecho no ha servido de nada! Dirá: ¡he gastado energía en vano! Su vanidad personal estará ofendida: lo cual lo llena de ira e indignación, pues la autoestima quedará herida y, al mismo tiempo, dependiente del Otro para sostenerse.
Naturalmente, con legítimo pesar, podemos comprender por qué tantas separaciones acaban en disputas, rabias, odios, deseos de venganza y así sucesivamente. Podemos ver ahí también los crímenes y atentados contra la libertad del Otro.
¡El caso es que el “depredador egoísta” detesta ser relegado a un segundo plano!!! ¡Su vanidad personal está por encima de todo!
Pero continuemos acompañando el pensamiento del depredador, esta vez de modo más optimista y positivo, pues vamos a imaginar que todo está bien y la relación se ha encarrilado, ya que él tiene garantizada la conquista y ha seducido al Otro:
Piensa, al sentirse seguro de la conquista: “en la medida en que yo (depredador) me siento garantizado en mi conquista, el Otro ya no exige tanto esfuerzo por mi parte, pues ya ha “caído en el lazo” y todo lo que necesitaré será cuidar de mantener lo conquistado. Siendo así, poco a poco, y asimismo para que no salte a la vista, puedo abandonar aquellos comportamientos de conquista y seducción. Mi percepción ya puede dejar de ocuparse y concentrarse en la búsqueda de garantizar el vínculo con el Otro para poder concentrarse, de nuevo, exclusivamente y nada más que en mí mismo.” Como sabemos, a partir de ahí el hábito y la rutina empezarán a engullir todo… y la economía de gestos de seducción empezará a producirse.

Parece una historieta, pero ¿cuántos no se encajan tanto en uno como en otro lado de la historia, tanto en el papel de caza como en el de cazador?

El caso es que, a partir de ahí una ESPECIE MUY PARTICULAR DE TRANCE se instala y la rutina empieza a comer lentamente las bases emocionales y sentimentales sobre las cuales se había construido y fructificaba la relación…

No hay nada equivocado o condenable en la búsqueda del placer y mucho menos en el esfuerzo de mantener y/o garantizar las fuentes de satisfacción; pero tener solamente este horizonte en vista, hace que sea imposible la CONSCIENCIA de la existencia real del Otro (en su humanidad y complejidad) y esta característica egoísta anula y roba el sentido de lo que podría ser realmente dirigido al Otro, regalado o donado al Otro, sin cualquier expectativa (a no ser la de hacerle feliz) y sin la preocupación por lo que se va a lucrar.
Hoy en día se está haciendo corriente que una pareja se envuelva emocionalmente y, al mismo tiempo, se relacione bajo el punto de vista de los valores y conceptos de lucro y ganancia que dominan estos días nuestros.
¿Cuántas relaciones se han visto “empobrecidas” y se limitan a la colaboración en el pago de facturas y el sostenimiento de las necesidades?
El Amor auténtico entre los seres humanos y entre polaridades que se complementan no depende en nada de estos vicios y desvíos, y se hará verdadero donde los envueltos realmente se entreguen, confíen, arriesguen y se proyecten en sus sueños… Amar, confiar, entregarse, son estados de espíritu que dependen de que haya energía disponible y son posibles donde alguien se arriesgue, apueste y se disponga a vivir una fantasía. Nada cambiará esto, jamás… ¡Afortunadamente!
El Amor es energía y no necesita ser inventado… Él simplemente sucede y quien conoce su fuerza sabe que ella trasciende cualquier manipulación o deseo de poder sobre el Otro. Quien conoce el amor tiene gestos y actitudes para con el Otro tan solo por ser feliz mientras se procede de esta manera… ¡El Amor no es egocéntrico!

por Luís Vasconcellos

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Sobre o autor
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Luís Vasconcellos é Psicólogo e atende
em seu consultório em São Paulo.


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