Si no eres capaz de hacerte íntimo con otras personas es porque no sabes cómo hacerte íntimo con tu niño interior. El niño que hay en ti está amedrentado y lastimado. Protege a ese niño.
- Louise L. Hay.
La soledad es un estado de alma. Un vacío interior, una insatisfacción que la mayoría de las personas busca llenar externamente, o sea, mediante bienes materiales, trabajo, comida, sexo, dinero, etc.
Permanecen atormentadas, esperando a que alguien les proporcione una receta mágica que las saque de ese vacío. Hay tres cosas que perseguimos durante toda nuestra vida: Felicidad, amor y paz interior. Felicidad al final de cada experiencia; amor en nuestras relaciones y paz de espíritu. Pero estamos destinados al fracaso. Pero ¿por qué? Porque buscamos estas cosas fuera. Conducir un BMW puede hacerte feliz. Pero también hará de ti un esclavo. ¿Qué precio pagas por tenerlo? ¿Estás dispuesto a pagar? ¿Vas a pagar?
Mucha gente condiciona su felicidad a factores externos, imponiéndose incluso determinadas condiciones para ser feliz. Ejemplos: Solo voy a ser feliz cuando logre encontrar mi alma gemela… Solo voy a ser feliz cuando compre mi casa propia.
Establecemos una serie de condiciones para ser felices. Todo se trata de ‘si…’ y ‘cuando yo…’ ¿Será verdad que realmente vas a ser feliz al conseguir concretizar esas condiciones? Muchos se quejan, protestan y se entristecen por la falta de dinero y compañía.
Sin embargo, al mejorar sus condiciones siguen estando quejosos, insatisfechos, protestando por todo y por todos. Eso se llama ilusión. Nadie puede buscar en otros una respuesta que tiene dentro de sí. Entonces, toda felicidad presente se hace inviable cuando la condicionamos al futuro.
¿Cómo es posible ser feliz si te impones una serie de condiciones? Las quejas son muchas: Me siento sola, desamparada, estoy casada, lo tengo todo, marido bueno, hijos saludables, un estupendo empleo, pero, no sé por qué, me siento infeliz. No tengo suerte en el amor. Mis relaciones no salen bien. Al comienzo es una maravilla, pero después siempre acaban en nada.
Me siento muy sola, no tengo amigos, mis parientes viven lejos. Mi vida no es más que el trabajo.
Es preciso informar aquí que hay dos tipos de soledad: La soledad real y la imaginaria. En la soledad real, la persona realmente está sola, vive aislada en São Paulo, por ejemplo, lejos de sus familiares y amigos. En cambio, en la soledad imaginaria, la persona está rodeada de gente, pero se siente sola. ¿Alguna vez te ha pasado ir a una fiesta y sentirte solitario? ¿O estar en compañía de tus familiares y no llenar el vacío que hay en tu corazón? Existe además eso que llamo soledad a dos. La pareja, pese a estar juntos, uno o ambos se sienten solos, hay un vacío, un tedio interminable. Como contrapartida, hay muchas personas que viven solas y, no obstante, no sienten soledad. Para ellas, vivir solo significa libertad, alegría e incluso privacidad. Entonces, ¿qué es lo que marca la diferencia entre una persona que siente soledad y otra que no la siente?
La causa de la soledad, además del desamor, está en el auto-abandono. Desamor, por sí mismo, significa que eres disfuncional desde el punto de vista amoroso, no eres amoroso contigo mismo y, por eso, vives en permanente estado de déficit de amor. Vives en una verdadera penuria de afecto, de ahí que experimentes la dolorosa sensación de soledad. Existe en ti mezquindad de afecto y, cuando esto se produce, no te permites ser íntimo con otras personas. Tu capacidad de dar y recibir amor está comprometida.
La dificultad para entablar amistad, para envolverte afectivamente en tus relaciones, es consecuencia del miedo a la intimidad, a la entrega. Y esto pasa en todas las clases sociales y en todos los países, lo cual demuestra que la situación económica es un factor de menor importancia. Las estadísticas revelan que la mayor causa de suicidio viene siendo la soledad. Observa la frecuencia de ese acto en países como Suecia, EUA, Alemania, Dinamarca, etc., que tienen un índice muy alto. Entonces ¿cuál es el antídoto para la falta de amor? Es el salir de esa mezquindad de afecto y rescatar la capacidad de amarse y amar al prójimo. Aquí va un recordatorio a las personas solitarias: Si estás siendo ruin contigo desde hace mucho tiempo, una gota de amor marca una diferencia enorme. Cuando aprendes a amarte verdaderamente, tu vida se vuelve más fácil y productiva y tus relaciones son más cariñosas y nutritivas. ¡Haz la prueba y verás!
Caso Clínico:
Tristeza y soledad profunda.
Mujer, 35 años, soltera, acudió a mi consultorio porque sentía mucha tristeza, soledad y un vacío profundo. En la regresión, se ve siendo una niña de 9 años, ojos grandes y castaños, cabello color miel hasta los hombros, con un lazo, vestido blanco y zapatos del mismo color, con hebillas.
Se ve jugando sola, corriendo tras su perro. Sus padres están en la sala de su casa, charlando. La casa es grande, tiene un jardín y una escalinata en el frente. La casa no tiene portal, y el frente da a una laguna. El año es el de 1800, en Inglaterra. Su nombre es Elizabeth. Me dice que una luz blanca la acompaña. Identifica esta luz como un hermanito suyo de 3 años, John, su hermano menor. Describe a la madre como una mujer de ojos azules, cabellos largos, también color miel, vestida de campesina. El padre es delgado, cabellos oscuros y lisos, alto, de piel clara. De pronto la paciente se echa a llorar y me dice: “Yo no quiero salir de mi casa. Si salimos, voy a quedarme sola y John ya no va a jugar conmigo. Sentiré mucha nostalgia de él. Yo no quiero mudarme de casa (llora copiosamente). La familia acaba mudándose a otra ciudad.
Tras la mudanza, todo cambia en su vida. Sus padres ya no charlan con ella, tampoco entre sí. Ella me dice: No me gusta esta casa. Es oscura, fría, no tiene jardín, ni escalinata, ni perro. Me quedé sola tras la muerte de mi hermano. Mi padre ya no habla con mi madre. En realidad, ella descubrió que su madre había bebido y dejado caer a su hermano por la escalera. Este fue realmente el motivo de la muerte de éste y de que su padre haya decidido mudarse de aquella casa. Le ruego que adelante algunos años en la escena. Se ve con 15 años, cabellos largos, lisos, ordenando un estante en la casa de sus padres. Dice que sabe coser y cocinar. Ve a su madre enferma, acostada en una cama. El padre fue a trabajar, tiene una tienda. Y es ella quien cuida de su madre. No se gusta cuidar de ella. Su padre es muy triste. Ella siente cariño por él. Desde el accidente, él se ha vuelto muy amargo y callado.Años más tarde, su padre vino a fallecer a causa del corazón. Iba andando por la calle y tuvo una parada cardiaca, el día en que ella cumplía 20 años. Le pido nuevamente que adelante en la escena, ahora al momento de su muerte. Ella me dice: “Estoy sola, vivo sola, mi madre se ha muerto también. Tengo 45 años. Continúo viviendo en la casa de mis padres. Siento dolor y angustia en el pecho. Ya no tengo a nadie. Siento una soledad profunda. Permanezco pensando en mi hermano, en su muerte. El dolor de no verlo más es todavía muy grande. Estoy sentada en una silla, llevo un traje viejo, cabellos desaliñados, expresión de tristeza. De pronto aparece una luz blanca ante mí. Es mi hermano que ha venido a buscarme. Yo estoy feliz. Él me tiende la mano y dice que se quedará conmigo para siempre. Me duele el pecho. Doy un último suspiro. ¡Acabo de morir!”
Al término de esta sesión de regresión ella me confidenció emocionada que la luz blanca estaba presente todo el tiempo a su lado durante la regresión. En la consulta siguiente, la paciente me dijo que se sentía bastante mejor y que ya no notaba aquella tristeza y soledad profunda. Me dijo que su hermano se le había aparecido en sueños. Llevamos a cabo cuatro sesiones de regresión más y dimos por terminado nuestro trabajo.
Sobre o autor
Osvaldo Shimoda é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual. Email: [email protected] Visite o Site do Autor